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Hija del Enemigo: Linaje Prohibido - Capítulo 39

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39: Capítulo 38 39: Capítulo 38 —¡¿Acaso te has vuelto loco?!

¿Qué clase de psicópata eres, padre?

—le espetó, deseando poder golpearlo, pero sus guaruras lo tenían anclado al suelo y apresado de los brazos y pecho.

—Si quieres quedarte a ver los vídeos conmigo, no tengo problema con ello, pero si te sientes inseguro, puedes largarte a continuar con lo que interrumpí—repuso Mikhail, sonriendo nuevamente como un depravado, mirando la TV—ya que, después de todo, yo seré el espectador en tiempo real y espero que te luzcas.

Sin embargo, Aleksei no se movió y Mikhail interpretó eso como la aceptación a su invitación de ver los vídeos.

El capo comenzó a buscar entre las carpetas y justamente entró a una que tenía la fecha de cuando fueron emboscados por los mafiosos alemanes y gente de Annelise.

—Veamos… —le oyó decir a su padre, seleccionando el primer vídeo que era en el dormitorio de su hijo en donde yacía Aleksei recostado y con heridas luego del enfrentamiento.

Y en cuanto le puso reproducir, el joven heredero ya estaba pálido como la nieve, esperando el momento en que todo se fuera al carajo.

Bajó la mirada, y esperó a que comenzara a escucharse las voces, pero parpadeó al darse cuenta de que el vídeo ya había iniciado y no había ruido alguno.

Alzó la cabeza y observó a Annelise entrar a su recámara para ver cómo se encontraba después del enfrentamiento y sintió que su corazón latía con fuerza al ver la expresión en ella.

Parecía que en serio verlo en aquel estado le había afectado.

Humedeció sus labios cuando se vio a sí mismo agarrándola bruscamente cuando ella intentó tocarle la cara, esperando a que comenzara a escucharse la conversación, pero no hubo ningún sonido.

Instintivamente, volteó a ver a su padre y este parecía que no le había enfadado la falta de sonido.

—Las cámaras que instalé no tienen audio—le informó en tono burlón—, pero no se necesita escuchar nada para poder deleitarse con pornografía, ¿no?

—¡Eres un…!

Pero no pudo terminar de insultarlo porque uno de los hombres le asestó un puñetazo en la boca del estómago, dejándolo sin aire.

Tosió y ahogó una exclamación, al tiempo que en la TV se mostraba como él había empezado a violentarla verbalmente para luego hacerle daño físicamente.

—¡Quita eso!

—logró decir Aleksei, desesperado.

—¿Por qué quieres arruinar la diversión?

¿Fue justo el día que fui llevado al hospital cuando follaron por primera vez…?

Mikhail dejó las palabras flotando cuando se quedó ensimismado, observando a su hijo amedrentar a su esposa con violencia y después, sin tentarse el corazón, le arrancó la ropa y empezó a abusar de ella sin miramientos.

—¡Apágalo!

—gritó su hijo, con lágrimas en los ojos.

No solo su padre estaba siendo testigo de que Aleksei Zoran Reznikov se había convertido en un maldito y cruel violador, sino también los guaruras.

Aleksei sintió como el sometimiento se aflojó un poco y alcanzó a percibir horror en el rostro de esos hombretones, sintiéndose una completa mierda.

Cuando el aparatoso vídeo concluyó, Mikhail apagó la TV y chasqueó los dedos para que lo dejaran a solas con su hijo.

Aleksei se dejó caer de rodillas sobre la alfombra del suelo, sintiendo que valía menos que su padre en ese momento por haber sucumbido a la ira y la promiscuidad.

El silencio que se cernió entre ellos fue lo que le seguía de incómodo.

—¿Sabes?

A pesar de que soy un amante del sexo, y he violado a muchas prostitutas que son de mi propiedad—comenzó a decir Mikhail con voz neutral—jamás le hice algo semejante a tu madre, Zoran, y no porque la amaba, sino porque la había elegido para que fuera la que te trajera al mundo.

Aleksei alzó levemente el rostro y lo observó frotándose la barbilla, pensativo.

—Pero no te culpo.

Seguramente se resistía a consumar el matrimonio y al estar herido, cansado y fastidiado, te dejaste llevar por tu instinto masculino, cegado por el deseo de esa chica—siguió diciendo, tratando de darle la razón, pero solo estaba arruinando más el ánimo de su hijo porque no había justificación para una violación—.

He de confesar que me ha calentado mucho la manera en la que la sometiste, pero no pensé que realmente fueras capaz de hacer algo así, hijo.

Creí que aborrecías eso de mí, y ya vi que me lo heredaste.

No sé si felicitarte o quedarme sorprendido, pero lo que me impresionó es que, aún estando herido, tuviste la fuerza suficiente para tomarla por la fuerza sin importarte estar sangrando.

Increíble.

Hizo una mueca y guardó el control dentro del cajón, asegurándolo con la llave.

—Además, eres atractivo y ninguna mujer de los prostíbulos se te resistió jamás y apuesto que tampoco lo haría ninguna chica de buena familia, pero mi pregunta es: ¿Por qué a tu esposa no lograste seducirla como era debido?

—No quiero hablar sobre eso—masculló, apretando los dientes—.

Soy una escoria y me detesto como no tienes idea.

—Bien, pero te perdonó, ¿no es así?

—recuperó su humor negro—, porque ese rato estaba follando ella contigo y no escuché ninguna queja a través de la puerta.

Aleksei no respondió y no por qué no quisiera, sino porque no tenía nada que decir.

—Tarde o temprano debías tener sexo con ella y aunque fue de una manera poco adecuada, estoy seguro de que pronto estará embarazada y no tendrás que lidiar más con la culpa de haberla ultrajado.

—¿A qué te refieres?

—Aleksei lo miró con el pulso acelerado.

—Cuando nazca mi nieto, me desharé de ella—respondió con naturalidad—.

Ya habrá cumplido con su función y no hará falta más su presencia aquí y será más fácil que se anule el matrimonio por viudez.

—No vas a tocarla, padre.

—¿Disculpa?

—Mikhail lo miró como si fuese un idiota.

—No permitiré que toques a mi esposa.

Me voy a quedar con ella siempre, incluso después de que me dé un hijo.

Mikhail arqueó ambas cejas.

—¿Cómo estás tan seguro de que ella también quiere quedarse contigo después de que la violaste y solo te hayas casado con ella para que te dé un hijo y asegurar el linaje Reznikov?

—inquirió, con toda la intención.

—Estoy haciendo todo lo que está en mis manos para conseguir su perdón…  —Ya te ha dejado meterte nuevamente entre sus piernas sin que la obligaras—canturreó, como si aquello fuese algo cómico—, así que quizás no estás tan lejos de que te perdone, pero eso no quita que cuando dé a luz a mi nieto, me haré cargo de desaparecer del mapa a esa jovencita lasciva.

—¿Es una amenaza, padre?

—bramó Aleksei con los ojos ensombrecidos.

—Es un aviso nada más, una amenaza a veces no se consolida, pero un aviso es para prepararse a los acontecimientos que sí van a ejecutarse—.

Se limitó a explicarle y bostezó—.

Ahora lárgate, que las pastillas me causan somnolencia y necesito descansar.

Pero el chico no se movió.

—Te prohíbo que veas más vídeos—le espetó—.

Es algo íntimo, padre.

No me hagas buscar las cámaras y hacerlas pedazos.

—¿En serio piensas prohibirme hacer lo que me plazca, Zoran?

—Mikhail juntó las cejas con irritación—.

Porque te recuerdo que soy tu padre y además de eso, soy el capo ruso más temido de Yakutsk y puedo olvidarme de que eres mi hijo si me desafías.

No olvides que aquí nadie es indispensable, ni siquiera tú.

—¿Y quieres que me quede de brazos cruzados sabiendo que estás vigilándonos en nuestra intimidad?

—ladró, apretando los puños.

Mikhail se encogió de hombros.

—Me da igual, pero gracias a que vi ese primer vídeo en donde te dejaste llevar por tu impulso sexual sin importar que esa miserable chica no quería follar contigo y, aun así, la obligaste por la fuerza, me di cuenta de que eres digno de ser mi primogénito.

Eres igual a mí, e incluso más perverso—esbozó una sonrisa de orgullo que a Aleksei le provocó asco.

Aleksei se mordió la lengua, controlando el impulso de gritarle y decirle tantas cosas e incluso golpearlo hasta la muerte, pero se contuvo.

Su padre era cobarde y haría que sus guaruras entraran a defenderlo y sería peor.

—Bien, Aleksei, lárgate ya porque de verdad tengo sueño—repitió Mikhail, bostezando con severo cansancio—.

Necesito reponerme lo antes posible y tenerte aquí lloriqueando me estresa y me pone de malas.

A pesar de que se moría de vergüenza y no podía ni con su alma, Aleksei enfrentó la realidad por primera vez en toda su miserable vida.

Le había tocado nacer en el sitio más escalofriante del mundo, rodeado de escoria, muerte, sangre, sufrimiento, avaricia, perversidad y poder.

Y tal vez lo había soportado hasta el momento, pero cuando escuchó a su padre decir que tras haberlo visto abusar sexualmente de Annelise, se dio cuenta que era un hijo digno de él, haciendo alusión de que era fiel a sus ideales y el heredero perfecto, deseó no haber nacido.

No sabía la magnitud del problema hasta que le tocó escuchar esas palabras horribles salir de los labios de su padre.

Aleksei con la dignidad inexistente que le quedaba, abandonó la recámara de su padre y bajó corriendo hasta donde Annelise se hallaba.

Pavel se puso a la defensiva, pero cuando lo reconoció, se relajó, pero tras leer el lenguaje corporal de Aleksei, comprendió que algo había ocurrido y que no lo sabría hasta más tarde.

El joven ruso entró al dormitorio y antes de siquiera verla, buscó con la mirada el punto exacto donde debía estar la cámara de vigilancia y se odiaba por no recordar la perspectiva y se dejó caer en el suelo, recargando la espalda contra la cama.

Annelise se acercó inmediatamente a él y Aleksei la agarró de los hombros para colocarla como escudo entre la cámara y su boca para que, si su padre se hallaba viéndolos, no alcanzara a leer sus labios.

—Debemos largarnos de aquí cuanto antes—susurró Aleksei entre dientes, mirándola a los ojos con ansiedad—.

No estoy a salvo tampoco.

Nadie lo está.

(Hola, dejen sus opiniones en los comentarios, me encantaría leerlos <3)

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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