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Hija del Enemigo: Linaje Prohibido - Capítulo 49

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49: Capítulo 48 49: Capítulo 48 Después de que Annelise comió con mucha rapidez a causa del hambre, tuvieron que detenerse de urgencia porque a ella le entraron ganas de vomitar y bajó de la furgoneta con el estómago revuelto y devolvió absolutamente todo lo que comió.

—Oye, Princesa del drama innecesario—, espetó Volker detrás de ella—.

¿Ahora qué te pasó?

—Seguramente no te lavaste las manos al preparar los sándwiches, asqueroso—.

Le riñó ella, sintiéndose muy mareada.

—Ni siquiera los preparé yo, fueron las criadas de nuestro padre, idiota.

Annelise iba a replicar, pero volvió a doblarse hacia adelante y vomitar más.

—Esto no es normal.

La comida estaba en buen estado y el movimiento de la camioneta no era tan inestable—le oyeron decir a Drogo detrás—.

Debemos llevarla a un doctor, joven Adler.

El rubio frunció el ceño y comenzó a preocuparse al ver que Annelise, en efecto, seguía vomitando sin parar.

—Hey… Se acercó a ella y dudó en tocarla o no, pero al verla encorvar la espalda y quejarse por el esfuerzo, le colocó una mano sobre el hombro y la otra en su mano.

Annelise se aferró a su mano con fuerza, como si eso fuese lo que pudiera detener el vómito.

—¡Traigan alcohol para que ella lo huela y se estabilice!

—Vociferó Volker con desesperación.

Su hermanastro no la soltó y Annelise sintió que iba a desmayarse por el esfuerzo, además de que solo estaba vomitando bilis porque su estómago había quedado completamente vacío.

Enseguida consiguieron alcohol quirúrgico y se lo acercaron en la nariz.

—Respira, mantén la calma y sigue respirando el alcohol, tú mandas en tu cuerpo, haz que el vómito se detenga—le susurró Volker con suavidad en el oído.

Ella asintió, obedeciendo.

A medida que inhalaba el alcohol y apretaba la mano de su hermanastro, se fue tranquilizando hasta que, por fin, logró calmar su estómago.

—¿Cómo te sientes, Lady de la desgracia elegante?

—Bromeó Volker cuando ella estuvo a punto de perder el equilibrio, pero el firme pecho de él evitó su caída.

Annelise le dio un puñetazo sin evitar reírse de los ridículos apodos.

—Te odio, ¿lo sabías?

—logró decir, casi sin aliento.

—El sentimiento es mutuo, pero le prometí a nuestro padre llevarte de regreso, sana y salva.

—Me siento mejor, pero tengo otra vez hambre.

—Tengo más sándwiches, pero los irás comiendo poco a poco—.

Le advirtió—.

No quiero que vuelvas a vomitar.

Subieron a la furgoneta porque seguía haciendo demasiado frío y además, era de madrugada y faltaba mucho para el amanecer.

—Cuando amanezca, llamaré a nuestro padre para que envíe su jet privado—le informó a Annelise—.

Si perdemos más tiempo yendo por tierra, no podremos llevarte al médico por si estás enferma o… El rubio titubeó.

—¿O qué?

—siseó, Annelise cuando se pusieron nuevamente en marcha.

Volker se encogió de hombros.

—Escucha, Princesa del caos y la tontería, ninguno de nosotros sabemos a ciencia cierta si cabe la posibilidad de que estés embarazada de ese ruso y esa sea la razón por la cual hayas vomitado.

De pronto, Annelise palideció y tragó saliva al darse cuenta de la enorme probabilidad de que eso fuera verdad, porque, a pesar de que no es que hubiera tenido muchas veces sexo con Aleksei, en los encuentros no usaron protección de ningún tipo.

—Si yo estuviera embarazada, lo sabría, idiota—.

Eludió, tratando de sonar segura de sus palabras.

—Solamente tú sabes si puedes estar tranquila con esa respuesta, Emperatriz del drama barato.

—No me molestes.

Ella se cruzó de brazos y mantuvo la mirada en la ventana, sintiéndose mareada.

Luego de un rato, volteó a ver a su hermanastro y se encontró con sus ojos verdes, mirándola con desdén.

—¿Qué tanto me miras?

—le riñó.

—Cambiaste mucho en cinco años, eh.

Te hiciste más tonta de lo que recordaba.

—Y tú sigues siendo el mismo cabeza de viento de siempre, solo que más alto.

—Cuando lleguemos a casa, veré cuánto ha crecido Saskia, seguramente ella sí logró estar a la altura de las expectativas de nuestro padre.

—¿Qué sabes tú de eso?

Si apenas volviste a nuestras vidas.

—Te equivocas.

—¿A qué te refieres?

—frunció el ceño.

—Cuando me marché de tu casa con mi madre, tu padre no me dejó abandonado, tal como pensaste o, mejor dicho, les hicimos pensar a Saskia y a ti.

—¿Qué?

Volker puso los ojos en blanco, agobiado.

—No pienso darte muchos detalles, pero solo puedo decirte que jamás me dejó solo, me pagó los estudios y me entrenó en secreto—replicó—.

Y de alguna manera pensó que la persona que podría traerte de regreso sería yo, tu hermano.

—Hermanastro—.

Corrigió ella.

—Para él, soy su hijo también y por ende, somos hermanos, no hermanastros.

—Claro que no.

Tú no eres un Falkenheim—.

Le recordó con la nariz arrugada—.

Tu apellido es Adler.

Volker se encogió de hombros.

—Como sea, pero para él, yo fui el hijo que deseaba tener y no tuvo la oportunidad, ya que la vida le dio dos hijas inútiles.

—Deja de fumar tanta hierba, Volker, te está dañando el cerebro de una manera extraordinaria.

—A ver, Baronesa del fastidio refinado, cuando lleguemos con nuestro padre, puedes confrontarlo si quieres sobre todo lo que te he dicho, pero tendrás que pagarme.

—¿Por qué habría de pagarte?

—Porque es una apuesta.

Tú crees que te estoy mintiendo, pero no es así.

Nunca había sido tan sincero en mi vida como para que mi tonta hermana venga a cuestionarme.

—Saskia y yo, jamás te caímos bien, ni siquiera mi padre, por eso no puedo creer ni una sola de tus palabras, Volker Adler.

—Tú nunca me caíste bien—le corrigió con petulancia—, Saskia sí.

—Porque era muy pequeña en ese entonces y le importaba una mierda tu presencia, que a diferencia de mí, sabía que eras una amenaza latente.

—¿Yo?

¿Amenaza?

—rio—.

Claro que no.

Annelise bufó, molesta.

—En cuanto lleguemos, voy a hablar con mi padre para que me diga toda la verdad sobre esto.

—Hazlo.

Yo mismo iré contigo.

El silencio los volvió a invadir.

Ahora ya no había solo una cosa que la había puesto nerviosa, sino dos.

El supuesto embarazo y las palabras de Volker sobre la asistencia de su padre en su vida en los últimos cinco años.

Incluso llegó a sentirse muy nerviosa ante la idea de que quizá, su padre le había otorgado el apellido y adoptarlo legalmente como su hijo.

Y si ese fuese el caso, Volker se convertiría en su primogénito porque era unos meses mayor que ella.

La fortuna no le importaba, pero sí en serio se le había ocurrido a su progenitor hacer semejante estupidez, entonces todo el sacrificio que hizo al aceptar esa misión delicada de casarse con Aleksei Reznikov fue solo un capricho porque teniendo a Volker como su primogénito era para asegurarse de un legado a su beneficio porque nadie más que ellos sabrían la verdad de no compartir sangre.

—¿Él te otorgó el apellido Falkenheim y es por eso que lo llamas “padre”?

—preguntó Annelise de pronto, cortando el silencio sepulcral y con la mirada puesta en el rubio.

—Definitivamente eres una Dama de los problemas minúsculos pero constantes, ¿no?

Porque a todo le buscas explicación—espetó, fastidiado.

—Habla ya, Volker.

—¿No prefieres hablar con nuestro padre?

—No.

Volker se rascó el cuello con incomodidad.

—¿Por qué no comes un sándwich y luego hablamos?

Annelise se llevó la palma de la mano a su frente.

—¿Quieres, por una vez en tu vida, hablar con normalidad conmigo, sin chistes o apodos de por medio?

Aquello lo desconcertó y acto seguido, dejó a un lado su postura relajada e irguió la espalda.

—Nuestro padre es el indicado para hablar de ese tema contigo, Annelise.

—Tú también puedes hablarlo conmigo porque eres el implicado; ya después lo resolveré con mi padre, Volker.

Él hizo una mueca y se cruzó de brazos.

—¿Qué quieres saber?

—¿Mi padre te otorgó su apellido y te adoptó como su hijo?

Respóndeme con claridad y firmeza, Volker.

El rubio no respondió de inmediato, pero se sostuvieron la mirada duramente.

—Sí.

Tiene aproximadamente un año que me reconoció como su primogénito de manera legal.

Annelise bajó la mirada, sintiéndose miserable.

Así que su suposición había sido verdadera, pero en el fondo deseaba estar equivocada.

¿Qué poca cosa representaba para su padre, que tuvo que recurrir a la adopción de un chico que no era de su sangre y reconocerlo como su primogénito porque ella no era suficiente?

Sí.

Desde tiempos inmemorables, en todas las organizaciones criminales e incluso en familias normales, no tomaban en cuenta a las hijas primogénitas solo por el simple hecho de ser mujeres y no ser hombres.

—Si ya te había adoptado como su hijo, ¿entonces por qué quiso enviarme con los Reznikov para robarles a su heredero?

—masculló, ofendida.

—Yo no tenía idea de que se le había ocurrido esa idea tan estúpida, porque de ser así, lo habría evitado y tú ni siquiera hubieras salido de casa ni estuvieras aquí, padeciendo mareos, vómitos e incomodidades, hermana.

—¡No actúes como un hermano mayor real, Volker!

—Pero lo soy, Annelise, soy tu hermano… —¡No!

No lo eres.

Saskia es mi única hermana y tú fuiste adoptado, no somos de la misma sangre.

Volker parpadeó y Annelise alcanzó a notar algo de decepción y tristeza en sus ojos verdes, que fue camuflado con éxito con una sonrisa maliciosa.

—Legalmente lo soy y tengo todo el derecho de reprenderte.

—No es así.

Nadie tiene derecho a reprenderme, ni mi padre, porque todo lo que he hecho fue obedecer y todo fue en vano.

Él decidió ponerte primero antes que a mí o a Saskia, y deberías estar feliz por ello, Volker.

Te vas a quedar con la fortuna y el legado familiar de los Falkenheim, pero ¿sabes?

Estarás muy solo porque tanto mi hermana y yo, nos largaremos lo más lejos posible.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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