Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 184
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Capítulo 184: Capítulo 184: Enfrentando Espectros
Ryu abrió lentamente los ojos.
El techo de madera y el olor a hierbas le confirmaron que estaba en la aldea, recostado en una cama.
Sintió un ardor en la frente y al tocarla notó las vendas ajustadas.
—¡Ryu! —Ethan se inclinó hacia él, con una sonrisa de alivio—. ¡Por fin despertaste! ¿Qué te pasó?
Lielle, con sus manos juntas sobre el regazo, dio un paso tímido hacia la cama.
—¿Estás… estás bien? —preguntó en voz baja, pero con un brillo de genuina preocupación en sus ojos.
Frente a la cama, Nayeli permanecía con los brazos cruzados y el ceño fruncido.
—Tch, seguro fue Ivar… —escupió con furia contenida—. ¡Cobarde por meterse contigo de esa forma, Ryu!
Ryu los miró a todos, conmovido por su preocupación.
—Gracias, chicos… —dijo con voz débil—. Pero no deben preocuparse por mí ahora… sino por Ivar.
Ethan frunció el ceño.
—¿Qué hizo?
Ryu se incorporó lentamente, con esfuerzo.
—Se metió solo en la cueva sagrada… quiere recuperar el tótem de nexo por su cuenta.
Nayeli golpeó el suelo con el pie, con rabia.
—¡Ese idiota está loco! Ni los aventureros experimentados pudieron con las trampas, ¿Y él piensa lograrlo solo?
Ethan asintió con seriedad.
—Exacto. No tiene sentido. Es un suicidio…
De pronto, un fuerte ¡CLANG! ¡CLANG! ¡CLANG! retumbó por toda la aldea. Una campana sonaba sin cesar, su eco metálico anunciaba peligro.
El grupo intercambió miradas, tensos.
—¿Qué… qué pasa? —susurró Lielle con el corazón acelerado.
La puerta se abrió de golpe y un aldeano entró agitado, sudoroso.
—¡Estamos bajo ataque! ¡Se acercan criaturas del bosque!
El grupo no lo dudó.
Ethan fue el primero en empuñar su lanza, Nayeli desplegó su energía, Lielle desenvainó su espada. Ryu se levantó tambaleante, pero decidido.
A la salida, Ethan se giró hacia él.
—Ryu… ¿estás seguro de que puedes pelear?
Ryu apretó la mandíbula, ajustándose la venda en la frente.
—No es nada. No me quedaré atrás.
De pronto, Lielle señaló hacia el bosque.
—¡Miren!
Sombras fluidas emergían de entre los árboles. Cuerpos traslúcidos, ojos brillantes:
Eran espectros de agua, deslizándose torpemente hacia la aldea con espadas de agua en las manos.
—Tch… —Nayeli chasqueó la lengua, sus ojos ardiendo de rabia—. ¡Todo esto es por culpa de Ivar!
—¡Rápido, vengan! —gritó Bell, apareciendo al costado.
El grupo descendió la cuesta a toda velocidad, directo al campo de batalla.
Nayeli fue la primera en actuar.
—¡Poder de la naturaleza! —apoyó la palma en el suelo y un conjunto de púas negras de espinas emergió con violencia. Varias atravesaron espectros de lleno, disipándolos en un estallido acuoso, otras se cerraron como trampas, inmovilizando a los que quedaban atrapados.
—¡Ahora, vamos! —gritó Nayeli.
Ethan y Ryu se miraron un instante y cargaron juntos.
Ethan giró su lanza en un amplio barrido, cortando en dos a uno de los espectros atrapados; Ryu avanzó con un torbellino de viento en sus pies, girando y clavando su lanza contra el torso de otro. El choque liberó un estallido de energía que disolvió la figura líquida en un segundo.
—¡Bien hecho, Ryu! —exclamó Ethan, jadeando con una sonrisa.
Ryu sonrió también.
—Lo hicimos perfecto, Ethan.
Pero en ese descuido, un espectro se deslizó silencioso detrás de él, levantando una espada de agua brillante directo hacia su espalda.
—¡Ryu, cuidado! —gritó Ethan.
Era demasiado tarde.
Un aire helado recorrió el campo y en un parpadeo el espectro se congeló por completo, transformándose en un bloque cristalino de hielo.
—¿Eh? —Ryu giró con sorpresa.
Una figura apareció detrás de él.
Era Lielle, con su espada aún envainada, su respiración formando vapor helado en el aire. Con un movimiento limpio, desenvainó y cortó de un solo tajo al espectro congelado, partiéndolo en dos trozos que se deshicieron en agua pura.
Ryu quedó boquiabierto.
—Lielle… me salvaste.
Ella sonrió, un leve sonrojo en sus mejillas.
—Para eso somos un equipo, ¿no?
Ryu asintió con fuerza.
—Sí… gracias.
Pero no había tiempo para descansar.
Decenas de espectros aún se alzaban en el campo, avanzando como una marea implacable hacia la aldea.
Nayeli apretó los dientes, con la frente perlada de sudor.
—No podemos dejar que pasen… ¡Si llegan a las casas será un desastre!
Ethan giró su lanza, firme.
—Entonces los detendremos aquí mismo. ¡Todos juntos!
El grupo se alineó, listos para enfrentar lo que venga.
El combate se extendía unos metros más adelante, casi al borde del bosque, Bell y Hug se enfrentaban a la oleada principal de espectros.
Bell apenas podía esquivar los ataques líquidos que buscaban envolverlo. Saltaba hacia atrás, rodaba por el suelo y en cuanto encontraba un hueco, levantaba la mano en forma de pistola.
—¡Bang! —exclamó, disparando un rayo dorado que atravesó a un espectro, haciéndolo estallar en partículas de agua que se evaporaron en el aire.
A su lado, Hug blandía su espada con determinación. Cada corte dispersaba a los enemigos, pero al instante los cuerpos de agua volvían a recomponerse, como si nada hubiera pasado. La frustración se reflejaba en su frente sudorosa.
—Tch… Esto no termina nunca… —gruñó Hug, retrocediendo un par de pasos.
—¡Hug! —dijo Bell, jadeando.
Hug levantó la espada, poniéndose delante de él.
—Solo podremos contenerlos un tiempo. Bell… necesito que prepares tu técnica especial. Es la única forma de salvar la aldea.
Bell dudó un instante, mordiéndose el labio.
—…Está bien, pero no te arriesgues demasiado, por favor. No aguantaré si te pasa algo.
Hug le lanzó una sonrisa confiada, aunque sus ojos mostraban cansancio.
—Tranquilo, aún tengo fuerzas para unas cuantas docenas de cortes más.
Bell asintió y retrocedió varios pasos, juntando las manos. Entre sus palmas, pequeños destellos comenzaron a reunirse, como luciérnagas atrapadas.
—Concentra… respira… —susurraba para sí mismo mientras una esfera de luz iba creciendo.
Hug observó a los espectros que se acercaban en oleadas. Dio un profundo suspiro, su mano se cerró con fuerza sobre la empuñadura de la espada.
“Si pudiera usar energía… esto sería distinto. No me quedaría atrás… Pero no puedo. Solo tengo mi espada y mis brazos… confio en ti bell”
Apretó los dientes y gritó.
—¡Vengan entonces!
Con una zancada poderosa se lanzó contra los espectros.
Su espada cortaba con fuerza bruta, abriendo surcos en los cuerpos acuosos. Cada vez que una lanza de agua se dirigía hacia él, Hug interponía su hoja, desviando el líquido como si fuera acero. Uno de los espectros intentó atraparlo envolviéndose como una ola, pero Hug giró sobre sí mismo, cortando de arriba abajo y liberándose.
El sudor le corría por el rostro, pero no retrocedía ni un paso.
—¡Bell, date prisa! ¡No sé cuánto tiempo más podré mantenerlos a raya!
Bell cerraba los ojos, apretando los dientes, la esfera de luz entre sus manos ya crecía al tamaño de una calabaza brillante.
Mientras tanto, más profundo en el bosque, Mina y Gare avanzaban a toda prisa.
Mina saltaba de rama en rama, su silueta ágil se movía como una sombra entre los árboles, mientras que Gare, más robusto y pesado, corría por el sendero con pasos firmes que hacían temblar el suelo.
—¡Más rápido, Gare! —gritó Mina desde lo alto, con el viento azotándole el cabello.
—¡Tsk, no soy una gacela como tú! —respondió Gare, con su voz ronca y áspera, aunque su paso no se detenía.
Finalmente, llegaron a la entrada de la cueva sagrada. La visión los detuvo en seco.
Mina abrió los ojos con sorpresa.
—Las trampas… —murmuró.
No solo estaban activadas las que bloqueaban la entrada, sino que, al mirar al interior, distinguió que muchas más se habían encendido en lo profundo, marcadas por destellos azules en las paredes.
Gare frunció el ceño con fastidio.
—Ese chico de la academia es más problemático de lo que pensé.
Mina apretó los labios.
—Si entramos a buscarlo ahora perderemos demasiado tiempo. Tenemos que sellar primero las trampas o toda la aldea será destruida.
—Sí… es un maldito problema —dijo Gare, rechinando los dientes.
Mina no esperó más. Descolgó su arco, tensó la cuerda y una flecha surgió en su mano, envolviéndose en un brillo azul intenso.
—Apunta rápido, Mina —la apuró Gare.
Ella cerró un ojo, apuntando con calma.
—No, aún no… necesito precisión.
La cuerda vibró y la flecha salió disparada, impactando en una de las runas de la cueva. Un destello iluminó el lugar y la trampa se desactivó con un sonido seco.
—¡Bien! —rugió Gare, golpeando su puño contra la palma.
Mina ya preparaba otra flecha, pero entonces el aire se volvió pesado. Del interior de la cueva emergieron varias figuras… espectros distintos a los de antes.
Eran más grandes, con cuerpos hinchados y deformes. De sus brazos no nacían manos, sino agujeros circulares que parecían cañones líquidos.
Uno de ellos levantó el brazo y un vórtice de energía comenzó a formarse en el hueco.
—¡Mina, cuidado! —advirtió Gare.
Un proyectil de agua comprimida salió disparado directo hacia ella. Mina apenas tuvo tiempo de tensar el cuerpo.
Pero en un rugido, Gare apareció delante de ella, su puño envuelto en llamas rojas y anaranjadas.
—¡No lo harás!
Impactó el ataque con un golpe devastador, haciendo que la energía estallara en una llamarada que iluminó toda la entrada de la cueva.
El espectro se estremeció, retrocediendo unos pasos.
Mina respiró hondo, todavía con el arco listo.
—Gracias, Gare.
Él gruñó, sin apartar los ojos de los espectros.
—Deja los agradecimientos para después ¡Cierra esas trampas y yo me encargo de estos monstruos!
Los espectros comenzaron a rodear a Mina y Gare como hienas hambrientas. Cada paso que daban agitaba el aire con su esencia húmeda y opresiva.
Gare rugió con furia, avanzando sin miedo.
Su puño ardía en llamas y cada golpe evaporaba a los espectros cercanos, dejando el ambiente impregnado de humo y un hedor a agua quemada.
—¡Vengan, malditos charcos andantes! —gritó, lanzando un gancho que prendió a uno de los espectros en un fuego brillante.
Mina, por su parte, se movía ágilmente entre las ramas de los árboles, su arco brillaba con destellos azules cada vez que disparaba. Las flechas silbaban en el aire, desactivando una trampa tras otra, pero eran demasiadas y la presión aumentaba.
—Tsk… ¡No voy a alcanzar a desactivarlas todas sola! —susurró con frustración.
Fue entonces que, en medio de la confusión, sus ojos se iluminaron con una idea y de inmediato giró hacia Gare:
—¡Gare! Imbuye tu energía en mi flecha.
Él arqueó una ceja, golpeando de lleno a otro espectro.
—¿En serio? ¿En plena batalla?
—¡Confía en mí! —respondió Mina con firmeza, tensando ya la cuerda.
Gare gruñó, pero obedeció. Tocó la flecha con su mano ardiente y en un instante la punta se prendió en llamas, vibrando con un poder inestable.
Mina respiró hondo, cerró un ojo y apuntó hacia lo profundo de la cueva. El aire alrededor de ella se volvió denso, su espíritu fluyó a la flecha, cubriéndola de un destello azul brillante que se mezcló con el fuego.
Una sonrisa confiada cruzó sus labios.
—Este será mi “Tiro Certero”.
La flecha voló como un cometa ardiente, dejando una estela azul y roja que atravesó la cueva, impactando justo en el centro de la red de trampas. Un estallido lumínico iluminó toda la entrada y uno tras otro, los sellos fueron apagándose con un eco metálico.
—¡Lo lograste! —rugió Gare, riendo con alivio.
—Sí… pero no hemos terminado —respondió Mina, con el pulso acelerado.
De inmediato, varios espectros levantaron los brazos y dispararon ráfagas de agua comprimida contra el árbol en el que ella se encontraba.
El tronco estalló en puras astillas, una explosión de vapor envolvió el lugar.
—¡Mina! —gritó Gare con desesperación, buscando con la mirada.
El humo se disipó y para su sorpresa, Mina apareció justo detrás de él, apoyando su arco en el hombro como si nada. Tenía algunas marcas de quemaduras en la mejilla y un par de raspones en el brazo, pero sonreía.
—Tranquilo… todavía estoy entera. Pero no podemos contra estas cosas por mucho tiempo. Tenemos que salir del bosque.
Gare la miró serio, luego asintió con firmeza.
—Bien. Entonces abriré el camino.
Se colocó en una posición baja, estirando los músculos de su cuerpo. Levantó la palma hacia adelante y su aura se agitó como un fuego salvaje.
La temperatura del ambiente subió de golpe y un rugido salió de su garganta.
—¡Despliegue de energía: Fuego!
Al instante, un mar de llamas brotó de su cuerpo, extendiéndose por el bosque. Árboles y espectros fueron engullidos por un aura llameante que cubría todo a su alrededor, formando un muro abrasador que repelía el avance de los enemigos.
A lo lejos, en el frente del pueblo, Hug estaba a punto de ser superado por los espectros que lo presionaban. Su respiración era agitada, y su espada comenzaba a perder velocidad.
—¡Bell! ¿Cuánto te falta? —gritó, cubriéndose de un golpe de agua que lo lanzó hacia atrás.
Bell, con las manos juntas y el sudor resbalando por su rostro, sonrió con los dientes apretados.
—¡Ya estoy listo, jefe! ¡Pero necesito espacio!
Hug sonrió de medio lado, levantando su espada por última vez y apartando a los espectros de un tajo.
—De acuerdo ¡Es todo tuyo!
Retrocedió de un salto, colocándose a su lado.
Bell extendió los brazos hacia el cielo. La esfera de luz que había acumulado entre sus manos se expandió, iluminando toda la aldea. Bajó una mano, formando con sus dedos la forma de una pistola, apuntando hacia la horda.
Una sonrisa ganadora cruzó su rostro.
—Entendido, jefe… ¡Bang!
Del cielo, como un diluvio sagrado, comenzaron a caer múltiples disparos de energía dorada. Cada proyectil impactaba contra un espectro, destruyéndolo en estallidos de luz y en cuestión de segundos, la horda frente a la aldea fue arrasada.
Ryu, Nayeli, Ethan y Lielle, que aún luchaban en el otro flanco se detuvieron impresionados, viendo cómo los espectros eran aniquilados en una lluvia de luz.
—¡¿Qué demonios fue eso?! —exclamó Nayeli, con los ojos abiertos como platos.
Ethan sonrió con alivio.
—Menos mal…
Ryu, jadeante, levantó la mirada hacia el cielo iluminado.
—Increíble…
Bell cayó de rodillas, exhausto, mientras una gota de sudor bajaba lentamente por su sien.
—Haaah… por fin… terminó… —susurró con una sonrisa cansada.
Hug estaba a punto de felicitarlo cuando un destello anaranjado cruzó el bosque, visible incluso desde la aldea. Era como una aurora ardiente que iluminó el cielo entre los árboles.
Hug frunció el ceño, su expresión se tornó grave.
—Ese resplandor… Gare tuvo que desplegar su dominio de energía.
Ryu apretó los puños con fuerza.
—Entonces… ¡Algo muy grave está pasando allá!
Nayeli entrecerró los ojos con preocupación.
—No puede ser… ¿acaso Ivar…?
El silencio se extendió por un instante, roto solo por el crujir lejano del bosque envuelto en fuego.
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