Hija del Enemigo: Linaje Prohibido - Capítulo 70
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Capítulo 70: Capítulo 69
Volker se detuvo de golpe antes de siquiera llegar a la puerta. Su postura fue hostil e iracunda, y para nada de acuerdo con lo que acababa de escuchar.
—Lo vas a proteger siempre, ¿no es así? —masculló, irritado, aun sin darse la vuelta.
Annelise solamente tenía vista de su ancha espalda debajo de aquella chaqueta que le quedaba muy ceñida.
—¿De qué hablas? —titubeó ella.
—De ese maldito ruso. Siempre lo vas a proteger a pesar de todo. Ahora me quedó muy claro que yo jamás tuve la menor oportunidad.
—Yo solo quiero protegerte a ti, Volker, ¿acaso no lo entiendes? Los Reznikov son peligrosos.
Entonces el rubio dejó escapar una risa áspera y volteó a verla con fiereza. Sus ojos verdes ardían de coraje.
—¿Protegerme a mí? ¡Por favor, Annelise! Ni siquiera tú te lo crees. Podré estar enamorado de ti, pero no soy un idiota. Tú lo único que quieres es que yo no le toque ni un maldito cabello a ese infeliz después de lo que te hizo.
—Tuve sexo con él, ¿qué se supone que saldría de eso? ¿un coche? —le espetó ella, humillada.
Pero Volker negó con la cabeza y cerró los ojos unos segundos, y cuando los abrió, le dio un puñetazo a la pared con bastante fuerza, haciéndose daño en los nudillos, pero le restó importancia.
—Escuché absolutamente todo, Annelise—. Afirmó.
Ella entornó los ojos.
—Así es. Estuve escuchando la conversación que tuviste con Erich—. Apretó la mandíbula—. Sabía que ese bastardo te había hecho daño, pero jamás imaginé que se atreviera a abusar de ti de manera sexual y lo siguiera haciendo hasta dejarte embaraza, pero eso no es lo peor, maldita sea—. Bramó con cólera—. Lo que me conflictúa es que sigas protegiéndolo.
El rostro de la fémina perdió completamente color hasta quedar muy pálida.
Quiso decir algo, pero de sus labios no salió ni una sola palabra porque él tenía toda la razón.
—¿Cómo quieres que yo no busque asesinarlo después de lo que te hizo? Sé que él no te privó de tu libertad porque fuiste voluntariamente a esa encomienda de tu padre, pero desarrollaste el Síndrome de Estocolmo con ese desgraciado y por ende, piensas que hay amor entre los dos, ¡Pero no es así, Annelise! Ningún maldito hombre puede amar a una mujer y al mismo tiempo abusar de ella sexualmente, por más enojado que esté.
«Incluso en este tipo de trabajos hay límites, Annelise. Si eres un degenerado sexual, te da igual todo. Pero si sabes pintar una raya que no vas a cruzar, adelante. Aleksei Reznikov es la copia de su padre, no lo olvides. A él no le habría importado entregarte a Mikhail si tú no le hubieras atraído sexualmente para manipularte.
Dicho eso, Volker abandonó la estancia y Annelise rompió a llorar.
Si antes su vida había sido una completa desgracia y desdicha, ahora lo era más.
Se hallaba a merced no solo de su padre, sino también de Volker y de lo que pudiera hacer en contra de Aleksei y lo que era peor: Había abortado a su bebé y él jamás se iba a enterar que fue padre fugazmente y eso también la conflictuaba.
En las familias normales, cuando ocurría algún aborto, todos se reunían a darle ánimo a la madre, pero en su caso, solamente recibió órdenes y amenazas.
¿Qué sentido tenía haberla traído de regreso a Alemania?
Ella había deseado de verdad quedarse con Aleksei Reznikov en Rusia y experimentar lo que era tener una familia de verdad con él y destruir tanto a Erich como a Mikhail e irse lo más lejos posible.
Ahora esos planes parecían muy lejanos e imposibles. Efímeros como el tiempo.
Se limpió las lágrimas y miró el techo largo rato. Seguramente era de madrugada y no había nadie más ahí con ella para hacerle compañía ni compartir su luto.
Lo único que le aliviaba era saber que ese bebé no tuvo la mala suerte de venir al mundo en medio de una vida de miseria, crueldad, sangre y muerte.
Horas después, el sueño comenzó a seducirla y ya cuando estaba a punto de sucumbir a él, la puerta se abrió y dio un respingo.
Era Saskia, su hermana menor y no tenía una expresión amable ni reconfortante.
Hasta ese momento, Annelise se dio cuenta de la magnitud de frialdad que siempre la había rodeado y se preguntó por qué hasta ese instante lo había comprendido y llegó a la conclusión de que jamás había sentido el amor y la protección de alguien, cuyo objetivo se basara solo en ella y eso fue gracias a Aleksei Reznikov, quien tampoco tenía idea de lo que era tener una familia normal.
—Nuestro padre me comentó que vas a casarte con Volker en dos días.
—Yo no he aceptado algo tan precipitado.
—Pues lo tendrás qué hacer porque has perdido a tu hijo de la manera más patética y se suponía que nuestro padre tenía planes con él y lo arruinaste.
—Yo no arruiné nada, además ¿cómo iba a saber que abortaría con solo haber vomitado? ¿Acaso estás loca? —le espetó, herida.
La adolescente suspiró, contrariada.
—Tal vez lo que ocurrió es una manera que tu cuerpo te ha dicho que no era correcto que tuvieras en tu interior al hijo de ese idiota—. La voz de Saskia se suavizó y Annelise casi percibió compasión.
—Puede que tengas razón, pero… había deseado tenerlo.
Y era cierto.
Independientemente de lo que estaba sucediendo, ese bebé no fue culpable de nada. Fue fruto de una mentira y de todas maneras había tenido el derecho de nacer y tener una identidad, fuese hijo de quien sea. Ella lo iba a proteger con su vida.
Pero ahora no era nada más que un simple recuerdo de lo que pudo ser y estaba muy afectada por el desenlace.
Saskia se quedó con ella hasta el amanecer y esperaron a que el doctor llegara para que les dijera cuando sería dada de alta.
—Esta tarde podrás irte a casa, menos mal—. Bufó Saskia después de que escucharon el veredicto del médico—. Voy a ir a casa por ropa limpia para ti, ¿de acuerdo? No tardaré.
—Muchas gracias, Saskia.
—Soy tu hermana y aunque nunca lo externo, eres importante en mi vida.
Como sabía que Saskia estaba haciendo su mayor esfuerzo en ser honesta, evitó a toda costa echarle los brazos encima porque no era normal tener muestras de afecto entre ellas.
Annelise había aprendido a ser cariñosa gracias a su convivencia con Aleksei. Estando con él, supo lo maravilloso que era ser abrazada, acariciada, besada y deseada. Y ahora le parecía absurda la frialdad de las personas a las conocía de toda la vida.
Y aunque Volker le atraía, todavía no estaba segura de lo que podría ofrecerle a él y viceversa. Además, le preocupaba que su padre en serio quisiera casarla con ese tonto. No le desgradaba la idea del todo, pero tampoco estaba feliz. Es decir, acababa de abortar a su hijo, ¿cómo querían que pretendiera que todo estaba bien después de esa tragedia?
Al cabo de media hora, volvió a estar sola.
Adentro de esa habitación, no podía discernir la hora. Solamente sabía que era de día porque los rayos del sol se colaban entre las cortinas cerradas.
Se durmió otra vez para acortar el tiempo y despertó cuando Saskia ya había regresado y la estaba zarandeando para que despertara.
—Oye, ya casi es hora de irte. Vamos, te ayudaré a bañarte.
Y para cuando Annelise estuvo lista para salir de ahí, un coche aparte del que había enviado Erich estaba esperándolas, o al menos, solamente a Annelise.
—Sigue caminando—. Le instó a su hermana y avanzaron al coche de su padre, pero el otro vehículo hizo rugir el motor.
—Ese rubio dramático y vulgar se está ganando una patada en las bolas—. Graznó Saskia con desprecio.
La adolescente soltó a Annelise y se dirigió directamente a ese coche con los puños apretados.
Se plantó justo en la puerta del conductor y aporreó con el puño el cristal, haciendo que el dueño del vehículo abriera.
—¿Qué diablos te pasa? ¿Por qué no puedes ser una persona discreta y con clase ahora que ya llevas nuestro apellido? ¡Deja de hacer drama! ¡Llamas la atención de la gente! —siseó Saskia, encolerizada.
Annelise ahogó una risita nasal al ver a su hermana menor poner en su lugar a Volker.
—Me haré cargo de Annelise, tú vete a casa—. Masculló el rubio, mirando a Annelise a través de sus lentes de sol, viéndose muy atractivo, además, estaba masticando un chicle de manera seductora o al menos, eso parecía.
—No, yo vine por ella y…
Entonces Volker volteó a ver a Saskia e hizo una mueca de desagrado.
—Son órdenes de tu padre y si piensas desobedecer, con mucho gusto le parece el recado de cómo eludiste su indicación.
Saskia lo miró con los ojos estrechados.
—No la incomodes más de lo que ya está, ¿entiendes? Y recuerda que es mi hermana y si le haces daño, un día despertarás sin bolas y te las daré de desayunar—. Lo miró de arriba abajo con arrogancia antes de dar media vuelta y acercarse a su hermana mayor.
—¿Qué sucede? —preguntó Annelise al verla caminar al coche de su padre.
—Según nuestro padre le ordenó a Volker que te llevara a casa—. Se encogió de hombros—. Pero le advertí que no te molestara.
—Gracias, no te preocupes.
—Toma, llévate mi teléfono. Si necesitas ayuda, marca a la casa y activa el GPS.
—Gracias, pero no es necesario…
—Insisto. No quiero tener que estar preocupada por ti por más de un mes, Annelise—. Le apretó las manos con el teléfono de por medio. Sus ojos caramelo se entornaron—. No quiero perderte otra vez, hermana.
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