Hija del Enemigo: Linaje Prohibido - Capítulo 67
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67: Capítulo 66 67: Capítulo 66 Normalmente las cenas en el palacio de hielo eran incómodas teniendo a Erich Falkenheim ahí, pero en ese momento, aunque él no estaba ahí, Saskia Falkenheim parecía su reemplazo, especialmente porque no dejaba de observar a Annelise y a Volker en todo momento como si se tratara de un halcón sometiendo a su presa con presión.
El rubio fue el que reaccionó primero.
—¿Puedo saber qué es lo que tenemos Annelise y yo en la cara, Saskia?
Porque has estado viéndonos más de lo normal desde que nos sentamos a cenar y si quieres decir algo más, hazlo—.
Bramó, enfadado.
—No tengo nada más que añadir, la verdad—.
Eludió Saskia con aburrimiento—, pero me encantaría demasiado saber si en serio pretenden llevarle la contraria a mi padre.
—Yo cumplí con su encomienda.
Y prácticamente el hijo que está creciendo en mi interior también es mío y ya no depende de él ni de nadie lo que yo piense hacer después.
Saskia alzó las cejas, irónica.
—Tal parece que en Rusia te lavaron el cerebro, hermana, porque te has olvidado de cómo es nuestro padre—.
Se burló—.
Ese niño que llevas dentro es parte de un plan más complejo, y aunque no sé más al respecto, sé que papá planea algo mucho peor para arremeter contra los Reznikov usando a ese bebé cómo impulso.
Volker soltó los cubiertos sobre su plato con brusquedad y miró con desprecio a la menor de los Falkenheim.
—Escupe todo lo que sepas, Saskia, hasta el último detalle—.
Le exigió.
—¿Qué te hace pensar que voy a obedecer al perro faldero de mi padre?
Porque no eres más que eso, idiota—.
Se rio Saskia con arrogancia.
Annelise se llevó la palma a la frente porque era obvio que Saskia no tenía ni la menor idea de que Volker ya era legalmente un Falkenheim y ante la ley, era el primogénito de su padre.
—Saskia, por favor… —Y ahora lo defiendes, ¡Qué sorpresa!
—exclamó la adolescente, sonriendo con malicia—.
¿Acaso es tan bueno en la cama que has decidido defender su miembro sin miramientos?
La carcajada que la chica soltó fue muy molesta y Annelise notó cómo Volker apretaba los puños y la mandíbula con sus ojos verdes puestos en su hermana, controlándose.
—Será mejor que te disculpes, Saskia—.
Vociferó Volker, arrastrando las palabras.
Los ojos color caramelo de la adolescente se postraron en los verdes de él, dejando de reír.
Era una mirada idéntica a la de su padre: oscura, feroz y despreciable.
—A mí nadie me dice qué hacer, ni siquiera mi padre, infeliz mediocre—lo miró de arriba abajo con asco, poniendo en claro que entre los dos había una diferencia abismal como persona.
—¡Saskia, es suficiente!
—gritó Annelise, perdiendo la paciencia.
A pesar de que no le gustaba sacar su temperamento siempre, últimamente había estado al filo del colapso y pensó que tendría un poco de paz en casa, pero se equivocó.
—¡Deja de defenderlo!
¡Tú también lo odiabas!
—repuso Saskia.
La mirada de la adolescente se ensombreció cuando divisó la sonrisa arrogante que esbozó Volker Adler mientras negaba la cabeza con satisfacción, esperando a que Annelise replicara.
La fémina volteó a ver al rubio y este le guiñó el ojo, dándole la señal para que bajara a su hermana de aquella nube de arrogancia e ignorancia.
—Nuestro padre no ha sido del todo sincero con nosotras, Saskia, y me temo que es momento de que empieces a tratar a Volker con el debido respeto que se merece aunque no quieras.
—¿Por qué?
¿Porque él se hará cargo de tu bastardo y serán pareja?
—aguijoneó la adolescente con desdén, pensando que sus palabras le iban a doler, cuando ya había pasado por tantas cosas como para afectarle lo que su hermana menor le dijo.
Annelise suspiró y bebió un sorbo de su bebida para refrescar su garganta antes de seguir hablando.
—No le des tantas vueltas al asunto y habla—.
Insistió la puberta, comenzando a ponerse nerviosa y haciendo que Volker estuviera disfrutando de ese momento.
—Nuestro padre, a espaldas de nosotras, siempre estuvo cuidando de Volker en todo sentido para que pudiera estudiar y entrenar, ya que nunca dejó de verlo como un hijo más aunque ya no estuviera con su madre—comenzó a decir Annelise, sintiendo muy reseca la boca pese haberla humectado—.
Por lo tanto, hasta hace poco, reconoció legalmente a Volker como su primogénito, haciéndolo parte de oficialmente de los Falkenheim.
Él, ante la ley, es nuestro hermano mayor, Saskia y posee mucho poder, como el dominio absoluto de todo, después de nuestro padre, claro.
El rostro de Saskia palideció.
Sus ojos color caramelo viajaban de su hermana a Volker y nuevamente a su hermana.
—Esto es una maldita broma, ¿verdad?
—logró decir en un hilo de voz—.
Mi padre no pudo habernos hecho esto, ¿por qué habría de reconocer a un tipo de la calle como su primogénito si nosotras somos sus únicas hijas biológicas?
—A mí también me costó mucho asimilarlo, créeme, especialmente porque yo soy la primogénita—.
Convino Annelise—.
Sin embargo, de nada sirve enfadarse, si al final de cuentas, fue papá quien lo decidió porque nunca estuvo de acuerdo en tener hijas mujeres.
Siempre deseó un varón.
—¿Piensa dejarnos fuera del testamento y echarnos a la calle?
—preguntó Saskia, temerosa.
Sus ojos se cristalizaron, aguantando las lágrimas.
Annelise volteó a ver al rubio en busca de ayuda.
—Jamás pasará eso, Saskia.
Esta es la casa de ustedes y yo nunca haría algo que les hiciera daño—.
Afirmó Volker—.
Simplemente cumpliré mi papel que desea Erich y eso incluye cuidarlas a las dos como hermano mayor.
—Hermano mayor—se burló Saskia y rio a pesar de querer llorar—.
Pero si te quieres hacer cargo del hijo de mi hermana para acostarte con ella y eso no lo hacen los hermanos.
Volker resopló, ruborizado y negó con la cabeza.
—Ante la ley somos hermanos, pero realmente no compartimos sangre—le recordó—.
Y en todo caso, me haga cargo o no del hijo de Annelise y me acepte como su pareja, no pienso dejar de cuidarlas aunque ustedes se nieguen.
Además, las personas del exterior no tienen por qué saber nada de esto.
—No sé qué es lo que más me perturba—musitó Saskia—, si el hecho de que mi padre le valiera un rábano tener dos hijas propias y haber elegido a alguien de la calle para reconocerlo como primogénito o que ese mismo sujeto quiera ser pareja y hermano a la vez de una de ellas.
¡Increíble!
—Si lo dices de esa manera, suena turbio, Saskia—.
Siseó Volker, abrumado.
—No suena turbio, ¡Es turbio, por Dios!
—En ese caso, discute con tu padre, no conmigo—.
Le recomendó él.
—Por supuesto que lo haré.
Cuando regrese, voy a hablar con él para que me explique lo que está pasando porque no pienso perder mi herencia por alguien que no comparte la sangre conmigo.
Siendo así, Saskia se retiró de la mesa con brusquedad y sin terminar su cena.
Lanzó la servilleta al suelo y a grandes zancadas abandonó la estancia.
Ambos advirtieron que había comenzado a llorar de rabia.
A Annelise también se le quitó el apetito y se estremeció en el asiento.
—Termina de cenar, yo hablaré con ella, ¿de acuerdo?
—susurró Volker, estirando la mano hasta atrapar la suya con suavidad.
—No, la que tiene que hablar con ella soy yo.
Es mi hermanita.
—Bien, pero termina de cenar y después vas—.
Le ordenó—.
No puedes comer poco porque te enfermarás.
Ella asintió, sintiéndose peor que nunca.
Sabía lo que Saskia estaba sintiendo, ya que cuando se enteró de eso, deseó golpear hasta la muerte a Volker, pero él realmente no tenía la culpa, sino su padre.
La naturaleza de Erich Falkenheim era difusa y compleja.
Ni siquiera sabía su origen y mucho menos si realmente era alemán o había venido de otro país.
No había ningún recuerdo de su vida antes de casarse con su madre y tampoco había fotografías de ellos como familia, por eso Annelise no recordaba el rostro de su mamá, y le pareció extraño no recordarla porque Saskia había nacido cuando ella ya tenía un poco de uso de razón.
Los recuerdos eran borrosos y nebulosos, solo recordaba con vaguedad el tono dulce de su voz.
Nada más.
Terminó de comer bajo el escrutinio de Volker y después se dirigió a la recámara de su hermana.
¿Cómo era posible que, después de todo lo que había ocurrido y del tiempo que estuvo en Rusia, ahora ya no sintiera ni una pizca de familiaridad en esa mansión?
Echaba mucho de menos la fortaleza fría de los Reznikov, especialmente a Aleksei, pero tampoco podía ignorar el hecho de que tener a Volker a su lado le daba un poco de paz porque tenía un aliado que podría defenderla de su padre.
Pensó en tocar la puerta, pero sabía que su hermana no le abriría, así que giró el pomo y abrió.
Saskia estaba lanzando cuchillos con furia en dirección a la pared destinada para entrenar y cuando vio a Annelise, le volteó la cara, la cual estaba sudorosa y roja por el esfuerzo.
Sus lágrimas se camuflaban bastante bien, a excepción de sus ojos llorosos.
—¿Podemos hablar?
—¿Qué más quieres decirme?
Suficiente tuve al enterarme de que somos un estorbo para nuestro padre y pretende echarnos a la calle.
—Eso no es verdad.
El hecho de que haya puesto a Volker como su primogénito no quiere decir que nos piense sacar del testamento.
Es ilógico.
Saskia la miró con desasosiego y terror.
Una mirada que Annelise jamás pensó ver en ella.
—En serio, Annelise ¿estás segura que no te lavaron el cerebro en Rusia?
—¿Por qué insistes en ello?
—frunció el ceño.
—¡Porque parece que te has olvidado de quién estamos hablando!
Es Erich Falkenheim, nuestro padre.
Él no se va con juegos y aunque nunca nos ha demostrado su amor, no podemos pensar que de verdad nos quiere, o al menos, me di cuenta que ese posible amor oculto detrás de su fachada fría e inflexible de verdad no existe y es inútil continuar deseando ser su hija ejemplar si ya decidió dejarle todo a ese idiota de Volker que no es nada suyo.
Annelise se abrazó a sí misma.
Saskia tenía razón, pero deseaba que estuviera equivocada y se le rompió el corazón verla tan triste porque ella sí amaba a su padre y había anhelado tanto su cariño, así como ella lo anhelaba hace años antes de darse por vencida.
—Me voy a encargar de que Volker rechace cualquier tipo de arreglo que quiera hacer nuestro padre para perjudicarnos.
—¿Eso quiere decir que vas a aceptar ser su pareja para salvaguardar nuestro patrimonio y no tanto porque te atraiga y deseas darle un padre al hijo que llevas dentro?
—inquirió Saskia, perpleja.
—Ya había pensado la posibilidad de aceptarlo como mi pareja porque se me hace atractivo y también para que cuidara de mi hijo—reconoció en un susurro—, pero ahora que hay algo más importante de por medio, creo que ya no tengo ninguna duda al respecto—.
Resopló.
—Pero dime una cosa, Annelise—repuso su hermana con los ojos estrechados—.
¿Te enamoraste de Aleksei Reznikov?
Porque una cosa es coquetear y darse besos, y otra muy diferente acostarte con él y quedar embarazada, puesto que, he leído en libros y en internet que tener relaciones sexuales con alguien no se puede olvidar fácilmente porque queda cierto apego en ti.
—Aleksei Reznikov no es como su padre.
Tiene mal genio, pero es un buen hombre—susurró Annelise, suspirando y recordó los ojos de él cuando se besaron por primera vez—.
Además, es guapísimo… Saskia arqueó una ceja con malicia.
—Volker me desagrada, pero no es feo, así que dime… ¿Quién de los dos está mejor?
¿Aleksei Reznikov o Volker Adler?
—preguntó la adolescente en tono cómplice—.
Piensa bien en tu respuesta porque ambos gustan de ti y tú de ellos, pero solo uno puede ganar si lo eliges y me refiero en todo.
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