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INVENCIBLE: ESCAPA DE VILTRUM - Capítulo 10

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10: CAPITULO 10: 10: CAPITULO 10: “Por la gloria de Argal, este nato saluda al gran general”.

Su voz era tranquila, con una entonación monótona y sin vida.

Ni un tono mas alto, ni mas bajo.

Simplemente fue una manera de transmitir su indiferencia hacia aquel hombre que se llamaba así mismo su padre.

Lo era, ciertamente lo era, pero en lo que a kor respecta, no había parentesco alguno mas allá de la sangre.

Se negaba a reconocer a este ser despreciable como su padre.

Vorath no devolvió el saludo de inmediato, sus ojos oscuros como el abismo del espacio solo miraban hacia aquellas criaturas mostradas en el mural, aunque sabía de antemano que eso no era mas que un juego óptico producto de la manera en como estaban dispuestos los trazos.

Le fue, sin dudas, interesante.

Luego, su mirada se clavó en la de su hijo, quien lo observaba sin decir ni una palabra mas allá de lo pedido.

Eso le molestaba, por que sabía que los natos por lo general, no se comportaban como lo hacía este crio.

Este niño era extraño, pero muy consciente de si mismo además de violento y vengativo.

Eso significaba que había un posible activo valioso para el imperio, solo debía de ajustar un poco su comportamiento.

Sus miradas encontradas se alargaron durante segundos que parecieron interminables, y en sus iris, solo había burla y odio desmedido y crudo el uno del otro.

Burla del mayor, y del menor, no más que anhelo de muerte hacia el origen de aquella burla.

“¿Dónde estabas?” vorath fue el primero en cortar la tensión, su pregunta descendiendo como un yunque, pesada e inapelable.

“practicaba, gran general”.

Manteniendo su postura, korr respondió a su pregunta.

Antes de presentarse, había escondido adecuadamente su diario en aquella gran mesa de mármol negro, donde su color se mezclaba con la ayuda de las sombras, suponiendo un refugio temporal para sus memorias.

Vorath asintió, entrecerrando los ojos hacia aquella respuesta desprovista de cualquier agregado que pudiera dar rienda a múltiples interpretaciones.

Vorath mantuvo su mirada sobre él por un instante más, esperando a que dijera algo relacionado con su entrenamiento, pero el crio no lo hizo, nunca lo hacía, para ser mas exactos.

Esperó tener que enseñarle a adaptarse a la etapa inicial de su optimización, pero el chico no se lo permitió hacerlo producto a su resentimiento.

Todo lo hizo solo.

Su vuelo, su fuerza, los detalles no dichos de sus habilidades, todo fue explorado por el mismo y no le dio oportunidad de hacer su trabajo como así lo exigía el imperio.

De todos modos, a vorath le sentó satisfactorio este hecho.

Mientras mas tiempo en el campo de batalla, mejor.

Aquí solo perdía parte valioso de su tiempo.

Su mirada se dirigió hacia la izquierda, donde se encontraba una figura flotante, inmóvil en el umbral de una de la sala.

Los ojos cibernéticos de aquella inteligencia artificial le devolvieron la mirada, lista para ejecutar sus órdenes.

“Informe”, ordenó Vorath, sin siquiera dar una segunda mirada al aparato temporal.

Se sintió avergonzado al tener que recurrir a medios que consideraba degradantes, pero el general temía que su hijo siguiera desviando su educación viltrumita para enfocarse en actividades de segunda clase.

“detallando informe”, la inteligencia artificial anunció.

El alta voz de aquel robot era la misma que korr había escuchado durante tantos años, ciclos viltrumitas, en las que, mientras contemplaba las oras eternas de los días longevos, aquella voz se deslizaba entre sus conductos auditivos y refrescaba sus ánimos, coloreando su segunda vida.

Le hacía sentir que no estaba solo en un mundo lleno de nada, donde solo había muerte y distopia sin esperanza de un mañana menos nefasto desamparo.

Era como aun sentirse humano.

La bilis le subió por la garganta por un instante, y sus ojos, sus ojos, que parecían irritarse en un mar de sensaciones, casi lo delataban ante el responsable de arrebatarle su única compañía.

Pero resistió, soportó el sangrado anímico de su apesadumbrado corazón.

Escuchó a aquella aberración delatarlo tal cual había sido su programación.

“El joven señor Korr-Add ha estado en vuelo continuo durante los últimos tres segmentos, gran general.

Su trayectoria ha abarcado el perímetro exterior de la fortaleza, ascendiendo hasta la estratosfera inferior en dos ocasiones.

En ambos ascensos, ha mantenido un control aerodinámico dentro de los parámetros esperados para su nivel de desarrollo como un nato de élite de clasificación 15”.

La máquina hizo una pausa momentánea, indiferente al apretar de puños de korr, quien pensaba, como todas las mañanas solitarias desde aquel día, el los secretos que mantuvieron él y syra-vel.

Era la parte más preciada de su amistad.

“Posteriormente a los ejercicios de vuelo, el joven señor se posicionó en el punto más elevado de la estructura para realizar lo que sus registros biológicos indican como un período de descanso y meditación.

Sus constantes vitales durante este período se mantuvieron dentro de los márgenes saludables para un nato de su clasificación genética, aunque se detectaron elevaciones en sus niveles de cortisol durante los primeros instantes de inactividad”.

Y el robot concluyó con su reporte, listo para esperar la siguiente orden.

Vorath hizo un asentimiento apenas perceptible, asintiendo con seria aprobación.

“¿Ves?”, dijo, mirando a su hijo.

La suavidad de sus palabras fuero como una puñalada para korr, quien solo pudo permanecer allí, inmóvil, sin hacer nada.

“la mascota al que haces llamar ‘amiga’ pudo haber conservado su vida si hubiera cumplido con su función como esta unidad lo hace”, le reprendió una vez más, como lo hacía desde la muerte de syra-vel.

“la cierva del imperio perteneciente al sistema de rendimiento avanzado con vector energético lógico, número de serie S R O 9 5 0 X, organismo al que decidiste llamar syra-vel, fue concebida, entrenada y certificada para servir, cuidar y capacitar a los natos del imperio hasta el despertar de la optimización.

Pero eligió desviarse, de alguna manera que desconozco.

Y en su desvió, incurrió en la transgresión de contaminar a mi descendiente con sus concepciones inferiores”.

Sus frías palabras calaron en los huesos de korr, quien desvió la mirada de sus ojos para ver la blanca nada.

“gasté doce méritos valiosos por un producto defectuoso, no pretendas hacerte el indignado por haberme deshecho de mi propiedad, mío, con mis méritos”.

Korr mantuvo su estómago revuelto en todo momento.

La incivilización del imperio sembraba enajenación en su ser.

El simple pensamiento de procesar las palabras de voraht, reduciendo una vida consciente y pensante a no mas que un simple animal, le hacía querer arrancarse la piel y asfixiarlo con el mismo hasta su muerte.

Syra-vel no fue una vaca, no fue un animal, no fue una esclava.

Fue su amiga.

El general no pareció esperar una respuesta sobre lo dicho, no le interesó en lo más mínimo los posibles desacuerdos de su revoltoso hijo.

De todos modos, pronto entendería.

Dio media vuelta, sus botas blancas girando sobre el suelo, y comenzó a levitar hacia el centro de la sala.

Desde allí, cruzó sus brazos sobre su pecho, y enderezó su espalda.

“Sin embargo”, agregó.

“he decidido que tu disciplina, durante estos últimos meses, merece una recompensa”.

Korr no se sintió interesado en lo mas mínimo por lo que sea que aquel alienígena quisiera darle.

“Tu progreso en estos ciclos ha sido…

aceptable.

Debo reconocer que a tu edad, me había tardado hasta 20 veces tu tiempo estimado antes de tomar dominio de mis potestades”.

Vorath explicaba, mientras asentía ante la brillantez de su hijo, quien aparentemente, pese a ser un nato de clase 15, sus capacidades cognitivas eran tan elevadas que parecía mejorar mucho mas rápido que otros natos, incluso con natos de clasificaciones superiores a la suya, y eso era algo positivo.

“Tu vuelo ha mejorado muchísimo.

Tu obediencia, aunque tardía, se ha consolidado… y tu uniforme se mantiene pulcro, como debe de ser “.

“Por lo tanto”, continuó Vorath, “dependiendo de tu rendimiento en los próximos seis ciclos en el dorymathos, he decidido que te llevaré al nivel inferior de la ciudad”.

Aquellas palabras llamaron la atención de korr.

Desde el incidente aquel, se le había prohibido ir hacia los niveles inferiores de la ciudad.

El ir allí era parte de muchos de los tantos secretos que tenía oculto de su padre.

“sé el mejor entre los natos y podrás adoptar cuantas mascotas desees”, añadió Vorath.

El ceño de korr se frunció, negándose a decir nada.

No era necesario, y a voraht tampoco le importaba.

“Siempre que, por supuesto, las trates como lo que son, bestias inferiores, no una compañía.

No son tus amigas, no son tu raza, no quiero volver a repetir lo que sucedió ¿entiendes?”.

“si, gran general”.

Korr contestó.

“bien”.

Vorath suspiró.

Levitó hacia el gran arco que se abría en el extremo oriental de la sala, su silueta recortándose contra el horizonte moroso.

“Sígueme”, ordenó, mientras korr acataba su orden.

“ya es tiempo de ser entregado a tu verdadero adiestramiento”.

Y entonces se lanzó hacia el cielo.

Korr solo pudo presenciar como su padre, quien en un momento estaba en el umbral del arco, al siguiente, ya se había convertido en una estela blanca que se fundía con las nuves, en una línea de velocidad que parecía cortar la atmosfera como un cuchillo a través de la seda.

Korr flexionó sus piernas y se lanzó con toda la fuerza que su cuerpo le permitió reunir.

El suelo de la fortaleza quedó atrás en tan solo una fracción de segundo, aunque no fue ni la mínima fracción de lo que era el desplazamiento de vorath.

Sintió como el aire intentaba comportarse como solido bajo su áspera piel, mientras ascendía hacia el cielo, siguiendo aquella estela blanca que su padre había dejado como camino marcado para el, ya que no lo esperaría.

La ciudad se desplegó bajo él, pero esta vez no se detuvo a contemplarla.

Mientras seguía el camino recorrido de su padre, su mente volvía una vez mas a los momentos de compañía, de calidez, y a pesar de la ineficacia, rezaba como cuando alguna vez fue humano, y su madre le recitaba las palabras a decir.

Si existía alguna deidad bondadosa en el frio universo, rezaba y esperaba que el alma de syra-vel permaneciese bajo su ceno, libre de cualquier yugo, incalculable en su valioso ser, embelleciendo los mundos desolados con su hermosa existencia.

Donde quieras que estes syra-vel, cuanto te extraño.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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