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Hija del Enemigo: Linaje Prohibido - Capítulo 63

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63: Capítulo 62 63: Capítulo 62 Luego de un par de días de viaje aéreo, por fin llegaron a Rügen, Alemania, al famoso templo de hielo en el que había vivido toda su vida.

Técnicamente era una jaula de diamantes camuflada por una mansión gigante, similar a la de los Reznikov, solamente que aquí ella tenía sus cosas personales que la hacían sentir su hogar, aunque realmente no lo fuera.

Aterrizaron en el área especial de los aviones privados de Erich Falkenheim, justo detrás de la mansión, en donde los esperaban los hombres armados de su padre la misma frialdad de siempre.

Los únicos sujetos que habían sido amables ya no estaban, o, al menos, solo quedaba uno.

Drogo.

El otro había sido asesinado por los hombres de Mikhail.

Uwe.

Uwe antes de morir le había dado ese dispositivo auditivo porque sabía que ella también corría peligro.

Los recibieron con paraguas e impermeables porque en aquel momento, se estaba desatando una tormenta helada.

Eran cerca de las diez de la noche y había poca nieve, pero eso no le restaba el escalofriante frío que hacía, no tanto como en Yakutsk.

—Señorita Falkenheim, joven Volker, por aquí—.

Los saludó el mayordomo, sosteniendo un paraguas lo suficientemente amplio para cubrirlos a ambos.

El hombre llevaba puesto un impermeable similar al de ellos y no le importaba mojarse con tal de que ellos no se mojaran.

—Hola, Dierk—lo saludó de vuelta Annelise, tiritando de frío mientras caminaban de vuelta a la mansión—.

¿Y mi padre y hermana?

—Su padre volverá pasado mañana porque tuvo que salir de urgencia a alguna parte, ya sabe que él nunca da muchos detalles—respondió, agitado, porque se hallaban casi corriendo por el agua—, y en lo que respecta a su joven hermana menor, ella está en su recámara.

—Pensé que como habíamos pedidos el jet para recogerme, estaría esperándome.

—Me temo que se fue hace un par de horas apenas—le informó—.

Pero estoy seguro de que sabe que usted estará muy bien ahora que volvió.

Dierk era otro hombre más que era amable en la mansión, pero no pertenecía a los hombres armados de su padre, sino que era el mayordomo leal a los Falkenheim desde que el padre de Erich seguía siendo el capo principal.

Dierk ya estaba anciano y continuaba prestando sus servicios porque no tenía familia ni a dónde más ir, así que le permitieron seguir hasta que él decidiera detenerse.

—Dierk, yo me haré cargo de ella, ¿de acuerdo?

No quiero que te esfuerces demasiado esta noche—dijo Volker en cuanto estuvieron dentro de la mansión.

El rubio se había encargado de quitarle el impermeable a Annelise y le devolvió el paraguas al mayordomo.

—Muy bien, joven Volker—asintió el anciano, haciendo una reverencia.

Se llevó los impermeables de ambos y el paraguas.

Annelise cerró los ojos y suspiró profundo para llenar sus pulmones de su hogar, al que extrañaba, pero solamente porque le tenía cariño desde niña, puesto que continuaba siendo un sitio frío y careciente de amor.

Estiró los brazos y giró sobre su eje, llenándose de la calidez que expedía la chimenea de la sala y la calefacción.

Volker se mantuvo en silencio, observando como ella sonreía y se movía sin detenerse, como si hubiera vuelto a donde pertenecía y el fantasma de una sonrisa asomó a sus labios, sin mencionar que su mirada fue de anhelo.

—¿Quieres que te prepare la bañera para un delicioso baño caliente?

—se ofreció él.

Ella abrió los ojos y se detuvo para mirarlo.

—Eh… claro.

—Muy bien, ¿vas a ir a tu habitación?

Para que cuando prepare el baño, vaya a llamarte.

—Sí.

Subiré en un minuto.

El rubio asintió y comenzó a dirigirse a la escalinata sin voltear atrás, sabiendo que los ojos curiosos de ella le quemaban la espalda.

Su táctica para enamorarla había comenzado.

Annelise se quedó un rato más abajo, pensando en todo lo que había tenido que pasar para regresar a Alemania.

Se había ido sola y había regresado con el hijo de Aleksei Reznikov en su vientre.

Le emocionaba y entristecía al mismo tiempo porque por más que tuviera ese deseo de poder estar con él, era imposible.

Ella había cumplido con la misión de su padre y ya no podía pensar en algún tipo de lazo con ese ruso, que probablemente había regresado a su casa al darse cuenta que había sido sustraída en contra de su voluntad porque no pensaba que Aleksei iba a ser tan tonto de decírselo a Mikhail para que lo ayudase a recuperarla.

Y a pesar de que se hallaba en casa, ahora tenía que lidiar no solo con su progenitor ni con Aleksei, sino con Volker, su ahora “hermano” legal que se le había ocurrido fijarse en ella en aquella situación tan tormentosa.

Sacudió la cabeza antes de subir la escalinata lentamente.

En cuanto llegó al segundo piso, alcanzó a escuchar música desde la habitación de su hermana menor que estaba al final del largo pasillo y decidió ir a saludarla.

Llamó a la puerta suavemente y la música se detuvo abruptamente.

En cuanto la puerta se abrió, apareció Saskia Falkenheim debajo del umbral.

Cabello café dorado sujetado a una cola de caballo y ojos caramelo, pero más oscuros.

La copia exacta de Annelise, pero en su mirada estaba la malicia, salvajismo y arrogancia de su padre.

Y al verla, simplemente alzó las cejas, mirándola de arriba abajo.

La adolescente se hallaba haciendo ejercicio porque estaba sudada y tenía puesta ropa de licra y sostenía una mancuerna de cinco kilos en la mano derecha.

—Ah, ya has vuelto—.

Dijo sin emoción alguna, dándole paso al interior de la recámara.

La estancia era un poco más grande que la suya porque le encantaba tener espacio para su colección de dagas en la pared y su propio lugar para ejercitarse o practicar sus tiros de flechas o dardos.

—Esperaba un mejor recibimiento—.

Añadió Annelise, arrugando la nariz.

—La verdad es que no pensé que volverías tan pronto, especialmente porque tu misión era traer al heredero de los Reznikov—.

Repuso, y le dio “play” a la enorme TV en donde la música regresó—.

Luces… terrible.

—Me alegro de que estés bien, Saskia.

Annelise puso los ojos en blanco y abandonó la recámara para ir a la suya que quedaba un piso más arriba.

Arrastrando los pies, abrió la puerta de su dormitorio y su corazón saltó de felicidad.

Todo estaba como lo había dejado, a excepción de que las personas de la limpieza habían limpiado, pero fuera de ello, todo igual.

Ella era la única sucia ahí, así que se desvistió y se colocó una bata de baño encima, dejando la ropa sucia en el cesto de basura para que la tiraran directamente.

Se miró al espejo y advirtió que su persona era un completo desastre.

Su cabello café dorado parecía un estropajo y sus ojos color caramelo estaban hundidos, demacrados y tenía enormes ojeras adornándolos; además, percibía que había bajado muchísimo de peso porque sentía sus huesos más visibles.

Dio un respingo cuando alguien llamó a la puerta.

—Adelante.

El rostro de Volker se asomó en el umbral.

—El baño está listo, Annelise.

—De acuerdo, gracias, Volker.

Él asintió y se mordió el interior de las mejillas.

—Eh, voy a estar en la habitación continua a la tuya por si necesitas algo, ¿bien?

—Gracias.

Volker hizo el ademán de marcharse, pero ella lo detuvo.

—Espera.

—¿Sí?

—Creo que me gustaba más tu temperamento que personalidad—bromeó—.

Que seas tan amable conmigo me hace sentir extraña.

Entonces Volker sonrió con malicia.

Ella tragó saliva.

—¿Eso quiere decir que quieres que te siga diciendo mis apodos malditamente perfectos?

—arqueó su rubia ceja.

—No dije eso—balbuceó ella.

—Descuida, Princesa de la constancia… en arruinar todo, me podrás interesar, pero creo que no puedes vivir sin mis apodos y he tomado la decisión de no perder la costumbre—dijo, guiñándole un ojo—.

Te veré en la cena, Lady del “no esperaba nada y aun así decepcionas”, no llegues tarde—añadió sonriendo lobunamente, y después abandonó la recámara.

En cuanto se marchó, Annelise se tapó la boca con las manos y no pudo evitar reír.

Era un completo idiota, pero no podía negar que su sentido tonto del humor la estaba salvando de sufrir un colapso mental de todo lo que había tenido que soportar en esas semanas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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