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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 179

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Capítulo 179: Capítulo 179: La Aldea Perdida

El cielo apenas empezaba a teñirse de dorado cuando el carruaje de los Paladins partió por los caminos rurales, dejando atrás las murallas de la Academia. El interior del vehículo se mantenía en completo silencio, apenas interrumpido por el traqueteo constante de las ruedas sobre la tierra y el murmullo de los árboles al viento.

Ryu estaba sentado al lado de la ventanilla, con la mirada perdida en el paisaje que pasaba a toda velocidad. A su lado, el imponente Ivar Leonhardt se mantenía con los brazos cruzados, la espalda recta y los ojos cerrados. Aunque no dijera nada, su sola presencia mantenía la atmósfera tensa, como si cualquier palabra fuera capaz de encender una chispa.

Ryu se mantuvo quieto, evitando cualquier roce innecesario. Solo giraba sutilmente el cuello para mirar por la ventana, con los labios apretados y la mente intranquila.

“Esto va a ser complicado…” —pensó mientras su mirada se perdía entre los árboles.

“Trabajar con él será como caminar sobre brasas, cualquier error y lo usaría contra mí… pero si quiero mejorar, si quiero superar mis límites… puede ser una buena oportunidad.”

Al frente, en la fila opuesta, Ethan Aegir miraba alrededor con los ojos algo entrecerrados, evaluando la incomodidad que flotaba en el aire. A su lado estaban Lielle Moorwyn, que mantenía la espalda apoyada con los brazos cruzados, y Nayeli Tsuki, que jugueteaba con una trenza de su cabello, aparentemente distraída, pero atenta a todo.

—Bueno… —rompió el silencio Ethan con una voz relajada— Ya que vamos en esto juntos… ¿Alguien tiene claro cuál es exactamente nuestro objetivo? Lo digo para estar centrados cuando lleguemos.

—Yo opino igual —agregó Nayeli con un tono ligero pero firme—. Mejor que hablemos de eso antes de estar corriendo como locos en medio de algún pueblo fantasma.

Ivar abrió los ojos lentamente y los clavó en ambos. Sus pupilas eran filosas como cuchillas. Por un momento pareció que iba a ignorarlos, pero luego habló con voz baja y grave:

—Está bien… Escuchen con atención, novatos.

Los demás dejaron lo que estaban haciendo para poner atención.

—Una aldea ha perdido contacto —comenzó, directo al grano—. Eso puede significar que su nexo se ha dañado. Sin un nexo estable, la barrera que protege de criaturas externas desaparece. Monstruos pueden entrar, Noxs pueden aparecer… incluso algunos humanos pueden haber aprovechado la ocasión.

Hizo una pequeña pausa, suspirando ligeramente.

—Debemos revisar la zona, restaurar el nexo si está dañado y averiguar el paradero de los habitantes. Si todo está bajo control, regresamos hoy mismo. Si no, nos quedamos. La situación puede complicarse, así que prepárense.

Todos guardaron silencio unos segundos.

—¿Y si encontramos enemigos? —preguntó Lielle, con su tono frío y calculador.

—Si los encontramos… los eliminamos —respondió Ivar, sin dudar.

Después, se inclinó hacia el grupo y añadió con tono más autoritario, casi afilado:

—Y escuchen esto bien… Cuando lleguemos, harán exactamente lo que les diga, sin objeciones ni ideas rebeldes. ¿Entendido?

En ese instante, giró la cabeza y sus ojos se clavaron en Ryu, como si ya esperara resistencia.

Ryu mantuvo su expresión neutra, aunque por dentro sentía una punzada de incomodidad. No apartó la mirada.

Ethan, sintiendo la tensión, alzó las manos con una sonrisa incómoda:

—Vale, vale. Lo entendimos. Seremos obedientes —dijo en un tono amigable, pero intentando aliviar el ambiente.

Ivar chasqueó la lengua con desdén.

—Espero que sea así —murmuró, volviendo a cruzarse de brazos y cerrar los ojos—. No quiero cargar con incompetentes.

Ryu bajó la mirada por un instante y pensó:

”Incompetentes… Espero no lo haya dicho por mí…”

El recuerdo de aquellas sesiones de entrenamiento volvió a él como una ráfaga dolorosa. Su cuerpo recordaba cada golpe, cada caída, cada palabra de desprecio. Pero aun mantenía su voluntad en alto.

“No soy el mismo de antes, Ivar… Ahora he mejorado… y no me rendiré hasta vencerte.”

Ryu apretó el puño con decisión, respirando profundamente para mantener la calma.

El resto del viaje se sumió en un silencio frío, solo roto por el golpeteo de los cascos de los caballos y el crujir de la madera. Afuera, el cielo ya estaba completamente azul, pero en el interior del carruaje, todo seguía envuelto en una tensa bruma.

Atravesaron una serie de pequeñas montañas y colinas, siguiendo el curso serpenteante de un río cuyas aguas cristalinas reflejaban la luz del sol de la mañana. El carruaje ya no podía continuar por las rutas principales, por lo que tomaron un sendero de tierra más angosto que crujía bajo las ruedas. A partir de allí, la sensación era diferente.

En este mundo, los asentamientos humanos se organizaban en distintas escalas. Las ciudades y pueblos aparecían en los mapas oficiales con lujo de detalles, con rutas comerciales, conexiones de nexo bien documentadas y con vigilancia regular. Sin embargo, existen aldeas pequeñas y aisladas que no figuraban en ningún registro cartográfico. Para encontrarlas, había que conocer coordenadas precisas y seguir senderos ocultos, a veces apenas transitables. Estas aldeas, sin protección del gobierno, recibían solo lo básico en recursos y quedaban más expuestas a ataques de criaturas, saqueadores o Noxs.

Ryu lo sabía bien, pero una sensación extraña lo recorrió cuando sintió que la protección del nexo quedaba atrás. Era como si una barrera invisible hubiera desaparecido de golpe. El aire se sentía más pesado, el silencio más profundo, y hasta el canto de los pájaros parecía más distante.

Miró por la ventana, curioso.

“¿Así que… este es el mundo real fuera de la protección de los nexos? —pensó, observando cómo el bosque parecía más denso, más vivo y, al mismo tiempo, más amenazante.

“Aquí… cualquier cosa podría pasarte y nadie llegaría a tiempo para ayudarte.”

El trayecto, sin embargo, no fue tan complicado como Ryu esperaba. Tras un par de horas de camino y curvas cerradas, atravesaron un bosque espeso hasta llegar a un pequeño valle bañado por luz dorada. Allí, entre la hierba y los árboles, se levantaba la aldea de su misión.

Se detuvo el carruaje y el grupo descendió, estirando un poco las piernas.

Nayeli fue la primera en romper el silencio, con un brillo en los ojos.

—¡Wow! —dijo mirando a su alrededor—. Este lugar… está lleno de flores. No pensé que en esta zona hubiera tanta vegetación.

La joven se agachó para tocar unos lirios silvestres que crecían a un lado del camino.

En aquella región de Alfhaim conocida como Caru, la mayoría del terreno era montaña o llanura abierta hasta perderse en el horizonte. El norte de la nación no era precisamente famoso por sus bosques. Ver un valle tan florido aquí era algo excepcional.

Ethan cerró los ojos y respiró hondo, disfrutando del aire fresco.

—Definitivamente… ya encontré dónde pasar mis vacaciones. —Sonrió de forma amplia, aunque sabía que la misión no les dejaría tiempo para descansar.

Ryu, por su parte, giró lentamente la cabeza, observando cómo varios senderos de tierra se bifurcaban entre las casas y pequeñas construcciones de madera.

—Parece que todo el valle forma parte de la aldea… —comentó en voz baja, más para sí mismo que para los demás.

Ivar, que hasta entonces había mantenido el silencio, avanzó un paso y se colocó frente a todos, interrumpiendo la relajación que empezaba a instalarse.

—No se distraigan —dijo con tono seco—. Recuerden por qué estamos aquí.

Sus ojos recorrieron el grupo, deteniéndose un instante en cada uno.

—Se perdió la comunicación con esta aldea. Debemos saber por qué. Todavía no hemos visto a ningún habitante, y eso no es buena señal. Mantengan la guardia alta. —Se giró, señalando con la mano uno de los caminos—. Síganme.

Nadie se atrevió a responder con algo más que un leve asentimiento. Incluso Ethan, que normalmente intentaba aligerar el ambiente, mantuvo la boca cerrada.

El grupo comenzó a seguir a Ivar, y a medida que se adentraban, el canto de los pájaros empezó a desvanecerse, reemplazado por un silencio pesado.

Ryu no pudo evitar pensar:

“Algo no está bien aquí…”

El grupo avanzaba en fila por el sendero estrecho que atravesaba la zona central del valle. La maleza a ambos lados se agitaba con el viento y el crujir de las ramas secas bajo sus botas rompía el silencio.

De pronto, Ivar se detuvo en seco, erguido como una torre. La brusquedad del movimiento hizo que los demás reaccionaran al instante. Ethan, Lielle, Nayeli y Ryu se tensaron, adoptando una postura de combate, con las manos cerca de sus armas.

Con un gesto casi mecánico, Ivar invocó su lanza en un destello de energía que recorrió su brazo, en un parpadeo el asta y la hoja aparecieron en su mano. Sus ojos, fríos y fijos, se clavaron en la senda frente a ellos.

—Manténganse alerta… —dijo con voz grave—. Algo se acerca… rápido.

Unos pasos apresurados resonaron en la tierra. Las siluetas entre los árboles se movían con rapidez. La tensión creció, y Ryu sintió cómo sus dedos se contraían alrededor del mango de su arma.

Pero lo que emergió no fue un monstruo, sino un joven con túnicas oscuras, protecciones de cuero y placas de hierro en hombros y antebrazos. Su respiración era agitada, y en cuanto vio al grupo, levantó un brazo en señal de saludo.

—¡Por fin alguien! —exclamó, con un alivio evidente en el rostro.

El ambiente se relajó un poco, aunque Ivar no bajó la guardia.

—¿Qué haces aquí? —preguntó con tono firme.

El chico se inclinó ligeramente hacia adelante, aún sin recuperar del todo el aliento.

—No hay tiempo para explicaciones… ¡Mi grupo está combatiendo contra monstruos más adelante! Necesitamos refuerzos ahora mismo. Síganme.

Ivar dudó solo un segundo, pero asintió.

—Vamos.

El grupo comenzó a seguirlo, aumentando el ritmo. Ramas golpeaban sus brazos mientras corrían por un sendero lateral que llevaba al corazón de la aldea. El aire se llenaba de un rugido distante y un sonido de agua extrañamente vivo.

Al llegar al centro de la aldea, el terreno se abrió en una explanada sin árboles. Lo que vieron les heló la sangre.

Del bosque circundante emergían múltiples espectros de agua: figuras humanoides formadas enteramente por líquido cristalino, con destellos azulados que fluctuaban como si estuvieran vivos.

Entre ellos, arrasando todo a su paso, se movía una enorme serpiente de viento.

Su cuerpo era semitransparente, formado por corrientes de aire y polvo que giraban violentamente, levantando escombros. Sus ojos brillaban con un fulgor esmeralda, y cada vez que se arqueaba para atacar, un rugido como un vendaval sacudía el lugar.

Varias casas ya habían sido derrumbadas por su paso, y un grupo de aventureros luchaba por contenerla.

—Ustedes cuatro, con los espectros —ordenó Ivar sin dudar, girando la lanza entre sus manos—. Yo me encargo de la serpiente.

No hubo tiempo para discutir. El líder del grupo se lanzó hacia la criatura con un impulso que levantó polvo en el aire.

Ethan soltó un suspiro.

—Bueno… parece que nos tocó el trabajo sucio otra vez. —Desenvainó su lanza, girándola con soltura.

Ryu hizo lo mismo, centrando su energía. Lielle, detrás de él, desenvainó su espada que llevaba a la espalda, y un frío ligero se desprendió del filo.

—Yo también ayudaré con los espectros —intervino el chico que los había guiado, ajustando las correas de su armadura.

Corrieron hacia la masa de figuras acuáticas. El agua que formaba sus cuerpos salpicaba y caía como lluvia ligera con cada movimiento.

Ryu apretó la empuñadura de su lanza.

“Aquí veremos si realmente mejoré…”

Con un salto corto, imbuyó la hoja en su energía, que chisporroteó en un tono turquesa. Tres cortes veloces, uno tras otro, deshicieron al primer espectro en una lluvia de agua que se absorbió en el suelo. No se detuvo con eso, giró sobre su eje y atravesó a otro por el torso, haciendo que se fragmentara como un charco explotando.

Ethan, más atrás, remataba con su lanza, perforando a distancia los cuerpos de los enemigos. A su lado, Lielle canalizó más energía, y un halo helado cubrió su espada. Al primer contacto, los espectros se congelaban, inmovilizados por el hielo antes de romperse en cientos de pedazos brillantes.

—Podemos ganar… —dijo con firmeza—. Tenemos la ventaja elemental.

A lo lejos, Nayeli se mantenía en retaguardia, evaluando el campo de batalla con una mirada calculadora. En sus manos, una energía verdosa pulsaba con fuerza, acumulándose como raíces invisibles.

Cuando sus ojos se agudizaron, lanzó ambas manos hacia adelante. Del suelo brotaron gruesas raíces cubiertas de espinas que se enroscaron alrededor de todos los espectros al alcance, inmovilizándolos como si el suelo mismo los hubiera traicionado.

—¡Es su oportunidad! —gritó con una sonrisa.

El chico que los había guiado asintió impresionado.

—Eres buena con tu energía… aprovechemos esto.

Un espectro logró liberarse parcialmente y se abalanzó hacia Ryu por la espalda. Antes de que pudiera reaccionar, el chico cortó el agua en dos con un golpe de mano recto, como si fuera una cuchilla de luz.

—Ten más cuidado. —Le guiñó un ojo.

Ryu se quedó un segundo en blanco.

—Gracias… esto…

El chico sonrió ampliamente.

—Me llamo Bell… y ahora mira esto.

Se paró firme, cruzó los dedos en un gesto ritual y murmuró:

—Corte Luminiscente.

Del cielo descendieron tajos de luz como cuchillas sagradas, atravesando a los espectros inmovilizados. En un instante, todos fueron partidos en dos, cayendo al suelo en forma de charcos inertes.

El vapor comenzó a elevarse lentamente desde el campo, dejando al grupo rodeado por la neblina y los restos del combate.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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