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Hija del Enemigo: Linaje Prohibido - Capítulo 66

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66: Capítulo 65 66: Capítulo 65 Cuando terminó de bañarse, Annelise no pudo evitar sentirse relajada después de estar días sin tener ropa limpia ni oler delicioso.

Buscó el pijama más cómodo y abrigador para bajar a cenar y mientras se secaba el cabello, se miró al espejo otra vez, pero ahora recién duchada.

La chica que le devolvió la mirada era alguien completamente diferente a la que había estado ahí toda su vida.

Se fue por poco más de un mes y ahora parecía otra persona.

Y sin mencionar que dentro de su ser estaba creciendo el bebé del hijo del enemigo de su familia.

Vaya mierda.

Suspiró, abrumada, porque la felicidad que sintió fue tan efímera que apenas y la saboreó.

Unos golpecitos en la puerta la hicieron respingar y apagó la secadora.

—Adelante—.

Dijo.

La puerta se abrió y apareció Volker, pero esta vez con el cabello rubio húmedo, un pijama cómodo y oliendo deliciosamente a perfume de hombre, aumentando demasiado su atractivo.

Annelise tuvo que apartar la mirada de él a regañadientes, porque se había quedado como idiota mirándole los labios y parte del cuello.

Los ojos verdes de Volker buscaron los suyos en el reflejo del espejo.

—Vine para que vayamos a cenar juntos.

—¿Qué hay de Saskia?

—Me mandó al demonio—.

Bromeó y se encogió de hombros, sonriendo.

—Bueno, al menos no te golpeó como suele hacer con los empleados—.

Rio Annelise, guardando la secadora.

—Creo que le caigo tan mal que ni siquiera me toma en serio.

—Ten en cuenta que ella es más parecida a mi padre que yo, incluso una vez me comentó que desearía haber nacido primero para poder ser el orgullo de la familia—bufó ella.

Volker frunció el ceño, perplejo.

—¿Tanto así?

—se rascó el cabello, muy intrigado.

Annelise asintió.

—En algún momento voy a hablar con ella… —¿Para qué?

O sea, Saskia tiene en mente lo que desea hacer y no creo que… —¿Quieres apostar?

—arqueó su rubia ceja, dejándola sin palabras.

—No.

Yo no apuesto nunca.

—¿Porque siempre pierdes, Princesa del desastre y de la mala suerte?

—canturreó.

Annelise elevó los ojos al techo y se encaminó a la puerta para ir a cenar, pero cuando pasó junto a Volker, él la detuvo suavemente de la mano, haciendo que ella sintiera una descarga eléctrica en todo su cuerpo, especialmente en todo el brazo donde él la tenía agarrada.

—¿Qué haces, Volker?

—le preguntó ella, temerosa, no tanto porque tuviera miedo de que le hiciera daño, sino cómo podría reaccionar a su tacto.

—Solo deseaba tocarte, ¿puedo…?

Pero antes de que Annelise pudiera responderle, Volker siguió acariciándole el brazo hasta ir subiendo poco a poco al hombro y después su mandíbula y mejilla.

El estremecimiento de ella hizo que Volker aventurara a acariciarla más y más, hasta que cortó la distancia entre ellos y acunó su rostro entre sus manos con mucho cariño.

El perfume de Volker la hizo sentir mareada, pero no como cuando le venían las ganas de vomitar, sino de diferente manera.

De repente, sintió el roce de sus labios sobre los suyos y la imagen del rostro de Aleksei Reznikov vino a su mente.

—No, espera, Volker, esto no es correcto… —¿Por qué?

Sé que también te atraigo, Annelise, no puedes mentirme, tu cuerpo te delata—, susurró sobre sus labios y ella se estremeció cuando sintió la lengua del rubio deslizarse en la comisura de sus labios antes de buscar espacio al interior de su boca.

Cuando el beso se profundizó, Annelise no quería parar.

Aceptaba que estaba enamorada de Aleksei Reznikov y que el amor iba germinando poco a poco hacia él, pero con la aparición de Volker Adler, ahora Volker Falkenheim, no podía evitar sentirse atraída por él, después de no verlo durante varios años, y que solo lo recordaba como un tonto niño idiota que su padre cuidó solo porque tenía sexo con la madre de él.

—Estoy embarazada de Alek… —logró decir Annelise cuando dejaron de besarse.

—¿Y cuál es el problema?

—jadeó Volker, dándole pequeños besos alrededor de sus labios.

—Cuando se entere, vendrá por nosotros…  Volker se detuvo solo para mirarla.

Sus ojos se endurecieron.

—No tiene por qué enterarse, yo me puedo hacer cargo de ese bebé, Anne, te doy mi palabra que lo haré si me lo permites—prometió, agarrando sus manos y besándolas con cariño.

Los ojos color caramelo de Annelise se entornaron, pero no se apartó.

Sintió incluso un poco de alivio ante esa propuesta.

—¿Qué?

¿Hablas en serio o simplemente es una de tus tontas bromas?

Pero el rubio estiró los brazos y la tomó de la cintura para atraerla a su cuerpo, sintiendo la suavidad de sus curvas en su firme cuerpo.

—¿Crees que a estas alturas puedo hacer bromas de ese tipo?

Sé que soy un bastardo e idiota, pero jamás un desgraciado—.

Replicó el rubio y en su mirada había sinceridad absoluta.

Los brazos de Annelise poco a poco se fueron moviendo hacia su cuello para observarlo con mayor intensidad.

—Lo siento, me cuesta creer que de verdad te sientas atraído hacia mí.

Y menos ahora que estoy embarazada, es un gran tormento, ¿sabes?

Apareciste cuando ya estaba intentando amar a un hombre.

—A ver—dijo él, acomodando un mechón de cabello de ella detrás de la oreja y acarició su mejilla con ternura—, el desprecio que sentía por ti era un escudo para no aceptar que siempre me gustaste, y ahora que he vuelto a verte, pensé que podía seguir engañándome y no pude, especialmente cuando me enteré de la misión que te dio Erich sobre darle un hijo al hijo de su enemigo y me asqueé y sentí pena por ti, y muchos…  —¿Celos?

—rio ella.

—Sí, demasiados celos, horribles, espantosos—sacudió la cabeza, ruborizado—.

Por eso quiero que me aceptes, Annelise.

Sé que no podrás amarme rápido, pero mis méritos te harán cambiar de opinión.

—¿Y si Aleksei me busca?

—titubeó—.

No podré negarle el derecho de saber que estoy embarazada de su hijo y si me pide irme con él, yo… Volker se inclinó lo suficiente para callarla con un beso.

—¿Qué?

No me digan que ustedes dos son novios o algo así.

Annelise y Volker se separaron precipitadamente cuando la voz de Saskia los interrumpió.

En ningún momento la escucharon entrar y no sabían hasta qué punto había escuchado.

—¿Nuestro padre sabe que cumpliste con éxito la encomienda?

—inquirió Saskia, cruzada de brazos—.

Porque por lo que escuché, lograste embarazarte de ese bastardo y lo que me parece cómico es que Volker Adler quiera hacerse cargo de ese engendro—, añadió, de manera irónica.

—A ti no te importa ese asunto, Saskia—.

Gruñó Volker, a la defensiva.

—Me importa porque mi padre no va a tolerar semejante estupidez—.

Agregó la adolescente con desdén—.

Esto no es un juego y ese feto no va a quedarse en la familia.

—¿A qué te refieres?

—musitó Annelise, perpleja.

—Sé que la encomienda de Annelise no termina con sólo traer al mundo a ese bebé, hay algo más que él no ha dicho.

—¿Tú sabes más sobre eso?

—insistió Annelise, desesperada.

Saskia se encogió de hombros y los miró como si ambos fueran idiotas.

—Parece como si no lo conocieran, pero bueno, allá ustedes, iré a cenar.

La observaron marcharse y dejaron escapar el aire de sus pulmones que habían retenido por la impresión.

—Necesito una respuesta pronto—dijo él con suavidad—.

Te esperaré el tiempo necesario.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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