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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 185

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Capítulo 185: Capítulo 185: Reunión en la Aldea

Pasaron algunos minutos tras la intensa batalla.

Mina apareció desde el sendero del bosque ayudando a Gare a caminar, su brazo derecho estaba echado sobre sus hombros. El gigante de fuego respiraba con dificultad, su cuerpo aún irradiaba calor y el humo se escapaba de entre sus ropas.

Hug, que se encontraba en la entrada de la aldea, corrió hacia ellos con una sonrisa de alivio.

—¡Por fin regresan! —dijo, posando su mano sobre el hombro de Gare—. ¿Qué demonios pasó allá?

Mina, con su semblante serio, respondió:

—Eran demasiados espectros… y no teníamos tiempo. Gare desplegó toda su energía para eliminarlos. Si no lo hacía, estaríamos muertos.

Hug suspiró, sin dejar de sonreír, aunque su mirada se endureció un poco.

—Ya veo… me lo imaginaba. Bien hecho, los dos. Pero ahora lo primero es recuperarse. Vayan a refrescarse y descansen un momento. Después hablaremos de lo sucedido.

Mina asintió en silencio y continuó ayudando a Gare hasta la casa grande. Varios aldeanos los miraban con respeto, murmurando entre ellos sobre la fuerza de los aventureros.

A lo lejos, Ryu observaba la escena con admiración. Su corazón latía rápido: le parecía increíble lo fuertes y capaces que eran los aventureros.

“Si tuviera su nivel… quizás podría proteger a todos” —pensó, apretando los puños. Pero la imagen de Ivar cruzando la cueva y la sensación del golpe en su cabeza le devolvieron un dolor agudo en la frente, justo donde tenía la venda.

—¿Qué te pasa, Ryu? —preguntó Ethan, que había estado a su lado todo el tiempo, notando su silencio.

Ryu bajó un poco la mirada y contestó con pesar:

—Ivar… se metió a la cueva, solo. Y ahora, con todo lo que pasó, no dejo de pensar… ¿Y si está atrapado ahí dentro?

Ethan intentó tranquilizarlo, poniéndole una mano en el hombro.

—Mira, no te angusties tanto. Ivar es fuerte, no morirá tan fácilmente. Aunque… —se cruzó de brazos, pensativo— Si no aparece, supongo que tendremos que irnos. Sin capitán no hay nada que hacer.

—Pero… —Ryu apretó los dientes, molesto—. No creo que sea bueno. No podemos abandonarlo así.

Ethan no respondió, pero sus ojos mostraban la misma preocupación que sentía Ryu.

Una hora después, todos se reunieron en la casa grande de la aldea. Los del grupo de la Academia se encontraban juntos, con expresiones preocupadas, mirando a su alrededor como si buscaran respuestas.

En el centro de la mesa se sentó el líder de la aldea, un hombre anciano y robusto de barba blanca llamado Lonk, cuya voz grave imponía respeto. A su derecha e izquierda estaban los aventureros, en silencio y atentos.

Hug se adelantó, rompiendo el silencio:

—Antes que nada, necesitamos aclarar lo que pasó con el chico de la Academia. Ryu, cuéntanos lo que sabes de Ivar.

Ryu, sorprendido, abrió los ojos con nerviosismo, no esperaba ser el centro de atención.

Sus piernas temblaban cuando se levantó y dio un par de pasos hacia la mesa. Todos lo observaban.

Tragó saliva, cerró los puños y comenzó a hablar:

—Yo… —su voz tembló un poco, pero respiró hondo y continuó—. Intenté detenerlo. Le dije que no entrara solo a la cueva, que esperáramos a los aventureros. Pero se enfureció conmigo y me… me empujó. Por eso tengo esta venda… porque me lanzó lejos.

Hubo un murmullo entre los presentes. Nayeli chasqueó la lengua, claramente irritada.

—Ese maldito… ¡Sabía que era cosa suya!

Lonk levantó una mano para imponer silencio y habló con gravedad:

—Es complicado saber si sigue vivo o no tras el ataque de los espectros. La cueva sagrada no es un lugar cualquiera. Ninguno de nosotros tiene permitido entrar, ni siquiera los ancianos de la aldea. Solamente vamos a su entrada en ceremonias.

Las palabras resonaron en la sala, dejando un eco inquietante.

—¿Por qué? —preguntó Lielle en voz baja, con timidez pero curiosidad.

El anciano Lonk lo miró con seriedad.

—Porque la magia de esa cueva es desconocida. Creemos que es algo divino. Cada noche, la entrada se cierra por completo con una barrera invisible. Y si las trampas se activan… también se cierra.

Ryu se quedó en silencio, sintiendo un nudo en la garganta.

—Entonces… —dijo Ethan, procesando lo escuchado—. ¿Quieres decir que si Ivar entró… no podrá salir hasta mañana al amanecer?

Lonk asintió lentamente.

—Exactamente.

—¡¿Tendrá que sobrevivir hasta el amanecer?! —preguntó Nayeli con un grito, visiblemente preocupada.

—Sí… —respondió Gare, con el rostro serio—. Pero escuchen bien… si de día es peligroso, de noche lo es mucho más. Las trampas no son lo único ahí dentro.

El silencio volvió a llenar la sala. Nadie se atrevía a decir nada, pero todos pensaban lo mismo: Ivar estaba completamente solo, atrapado en la cueva más peligrosa que jamás habían visto.

Lonk miró a cada uno de los presentes y con una voz firme dijo:

—Si quieren recuperar a su compañero, deberán esperar hasta el amanecer. Y en ese momento, deberán entrar a la cueva.

Nadie protestó. Solo se escuchaba el crujir del fuego en el horno.

Finalmente, Mina se cruzó de brazos y habló con confianza:

—Entonces debemos prepararnos… porque lo que nos espera mañana será agotador.

La reunión continuó por un buen rato. Los aventureros, con Hug a la cabeza, desplegaron un mapa rudimentario que habían logrado confeccionar en sus exploraciones. Con lápiz de carbón trazaban rutas, posibles puntos de emboscada y hasta posiciones de retirada.

El grupo de la Academia, en cambio, apenas podía seguir el ritmo. Los términos tácticos eran demasiado complicados y la experiencia militar de los aventureros era abrumadora. Nayeli intentaba preguntar de vez en cuando, pero Hug siempre respondía con palabras técnicas que parecían códigos de guerra.

Al final, los cuatro jóvenes guardaron silencio.

Ryu, sintiéndose inútil, se levantó y salió al exterior para tomar aire.

Afuera el sol estaba en lo alto, recién era mediodía. La brisa fresca lo recibió en el rostro, mezclada con el olor a tierra y madera quemada.

La aldea estaba inquieta, con los aldeanos corriendo de un lado a otro, intentando poner en pie sus hogares dañados. Algunas casas habían sido derribadas por los espectros, y los escombros todavía yacían en las calles.

Ryu observó a un grupo de hombres que levantaban troncos y fragmentos de madera, por lo que se acercó.

—¡Déjenme ayudarles! —dijo con una sonrisa, tomando uno de los troncos pesados y cargándolo al hombro.

—¿Eh? —un aldeano lo miró sorprendido—. No tienes por qué…

—Quiero hacerlo. Es lo menos que puedo hacer —contestó Ryu, caminando con esfuerzo pero decidido.

Los aldeanos intercambiaron miradas y finalmente asintieron, agradecidos.

Después de un rato, con el sudor escurriendo por su frente, Ryu dejó una tabla rota a un lado. Entonces vio a Lielle, agachada y recogiendo las pertenencias de una familia entre los escombros. Tenía polvo en la cara y las mangas de su túnica estaban rasgadas, pero aún así trabajaba con calma, sin quejarse.

Ryu se acercó.

—¿Necesitas ayuda?

Lielle levantó la vista. Sus mejillas se tiñeron de un leve rubor, pero asintió tímidamente.

—S-sí… gracias. Con alguien será más rápido.

Ambos comenzaron a hurgar entre maderas y piedras, sacando pequeños cofres, joyas y recuerdos familiares que habían quedado atrapados. Ryu pasó una pulsera de cobre a una mujer, quien rompió en lágrimas agradeciéndole.

El silencio entre ellos se rompió cuando Lielle habló con voz baja:

—Ryu… ¿Qué piensas de Ivar?

Ryu se detuvo un segundo para pensar, sosteniendo un collar polvoriento.

—Es complicado hablar con él. Puede ser muy agresivo y siento que… —bajó la mirada— …quizá sea mi culpa que actúe así. Soy un sin apellido, y sin duda eso hace que los demás desconfíen de mí. Por mi presencia aquí, de seguro él muestra su lado más… “malvado”, por así decirlo. Pero sé que en el fondo no es completamente malo.

Lielle lo miró fijamente, sorprendido por sus palabras.

—No… no digas eso, no es tu culpa. —Guardó silencio un segundo y luego añadió, con cierta inseguridad—. Yo pienso que quizá Ivar lo hace a propósito… p-pero no como tú lo imaginas. Siento que se comporta así no porque sea malo, sino porque… como es nuestro superior, quiere… no sé… ¿imponerse?

Ryu sonrió, un poco aliviado.

—Lo entiendo. Sí, es posible.

Lielle bajó la mirada de nuevo y apretó un pequeño objeto que había recogido.

—Espero que podamos rescatarlo.

—Yo también —respondió Ryu con firmeza—. No me gustaría perder a alguien, aunque no nos llevemos bien.

Hubo un breve silencio, hasta que Lielle se animó a añadir:

—Parece que Ethan está entusiasmado con la idea de irnos…

Ryu lo miró con sorpresa.

—¿También lo escuchaste?

—Sí… —dijo Lielle, asintiendo despacio—. Nos lo contó a todos. Dijo que sin Ivar no tenemos capitán y que lo mejor sería regresar. Pero… yo no quiero eso. —Su voz tembló un poco—. Ethan tiene algo, creo… no sé si es miedo o… o un plan distinto.

Ryu lo pensó un instante, y después sonrió con calma.

—No te preocupes. Ethan es alguien gentil, de confiar.

Lielle lo miró de reojo y esbozó una ligera sonrisa.

—Yo creo eso también… pero… —su mirada se ensombreció—. Los nobles no siempre son lo que aparentan.

Ryu se quedó en silencio, sorprendido por la sinceridad de sus palabras.

El viento sopló con fuerza, levantando polvo y hojas secas.

…

Mientras en la aldea se intentaba recuperar la calma, en algún lugar cercano a la Academia Farhaim, un grupo distinto de exorcistas exploraba las entrañas de otra caverna.

El aire dentro era húmedo, fétido, como si la putrefacción se hubiese impregnado en cada roca. Un hedor a sangre rancia hacía difícil respirar, las paredes estaban manchadas de rojo y en algunos puntos había restos secos pegados como huellas de violencia pasada.

Hunk Brakell, vestido con su habitual chaqueta negra larga, caminaba al frente. Sus botas crujían sobre los charcos oscuros que cubrían el suelo. Su expresión, como siempre, era seria y dura, aunque sus ojos verdes se movían analizando cada sombra.

Detrás de él, otros tres exorcistas lo seguían en silencio, aunque la incomodidad crecía.

—Esto es… raro. —dijo uno de ellos, con la voz ronca—. ¿Por qué no hay ningún Nox aquí?

Otro agregó, bajando la mirada al suelo:

—Mira esto… hay trozos de carne, huesos desgarrados… hasta marcas de garras por todos lados. Esto tiene que ser un nido.

Hunk se detuvo. Miró los restos con atención, frotando su mentón con el guante de cuero.

—Sí… sin duda este era un nido —dijo con voz grave—. Pero ahora está vacío.

Los exorcistas se tensaron. Uno de ellos tragó saliva.

—¿Crees que se movieron a otro sitio…?

Hunk chasqueó la lengua y avanzó un paso.

—Eso es lo extraño. Todo indica que hasta hace poco este lugar estaba lleno de Noxs… pero no hay ni rastro de ellos. Como si hubieran desaparecido de golpe.

El silencio se extendió en la caverna, roto apenas por el goteo constante de agua desde el techo.

De repente, el brazalete de comunicación en la muñeca de Hunk vibró y emitió un destello azulado. Hunk lo activó con un gesto brusco.

—Hunk Brakell al habla ¿Qué sucede?

La voz enérgica de Hoshi Tsunata resonó al otro lado, ligeramente distorsionada por la señal:

—Hunk, parece que estamos en la misma situación… ¿Tampoco encontraste nada?

Hunk dejó escapar un suspiro, bajando un poco la guardia de su tono severo.

—Nada, maldita sea. Todo esto fue una pérdida de tiempo. —miró alrededor con fastidio—. Este lugar estuvo abarrotado hasta hace nada, pero ahora no queda ni un miserable Nox.

Uno de los exorcistas lo miró con cierta incomodidad, como si las palabras de Hunk confirmaran sus temores.

Hunk, algo más relajado, añadió con un deje de ironía:

—Por lo menos pasé a ver a Kiro. El chico sigue en una pieza, pero no deja de darme dolores de cabeza.

Hoshi rió al otro lado de la comunicación.

—Me alegra oír eso. Pero parece que tendremos que continuar explorando las cuevas de la región. Todo esto… no es normal. Puede que estemos ante un movimiento de los Nox H. Ten cuidado, Hunk.

Hunk esbozó una leve sonrisa, aunque cargada de cinismo.

—Heh, ¿cuidado? No hay nada de qué preocuparse, Tsunata. Por ahora pienso tomar un break. Mis hombres están tensos y si seguimos olfateando este hedor solo se nos revolverá el estómago.

Uno de los exorcistas que lo acompañaba murmuró:

—Capitán… no deberíamos bajar la guardia, este silencio me parece peor que una emboscada.

Hunk lo miró de reojo, con esos ojos afilados que bastaban para callar a cualquiera.

—Ya lo sé. No me subestimes.

Hoshi, al otro lado, volvió a hablar con un tono algo más serio.

—Descansa si lo necesitas, pero mantente atento. Los rastros de energía que encontré son muy distintos a los de un Nox común. Esto huele a algo mayor.

Hunk resopló, apoyándose contra una roca húmeda mientras encendía un cigarrillo con su encendedor.

—Tsch ¿Me estás diciendo que me relaje mientras al mismo tiempo me adviertes que algo grande anda suelto…? Je. No cambies, Hoshi.

Hoshi rió de nuevo.

—Pero más vale prevenir. No olvides: si los Nox de aquí eran de alto nivel, es probable que se hayan movido con un propósito. No te confíes.

Hunk dejó escapar una voluta de humo y miró hacia el oscuro túnel frente a él.

—Eso te lo digo a ti.

Hubo un silencio breve entre ambos, como un reconocimiento tácito de que la situación no era tan simple como parecía.

Finalmente, Hoshi dijo:

—Nos mantenemos en contacto. Buena suerte, Brakell.

—Igualmente, Tsunata. Y mantén esos ojos bien abiertos… si me entero de que te mató un Nox antes que a mí, te patearé en el infierno.

Hoshi rió con fuerza antes de cortar la llamada.

El brazalete volvió a la quietud, dejando a Hunk y su equipo envueltos en aquel aire podrido y el silencio sofocante de la caverna.

Hunk exhaló un último suspiro de humo y masculló:

—Noxs de alto nivel… ¿Dónde demonios se metieron?

Los exorcistas se miraron entre sí, inseguros. Algo estaba pasando con los Noxs en Alfhaim.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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