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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 182

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Capítulo 182: Capítulo 182: Sobre Tejados

La noche estaba por caer en el extremo norte del pueblo Aqua.

Allí, lejos del centro y de sus luces tranquilas, se extendía un pequeño sector semiaislado: unas pocas casas de madera vieja y edificios bajos, desgastados por el viento y la humedad. Más allá, el paisaje se transformaba en un mar de árboles densos, cuyas copas cerradas apenas dejaban pasar la luz. El ambiente estaba impregnado de un frío extraño, como si algo invisiblemente pesado flotara en el aire. Entre las sombras, el canto de insectos nocturnos se interrumpía de vez en cuando por crujidos lejanos de ramas.

Un último destello dorado del atardecer logró filtrarse entre las nubes, chocando contra una de las ventanas más altas de una casa olvidada.

Hasta que el cristal se quebró en mil fragmentos con un estallido seco.

Un Nox H irrumpió por el ventanal roto, su silueta negra y musculosa recortándose contra el resplandor menguante. Sus extremidades eran largas y tensas como cuerdas, y su piel estaba llena de marcas oscuras.

Sin perder el impulso, aterrizó en el tejado de un edificio cercano y comenzó a correr a toda velocidad, sus pasos resonando como golpes huecos sobre las tejas.

Desde el ventanal roto saltaron dos figuras envueltas en capas negras que ondeaban con el viento: exorcistas.

El primero, un hombre de complexión firme con el cabello recogido, empuñaba una espada larga cuya hoja relucía con un brillo esmeralda. El segundo, de complexión más ancha y brazos descubiertos, portaba en ambos antebrazos gruesos brazaletes de combate.

—¡Detente y pelea, maldito! —rugió el de la espada, su voz cortando el aire como una orden.

Ambos comenzaron a perseguirlo por los tejados, saltando de uno a otro con precisión.

El Nox, al notar la presión detrás, giró apenas su torso y lanzó una onda de energía negativa que atravesó el aire como un latigazo invisible.

El impacto los obligó a separarse, cada uno siguiendo su propia ruta por diferentes techos para no perder la pista.

—¡No lo pierdas! —gritó el del brazalete.

—¡No hace falta que me lo digas! —respondió el de la espada, concentrando energía en sus piernas.

De pronto, el de la espada liberó un torrente de energía verde que envolvió su cuerpo, incrementando su velocidad y se lanzó con un tajo directo al Nox.

La hoja descendió con un zumbido agudo.

El Nox se giró con un movimiento seco y levantó su brazo derecho, cubriéndolo de energía oscura.

El choque fue brutal: la vibración metálica resonó como si la espada hubiera golpeado acero, haciendo que el impacto lo repeliera unos pasos hacia atrás.

Aprovechando la apertura, el exorcista de los brazales apareció detrás del Nox, lanzando un golpe descendente con ambos brazos reforzados en su energía.

El impacto obligó al Nox a tambalearse hacia adelante.

Pero el Nox reaccionó rápido: un destello de furia cruzó su rostro, y liberó un pulso de energía negativa que se extendió por el tejado. Con un barrido lateral de su brazo, invocó una onda tajante oscura que voló directo hacia el del brazalete.

Este cruzó los brazos para cubrirse, pero el ataque destrozó sus brazales con un crujido seco, arrancando chispas y dispersando fragmentos metálicos.

—¡Tsk! —gruñó, sintiendo el ardor en sus antebrazos desnudos.

El Nox clavó el pie en las tejas y cargó contra él, el puño envuelto en oscuridad listo para golpear. Antes de que pudiera hacerlo, el de la espada se interpuso, alzando la hoja para desviar el ataque.

—¡No tan rápido!

El Nox soltó un gruñido grave y comenzó a lanzar una ráfaga de golpes con ambos puños, cada uno generando un eco sordo en el aire.

El exorcista apenas pudo mantener el ritmo, su espada desviando uno tras otro, hasta que un golpe especialmente fuerte desvió su arma hacia abajo. Aprovechando la apertura, el Nox le propinó un brutal puñetazo en el pecho que lo lanzó varios metros por los aires.

El ruido de tejas quebrándose resonó cuando cayó contra otro techo. Sin detenerse, el Nox giró y le dio una patada al del brazalete, enviándolo contra el suelo con un estruendo seco.

—Patéticos —dijo el Nox con voz grave y burlona—. ¿Estos son los que mandan contra mí?

Mientras hablaba, comenzó a concentrar energía oscura en su mano derecha. La sombra crepitaba y se condensaba, girando en espirales negras listas para desatarse.

Pero entonces, una serie de figuras aparecieron sobre los tejados circundantes: más exorcistas, sus capas negras formando un círculo perfecto alrededor del Nox.

El Nox chasqueó la lengua, irritado.

—¿En serio? ¿Para esto envían a tantos? Qué desperdicio.

Uno de los recién llegados, con voz firme, dio un paso al frente.

—Responde, criatura. ¿Eres tú quien hizo desaparecer a las personas de este sector?

El Nox sonrió con un gesto engreído, dejando que su energía se acumulara aún más.

—¿Y qué si fui yo?

—Entonces, te exorcizaremos aquí y ahora—advirtió el exorcista, tensando su mano sobre el mango de su arma.

Los cuatro exorcistas se movieron casi al unísono, cerrando el cerco sobre el Nox como si hubiesen ensayado esa maniobra mil veces. Cada uno cubría un ángulo, sus capas negras girando con el viento y sus armas brillando con energía concentrada.

Pero el Nox no parecía preocupado. Bajó la mirada, una sonrisa torcida marcando su rostro como una cicatriz.

—Idiotas… —susurró con desprecio.

Una aura roja y oscura comenzó a expandirse desde su cuerpo, como una llamarada venenosa. El suelo crujió y el aire se volvió denso. En un instante, la energía negativa cubrió varios metros alrededor, levantando polvo y fragmentos de teja.

—Despliegue de—

No terminó la frase.

Desde lo alto, una figura apareció suspendida en el aire.

El cabello blanco, revuelto por el viento, tenía un único mechón verde que caía al frente. Los brazaletes metálicos en sus manos brillaban con un resplandor turquesa.

—Retención del espacio —declaró Hoshi Tsunata, su voz clara resonando como un golpe de campana.

Un campo de energía se expandió desde el tejado, congelando en seco el avance del aura oscura.

El Nox miró hacia arriba, desconcertado, pero Hoshi ya había desaparecido de su vista.

—¿Qué…?

En el siguiente parpadeo, Hoshi apareció frente a él con el puño derecho envuelto en un ciclón de viento condensado.

—¡Fuera de mi camino!

El impacto fue brutal.

El golpe levantó una onda expansiva que hizo crujir los tejados cercanos.

El Nox salió disparado, atravesando dos construcciones como si fueran de papel y terminó estampado contra el techo del viejo campanario.

—¡Ustedes, ayuden a los que han caído! —ordenó Hoshi a los demás exorcistas sin apartar la vista de su objetivo—. Yo me encargo del resto.

No necesitó repetirlo.

Mientras los otros corrían a asistir a sus compañeros heridos, Hoshi avanzó a toda velocidad por los tejados. Apenas tocaba las superficies, usando ráfagas de su propia energía para flotar y desplazarse.

El campanario se alzaba en la penumbra, su campana oxidada colgando torcida. Allí, el Nox se levantaba con dificultad, respirando entrecortado y mirando a Hoshi con un odio feroz.

—Vas a pagar por eso… —gruñó, su voz cargada de rencor.

Hoshi no le dio tiempo. Desde el aire, cargó sus brazaletes con más energía y lanzó dos proyectiles como balas de viento.

Los impactos destrozaron el tejado en una nube de polvo y madera astillada, haciendo que el Nox cayera al piso inferior entre los escombros.

Hoshi descendió tras él, su silueta recortándose contra la polvareda.

Al bajar, vio que el Nox estaba de pie, tambaleándose, con un agujero humeante en su costado.

—Malditos… tú y esos perros con capa… —escupió, apretando los dientes.

—No dejaré que sigas propagando el caos —replicó Hoshi con frialdad—. Esta noche termina para ti, Nox.

Reforzó su energía y se impulsó hacia adelante… pero algo lo detuvo en seco.

Frente a él, un portal rojo se abrió en el aire, girando como una herida incandescente en la realidad. De su interior emanaba una energía densa, sofocante, tan poderosa que hizo que Hoshi retrocediera un paso por instinto.

“¿Qué… es esto? —pensó, tensando su respiración—. Esa presión… No es como ningún Nox que haya enfrentado antes. ¿O sí…?”

Del portal emergió una silueta femenina.

Era una mujer joven a simple vista, pero su presencia era aplastante. Llevaba una gran bata negra que ocultaba su figura, y su cabello negro caía liso hasta más abajo de la cintura.

Lo más inquietante eran sus ojos: salvajes, oscuros, con la esclerótica teñida de un amarillo sucio y la pupila completamente blanca, sin el más mínimo rastro de humanidad.

Sus pasos eran lentos, pero cada uno resonaba como si el aire se apartara para dejarla pasar.

Cuando sus miradas se cruzaron, Hoshi sintió una sensación indescriptible, como si miles de manos invisibles lo tocaran a la vez, buscando algo en su interior.

Miró rápidamente a su alrededor, pero estaban solos… salvo por el Nox herido y ella.

La mujer sonrió de forma suave, casi cálida.

—Ve al portal —dijo al Nox sin apartar los ojos de Hoshi—. Terminé contigo por hoy.

El Nox no replicó; obedeció al instante y desapareció entre las llamas rojas.

—¿Tú… también eres un Nox H? —preguntó Hoshi, ajustando su postura de combate.

La mujer ladeó la cabeza, como si aquello le resultara divertido.

—Así no es como se empieza una conversación —dijo con voz melodiosa—. Recién nos conocemos, Hoshi. Relájate un poco.

El ceño de Hoshi se frunció, y un escalofrío le recorrió la espalda.

—¿Cómo sabes mi nombre…?

Ella sonrió un poco más, pero sin dejar de observarlo de una forma inquietante.

—No es algo de lo que debas preocuparte, ahora.

Dio un paso adelante, su aura aumentando apenas lo suficiente para que el polvo en el suelo comenzara a flotar.

—Sí, soy un Nox H. Y como tú eres un exorcista, supongo que no me dejarás vivir, ¿cierto?

—Ni lo sueñes… —respondió Hoshi, con la voz baja pero firme.

—Antes de que empieces a atacarme… —añadió, con una calma desconcertante—. Para que nos conozcamos mejor, mi nombre es Ivelle.

El modo en que lo dijo, con esa tranquilidad casi afectuosa, fue tan antinatural que dejó a Hoshi con más dudas que certezas.

“¿Qué es este poder…?” —pensó.

“Es un Nox, lo siento en su esencia… y sin embargo, es tan distinto a todos los que he enfrentado. Su energía es más… controlada, más nítida… como si no fuera solo caos y destrucción.”

Su respiración se volvió lenta, casi para acompasarse con la de ella, intentando leer cualquier movimiento.

“¿Cuál es su objetivo…? ¿Qué es lo que quiere?”

Pero sus pensamientos se rompieron cuando la Nox —Ivelle— comenzó a caminar hacia él.

No había prisa en sus pasos, ni agresividad aparente, y sin embargo, cada uno parecía cerrar la distancia más rápido de lo que era posible.

Hoshi levantó un brazo, listo para detenerla… pero la figura frente a él se desvaneció como una ilusión, disolviéndose en un velo de aire.

—¿…?!

En ese mismo instante, la verdadera Ivelle apareció a su lado, tan cerca que podía sentir el roce de sus dedos a punto de tocarle el rostro.

—Tch…

Hoshi cruzó ambos brazos en un instante, desatando una explosión de viento.

La ráfaga fue tan fuerte que levantó tejas, astillas y polvo, empujándolo hacia atrás varios metros. Aterrizó con firmeza, los pies deslizando sobre la superficie antes de estabilizarse.

Sus brazaletes comenzaron a brillar con un fulgor turquesa, la energía del viento concentrándose en múltiples proyectiles.

—¡Casi!

Con un giro de muñeca, disparó ráfagas comprimidas una tras otra, llenando el aire de silbidos cortantes que impactaron frente a él y levantaron una densa cortina de polvo.

Hoshi respiraba con atención, buscando su silueta entre la bruma.

“¿La habré… derrotado?”

Un leve movimiento a la derecha.

De entre el polvo emergió Ivelle, su brazo estirado como si nada hubiese ocurrido, avanzando velozmente para alcanzarlo.

Hoshi no dudó y concentró toda su energía en el puño lanzando un golpe directo para bloquearla.

Aunque… el impacto no fue lo que esperaba. No sintió resistencia, ni hueso, ni carne.

El cuerpo de Ivelle se fragmentó en cientos de flores oscuras, pétalos que giraban y flotaban antes de desvanecerse en el aire.

—¿Qué está pasando? —murmuró, mirando su puño.

En su mano, brillaba ahora una runa hecha de energía oscura, con filamentos que parecían latir como si fueran venas vivas. La marca palpitó con un resplandor morado, y antes de que pudiera reaccionar, el mundo se distorsionó como si alguien hubiese arrancado la realidad de cuajo.

El suelo desapareció. El aire cambió de densidad.

Cuando volvió a enfocarse, estaba en un lugar completamente distinto: una biblioteca antigua, con interminables estanterías de madera oscura que se elevaban hasta un techo perdido en la penumbra. La luz no provenía de lámparas, sino de un extraño tono rojizo que bañaba todo, como si el sol de otro mundo estuviera filtrándose por grietas invisibles.

—¿Dónde…? —murmuró, girando en todas direcciones, buscando a la Nox.

Fue entonces cuando sintió una mano sobre su hombro.

Giró la cabeza, y allí estaba Ivelle, sonriendo con esa calma desconcertante.

—Las traes, Hoshi… —dijo en voz baja, su tono suave pero cargado de un significado que él no alcanzaba a comprender—. Ojala que nos veamos pronto… y espero que no te molestes conmigo la próxima vez.

Hoshi giró su brazo para atacarla, pero antes de que el golpe conectara, su cuerpo se deshizo en humo oscuro que se dispersó entre los pasillos de la biblioteca.

Su voz, sin embargo, resonó a la distancia, cada palabra flotando en el aire como un eco cercano y lejano a la vez:

—Alfhaim es un buen lugar… tienes razón de buscar aquí, exorcista.

Hoshi apretó los dientes.

—¿Qué sabes tú de lo que busco? ¡Respóndeme!

—Gracias por todo… —continuó ella, sin responderle directamente—. Y como último regalo…

Hubo una pausa, y entonces su voz sonó casi con dulzura, pero cargada de un peso inquietante:

—Una aldea… está por ser atacada… por muchos, muchos Noxs. Ayúdalos, buen exorcista.

Su tono era tan calmado, tan cálido, que casi parecía una amiga dándole un consejo… y eso era lo que lo desconcertaba más.

El susurro se desvaneció como si hubiera sido absorbido por las paredes, y de pronto, todo a su alrededor comenzó a temblar.

El rojo desapareció.

En un parpadeo, estaba otra vez en el mismo lugar destruido, el polvo de sus propios ataques todavía flotando en el aire.

Hoshi quedó inmóvil, intentando procesar lo ocurrido.

—…¿Qué demonios fue eso? —dijo por lo bajo, mientras el único sonido que lo acompañaba era el de los escombros cayendo lentamente al suelo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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