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Hija del Enemigo: Linaje Prohibido - Capítulo 60

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60: Capítulo 59 60: Capítulo 59 Todo fue inútil, desde intentar recuperar la Jeep y enfrentarse a los militares hasta tratar de conseguir el intercomunicador que yacía en la guantera de la camioneta para poder pedirle ayuda a su padre.

Yuri acababa de derribar a tres, cuando otro convoy hizo acto de presencia.

—¡Retírate, iré por Pavel!

—le ordenó, empujando al chico hacia el bosque.

—¡No voy a abandonarlo!

—replicó Yuri, frunciendo el ceño.

—Si nos atrapan a los tres, no podremos ganarles.

Si logras escapar, hay mayores posibilidades de salir de esto—le espetó con nerviosismo.

—Pero… —¡Es una maldita orden, Yuri!

—vociferó Aleksei.

El chico titubeó y finalmente, obedeció.

Echó a correr en dirección contraria y Aleksei se enfrentó a los militares que acababan de llegar.

Divisó al pelirrojo arremetiendo contra ellos detrás de los convoyes y maldiciendo porque ya no le quedaban suficientes municiones.

Sus ojos oscuros se desviaron hacia Aleksei y este le devolvió la mirada.

Si no ideaban un plan o accionaban, los iban a asesinar a sangre fría.

La escopeta era para combate cercano y los soldados estaban demasiado lejos de su alcance y si quería derribar a unos cuantos, debía acercarse lo suficiente.

—Yo lo cubro.

Dio un respingo cuando la voz de Yuri apareció detrás de él, pero con el semblante serio y decidido.

—Quedamos con que te marcharías—siseó Aleksei.

—Sí, pero si lo hago, de todos modos, vamos a perder, así que yo lo cubro.

Vaya por el capitán—carraspeó.

—¿Qué planeas hacer?

—Robé cinco granadas de un soldado que estaba escondiéndose y le robé munición—respondió, colocándose detrás de un árbol, pero se situó en posición para poder disparar—.

Mi especialidad es fungir como francotirador, confíe en mí.

Lanzaré una granada para abrirle una brecha y consiga llegar hasta el capitán.

Aleksei suspiró.

No tenía de otra.

A pesar de que era un niño, tenía que creerle y confiar en su desempeño, puesto que no había llegado hasta ahí solo por ser del agrado de su padre, sino más bien por su capacidad precoz.

—Cuento contigo, Yuri—le palmeó el hombro.

El chico asintió y Aleksei se encaminó hacia Pavel, que yacía muy cerca de los nuevos pelotones.

Se deslizó a través de los árboles cubiertos de nieve y se agazapó entre los arbustos y apretó la mandíbula.

Volvió el rostro hacia Yuri y el chico comprendió que aquella era la señal.

Aleksei se resguardó detrás de un árbol cuando escuchó a Yuri lanzar la granada.

Esperó unos segundos más y la detonación casi lo dejó sordo, pero no podía darse el lujo de simplemente esperar.

Se lanzó de lleno hacia Pavel, quien quedó más aturdido.

La atención se centró en la explosión y atravesó la carretera como alma que lleva el diablo, lanzándose hacia el pelirrojo, que quedó perplejo al verlo.

—¡Muévete!

—le gritó Aleksei, tirando de él hacia la Jeep que estaba a unos metros dentro del bosque del lado opuesto a Yuri.

El pelirrojo no cuestionó absolutamente nada y se dejó arrastrar por el joven ruso en dirección a la todoterreno que tenía todas las puertas abiertas.

—¡Yo conduzco!

—se ofreció Pavel.

—Bien.

Yuri está del lado opuesto, ¿podrás hacerlo?

—Sí.

Entonces rodearon la Jeep y abordaron rápidamente, cerrando todas las puertas.

El blindaje los iba a proteger, pero no si lanzaban una granada.

—Correcto.

Ponte el cinturón y agárrate porque habrá mucho movimiento—.

Le advirtió Pavel con severidad.

Aleksei obedeció.

Se abrochó el cinturón y se agarró del asiento con una sola mano y con la otra libre, aferró la escopeta contra su pecho.

—¡Hazlo!

—le ordenó.

Algo que jamás se le iba a olvidar a Aleksei, era la forma en la que esos dos sujetos estaban ayudándolo a pesar de que pertenecían al dominio de su padre.

Nunca había tenido amigos, pero por lo que Annelise le había dicho, tal vez el vínculo que estaba formando con Pavel era amistad y no sólo obediencia, y todo gracias a ella.

Incluso, logró contagiar de ello a Yuri, pero le preocupaba que saliera herido porque era solo un adolescente con un cruel destino.

En cuanto Pavel se abrió paso, Aleksei aprovechó a usar el intercomunicador que aun estaba en la guantera de la Jeep para avisarle a su padre que estaba en graves problemas y que necesitaba de su ayuda para recuperar a su esposa, sin contarle más detalles, solo los necesarios.

Rápidamente encendió el GPS y optó por enviarle un mensaje encriptado a su progenitor, diciéndole lo siguiente: “Padre, estoy en problemas.

De camino a Moscú, nos interceptaron militares en la carretera y al mismo tiempo, hombres de Falkenheim nos emboscaron, llevándose a mi esposa; desconozco si trabajaron en equipo.

Ven por nosotros y ayúdame a recuperar a mi esposa, por favor.

Se la han llevado a Alemania”.

Al momento de enviar el mensaje, guardó todo en el mismo sitio y cerró los ojos al sentir como la camioneta sufría de disparos externos mientras se abría paso del otro lado, en busca de Yuri.

Entre el caso, lograron localizar al chico.

Pavel derrapó en la irregularidad del terreno nevado y resbaloso y Aleksei le abrió la puerta del copiloto para que Yuri entrara.

Sin embargo, cuando el adolescente se levantó para correr hacia la Jeep, un soldado apareció desde atrás y apuntó directamente a su espalda, disparando exactamente a su pecho.

El rostro de Yuri palideció, especialmente cuando su abrigo comenzó a teñirse de rojo justo en medio y tosió sangre, con los ojos entornados.

Aun así, Aleksei gritó y logró meterlo al vehículo ante la lluvia de balas.

Pavel aceleró y se las arregló para incorporarse a la carretera, de vuelta a la mansión Reznikov.

Aleksei abrazó al chico mientras este lo miraba con los ojos muy abiertos, presa del miedo, tratando de hablar, pero solamente salía más sangre de su garganta, ahogándose consigo mismo.

—Tranquilo—murmuró Aleksei, con los ojos llorosos y abrazándolo como un niño—todo va a estar bien, ¿sí?

Mírame, no estás solo.

Yuri asintió con dificultad y volvió a toser, estremeciéndose.

—Chico, por favor, resiste—balbuceó Pavel con voz temblorosa.

Quería mirarlo y agarrarlo de la mano, pero tenía que apresurarse a desaparecer del radar de esos malditos soldados.

—H-Hice un buen trabajo—logró decir Yuri, esbozando una sonrisa—, al menos… sé que… mi muerte no será en vano y que… —Calma, por favor—susurró Aleksei, conflictuado.

—…al menos logré salvarle la vida a alguien… y no solo quitarla, tal como… estaba previsto—terminó de decir Yuri, muy tranquilo y miró a Aleksei con sus ojos que aún tenían brillo infantil—.

Pídale al señor Reznikov que mi cadáver sea enterrado en el jardín, al lado de los rosales… porque… yo no tengo familia que reclame mi cuerpo…  A Aleksei y a Pavel se les estrujó el corazón.

—De acuerdo, chico, no te preocupes—le aseguró Aleksei, aferrándose a él.

Yuri sonrió y asintió, complacido.

—Gracias por darme una oportunidad… —No tienes nada qué agradecer—.

A Aleksei se le quebró la voz y se vio obligado a sonreírle mientras observaba como se le escapaba la vida a ese chico de origen desconocido.

La mirada de Yuri dejó de tener vida a los pocos segundos y se quedó fija al techo de la Jeep, con un semblante relajado, como si simplemente se hubiera quedado sumido en sus pensamientos.

Aleksei sollozó y negó con la cabeza.

Le cerró los ojos con lentitud y como ya se habían alejado bastante de los militares, bajó el cristal para que el cuerpo de Yuri no empezara a descomponerse tan rápido y el olor de la sangre no los mareara.

—Era solo un niño—le oyó decir a Pavel con la voz congestionada por el llanto atascado en su garganta—.

¡Un niño nada más!

—Nadie lo llamó y aun así, vino hasta acá, dispuesto a ayudarnos.

—La señorita Falkenheim le contagió también su alegría y buena voluntad—externó Pavel, con más ánimos—y si me lo permites, haré lo posible por darle una sepultura digna a Yuri en los rosales.

—Mi padre no se negará, y si lo hace, afrontaré todas las consecuencias—espetó Aleksei—.

Yuri será recordado como el más valiente de los hombres de la organización Reznikov.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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