INVENCIBLE: ESCAPA DE VILTRUM - Capítulo 13
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13: CAPITULO 13: 13: CAPITULO 13: “a quienes fueron los responsables de tal vandalismo, más tarde me encargaré de impartir el castigo adecuado”.
Nowl-an recorrió con la mirada a los niños amontonados en la plataforma, cada uno de ellos realizando sus mejores intentos de poder impresionarlo con sus ridículas posturas desde su perspectiva.
Agudizó sus ojos hacia los niños que tenían las manos manchadas de sangre producto de sus pequeñas riñas, y su mirada se agudizó aun más tras observar a algunos de los niños emocionalmente inestables intentando no llorar al estar sin la presencia de sus progenitores.
“Bienvenidos a su nueva casa”, continuó con una voz grave y juvenil, realizando un toque cortante que caló en los pensamientos de los niños.
“aquí, bajo mi tutela y la de los maestros, serán transformados en excelentes soldados para la gloria y grandeza del imperio”.
Tras aquellas palabras, el joven nouwl-an hizo una pausa, organizando sus palabras antes de aterrizar sobre la plataforma, sus manos cruzados a su espalda.
“Este instructor, Nouwl-an, saluda a los natos reclutados”.
Con aquella presentación cordial, Nouwl-an levantó su puño derecho y lo golpeó contra su pecho, justo sobre el corazón.
Allí, bajo la mirada de los niños expectantes, dos barras resaltaban en su uniforme, simbolizando su rango de oficial imperial.
Los niños por su parte, reaccionaron al instante.
Como resortes, sus pequeños cuerpos se enderezaron, tensando sus espaldas y llevando sus puños derechos al unísono hacia sus pechos.
“¡Por la gloria de Argal, este nato saluda al instructor!” corearon decenas de voces infantiles zozobrantes, replicando las mismas palabras que sus padres les habían grabado desde mucho antes de su asistencia a este establecimiento militar-educativo.
Korr, por supuesto, también fue uno de ellos.
Imitó a los niños con clara naturalidad, mientras evaluaba al joven chico que sería su mamporrero imperial.
Nowl-an asintió ante la respuesta de estos niños, eso significaba que el lote de esta generación sería más obediente.
Sus ojos fríos como rendijas levantaron la mano en apaciguamiento.
“Pueden bajar el saludo” ordenó, y los niños obedecieron.
“Escúchenme bien, porque esto solo lo diré una vez”.
Ante la atenta mirada de los niños, nouwl-an comenzó a caminar lentamente frente a la primera fila de las crías apenas en una formación aceptable.
“Cada uno de ustedes ha sido clasificado, evaluado, cuantificado y etiquetado desde antes de nacer de acuerdo a las directrices del imperio viltrumita, certificados por el DEPARTAMENTO IMPERIAL DE PUREZA GENÉTICA Y REGISTRO NATAL.
Su potencial de fuerza fue medido y optimizado para ser la estirpe racial más poderosa y dominante en toda la galaxia.” Se detuvo frente al niño que se encontraba esmerado en su pelea, el más alto de todos.
El niño, quien lo miraba con el intento de ceño fruncido, apenas pudo mantener su posición tan pronto como nouwl-an apoyó una mano sobre su hombro.
“Ustedes, natos especiales entre los natos, no son como los demás viltrumitas”.
El niño alto infló el pecho, orgulloso.
Su padre también le había hablado sobre aquel detalle.
A su alrededor, algunos de sus compañeros intercambiaron miradas con emoción.
Korr investigó mucho sobre el imperio, tanto como le fue permitido.
La raza viltrumita era una raza poderosa, pero también tenía sus diferencias entre sus iguales.
No toda la especie parecía tener el mismo potencial genético.
en la actualidad, el imperio gozaba de 30 clases genéticas, las únicas en prevalecer a finales del gran éxodo de la raza, en el que se mataron entre sí hasta solo dejar a la mitad de la población como los mas aptos.
Aquel terrible acontecimiento, denominado como la gran purga, buscaba erradicar cualquier rasgo de debilidad física, emocional o moral.
Erradicar la cobardía, la empatía o inferioridad genética, a fin de configurar una raza militarmente perfecta, virtualmente invencible.
Unificando así la especie bajo el manifiesto de la conquista absoluta, eliminando todo aquello que pudiera comprometer su dominio galáctico.
Situación que por supuesto, les cobró factura, consecuencia de la misma el propio departamento imperial de pureza genética y registro natal.
Con aquel acto de auto genocidio en contra de su propia especie, eliminaron su propia diversidad genética y el individualismo ético para imponer un dogma colectivo, carente de pensamiento crítico.
Desde la toma del poder del regente tragg, la especie había perdido la capacidad de la adaptabilidad, la compasión y demás, condenados a un estancamiento cultural y a la lenta extinción.
Bueno.
Al menos, eso fueron las primeras impresiones de korr sobre el papel.
Si bien, la raza viltrumita en su totalidad, era una raza velica en todo el sentido de la palabra, existía una mayoría perteneciente a cierto sector de las clases genéticas de la especie.
Estos, por supuesto, estaban destinados a otras funciones dentro del imperio, ocupando puestos no militares debido a sus limitaciones genéticas de acuerdo a su potencial.
Un viltrumita de clase 25 no podría compararse a uno de clase 18.
La brecha entre ambos estaba a un abismo de distancia, como si un humano quisiera alcanzar la atmosfera de un salto.
Nouwl-an sonrió, mostrando los dientes, su mirada recorriendo a cada niño en el lugar.
“ustedes, natos, son la élite de la especie.
El percentil más alto de la pureza genética viltrumita, y al igual que sus progenitores, generales, almirantes y miembros del consejo, estarán destinados a liderar el futuro del imperio, avanzando y conquistando a nuestros enemigos hasta expandir las fronteras del imperio hasta los confines del universo”.
Señaló con un dedo hacia el horizonte, donde los tres pilares del Dorymathos se alzaban con monumental presencia.
“esta palestra que ven allí será la forja donde las lanzas más afiladas del imperio serán templadas.
Cuando salgan de aquí, dentro de dos orbitas, Serán armas vivientes del imperio”.
El discurso de nouw-lan prosiguió por lo que pensó fue una eternidad.
El adoctrinamiento fue agotador para korr, quien no era un buen partidario de todas estas ideas alienígenas que se le hacían familiares a todo lo que en una vida consideró como algo extremadamente dañino.
“¿Tienen preguntas?” Nouwl-an preguntó, habiendo finalizado.
Cuando nadie dijo nada en respuesta, el joven instructor asintió en silencio.
Nouwl-an se giró y comenzó a caminar hacia el gran arco de entrada del Dorymathos.
“Ahora, síganme.
Su nueva vida comienza en este instante”.
Los niños comenzaron a moverse en una masa desordenada, algunos elevándose unos centímetros del suelo por inercia, otros tropezando con sus propios pies, aun asustados.
El pasillo del interior del recinto olía a desinfectante.
Korr caminaba en fila junto a otros veintitrés natos, perdiéndose en los pasos que se perdían en la intensidad del blanco corredor, interrumpido por el único faro que tenía de momento, representado en aquel muchacho que aún no parecía tener sus veinte.
Sus pasos se perdían en la inmensidad blanca del corredor, interrumpido solo por algún sollozo ahogado que algún niño no lograba contener del todo.
El pequeño sollozo de uno que otro niño que no lograba contenerse, como el crio que tenía a su lado, había colmado la paciencia escasa que el instructor designado, como aparentemente, cualquier otro viltrumita, apenas tenía.
“silencio en la fila”, nouwl-an exclamó, con una ligera coacción en sus palabras.
“el que llore, se le duplicarán sus deberes físicos y sapientes.
Si se queja, se triplicará, ¿me entiendes, el ultimo de la fila?”.
Korr observó al niño, quien parecía agitarse en la triste desesperación.
Sin poder evitar aquellos sentimientos amainados en su pecho, los llantos del crio provocaron que Korr experimentara una melancólica atrición filial, semejante a la acedía compasiva de un abuelo al contemplar el desconsuelo huérfano de su nieto, cuyo llanto cuestionaba la ausencia paterna.
Con conmiseración y resuelto a apaciguarlo, Korr lo miró fijo a los ojos.
El niño, sobresaltado por su tacto, le prestó atención, mirándolo con temor a lo que pudiera pasarle.
Sin embargo, pese a lo que el niño imaginó, las cosas pasaron precisamente diferente de lo que su mente le había dicho que pasaría lejos del cuidado de su madre.
Al captar su mirada, Korr le sonrió y le dijo con firmeza.
“Descuida, chico.
Yo voy a cuidarte, ¿bien?
No dejaré que nada te pase”, aseguró.
El niño aun pareció asustado, pero dejó el llanto.
En cuanto a lo demás, nadie pareció estar interesado en decir algo al respecto.
Simplemente, permanecieron en silencio.
Con el niño calmado a su lado, Korr mantuvo la mirada al frente, mostrando calma en su rostro.
cave mencionar que verdaderamente se encontraba algo incomodo, por no decir que nervioso.
Pero no podía demostrarlo, no cuando la única ventaja que tenía en esta vida, que ni siquiera era la fuerza descomunal y la capacidad de volar, era la calma y la paciencia la única arma en sus manos.
Nowl-an los condujo a través de una compuerta sellada y hacia una cámara rectangular.
El techo se elevaba apenas unos cuantos metros por encima de sus cabezas, una rareza, considerando los diseños arquitectónicos preferidos por los viltrumitas.
En el centro de la sala, veinticuatro pedestales de metal estaban dispuestos en cuatro filas de seis.
Sobre cada uno, un uniforme blanco con bordes grises descansaba doblado sobre lo que creyó, eran literas.
“bienvenidos a su aposento colectivo.
Olviden todo lo que aprendieron en sus fortalezas familiares, aquí, todos ustedes serán considerados iguales, simples reclutas sujetos a las órdenes de sus superiores”.
Nouwl-an caminó lentamente a lo largo de la primera fila, antes de mirar a cada uno de los niños, con un desprecio apenas disimulado.
Su mirada se fijó en la niña pelirroja que se encontraba al fondo, quien no paraba de reírse del compañero gordito que se encontraba respirando pesadamente a su lado.
Nolan caminó hacia su dirección, su ceño fruncido alertándola.
Nouwl-an permaneció frente a la niña.
“hay algo que te parezca gracioso, nata?”.
La niña, tras ser cuestionada por el instructor, dio un paso hacia atrás, empezando a tartamudear.
La niña, vespera, estaba confundida y asustada por el drástico cambio de los acontecimientos.
“Yo…
yo solo…”.
la niña intentó contestar, pero fue interrumpida de inmediato.
“¿Te pedí que hablaras?”.
“No, pero…, so-solo, yo”.
Bang.
La niña fue interrumpida, físicamente, Por el instructor.
Ni siquiera había cambiado su postura, pero su mano simplemente se movió, su palma impactando en la mejilla de la niña.
La fuerza del golpe la mandó volando hacia el fondo de la habitación, haciéndola rodar como un simple muñeco de trapo.
Los ojos de korr se abrieron ante aquella muestra de violencia que vio sin sentido alguno.
Todos los niños se tensaron por el miedo, mientras la niña, quien parecía haber perdido la conciencia, simplemente permanecía allí, sin hacer nada mas que respirar, muy pesadamente.
Los ojos de korr, korr, simplemente no pudo soportarlo más.
Nouwl-an ni siquiera prestó atención al resto de niños que parecieron dejar de respirar por su acción, así que no notó el momento en cuanto korr simplemente se elevó sobre los demás niños, sus ojos en llamas directamente fijos en aquel maltratador de infantes, al diablo la sutileza, los planes, el imperio y sus atrocidades.
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