Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 180
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Capítulo 180: Capítulo 180: Comienza la misión para los Paladins
Ryu observaba a Bell con una mezcla de asombro y curiosidad. El brillo de las cuchillas de luz aún flotaba en su mente como una imagen imposible de olvidar.
“Lanzar un ataque así, desde tan lejos… y con esa precisión… debe requerir un control enorme de la energía. Un descuido y podrías partir a tus propios amigos por la mitad.”
“Me pregunto cuánto entrenamiento podría tomar para conseguir ese nivel.“
Mientras Ryu y el resto terminaban de rematar a los últimos espectros, en el otro extremo del campo de batalla, la lucha contra la serpiente de viento seguía con intensidad.
Tres aventureros se movían en perfecta coordinación contra la criatura. El líder, un hombre alto con una armadura de placas brillantes que reflejaban la luz del combate, blandía una gran espada de doble filo. Cada corte que realizaba arrancaba ráfagas de aire de la serpiente, pero lejos de debilitarla, parecía enfurecerla más.
—¡Retrocedo! —gritó el líder, girando la espada para apartar la embestida del monstruo. Su voz era fuerte y segura, pero sus pasos mostraban que calculaba cada metro de distancia.
Giró el rostro hacia su compañero más cercano, un hombre robusto de cabello castaño y armadura ligera que portaba unos brazaletes de combate.
—¡Gare, ahora!
Gare asintió con firmeza.
—Entendido, Hug.
Alzó la mano izquierda y canalizó su energía en la palma, comenzando a brillar con un tono rojo ardiente. Con un rugido breve, liberó un proyectil de fuego del tamaño de un barril que surcó el aire, impactando de lleno en el costado de la serpiente. El golpe la hizo retorcerse violentamente y perder estabilidad, cayendo al suelo con un estruendo que sacudió las casas cercanas.
—¡Mina, remátala! —ordenó Hug, sin perder tiempo.
Desde lo alto del tejado de una casa parcialmente dañada, una joven de cabellos cortos y oscuros tensó su arco. Su postura era perfecta, y la flecha, bañada en energía azul, emitía un zumbido agudo. Mina la soltó con un susurro.
—Disparo certero…
La flecha surcó el aire directo hacia la cabeza de la serpiente.
Pero justo antes de que impactara, una fuerza distinta se apoderó del campo. Una llamarada ascendió en espiral, envolviendo al monstruo en llamas que giraban como un torbellino incandescente.
Desde el epicentro del fuego apareció Ivar, elevando a la serpiente por el aire empujandola con su fuego. Su lanza brilló con un fulgor abrasador cuando concentró toda su energía en la hoja.
Con un solo movimiento, limpio y mortal, cortó la cabeza de la criatura. El filo pasó sin resistencia, y la separación fue tan perfecta que por un segundo, el cuerpo y la cabeza quedaron suspendidos en el aire antes de caer pesadamente al suelo.
La tierra tembló con el impacto. El viento que componía a la serpiente se disipó lentamente, dejando una fina llovizna de polvo en el ambiente.
Gare se acercó, con el ceño fruncido.
—¡Oye! No es justo, esa era para Mina.
Ivar giró el rostro apenas, su voz seca como piedra.
—Ya no importa. La serpiente iba a morir hoy de todas formas.
El ceño de Gare se frunció más, pero antes de que pudiera replicar, Hug levantó la mano.
—No importa quién la mató. Lo importante es que salvamos la aldea.
Ivar lo observó en silencio, evaluando sus palabras como si midiera el valor de cada sílaba.
—¿Quiénes son ustedes? —preguntó finalmente, con la misma frialdad de siempre.
Hug, dejando a un lado la espada, dio un paso adelante y sonrió.
—Somos aventureros. Vinimos para cumplir una misión aquí en la aldea. ¿Y ustedes?
—Venimos de la escuela de energía Farhaim.
—Ya veo… —Hug asintió y en un intento de romper la tensión, extendió la mano hacia Ivar—. Tienes talento.
Ivar lo miró de arriba abajo… y pasó de largo, ignorando el saludo por completo.
—¿Ya está reparado el nexo o qué?
Gare apretó los dientes.
—¡Habla con más respeto a nuestro líder!
Hug volvió a interponerse.
—No pasa nada. —Su tono seguía amistoso—. Y no, todavía no lo hemos podido recuperar. Por lo que me contaron los lugareños, alguien lo movió hasta la entrada de una cueva al norte, justo de donde venían esos espectros de agua que atacaron.
—¿Y por qué no lo han recuperado todavía? —preguntó Ivar, como si fuera la cosa más obvia del mundo.
—Eso intentamos… —respondió Gare, molesto—. Pero la entrada de la cueva está llena de trampas que generan más espectros, y no solo eso, por dentro es como un laberinto.
Ivar soltó un suspiro cargado de fastidio y apartó la mirada hacia el bosque.
—Genial… me tocará hacer de niñero unos días por lo visto.
Sin decir nada más, giró sobre sus talones y comenzó a caminar hacia donde estaba su grupo, dejando a los aventureros mirándolo entre molestos y confundidos.
Hug lo siguió con la mirada y murmuró:
—Carácter difícil… pero eficiente.
Ivar siguió el sendero con paso firme, bajando la ligera pendiente que conectaba el centro de la aldea con el área donde su equipo había terminado de eliminar a los últimos espectros.
Al llegar, Nayeli lo recibió con un saludo breve y una sonrisa cansada.
—Ya nos encargamos de los espectros que quedaban por aquí.
Ivar entrecerró los ojos y frunció el ceño.
—Se demoraron demasiado —dijo, con un tono molesto, casi como si estuviera señalando un error en vez de un logro.
Nayeli levantó una ceja, conteniendo la respuesta que quería darle.
—Nos aseguramos de que no quedara ninguno. No creo que la aldea quiera que dejemos cabos sueltos.
—Les diré algo —dijo Ivar, ignorando el comentario— La misión cambió. No va a ser rápida. Iré a hablar con el conductor del transporte para que se marche por ahora.
Ethan, que limpiaba la hoja de su lanza con un trozo de tela, levantó la mirada con curiosidad.
—¿Qué está pasando…? ¿Es algo muy peligroso? —enfatizó esa última parte con un tono más serio de lo habitual.
Ivar se giró hacia él, cruzando los brazos.
—El nexo, o lo que sea que protege a esta aldea, está en una cueva al norte. Está llena de trampas y todavía no lo han localizado. Así que estaremos aquí unos días —Hizo una pausa, observándolos uno por uno—. Mientras hago lo que les dije, ustedes hablen con los locales y reúnan más información.
Y sin esperar una respuesta, se marchó hacia el carruaje.
Nayeli dejó escapar un suspiro y se cruzó de brazos.
—Siempre con esa actitud de “yo soy el que manda”… Me pregunto si sabe lo incómodo que es trabajar así.
Ethan se encogió de hombros con una sonrisa ligera.
—No pensemos demasiado en eso. Hagamos lo que dijo y listo, nos irá mejor así.
Lielle asintió en silencio y ambos se dirigieron hacia el centro de la aldea. Nayeli, sin embargo, se quedó atrás junto a Ryu.
—¿No vas con ellos? —preguntó ella.
Ryu negó con la cabeza.
—Por ahora quiero revisar la zona… ver si encuentro algo útil.
Nayeli sonrió apenas.
—Eso mismo pensaba hacer yo. ¿Acaso no te emociona la cantidad de flores y plantas que hay aquí? Estoy segura de que encontraré algo medicinal… o al menos algo con colores extravagantes.
Antes de que Ryu respondiera, ella ya estaba agachada entre la hierba, examinando cada pétalo con dedicación.
En su mente, Ryu pensó:
“No me refería a eso… pero sí, supongo que servirá para reconocer mejor la zona.”
Mientras Nayeli se alejaba, él comenzó a caminar por un sendero estrecho entre casas destruidas, escombros y un césped aplastado por el paso de la serpiente. Se agachó para inspeccionar los rastros de agua dejados por los espectros, el terreno erosionado donde la criatura de viento se había movido y en especial, la zona donde Bell había hecho su ataque.
“El corte… fue desde arriba y a larga distancia. La trayectoria está bien definida… la forma que tomó su energía fue con gran filo. Debe requerir un gran control.”
Continuó explorando.
El suelo aún estaba húmedo y algunas huellas humanas recientes se mezclaban con marcas profundas, probablemente de los aventureros.
Tras un rato, subió hasta la zona más alta de la aldea, donde algunas casas permanecían en pie. Allí vio a varias personas: algunas con vendas improvisadas en brazos o cabezas, otras simplemente sentadas con el rostro exhausto.
Desde la distancia, alcanzó a oír la voz de un hombre con una venda en un ojo que hablaba con Ethan y Lielle.
—Hace días que perdimos contacto con el mundo. Se llevaron nuestro tótem de nexo… —hizo una pausa, bajando el tono—. Lo único que vi fue a una persona con una máscara de demonio. Lo llevó hasta la cueva sagrada, más allá del río de la montaña. Ese lugar está lleno de trampas que crean esos espectros de agua. Esa energía… seguro fue la que atrajo a la serpiente aquí.
Otro aldeano, más joven y con la ropa desgarrada, intervino:
—No creo que podamos aguantar mucho más así… No sin el nexo.
Ryu decidió acercarse.
—Haremos todo lo posible junto a los aventureros para recuperar su protección. No están solos en esto.
Un anciano canoso, pequeño de estatura y con la piel curtida por los años, que estaba sentado en el suelo con una botella de licor fuerte en la mano, soltó una risa amarga.
—Es el fin… Los Nox nos encontraron. Ellos fueron… nos quieren comer a todos.
Ethan se tensó de inmediato.
—¿Nox? —repitió con un dejo de miedo—. ¿Es cierto que hay Nox por aquí?
Un aldeano que estaba cerca negó con la cabeza rápidamente.
—No le hagan caso… Desde que un Nox mató a su familia, está obsesionado con ellos. No ha pasado ninguno por aquí… pero si seguimos derramando sangre, es probable que alguno venga.
El anciano bebió otro trago y murmuró entre dientes:
—Siempre vienen… cuando el olor es fuerte.
Lielle bajó la mirada un momento, y Ryu sintió cómo la tensión regresaba al aire.
De pronto, una mano golpeó levemente el hombro de Ryu. Este giró rápidamente la cabeza, preparado para cualquier cosa, pero se encontró con un hombre alto y de complexión robusta, de cabello castaño corto y una sonrisa confiada.
—Relájate, chico —dijo con voz firme pero amistosa—. Juntos podremos con esto. Ahora que llegaron, será mucho más fácil… y no creo que aparezca ningún monstruo más fuerte que la serpiente de hace un rato.
Ryu parpadeó un par de veces, bajando la tensión de sus hombros.
—¿Entonces… ustedes son los aventureros que nos ayudarán?
—Exacto —asintió el hombre—. Espero poder contar con todos ustedes. Me llamo Hug y soy aventurero de rango A.
A sus espaldas, tres figuras más se acercaron. La primera en adelantarse fue una joven de mirada serena y porte seguro, vestía una armadura ligera y un arco colgaba a su espalda junto a una corta capa roja.
—Encantada de conocerlos —dijo con un saludo tranquilo, casi despreocupado—. Me llamo Mina, aventurera de rango A+.
Tras ella, Bell apareció con su sonrisa característica y levantó una mano en señal de saludo.
—Ya nos vimos antes, pero para hacerlo formal… Bell, aventurero de rango B.
El último en acercarse fue un hombre alto y musculoso, con una cicatriz cruzando su mejilla izquierda. Sus brazos desnudos mostraban marcas de entrenamiento intenso.
—Gare —dijo con un tono más seco—. Espero que no estorben. Por cierto, aventurero de rango A.
Ethan, que había estado escuchando, dio un paso al frente con una sonrisa diplomática.
—Bueno, para no quedarnos atrás con las presentaciones… —hizo un gesto hacia los demás—. Ellos son Lielle Moorwyn y Ryu, yo soy Ethan Aegir. También está por aquí nuestra compañera Nayeli Tsuki… y nuestro capitán de misión, Ivar Leonhardt.
Gare soltó una leve risa irónica.
—Supongo que ese “Ivar” es el tipo con el que nos topamos hace poco.
Hug, que se había mantenido en silencio, decidió intervenir.
—Sí… ese debe ser. —Luego, volviendo a mirar a todos—. Esperen unos días y les enseñaremos a afrontar la cueva. Pero quiero que lo tengan claro: al llegar, estén muy alerta. Las trampas cambian de posición cada día. Ni siquiera nosotros sabemos dónde estarán.
—Y como recordatorio… —añadió Gare, señalando con el pulgar hacia su pecho— Nosotros iremos adelante.
Ethan asintió en nombre de su grupo.
—Entendido.
Hug sonrió de forma breve, satisfecho con la respuesta.
—Bien. Por ahora relájense.
Y así, con las presentaciones hechas y las advertencias en mente, comenzó la misión especial del emblema Paladins. Su objetivo estaba claro: entrar en la cueva sagrada, esquivar sus trampas cambiantes y recuperar el nexo perdido.
Pero… ¿Cuánto tiempo les tomaría superar ese desafío?
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