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Hija del Enemigo: Linaje Prohibido - Capítulo 52

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52: Capítulo 51 52: Capítulo 51 Por otro lado, Aleksei se mantuvo mirando la puerta por donde el pelirrojo se había marchado en plena madrugada.

Reaccionó poco después y fue por la escopeta y las municiones para sentirse protegido en aquel sitio a mitad del bosque helado.

Gracias a la fogata, no se congeló porque como era una cabaña abandonada, no tenía el mismo sistema de calefacción que su mansión y la temperatura era peligrosamente baja.

Y lo que le estaba atormentando era la presencia de ese rubio que se atrevió a llevarse a Annelise en sus narices.

¿Quién era?

¿Qué relación tenía con ella?

Se asustó un poco porque esa sensación de vacío en el estómago que no era por hambre, aunque tuviera, y esa presión en el pecho, jamás la había sentido y temía que fueran celos por ese sujeto.

Aún no podía afirmar que amaba a Annelise, pero estaba enamorado de ella y comenzaba a sentir amor, pero ahora con la aparición de ese chico, le había hecho un remolino sus pensamientos.

Nunca tuvo celos ni inseguridades por nadie y ahora estaba padeciendo sentimientos negativos por culpa de un idiota que no conocía.

Era una amenaza.

No sabía cómo, pero percibía.

Algo le decía que ese rubio iba a darle más problemas de lo que podría darle Erich o Mikhail.

Mientras su cabeza pensaba a toda velocidad, y sus manos aferraban la escopeta contra su pecho como si fuese un bebé, el cansancio comenzó a vencerlo.

Sus párpados le resultaron muy pesados y empezó a dormitar sentado.

Despertó tras un extraño ruido afuera.

Ya había aclarado considerablemente y se escuchaban pasos pesados en la nieve.

Aleksei se espabiló rápidamente y volvió a aferrarse a la escopeta.

El cielo estaba casi claro por completo, señal de que, si Pavel no aparecía en los próximos quince minutos, lo daría por muerto porque él nunca rompía su palabra.

Tragó saliva y deseó que el que estuviera acercándose fuese el pelirrojo, pero no escuchó el silbido de la señal.

Con sumo cuidado, se deslizó hacia la puerta, quedando del lado contrario a donde estaba para mantenerse oculto en cuanto la persona entrara y pudiera dispararle a quemarropa.

Los pasos cesaron y hubo un silencio de alrededor de un minuto que provocó que Aleksei perdiera la paciencia.

Entonces la puerta se abrió con fuerza y el joven ruso colocó su dedo sobre el gatillo, viendo la sombra del recién llegado reflejada en el suelo.

—¿Señor Reznikov?

Aleksei parpadeó, perplejo.

De todas las voces que reconocía, aquella fue la que menos pensó escuchar en ese momento.

Era Yuri.

Uno de los miembros más jóvenes de la organización de su padre, casi un prodigio porque su apariencia débil y amistosa podría ser útil para confundir al enemigo y en silencio, lo observó caminar con miedo al interior, sosteniendo un rifle.

Solo había visto a Yuri entrenar un par de veces y quedar completamente impresionado por su desempeño y al ver su expediente, le quedó la duda de que si en verdad tenía esa edad o menos, puesto que no tenía historial de vida, simplemente había aparecido y reclutado por su padre hacía unos años.

Aleksei dudó.

¿Qué hacía ese chico ahí?

¿Dónde estaba Pavel y cómo había descubierto su escondite?

—¿Qué demonios haces aquí, Yuri?

—ladro Aleksei.

El chico en cuestión dio un respingo y se llevó la mano libre al pecho, dándose la vuelta para ver a su joven jefe que lo miraba con el ceño fruncido y una escopeta de doble cañón en las manos.

—Es exactamente la misma frase que me dijo el capitán Artem—bromeó, un poco más tranquilo.

—Contesta, ¿qué haces aquí?

¿Te envió mi padre?

—espetó.

—No, estoy usando mis dos semanas de vacaciones para ayudarlos—.

Le informó con una sonrisa tímida.

—¿Qué?

¿Y por qué osaste tomar tu descanso y desperdiciarlo con nosotros?

—No tengo familia a quien visitar, estoy solo—replicó, dejando de sonreír y miró el rifle en sus manos—.

Y solamente me cae bien el capitán Artem y quise venir a ayudarlo.

El señor Mikhail recibió el mensaje que usted me dio antes de marcharse y lo tomó con calma, por eso es por lo que pude venir a seguirlos.

Lamento mucho no haber podido evitar que se llevaran a su esposa, joven Reznikov.

—¿Lograste presenciar eso?

¿En dónde estabas, Yuri?

¡Te necesitábamos cuando nos enfrentamos a los militares!

—se exaltó, intimidando al chico.

—Estaba en la lejanía, fungiendo como francotirador.

Estuve asesinando a los refuerzos que se acercaban para que no pudieran involucrarse y cuando quise arremeter directamente, vi a su esposa ser llevada por la fuerza por un sujeto rubio, intenté ir detrás de ellos, pero una explosión cercana me aturdió y perdí el conocimiento—explicó con pesar—.

Y cuando recuperé la conciencia, usted y el capitán ya no estaban por ningún lado y temí haberlos perdido.

—A ver, chico, tienes… veinte años, ¿no?

Yuri asintió, nervioso.

—Eso creo.

Realmente siento que soy menor, pero al señor Mikhail le conviene que yo tenga esa edad porque pronto seré uno de sus guardaespaldas personales.

Aleksei tragó saliva.

Había tenido razón en dudar de su edad.

Era apenas un adolescente, ¿cómo podría tener veinte años si en su mirada, a pesar de ser todo un prodigio en el arte de asesinar, había un brillo infantil e inmaduro?

—Además—continuó diciendo Yuri—, mi apariencia tampoco ayuda mucho.

Para el enemigo no soy más que un chico débil, amable y asustadizo, de quien no pensaría que es capaz de quitarle la vida con solo una navaja o un picahielo.

Tal vez por eso soy importante, ¿verdad?

El tono en su voz era más que infantil, parecía ser que en serio estaba emocionado por ser el que el cuidara de cerca el trasero a Mikhail Reznikov y ser su escudo humano.

—¿No te interesa saber tu edad exacta y de dónde vienes?

El chico negó con la cabeza con una sonrisa.

—No.

Me siento bien así.

No veo la necesidad de escarbar en una tierra donde solo hay duras rocas y nada fértil.

El señor Mikhail me bautizó con el nombre de Yuri y así me llamo.

—¿Y tu apellido?

Yuri se encogió de hombros.

—No lo necesitaré nunca.

Aleksei chasqueó la lengua sin dejar de observarlo.

—Te ves de diecisiete años, Yuri y mereces más que esta vida delictiva.

Los ojos mieles del adolescente se centraron en los grises de Aleksei con determinación.

—Su padre me dio un techo, comida y entrenamiento, un hogar, aunque realmente no puedo saber lo que es, pero es lo más cercano, según me han contado otros compañeros, quienes visitan a sus familias en sus vacaciones—repuso con seriedad—.

Y no pienso volver a las calles frías, joven Reznikov, estoy muy bien trabajando para ustedes.

Si puedo serles de utilidad, adelante.

Estoy dispuesto a todo.

—Si sobrevivimos a esto, te prometo conseguirte una mejor vida, ¿de acuerdo?

Vas a alejarte de mí organización para que comiences a estudiar y elijas tu camino.

El lenguaje corporal del chico demostró incomodidad y tensión.

—No te voy a obligar, tú vas a decidir lo que mejor te convenga, Yuri.

Finalmente, el chico asintió y cerró la puerta.

—¿Dónde está Pavel?

—preguntó Aleksei.

—¿Pavel?

—Artem—corrigió—.

Es que le gusta el diminutivo de su apellido.

Pavel.

—Oh, entiendo.

Él se quedó montando guardia en la zona militar porque ubicamos la Jeep.

No había muchos soldados, pero cuando empecé a asesinarlos, pidieron refuerzos y el capitán me envió por usted.

Aleksei comprendió que los tres tenían que enfrentar a los militares para poder rescatar a Annelise.

—Dame un momento.

Apagaré la fogata.

En cuanto la cabaña quedó tal cual abandonada estaba desde el principio, salieron corriendo en dirección de Pavel.

La nieve estaba dura y el frío más denso y difícil de afrontar.

Aleksei comenzaba a sentirse fuera de lugar en ese momento porque nunca había tenido que soportar esas bajas temperaturas tanto tiempo y echo de menos estar en la mansión, pero eso significaba volver a estar a merced de su padre y muy lejos de Annelise.

Había elegido ir a rescatarla y cortar cualquier lazo que lo ligara a su padre y a su mentalidad retorcida.

Ya no le apetecía ser el líder de la organización.

Lo que ahora deseaba era vivir con Annelise como una pareja real, lejos de esa mierda.

Y, aunque le costaba reconocer, pero estaba sumamente agradecido con Pavel y Yuri, quienes estaban arriesgando sus vidas por un ideal que no les beneficiaría en nada y se pondrían en peligro.

Tal vez eso era lo que su padre había perseguido por mucho tiempo y jamás lo conseguiría: Lealtad.

Y la real, no la que él solía crear a base de amenazas, sometimiento y torturas.

La lealtad nacida desde el criterio propio.

Ni Erich ni Mikhail se imaginaban que sus primogénitos se hallaban a escasos pasos de cambiar lo que habían creado y solamente bastó conocerse para comprender que la vida que les había tocado vivir, no era más que una jaula de oro disfrazada de riqueza y poder ensuciado de sangre inocente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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