Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 181
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Capítulo 181: Capítulo 181: Devolviendo Favores
En la Academia de Farhaim, el sol de la mañana iluminaba las calles empedradas, pero para Kiro el día se sentía lento. Caminaba sin un rumbo fijo, con las manos en los bolsillos y la mirada perdida.
—Supongo que lo único que me queda es esperar a que Kaede arregle todo… —murmuró en voz alta, sin darse cuenta de que lo decía—. Ojalá todo salga bien, no quiero que las cosas se compliquen antes de empezar.
Se detuvo un momento frente a una fuente del patio central, observando cómo el agua caía en un hilo constante. Después, se encogió de hombros y siguió su camino. Sus pasos lo llevaron al área de las salas de entrenamiento, donde el eco metálico de armas chocando resonaba por el pasillo.
—Podría entrenar un rato… pero antes… —dijo mirándose las manos—. Antes tengo que mejorar mi equipo.
Con ese pensamiento, giró a la izquierda y caminó hacia la forja de la academia, situada justo al lado de la sede del emblema Flame of Disaster. El olor a hierro caliente y carbón lo recibió antes incluso de cruzar la puerta.
Dentro, el calor era sofocante y el sonido de martillos golpeando metal llenaba el ambiente. Varios miembros del emblema estaban ocupados en artesanías y armas de todo tipo. Pero en cuanto lo vieron entrar, las conversaciones se apagaron y varias miradas se clavaron en él.
—¡Hey! ¡Tú, el pelo amarillo! —exclamó uno, acercándose con una espada envuelta en tela—. Mira esta belleza, perfecta para tus combates rápidos.
—Olvídalo, mírale este juego de dagas. Forjadas con acero de los acantilados del sur. No vas a encontrar nada igual —dijo otro, empujando al primero a un lado.
—No, no, espera —intervino una chica de cabello corto cubierta de hollín—. Esto es lo que necesitas, un escudo ligero, resistente y con diseño personalizado. ¡Te lo dejo barato!
En cuestión de segundos, Kiro estaba rodeado, con varias manos ofreciéndole armas, armaduras y accesorios.
—Eh… yo… —intentó responder, mirando de un lado a otro—. Gracias, pero yo solo venía por—
—¡Él es mío! —una voz fuerte y decidida cortó el bullicio.
Todos se apartaron cuando una persona, con gafas de trabajo y delantal de cuero, empujó suavemente a los demás a un lado. Era Hako Hwyla.
—No lo atosiguen —dijo con firmeza—. Él es mi cliente exclusivo.
—Ah… Ya tiene al suyo… —murmuró uno de los artesanos algo apenado, apartándose.
Hako miró a Kiro y asintió con una leve sonrisa.
—Vamos, no escuches a estos buitres.
Kiro asintió, algo nervioso por la situación reciente y lo siguió entre mesas llenas de piezas, yunques y hornos encendidos. Llegaron hasta una sala al fondo, más ordenada y silenciosa, Allí Hako se colocó detrás de su mostrador.
—Te estaba esperando, Kiro —dijo, cruzando los brazos.
—Necesito reparar mi equipo —respondió Kiro, dejando caer la mochila sobre la mesa—. No había tenido tiempo de venir, y después de la batalla de emblemas—
—No se diga más —lo interrumpió Hako, levantando una mano—. Diste un espectáculo increíble, superaste mis expectativas… y las de todos. Y eso, amigo mío, me sirvió mucho para el negocio. Por eso mismo… —se agachó detrás del mostrador, buscando algo—Ya te estoy preparando un equipo nuevo.
—¿En serio? —Kiro abrió los ojos con sorpresa.
—Sí, pero tomará tiempo. Mientras tanto… toma esto. —Sacó un cuchillo corto con una hoja pulida y un brillo plateado, colocándolo frente a él.
Kiro lo tomó con cuidado, observando el filo y el equilibrio en su mano.
—Se ve increíble… gracias. ¿Cuánto te debo esta vez?
—Considéralo un regalo por acabar con Inclementer de una vez —respondió Hako con media sonrisa—. Está hecho con una técnica especial, así que no lo rompas. Si lo haces… ahí sí te lo cobro.
—Je… entendido —sonrió Kiro, guardando el cuchillo en su funda.
Luego Kiro sacó sus guantes especiales y los puso sobre la mesa. Uno estaba completamente destrozado, el otro, lleno de pequeñas rasgaduras.
—También necesito que repares estos. Fueron más útiles de lo que pensé.
Al verlos, la expresión de Hako cambió. Parecía apenado de verlos en ese estado.
—Vaya… se nota que los exprimiste al máximo. Te los tendré listos en unos días, pero… no te saldrá barato esta vez.
—Gané muchos créditos tras la victoria, así que no importa cuánto sea, mientras los repares estará bien.
Hako sonrió ampliamente.
—Es un placer seguir haciendo negocios contigo, Kiro.
Kiro le pasó unas cuantas monedas como anticipo.
—Nos vemos pronto, Hako
—Y tú no olvides lo que te dije del cuchillo —respondió Hako mientras Kiro salía por la puerta.
Al regresar al pasillo, Kiro se acomodó el cuchillo nuevo y pensó con una media sonrisa:
—Ya quiero ver de que será capaz este cuchillo.
Kiro emprendió viaje por los pasillos de la Academia, con su nuevo cuchillo bien guardado y pensando en pasar por la sala de entrenamiento antes de que anocheciera.
Sin embargo, justo cuando estaba a punto de girar hacia el área de prácticas, una voz lo detuvo.
—Oye, ¿tú eres Kiro, cierto?
Kiro se detuvo y giró la cabeza. Frente a él estaba un chico de cabello azul oscuro y ojos violeta pálido, con una expresión tranquila pero firme.
—¿Quién eres? —preguntó Kiro, sin reconocerlo de inmediato.
—Ya nos hemos visto antes. Soy Eron Valmyr, del emblema Kinrir. ¿Recuerdas cuando te guié para que conocieras a nuestra maestra? —dijo, sonriendo elegantemente.
Kiro parpadeó un par de veces y luego asintió.
—Ah, sí… ya lo recuerdo. Gracias por ayudarnos a conseguir el Howas.
—No hay de qué —respondió Eron con un tono cordial—. Pero ahora te necesitamos. He venido a buscarte porque nuestra gran maestra quiere verte. No olvides la promesa que le hiciste.
Kiro frunció el ceño un segundo, y de inmediato sus pensamientos lo llevaron al pasado reciente:
“Es verdad… para obtener el Howas le prometí que iría a verla después del duelo de emblemas.”
“Rayos… me da cierto miedo ahora”
—Está bien —respondió, recuperando la compostura—. Vamos.
Eron asintió con un ligero gesto de agradecimiento.
—Te lo agradezco. Sígueme, por favor.
El camino hasta la sede de Kinrir era familiar, pero al entrar, Kiro volvió a notar ese ambiente peculiar. El interior seguía igual que la última vez: estanterías repletas de libros antiguos, frascos con extraños líquidos y plantas colgantes que daban un aire de laboratorio botánico. Los miembros del emblema trabajaban en silencio, revisando manuscritos o mezclando sustancias con delicadeza.
Eron avanzó sin prisa, guiándolo por un pasillo adornado con tapices verdes y dorados, hasta detenerse frente a un par de grandes puertas de madera entretejida con raíces vivas. Las empujó suavemente y asomó la cabeza.
—Gran maestra, ya está aquí —anunció con respeto.
Al cruzar el umbral, Kiro la vio. En el centro de una amplia sala iluminada por la luz que se filtraba a través de ventanales altos, Nia Svarth estaba sentada en su elegante trono.
—Gracias, Eron —dijo Nia con una voz melosa y suave, pero con autoridad implícita—. Puedes retirarte por ahora.
—Entendido, gran maestra —respondió Eron, inclinando la cabeza antes de salir y cerrar la puerta detrás de él.
Kiro quedó solo en la sala, sintiendo el peso de la mirada de Nia sobre él.
—No seas tímido, acércate —dijo ella, con un tono que parecía deslizarse entre cordialidad y algo más calculado.
Kiro asintió, avanzando con paso contenido hasta quedar a pocos metros de su trono.
—Gran maestra… ¿Qué es lo que necesita de mí?
Nia sonrió y se incorporó lentamente, sus túnicas verdes cayendo como una cascada sobre su figura.
—Quería felicitarte por tu victoria. Siempre supe que ganarías. Algo en ti llamó mi atención desde el momento en que te vi.
Se levantó por completo y comenzó a rodearlo, como evaluando cada detalle. Kiro tragó saliva, un poco incómodo ante su cercanía.
—Gracias, gran maestra Nia… me alegra que confiara en mí —respondió, sin saber bien a dónde mirar.
Sus ojos verdes se posaron en su rostro, estudiándolo con precisión. Entonces, con un movimiento lento, Nia extendió una mano y acarició su mejilla, dejando que sus dedos se deslizaran hacia el contorno del ojo izquierdo.
Kiro sintió que el calor le subía al rostro.
—Ehm…
—Ahora lo puedo ver mucho mejor… —murmuró ella, casi para sí misma—. Esa entidad que vive en tu ojo es magnífica. Hice bien en ayudarte.
Se apartó un paso, pero sus ojos seguían fijos en él.
—Desde el momento en que te vi, noté esa anomalía en tu ojo izquierdo. Por esa razón pedí que vinieras. Tengo una gran intriga por saber qué es y qué puede hacer.
Kiro parpadeó, un poco más relajado.
—Ah… así que era eso. Ahora lo entiendo.
Nia sonrió con satisfacción.
—Si no te molesta, me gustaría hacerte algunas pruebas.
Kiro se encogió de hombros.
—No tengo nada que hacer por ahora, así que… está bien.
—Perfecto —respondió ella, con una expresión de satisfacción y un brillo especial en los ojos—. Te lo agradezco.
El silencio que siguió estaba cargado de la promesa de que lo que Nia planeaba no era un simple examen rutinario.
Al cabo de unos minutos, Kiro se encontraba sentado en una silla amplia, de respaldo alto y acolchado, pero cubierta con tiras metálicas y correas de sujeción en los brazos y piernas. No era incómoda, pero la forma en que lo envolvía le recordaba más a un sillón de laboratorio que a uno de descanso. Frente a él, un complejo entramado de tubos de cristal, esferas con líquido y pantallas emitían destellos. De su pecho y brazos salían delgados cables de energía, conectados a artefactos que zumbaban suavemente, mientras unas láminas de metal frío estaban colocadas en su sien y nuca.
Nia estaba justo frente a él, moviéndose con gracia entre las mesas llenas de herramientas, y con una sonrisa tranquila le explicó:
—Esto es un aparato para monitorear tus signos vitales, tu flujo energético… en resumen, todo lo que pueda aprender de ti. Mientras hablamos, estoy realizando un escaneo de tu energía.
Se inclinó un poco hacia él, con el brillo de la curiosidad en los ojos.
—Pero para mi sorpresa… no está fusionada aún al espíritu que llevas. ¿Puedes explicarme qué es y cómo lo obtuviste?
Kiro respiró hondo.
—Lo tengo desde que fui de expedición a unas ruinas… allí hicimos un trato. Él vive en mi ojo, yo lo controlo… o al menos eso creo. No sé si estamos fusionados por completo.
Nia asintió, dándole un par de toques a una de las pantallas flotantes mientras la miraba con atención.
—Eso es exactamente lo que quiero ver. Si lo controlas, se supondría que sí deberían estar fusionados… pero lo que observo es distinto. Veo dos energías completamente separadas en ti —Alzó la mirada—. ¿Qué tipo de energía eres?
—Luz —respondió Kiro.
Los ojos de Nia se iluminaron con una chispa de emoción.
—Es mucho más increíble de lo que esperaba… tu energía es muy similar a la luz común, pero el patrón que presenta es único, más refinado, especial sin duda. Y luego está… esa energía oscura —sus labios se curvaron—. Es magnífica. Si me dejaras extraer un poco, podría investigar cómo usarla.
Kiro arqueó una ceja.
—¿Eso es posible?
—Por supuesto —respondió Nia con naturalidad—. Tengo aquí todo lo que necesitamos. No te preocupes… no dolerá mucho. Y ya que estamos, podría aprovechar para hacer más exámenes.
Antes de que Kiro pudiera responder, Nia sacó varias cajas y las abrió una por una, revelando agujas de distintos tamaños, frascos de vidrio con líquidos iridiscentes y aparatos con puntas afiladas que emitían leves chasquidos eléctricos.
Una gota de sudor resbaló por la frente de Kiro mientras observaba el arsenal de instrumentos.
—E-esto… parece más que un simple examen…
—Tranquilo, Kiro —dijo ella con voz melosa mientras preparaba una de las agujas—. Solo mantente quieto… y respira con calma.
Pasaron varios minutos en los que Kiro sintió pinchazos, descargas leves y un extraño cosquilleo cuando un dispositivo metálico se posó sobre su ojo izquierdo para medir la energía interna. Nia trabajaba con precisión quirúrgica, anotando datos en una libreta y observando cada reacción con ojos calculadores.
Finalmente, todo terminó. Ahora Kiro estaba sentado en una mesa lateral, con una taza de té humeante entre las manos. Su rostro estaba pálido, con ojeras, y parecía como si le hubieran exprimido hasta la última gota de energía.
—Este té huele muy bien… —dijo con voz cansada—. ¿Es un oolong con canela?
Nia sonrió con satisfacción.
—Tienes muy buen sentido del olfato. Exactamente es eso.
Kiro bebió un sorbo, sintiendo cómo el calor del té recorría su cuerpo y poco a poco le devolvía una fracción de sus fuerzas.
—Esta primera sesión fue muy provechosa —comentó Nia, cruzando una pierna sobre la otra y apoyando la barbilla en una mano—. He obtenido varios datos importantes, y todo gracias a ti.
Kiro parpadeó.
—Espera… ¿primera sesión?
—Claro —respondió ella sin perder la sonrisa—. Si queremos descubrir todo sobre estas energías, necesitaremos más pruebas y exámenes. Con esto podré medir tu potencial, calcular el alcance de tus fuerzas… incluso estimar cuánto falta para que despiertes completamente tu energía.
Se inclinó un poco hacia él.
—Además… yo busco una nueva fuente de energía. Y esa oscuridad que tienes… es tan densa y pura que, si logro condensarla, estaré un paso más cerca de mi objetivo. Para ti, servirá para conocer tu propio progreso y entender cómo funcionan tus peculiaridades.
Kiro sonrió débilmente.
—Si eso ayuda a que sea más fuerte… no veo el por qué no.
Nia, con un gesto casi maternal, le acarició el cabello como a un buen chico.
—Así me gusta, Kirito.
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