Hija del Enemigo: Linaje Prohibido - Capítulo 65
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65: Capítulo 64 65: Capítulo 64 ¿Cuántas personas podrían parecerse entre sí sin ser familiares?
Muchas.
Pero esa mujer era la copia exacta de Annelise Falkenheim, su novia, de eso estaba seguro y de alguna manera sintió una extraña corazonada.
La fémina que se hallaba frente a ellos era igual de delicada, imponente y preciosa que Annelise y no podía descartar la idea de que cabía la probabilidad endemoniada de que tenían algún tipo de parentesco consanguíneo, aunque la mera idea resultaba incluso cómica porque su padre jamás permitiría que una Falkenheim ingresara a la mansión.
Y antes de que Pavel pudiera detenerlo, se abrió paso a interceptarla.
Se colocó frente a la mujer y ella en vez de asustarse o retroceder, le plantó cara.
Sus ojos caramelos lo miraron con interés, mientras que los grises de Aleksei se mantuvieron gélidos en ella.
—Hola, mi nombre es… —Aleksei Reznikov, el heredero de Mikhail—.
Terminó de decir ella, con una sonrisa divertida y suave.
El labial rojo carmín de sus labios era hipnótico.
—No quiero que lo tome a mal, pero ¿usted quién es y qué hace en mi casa?
—inquirió Aleksei, mostrándose interesado, pero a la defensiva.
—Me vas a ver más seguido por aquí y tendremos oportunidad de conocernos, Alek—le dijo con suavidad—, pero me temo que en este momento debo irme.
La mujer terminó de descender la escalinata y pasó a su lado con elegancia, en dirección a la puerta principal en donde los hombres de su padre la esperaban.
—El parecido con Annelise es impresionante—.
Dijo Pavel, sorprendido.
—Demasiado—.
Convino Aleksei, apretando los puños.
Se quedó observándola marchar y después se dirigió a la habitación de su padre sin miramientos.
Necesitaba su ayuda y muchas respuestas.
En cuanto estuvo frente al dormitorio, con solo una mirada, los que escoltaban la puerta se hicieron a un lado para dejarlo pasar.
Encontró a su progenitor recostado en su cama y con los ojos cerrados.
—Sé que estás despierto y que tuviste una fantástica compañía, que acaba de marcharse hace cinco minutos—.
Lo confrontó, situándose a los pies de la cama.
Mikhail abrió lentamente los ojos y resopló.
—Ah, has vuelto.
—Sí, he vuelto.
Y necesito tu ayuda, ya que, tal parece que no recibiste mi mensaje encriptado hace unos días—.
Carraspeó.
—Lo recibí, pero no pude enviar a nadie por ti porque recibí visitas.
Apenas podía hablar por el cansancio, pero a Aleksei no le importó.
—Oh, claro, esa mujer despampanante es más importante que tu único hijo—, añadió Aleksei con sarcasmo.
—Tu esposa y tú se fueron por su cuenta, yo no los obligué a marcharse—.
Le recordó en un siseo—.
Así que yo no tenía la obligación de ir por ustedes porque fue su decisión.
—Los malditos militares y personas de Erich Falkenheim nos interceptaron de camino a Moscú, padre—.
Le informó—.
Y se llevaron a mi esposa.
En cuanto mencionó lo último, Mikhail se sentó bruscamente e hizo una mueca de dolor.
Aleksei intentó ayudarlo, pero lo apartó de un manotazo.
—¿Cómo estás tan seguro de que eran hombres de Falkenheim?
—ladró.
—Artem encontró esto justo después de la emboscada—dijo Aleksei, palpando sus bolsillos en donde había vuelto a guardar la única prueba que tenía.
Se acercó a su padre y le depositó el encendedor que tenía grabado el apellido Falkenheim en la mano de Mikhail.
—Típico de ese idiota—esbozó una sonrisa maliciosa y apretujó el encendedor en su palma.
Sus ojos grises y gélidos como el hielo, se postraron en los de su hijo—.
¿Tienes alguna idea de por qué exactamente a ustedes los emboscaron y cómo sabían de su ubicación?
—Si lo supiera, no estaría pidiéndote ayuda.
Mikhail puso los ojos en blanco.
—Bien, entonces prepárate.
Le haremos una visita para nada amistosa a Erich Falkenheim en Alemania en dos días.
—¿También irás?
Con solo que me ayudes dándome un pelotón de tus hombres y uno de los aviones privados, me basta y sobra.
Solamente quiero recuperar a mi esposa, no enfrentarme a él.
—¿Hasta cuándo seguirás siendo un cobarde?
—lo miró con desprecio.
—-No soy ningún cobarde.
Tus objetivos no son los míos.
—Tu deber como mi hijo es seguir mis pasos y tomar las riendas de mi linaje, Aleksei—.
Bramó Mikhail—.
Yo no crié a un cobarde y bueno para nada, ¿por qué crees que decidí que me dieras un nieto?
Porque solamente así, tal vez logre salvar mi descendencia como es debido porque tú fuiste un fracaso.
Aleksei siempre había escuchado esas palabras hirientes por parte de su padre y aunque al principio, cuando era niño y adolescente, le dolían demasiado, ahora simplemente le daba igual.
Había dejado de ver a Mikhail Reznikov como a un padre desde hacía mucho tiempo porque no era más que un hombre vil, cruel y patético.
—¿Ya terminaste de hablar?
Para que podamos ponernos de acuerdo para el rescate de mi esposa y que tú puedas enfrentarte a ese demente de una vez por todas—.
Arribó Aleksei con suficiencia.
—Vaya, normalmente bajas la mirada cuando te hablo con desprecio—dijo Mikhail, con interés genuino en el nuevo semblante duro de su hijo—.
Así es como he querido que seas siempre, ¿qué te hizo cambiar?
—La mierda de pertenecer a esta familia y linaje maldito—.
Respondió Aleksei con dureza.
—Tienes razón, no te di la familia que una persona necesita, pero te di un apellido imponente, poder, dinero, y estatus, ¿qué más puede desear un mocoso como tú?
Incluso te elegí una esposa de la que te enamoraste muy rápido, ¿o me equivoco?
Aleksei apretó los puños.
—A ella déjala fuera de esto—siseó, molesto—.
Fue una víctima de tu avaricia, padre, como todos los que estamos en esta maldita mansión.
—Te di la oportunidad de ser como yo y no la aprovechaste, y eso, dentro de poco, puede resultar muy negativo para ti—, objetó Mikhail con veneno.
—¿A qué te refieres?
—Aleksei se tensó.
—Olvídalo, mejor sal de aquí para que me aliste y comencemos el plan de extracción de tu querida esposa y mi enfrentamiento contra Falkenheim.
La manipulación había funcionado, pero quedó más intrigado que nunca con los últimos comentarios de su padre y aunque quiso seguir presionando, eligió la paz, por el momento; además, también iba a encontrar la manera de confrontarlo acerca de esa hermosa mujer que había estado con él toda la noche y que era muy parecida a Annelise.
Cuando estuvo de vuelta con Pavel en el primer piso, se pusieron abrigos especiales y salieron al exterior a verificar que el agujero donde habían colocado a Yuri, estuviera en orden y no hubiese sido desenterrado.
Los rosales envueltos en nieve parecían más tristes que nunca, especialmente una rosa que estaba casi sobre el sepulcro, como si hubiese querido alcanzar al joven y evitar que tocara la fría tierra.
—¿Y cómo te fue?
—le preguntó el pelirrojo, dándole una calada a su cigarrillo.
El frío era insoportable, pero el tabaco amortiguaba el congelamiento.
Aleksei tomó un cigarrillo también y lo encendió con ayuda de Pavel, ya que el encendedor de los hombres de Falkenheim se lo había quedado su padre.
—Montó un show sobre lo desconsiderado que soy como hijo, que soy un cobarde, indigno—se encogió de hombros, soltando el humo a través de su nariz—.
Ya sabes, lo de siempre.
—Lo lamento.
—No, no lo lamentes.
Hace mucho tiempo esas palabras dejaron de doler, como cuando un cuchillo se queda sin filo de tanto cortar—, le explicó—.
En algún momento iba a dejar de causar efecto en mí sus comentarios patéticos.
—Ningún padre tiene derecho a menospreciar a sus hijos.
—Creo que habría preferido nacer en una familia pobre y amorosa, que en la porquería en la que me tocó—musitó, abatido—.
Ni siquiera conocí a mi madre ni tuve hermanos para al menos decir que valió la pena tanta mierda, así como con Anne.
Ella tiene a su hermana menor, Saskia, y gracias a que crecieron juntas, puede tener ese punto de apoyo y consuelo.
El pelirrojo chasqueó la lengua y le dio una palmada en el hombro.
—Entonces mira el lado bueno.
—¿Acaso hay alguno?
—Aleksei frunció el ceño con el cigarrillo entre sus dedos.
—Sí.
Annelise Falkenheim está contigo, ¿qué más puedes pedirle a la vida?
Ella va a lograr estabilizar el mundo en el que fuiste criado, porque sabe perfectamente lo que sientes y lo que es tener un padre mafioso, pero la diferencia es que ella ha logrado saber lidiar con ello.
—Pero no merece salvarme cuando ni siquiera puede salvarse a ella misma, Pavel.
—Es que no se trata de que ella te salve como tal, sino que ambos logren dominar bien las consecuencias de lo que harán juntos cuando todo esto termine.
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