Hija del Enemigo: Linaje Prohibido - Capítulo 62
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62: Capítulo 61 62: Capítulo 61 El Jet aterrizó muy cerca de ellos.
El avión en cuestión era uno de los favoritos de Erich Falkenheim, era el color negro mate que rara vez usaba para sus viajes importantes de negocios y le resultó extraño a Annelise que enviara ese precisamente por ella, o, tal vez por Volker, su querido hijo adoptivo.
Comenzaba a nevar nuevamente y el frío a hacerse más insoportable.
—¡Vamos!
—gritó Volker, movilizando al resto de hombres.
La mano del rubio seguía en el brazo de ella.
Annelise comenzó a caminar hacia el jet con la intención de zafarse de su agarre, pero en vez de eso, Volker tiró de ella hacia él y la cargó con facilidad en sus brazos.
Pensó en protestar, pero estaba lo suficientemente agotada para hacerlo.
En cuanto estuvieron en el interior del avión, la calidez los invadió.
Se dispersaron en los asientos y Volker la ubicó en el asiento más cómodo de todos para que descansara.
La dejó sola un momento y después regresó cuando el jet despegó suavemente.
Ella comenzaba a quedarse dormida, pero sintió cuando él le colocó una frazada encima y le acomodó el asiento, reclinándolo para que sus pies estuvieran en una posición cómoda.
—¿Por qué estás siendo amable conmigo?
—le preguntó ella en un susurro.
El rubio se había sentado a su lado y Annelise percibió un músculo palpitar en su mejilla.
—¿Quieres que sea honesto o que sigamos siendo hermanastros?
—¿Tiene algo que ver con los besos que me diste?
—Annelise se giró sobre su brazo para quedar en una posición en la que pudiera verlo a los ojos.
Volker asintió, desviando la mirada.
Había rubor en sus mejillas, orejas y cuello, pero mantuvo su distancia y la atención en la ventanilla del avión.
—Entonces sé honesto, Volker.
Por su parte, él se revolvió nervioso en el asiento y sacudió la cabeza en negación.
Y solo hasta ese momento, al ver que su hermanastro ya no tenía puesto su gorro, Annelise advirtió dos perforaciones en el cartílago en la parte superior que unidas hacían una en su oreja izquierda, es decir, estaban unidas a través de una misma barra de metal, que atravesaba los dos agujeros.
Ella recordaba con vaguedad haber leído sobre eso en alguna parte y el nombre se le vino a la cabeza.
Era el piercing industrial, uno de los más dolorosos de la oreja.
—Desde que nos conocimos cuando éramos niños, jamás me agradaste—.
Comenzó a decir Volker.
Ella sonrió porque eso lo sabía de sobra—.
Pero nunca te odié, solo no me caías bien porque tenías dinero y todo lo que pudieras desear sin haberte esforzado en merecerlo, aunque no contabas con el amor de tus padres, por eso mi odio nunca pudo ser porque eras desdichada e infeliz en el fondo.
—Gracias por recordármelo—.
Gruñó ella, pero no se ofendió porque todo era verdad.
Jamás pudo tener el amor de su madre porque ni siquiera la recordaba y su padre… pues era un demente sediento de poder.
Él esbozó una sonrisa, mirándola y se encogió de hombros, gesto que ella imitó porque era la primera vez que hablaban sin discutir.
—El punto es, que no entiendo tampoco yo porque en este momento estoy celoso de que te hayas involucrado con ese ruso y estés por darle un hijo si ni siquiera lo conoces bien y tampoco lo amas, Annelise.
Supongo que es porque aún te miraba como aquella niña que conocí, pero al verte hace unos días y darme cuenta que ya has crecido y te has vuelto muy… —sus ojos verdes volvieron a centrarse en la ventanilla y se quedó en silencio.
—¿Muy qué…?
—Muy hermosa.
—Oh… —Y creo que eso desató mi lado posesivo—resopló—.
Porque yo tengo derecho de antigüedad contigo y él no.
—¿De qué derecho de antigüedad hablas, Volker?
—ella frunció el ceño.
—Me refiero a que no tiene ningún derecho sobre ti porque acaba de conocerte y yo no, Annelise.
—Voy a darle un hijo—.
Le recordó ella.
—Sí, pero porque Erich te lo ordenó—.
Espetó, mirándola de soslayo.
—Vaya, ahora no le dices padre—bromeó.
—Porque realmente no lo es, aunque legalmente sí.
—Hasta hace unos días insististe de que era también tu padre.
—Fue antes de darme cuenta de que estaba celoso de Aleksei Reznikov y tú eras la razón—.
Masculló, indignado.
Se llevó ambas manos al rostro y se lo cubrió con ansiedad—.
¡Mira lo que me haces decir, idiota!
¡Tú no eres más que una Emperatriz de la mediocridad absoluta!
Ella se estremeció y sonrió levemente.
Ahora lo comprendía.
Volker Adler, ahora Volker Falkenheim, se había enamorado de ella, su hermanastra, aunque legalmente ya eran hermanos porque compartían el mismo apellido.
—¿Por qué sonríes?
¿Acaso te causa placer verme así, Condesa del fastidio perpetuo?
—le espetó, contrariado.
Tenía todo el rostro sonrojado y sus dos manos temblaban, mientras la miraba con recelo con sus petulantes ojos verdes.
—Solo quiero que sepas que no amo a Aleksei Reznikov—le aclaró.
El rubio frunció el ceño y se le aceleró el corazón—.
Pero tampoco le soy indiferente.
Logró cautivarme y robarse mi atención.
Me atrae muchísimo, especialmente porque antes de que me alejaras de él, logró demostrarme que podía ser una buena pareja y un excelente padre para nuestro hijo.
Volker sintió una opresión en su pecho, pero se mantuvo tranquilo frente a ella.
—Él no sabe que estás embarazada y el matrimonio entre los dos fue una farsa—.
Le recordó el rubio—.
Y si Mikhail se entera del plan de Erich, ten por seguro que hará lo posible por obligar a su hijo a hacerte daño.
—No lo hará.
—¿Cómo estás tan segura?
—¡Solo lo sé!
Se quedaron en silencio unos minutos.
—Tal vez todo habría sido diferente si me hubiera enterado de esta mierda y evitar que te involucraras con ese idiota—bufó Volker.
—Aunque lo hubieras sabido, no habrías podido hacer que mi padre cambiara de opinión.
—No, pero yo habría enviado a otra chica en tu lugar.
—¿Qué?
—Sí.
Para que hiciera ese trabajo sucio por ti.
La sola idea de imaginar a Aleksei Reznikov tocando a otra mujer que no fuera ella… le hizo sentir rabia y celos.
—No digas tonterías, Volker.
—Tal vez si yo te hubiera visto antes y acercado a ti… —murmuró el rubio, incómodo.
—¿Crees que yo me habría fijado en ti?
—inquirió Annelise, ladeando la cabeza.
—No es un hecho, pero es una posibilidad, ¿quién sabe?
De todos modos, no compartimos consanguinidad —se ruborizó nuevamente.
—Sí, claro, Volker.
Sobre todo, porque me tratabas muy bien cuando éramos niños y habría sido igual que ahora—.
Ella se echó a reír, divertida.
—Mi personalidad no es igual a mi temperamento, Princesa de la queja perpetua—siseó, mirándola con intensidad.
Tenía las pupilas dilatadas que absolutamente el color verde de sus ojos parecía negro—.
Solamente te he mostrado mi temperamento, más no mi personalidad.
Ella suspiró, abatida.
—Quizá deberías dejar a un lado esa atracción por mí, Volker.
No te hará bien.
—¿Crees que no podría hacer que te olvides de él?
—arqueó una de sus rubias cejas con arrogancia.
—Nunca hiciste que te viera con otros ojos en todo este tiempo, Volker, y dudo mucho que puedas hacer que me fije en ti cuando Aleksei está en mi mente, sin mencionar que llevo dentro a su hijo—.
Repuso ella con la misma arrogancia que él.
—Fue porque nunca me dediqué a hacerlo, Princesa del legado miserable y problemático—.
Replicó Volker, haciéndola sentir idiota con ese apodo.
—¡Deja de decirme estos apodos estúpidos?
Entonces Volker esbozó una sonrisa torcida que la dejó enmudecida por unos segundos.
Jamás le había visto una sonrisa como aquella y tampoco sus ojos verdes brillaban de tanta intensidad.
Tragó saliva.
—De acuerdo, Emperatriz del fracaso bien maquillado, ¿cómo quieres que te diga, si haces que mi inspiración se dispare con solo verte?
—¡Eres un…!
Pero antes de que ella pudiera insultarlo, Volker se inclinó lo suficiente para callarla con un delicado beso en los labios.
Annelise parpadeó por la sorpresa y cuando el rubio no se apartó, sino que se abrió paso entre sus labios con su lengua, ella se estremeció.
¿Qué le pasaba?
—Detente, Volker… —susurró sobre sus labios.
El chico obedeció, pero no se apartó.
Se quedó peligrosamente a cinco centímetros de su rostro, sintiendo la calidez de su aliento en las mejillas.
—He decidido que voy a robarme tu corazón, Reina del desorden encantador—.
Le informó, sin dejar de sonreír—.
Y quiero que sepas que cuando me propongo algo, lo logro; así que prepárate porque vas a saber lo que es enamorarse de verdad.
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