INVENCIBLE: ESCAPA DE VILTRUM - Capítulo 11
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11: CAPITULO 11: 11: CAPITULO 11: La estela blanca de Vorath se había convertido en apenas un punto en el horizonte cuando Korr ajustó su trayectoria para el descenso.
Vorath era rápido, más rápido que cualquier dispositivo o vehículo que korr pudiera imaginar.
En cuanto al propio korr, el simple hecho de tratar de no perder el ritmo del trayecto hacía estragos en su quicio.
A pesar de ser solo un niño en cuerpo, debía de esforzarse tanto, al punto en que el viento que silbaba molestosamente en contra de sus tímpanos se densificaba sobre si mismo.
También le costaba extraer el oxigeno que necesitaba, así que no gastó su tiempo en intentar maldecir al general a sus espaldas.
Debajo de él, el distrito central de la ciudad reflejaba la vista en un orden monolítico, hasta contrastar con los pilares que había reconocido desde su ventana, aquellos edificios que se erguían sobre todos los ebúrneos rascacielos.
A menudo se preguntaba cómo era las cosas dentro de aquel escolástico, aprendido durante su enseñanza teórica, pero vorath había decidido despejar aquellas incógnitas sin respuestas de una forma práctica, y sobre todo, esperada.
Lo trajo, por no decir que lo guio, directamente hacia dicho lugar.
Las tres estructuras se alzaban sobre la ciudad como monumentos milenarios, y si que lo eran.
La primera, la más baja de las tres, alcanzaba los 420 metros de altura, con una superficie blanca y pulcra, pareciendo absorber la luz en lugar de reflejarla.
La segunda se elevaba hasta los 840 metros, y La tercera, la más imponente, la cual se perdía en las nubes bajas, incurría en lo mismo que las otras dos, con la diferencia en que esta era más antigua.
Sus 1,260 metros de altura la convertía en el dedo del imperio que señalaba su contienda anexionadora contra las estrellas.
Vistos desde el ángulo en que Korr descendía, los tres pilares reproducían la silueta de las tres barras que simbolizaban la pureza viltrumita, la jerarquía y la gloria del imperio galáctico.
De acuerdo a lo investigado durante los primeros ciclos posteriores a la extracción de la cámara de gestación, los natos permanecían bajo la tutela del progenitor designado en sus respectivas fortalezas familiares.
Este período, conocido como Fase de Asimilación Primaria, permitía consolidar los conocimientos fundamentales inculcados durante la gestación mediante pulsos neurales.
La duración de esta fase variaba estrictamente según su clasificación genética.
De acuerdo a lo que korr había aprendido de syra-vel mientras estuvo en vida, un nato, como ejemplo, de Clase 15, requería entre veinte y treinta ciclos para completar la asimilación.
En cuanto a otras clases superiores, estos experimentaban una maduración acelerada.
El criterio determinante para la transición a una superior (como si del quinder al ciclo básico se tratase), era la manifestación de los átomos inteligentes, como único marcador biológico que confirmaba el inicio de la optimización fisiológica.
Solo entonces, cuando el cuerpo demostraba su capacidad para evolucionar, el nato era considerado apto para el internado.
Este internado, por supuesto, era llamado el Dorymathos.
De acuerdo a la lengua muerta viltrumita, Dorymathos significaba Forja de Lanzas.
Y odiaría esta forja de lanzas durante el resto de su tiempo bajo su tutela.
Para cuando korr había logrado localizar a su padre, Vorath ya había aterrizado en la plataforma principal del complejo con tiempo de sobra.
Su figura, inconfundible incluso entre la multitud de viltrumitas que comenzaba a congregarse, permanecía inmóvil con los brazos cruzados sobre el pecho, observándolo desde su posición.
“has tardado demasiado tiempo en alcanzar a tu padre, me siento decepcionado”.
Exclamó hacia su dirección, mientras desviaba su mirada.
“apenas usé algo de velocidad en mi desplazamiento.
Cuando vuelva a verte, quiero que puedas estar al día con al menos el 20% de mi fuerza”.
Korr corrigió su ángulo en el último momento, dejando que sus piernas absorbieran el impacto con una ligera flexión.
El sólido metal de la plataforma retumbó por un momento, evidenciando la crudeza del control de muchacho.
“te falta más práctica.
Debes mejorar, dominarte a ti mismo”.
“si general”.
Korr le contestó, reprimiendo sus quejas para si mismo.
“le aseguro que estoy haciendo lo posible por mejorar mi…”.
“todo lo posible no basta”.
Vorath le corrigió.
“muchos natos de tu misma generación son incluso más habilidosos que tu con menos tiempo de haber despertado su optimización”.
No obstante, las palabras de vorath fueron interrumpidas por un estruendo ocasionado por el aterrizaje salvaje de una niña nata de cabello rojo.
La niña fue incapaz de corregir el curso de su cuerpo invertido hacia la superficie terrestre, su punto de empuje con dirección al suelo.
No pudo ser capaz de modificar su dirección vectorial y por consiguiente, su cara se estrelló directamente con la plataforma.
“demonios”, korr se estremeció ante el estruendo.
Al mismo tiempo, una pareja viltrumita aterrizo junto a la nata, levantándola del cuello con molestia.
“esta bestia, ¿Qué acabo de decirte?
¿Qué acabo de decirte vespera?
Invierte el empuje, invierte el empuje en nombre de argal ¿Qué parte de invertir el empuje no entendiste?” “fue un accidente, padre, lo juro en nombre”.
La mujer de la pareja, también de cabello rojo, propinó una bofetada a la niña, quien empezó a gritar con indignación.
“madre, ¿Por qué?”.
“¿como se te ocurre jurar en vano?” “no estaba” “silencio, vespera”, gritó su padre, aun agarrándola del cuello.
“controla tu impulso, no quiero diciplinarte”.
“bien, bien”.
La niña pareció acceder de retroceder ante las amenazas insistentes de sus padres.
La interacción entre los tres individuos pareció desconcertante para korr.
Miró a su padre por un momento, provocando en vorath una ceja levantada.
“¿Por qué me miras así, niño?”.
“nada, gran general”.
Korr contestó devuelta.
Miró a su alrededor, en especial, a aquella pareja familiar, y no pudo evitar pensar preguntarse en si tal vez, estaba equivocado con respecto a la sociedad viltrumita.
Sin embargo, a medida que el tiempo pasaba, se había dado cuenta en que aquella pareja parecía ser la excepción.
Tras ver a vorath una vez más, había descubierto que, efectivamente, voraht no parecía ser tan diferente a lo que se esperaba de un padre promedio del imperio.
Observando desde su posición en la plataforma, no pudo evitar sentir lastima por los niños bajo las manos de estos megalómanos galácticos.
A pesar de que sabía de antemano que el concepto que tenía sobre “familia”, no significaba lo mismo para esta especie, aun le costó no sentirse angustiado por los posibles daños a futuro por la manera en cómo trataban a sus descendientes.
Era la viva muestra de lo que significaba ser un individuo solitario, que irónicamente, se movía al unísono por un solo objetivo.
La conquista absoluta de todo el universo.
Presenció la llegada de otros grandes generales como su padre, reconocido a través de las tres barras parcheado en su pecho.
Dejaban caer a sus hijos como saco de provisiones hacia la plataforma, inevitablemente cayendo mal parados por la drástica manera de aterrizar.
Los niños apenas se tambaleaban antes de enderezar sus espaldas, con sus mandíbulas tensas, y sus manos tras su espalda, sus miradas desviándose de vez en cuando hacia la dirección de sus progenitores, intentando calar aquellas posturas e inmortalizarlos en sus pequeños cuerpos.
Imitaban o que veían.
Otros viltrumitas de alto rango también aparecían.
Algunos consistentes con el equivalente a oficiales, quienes portaban dos barras, ajustaban los uniformes de sus hijos como si de pequeños maniquíes se tratasen.
Mientras que otros, observando las lágrimas de sus hijos, probablemente temerosos por todo lo nuevo, amenazaban con lanzarlos al espacio si no mantenía la postura de un guerrero, y que por lo tanto, se le estaba estrictamente prohibido el llorar.
Los soldados de una sola barra, equivalentes a oficiales subalternos, entregaban a sus natos sin una palabra que no fuera una orden, mientras los pequeños asentían de acuerdo a la práctica.
Al igual que aquella familia de la niña impulsiva y revoltosa, salvo con otras más excepciones, todos eran iguales.
Padres indiferentes tratando de criar y transformar a sus hijos en guerreros del imperio igual de indiferentes.
Korr no confundía aquellos actos como parte de su fisiología.
Al igual que cualquier otro humano, un viltrumita también podía experimentar emisiones considerablemente idénticas a las conocidas.
Amor, arrepentimiento, pereza, odio, lujuria y demás.
Pero estas experiencias eran catalogadas por el imperio como una muestra de debilidad, instintos que se debía controlar a favor de mantener la gloria del imperio estable y en crecimiento, hasta la completa conquista del universo.
Las emociones te hacían débil, tal como su padre vorath acusaba cada cuando podía.
“escucha bien, nato”, vorath dirigió su mirada hacia su hijo, mirándolo con frío cálculo, a la espera de que su hijo atendiera a sus instrucciones.
“si, general”.
Korr respondió.
Su cuerpo ajustándose para tomar las indicaciones de su despreciable padre, a la espera de que, mientras más rápido se largara, mejor.
“ha surgido un llamado por parte del alto mando imperial.
Me han asignado como parte de un ejercito de elite para ejecutar una campaña de conquista fuera de las fronteras de la galaxia, pero no es algo que debas de saber por el momento, así que no entraré en detalles”.
Vorath levitó unos instantes antes de mirar a su dirección, mientras estrechaba sus ojos.
“espero que tengas buen desempeño durante mi tiempo fuera del planeta.
No me gustaría tener que perder parte valioso de mi tiempo para tener que disciplinarte, ¿entendido?”.
“entendido, gran general”.
Korr asintió con firmeza, y tampoco le interesaba aquella cuestión para variar.
Sin embargo, estaba interesado en algo.
“Gran General”, se atrevió a decir, rompiendo el silencio sostenido durante los últimos 2 segundos.
“¿Cuánto tiempo estará fuera?” Vorath giró lentamente la cabeza, y sus ojos se encontraron con los de su hijo.
Por un instante, Korr creyó ver algo en esa mirada, algún destello de reconocimiento pasó a su vista, pero simplemente lo descartó.
“Seis ciclos, permaneceré fuera del planeta durante seis ciclos.
Pero no por eso creas que no te estaré vigilando, no voy a permitir que mi hijo sea corrompido por nimiedades inferiores que no viene al caso.
Así que mantén el decoro en todo momento, eso es una orden”, respondió Vorath, como si de un general le hablara a un subordinado.
“La Tercera Ola de Pacificación en el sector Drakonis requiere mi presencia.
Los informes indican resistencia organizada en tres sistemas, por lo que será necesario establecer presencia imperial antes de que la insurgencia se consolide”.
Agregó esto último, como una muestra de su confianza hacia su hijo, algo que korr pudo lograr interpretar, pero que poco le importaba.
Simplemente era incapaz de congeniar con esta raza, esta raza tan inhumana.
Sin embargo, Korr al menos asintió, procesando la información adoptar en presencia de su padre.
Obviamente, no estaba interesado en el asunto velico del imperio, pero si estaba inmerso en los Seis ciclos que tendría para si mismo.
casi dos años terrestres.
Rezaba que fuera tiempo más que suficiente para que Vorath olvidara que tenía un hijo en el Dorymathos, o para que un accidente en el entrenamiento borrara cualquier rastro de su existencia.
Era malicioso, lo sabía, y se lamentaba así mismo por eso.
pero creía que era lo justo, por todos los atropellos realizados por este ser despiadado, aunque ciertamente, no era el único en este tipo de actuaciones.
“Entiendo, Gran General.
Espero, que en nombre de argal, la campaña los frutos esperados”.
“los frutos esperados…”, vorath pensó en aquella frase.
“esa frase, me parece aceptable.
En nombre de argal, que así sea”.
Vorath lo miró por un momento más, y luego su expresión cambió.
“estaré al tanto de tu progreso, nato mío”.
Aquellas palabras fueron lo mas cercano al significado de cariño, por parte de vorath hacia su hijo.
“durante estos seis ciclos, tus instructores me enviarán informes periódicos sobre tu rendimiento, tu disciplina, y tu progreso en la doctrina.
Cuando regrese, confío en que los informes sean exactamente lo que espero de mi primer estirpe de mi linaje, ¿entendido?”.
“si, gran general”.
Korr declaró de vuelta.
“bien”.
Vorath se encontraba satisfecho.
Mientras su padre se elevaba, abrió la boca para decir algo mas, pero pareció pensarlo durante unos instantes, antes de continuar.
“Syra-Vel fue una advertencia, Korr.
La próxima vez, no me detendré en la mascota.
Recuérdalo siempre”.
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