Hija del Enemigo: Linaje Prohibido - Capítulo 38
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38: Capítulo 37 38: Capítulo 37 Aleksei besó el hombro de Annelise, aun temblando tras haber llegado al orgasmo y se sentían estremecidos el uno al otro.
Había pasado algún tiempo deseándolo, pero Annelise no quería que él supiera que a pesar de que con anterioridad la había tomado por la fuerza tras enterarse de su verdadera identidad, ella no lo odiaba y tampoco lo justificaba, y se detestaba a sí misma por no haber resistido un poco más en caer en aquella tentación que involucraba a ese joven ruso de ojos grises, cabello oscuro y piel tatuada como una obra de arte viviente.
Él besó su cuello cariñosamente cuando de repente, comenzaron a aporrear la puerta deliberadamente y nadie, excepto Mikhail Reznikov, tenía permitido hacer ese tipo de escándalo.
La pareja dio un respingo y se miraron con el ceño fruncido.
—¿Qué pasa?
—vociferó Aleksei, separándose de Annelise para vestirse rápidamente.
Ella lo imitó.
No quería que ese hombre decidiera derribar la puerta y verla desnuda.
—He vuelto, Aleksei—.
Era Mikhail y su voz se escuchaba más oscura de lo que la chica recordaba—.
Te espero en mi habitación para hablar.
—Enseguida voy, padre—.
Respondió Aleksei con dureza.
Annelise apenas podía respirar por la impresión.
Nuevamente ese hombre estaba ahí, en la mansión, acechando con su maldad, depravación y psicopatía.
Bien era sabido que la hierba mala nunca moría tan fácilmente.
Ella se quedó sentada al borde de la cama envuelta en las sábanas pese a estar vestida completamente, observando a Aleksei calzarse las botas de nieve con irritación y mientras contemplaba a ese joven, advirtió que continuaba con las mejillas sonrosadas por el momento apasionado que acababan de compartir y se estremeció.
Entonces él volteó a verla y le sonrió.
—¿Por qué esa expresión de preocupación, muñeca?
—No me gusta la idea de volver a tener a tu padre sobre nosotros—, arrugó la nariz.
—No tienes por qué preocuparte, no voy a decir nada—le recordó—.
He decidido que voy a cuidarte de cualquier persona, incluido de mi padre, Anne, y además, Artem también prometió que, si yo no puedo hacerlo, él lo hará.
—Ni siquiera hemos pensado en una estrategia—se mordisqueó el dedo pulgar, nerviosa—.
Esperamos demasiado.
—En teoría fui yo el que recapacitó muy tarde y desperdicié tiempo valioso a tu lado.
—Aún no te perdono del todo.
Aleksei asintió.
—Lo sé, pero el hecho de que me hayas permitido estar contigo otra vez, es más de lo que puedo desear en este momento, muñeca—dijo, bajando la voz y mirando a los labios de ella con ganas de besarla, pero se contuvo cuando escuchó pasos afuera y suspiró, fastidiado.
Terminó de acomodarse el abrigo antes de pasarse la mano sobre el cabello y acercarse a la puerta.
—No tardes—.
Le dijo ella con cautela.
—Espero que no, de todas maneras, estará Artem escoltando la puerta como siempre y no entrará nadie que no sea yo, ¿de acuerdo?
Annelise asintió, preocupada.
Lo vio salir de la recámara nupcial y se dejó caer sobre las almohadas, en donde minutos atrás había tenido un momento indescriptible con Aleksei Reznikov.
Afuera, el heredero de Mikhail se dirigió a la habitación de su padre que estaba un piso más arriba, pero antes de subir, volvió el rostro atrás y vio a Artem montar guardia en la puerta de Annelise con el rifle en sus manos.
Al menos ese pelirrojo era su único aliado por si su padre se enteraba de la verdadera identidad de su esposa para ayudarla a escapar ilesa.
Se encaminó rumbo a un encuentro con su padre a regañadientes.
El resto de los hombres armados que escoltaban la alcoba del capo lo miraron con fijeza, pero no se movieron de la puerta.
—Quítense—.
Ladró Aleksei, iracundo.
Ellos se miraron entre sí antes de moverse lo suficiente para que él entrara por la puerta, siendo presa de las miradas condescendientes de esos idiotas.
Aleksei casi nunca había tenido buena relación con las guaruras personales de su padre y parecía que ahora menos porque estaban más a la defensiva después de lo que había ocurrido en esos edificios abandonados.
Se abrió paso a grandes zancadas y encontró a su padre sentado en su cama, bebiéndose sus medicamentos en compañía del médico familiar que lo había acompañado en el camino desde el hospital hasta la mansión.
Mikhail había envejecido como diez años en tan poco tiempo y se debía a que su recuperación fue exitosa y rápida, pero a cambio de su energía y vitalidad.
Parecía un anciano, especialmente porque había bajado mucho de peso y se miraba muy débil, pero cuando alzó la mirada hacia su hijo, Aleksei se retractó de sus pensamientos.
Continuaba teniendo su mirada salvaje, oscura y depravada, e incluso más de lo habitual.
Y ese detalle le erizó la piel porque conocía perfectamente el motivo de esa mirada mortífera.
Estaba sediento de venganza hacia el padre de Annelise, Erich Falkenheim.
—Ya estoy aquí, padre—.
Dijo, aclarándose la garganta y manteniéndose a una distancia prudente.
El médico volteó a ver a Aleksei y después a Mikhail.
—Señor Reznikov, no olvide tomar sus pastillas cada ocho horas y si tiene alguna molestia, no dude en llamarme—, manifestó con profesionalidad antes de guardar su estetoscopio en el maletín y acomodarse el abrigo—.
Nos vemos.
Aleksei se hizo a un lado para que el doctor se marchara y cuando se escuchó la puerta cerrarse, se acercó a su padre para ayudarlo a recostarse sobre la cama.
—Siento que debiste quedarte más tiempo internado—murmuró Aleksei, acomodando la almohada bajo la cabeza de Mikhail con cuidado, sintiendo la mirada grisácea y penetrante del hombre en su rostro, poniéndolo nervioso y bajó la vista a él para confrontarlo—, ¿qué sucede, padre?
—Querías mantenerme alejado más tiempo, ¿verdad?
—esbozó una sonrisa maliciosa que perturbó a Aleksei.
—¿De qué hablas?
Sigues delicado y… —Sé perfectamente que estabas follándote a tu esposa cuando llamé a la puerta de la recámara nupcial—acotó, provocando que Aleksei apretara la mandíbula y se alejara de él discretamente—y si no hubiera hecho acto de presencia, habrías continuado, ¿no?
La sonrisa de su padre se volvió más lasciva y Aleksei sintió un tremendo asco por él.
—Es mi esposa y, por si no lo sabes, es lo más normal del mundo hacer el amor—ladró, a la defensiva.
—Ese término de “hacer el amor” —levantó las manos e hizo comillas con los dedos con aire burlón—no existe como tal.
Es follar, así de simple.
Penetras a una mujer, se dan placer mutuamente, terminas y listo.
Y si tienes suerte, la embarazas.
Aleksei se rascó el cuello con incomodidad.
—A ver, dime, hijo, ¿Qué tal está la muchacha?
¿Es más exquisita de lo que aparenta con ropa o incluso más cuando está desnuda?
¡Dame detalles!
Porque estoy seguro de que enloqueciste con sus lascivos pechos que esconde por debajo de esos abrigos—dijo su padre, con las pupilas dilatadas.
El joven heredero apretó los puños y miró con desprecio a Mikhail.
Tal vez tiempo atrás habría estado gustoso de contarle los detalles de cuando se acostaba con las prostitutas o de la verdadera chica que estaba destinada a casarse con él, pero ahora que comenzaba a tener sentimientos por Annelise, de ninguna manera iba a exponerla y mucho menos con un demente como su padre.
—Por lo visto, tu mente enferma de sexo sigue intacta, así que pronto estarás completamente recuperado—añadió Aleksei con ironía, intentando cambiar de tema sin ser agresivo.
Mikhail soltó una carcajada, pero se agarró la herida de la cirugía, haciendo una mueca.
Su hijo sonrió entre dientes.
—¿Por qué tengo la sensación de que estás evadiendo mis preguntas?
En serio quiero todos los detalles de cómo es follar con la esposa que te conseguí, Zoran—, gruñó.
Aleksei inhaló y exhaló un par de veces al escuchar a su padre llamarlo por su segundo nombre, ya que, cuando lo hacía era porque estaba a nada de perder la paciencia inexistente y a punto de ser un maldito loco con él.
—No.
Fue la respuesta del joven y sintió la mirada de su padre, quemándole la cara con desprecio.
—Disculpa, ¿qué dijiste, Zoran?
—No pienso darte detalles de mi intimidad con mi esposa.
—¿Por qué no?
Es solo sexo y siempre me has confiado todos los detalles cuando vas a follar a las prostitutas de nuestros prostíbulos—frunció el ceño.
—Estamos hablando de mi esposa, no lo olvides.
—Sí, una esposa que solo va a servir para que la embaraces y me des un nieto, nada importante—.
Eludió.
—Lo siento, padre, pero no voy a contarte nada de lo que he hecho con ella.
Aleksei irguió la espalda y le sostuvo la mirada con dignidad, mientras que su padre lo miraba con una sonrisa oscura, camuflada de sorpresa.
—Muy bien, en ese caso, no puedo obligarte, pero… Mikhail extendió su mano hacia el buró, palpó entre los bolsillos de su pijama y sacó una pequeña llave para abrir el cajón, de donde sacó un control que Aleksei no sabía si era de la TV enorme que tenía su padre sobre la pared frente a su cama o de las cortinas que se movían automáticamente.
El capo ruso antes de hacer cualquier cosa chasqueó los dedos e inmediatamente entraron los cuatro hombres armados que estaban afuera y se quedaron peligrosamente cerca de Aleksei.
—Yo quería que fuera de tu propia boca que me contaras lo que sucede en el sexo con tu esposa, pero me obligaste a hacer esto, que, por cierto, esperaba que te negaras para hacerlo—admitió, sonriendo con malicia y el joven frunció el ceño, sin saber a lo que se refería su padre y entonces el hombre apretó el botón del control.
La TV se encendió y Aleksei entornó los ojos al ver a Annelise en la pantalla en tiempo real, acostada en la cama y mirando la puerta con anhelo.
—¡¿Qué infiernos es esto?!
—vociferó el chico a su padre y los hombretones dieron un paso a él en señal de advertencia.
—Desde que prometí darte una esposa, instalé estratégicamente cámaras en todas las habitaciones para poder tenerla vigilada—explicó con petulancia, y Aleksei se quedó boquiabierto al ver como su padre minimizó la pantalla para mostrarle las carpetas de todos los vídeos grabados desde el primer día que Annelise puso un pie en la mansión—y aunque hubiera deseado verlo todo en tiempo real, no pude, así que ahora que me toca reposar un par de días más, veré absolutamente todos los vídeos.
—¡Debes estar tomándome el pelo!
—gritó Aleksei de manera gutural, yéndose encima a su padre, pero en cuestión de medio segundo, los hombres armados lo sometieron de los brazos con fuerza, inmovilizándolo totalmente.
Su padre enarcó una ceja en su dirección.
—¿A qué le temes?
¿A qué te vea follando con ella o que me entere de algo que no debería saber?
Porque también coloqué una cámara en tu habitación, puesto que probablemente ahí también han estado juntos—lo desafió con voz filosa.
Todo rastro de sonrisa se había esfumado y Aleksei tragó saliva.
Aleksei sintió como el alma se le caía a los pies.
Su padre iba a escuchar la conversación que tuvo con Annelise el día del incidente que los hirió de gravedad y en donde Aleksei le reclamó sobre su identidad y posteriormente, decidió abusar de ella sexualmente, cegado por el odio y traición.
Y si se enteraba de que esa chica era la hija de su peor enemigo, con solo chasquear los dedos, enviaría a sus hombres a asesinarla.
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