INVENCIBLE: ESCAPA DE VILTRUM - Capítulo 14
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14: CAPITULO 14: 14: CAPITULO 14: “¡nata, levántate del suelo, es una maldita orden”.
Nouwl-an le rugió.
Como si sus palabras hicieran cortocircuito en la niña, esta empezó a reaccionar.
Pero a pesar de que la niña quería levantarse, simplemente no podía ponerse de pie, con el mundo dando vueltas y su cara rugiendo de dolor.
“este es un lugar sagrado, donde formamos las mejores lanzas del imperio, no payasos de…”.
Las palabras del instructor fueron interrumpidas, pues el puño de Korr impactó directamente en su cien.
Comparado a otros golpes alguna vez recibidos a lo largo de su vida como soldado del imperio, nouwl-an apenas había registrado ese golpe como un golpe.
Sin embargo, pudo sentir la raba con la cual había sido propinada aquel golpe que a todos los efectos, era meramente inofensivo para su persona.
Pero grande fue su sorpresa al presenciar el como uno de lo natos había osado en golpearlo a traición, con la plena intensión de acabar con su vida.
La indignación, la ira, la furia se registró en su rostro tras ver el rostro del nato quien se había atrevido a atentar contra su propio instructor.
Nouwl-an giró su cabeza hacia su dirección.
“tu, nato endemoniado.
¿te atreves?
¿Cómo te atreves?”.
“¡¿conque derecho te atreves tu?!” korr le gritó de vuelta, su cuerpo rugiendo de rabia desproporcionada.
La indignación se filtró en su voz esgarrada, dispuesto a devolver el golpe, tanto como le fuera posible.
La violencia de este mundo parecía desmedida, una crueldad innecesaria contra una niña indefensa.
Los niños, expectantes, fuera de parecer sorprendidos, en realidad se encontraban incluso aún más asustados, pues estas acciones, de acuerdo a las enseñanzas de sus padres, era más que suficiente para ser desincorporado permanentemente del imperio tras un voto de pena de muerte.
Este nato, loco como estaba, perdería la vida el día de hoy.
“¡maldito insolente!”.
El grito de nouwl-an fue estridente, pero a korr le dio igual.
Solo estaba decidido a acabar con este tipo, y cuando lo hiciera, encontraría la manera de conseguir una nave espacial para desaparecer de este lugar tan pronto como fuera posible.
Sus puños se apretaron, sus ojos se agudizaron, sus manos endurecidas por la resiente adaptación, tras el desacuerdo pasado de su padre, creía tener la confianza de poder sobrevivir a esto.
Pero solo fue un espejismo de su cerebro.
Para cuando korr intentó volver a golpear, Nouwl-an ya no estaba allí.
el azote del viento fue la única señal de que el instructor efectivamente, se había desplazado.
Y con un ¡FWOOM!
Sordo, una sombra lo envolvió.
La mano del instructor, plana como la de una tabla, peor aun, como la de un lingote de acero, lo golpeó justo en el pecho.
Boom.
Korr sintió como si sus costillas tronasen por aquel movimiento.
La papilla de nutrición de la mañana fue rociada como manantial por todo el piso de la habitación, mientras recorría todo el camino del fondo, hasta chocar con el endurecido concreto alienígena que apenas registro el impacto.
Korr nunca supo que significaba ser golpeado por un tren.
Fue humano, y de acuerdo al sentido común, lógicamente, un humano jamás podría sobrevivir a algo como eso.
Sin embargo, si un humano fuera capaz de experimentar que se sentía ser impactado por un tren, entonces korr se atrevía a jurar que se sentía como lo que estaba experimentando.
Korr, además de la comida de nutrición, sintió el aire abandonar sus pulmones.
Sin poder ser capaz de sostener el vuelo inercial por el dolor, cayó al suelo, tosiendo, escupiendo el resto de la comida, la bilis y una tenue sustancia que se había tornado rosado.
La sensación cobriza invadió sus papilas gustativas, pero su furia se impuso, obligándose a morder sus labios para anteponerse al dolor.
Motivado por la furia, se levantó, su venenosa mirada dirigida hacia nouwl-an, quien a pesar de su furia e indignación, levantó una ceja por la tenacidad de aquel nato.
“Interesante”.
Nouwl-an observó sin prisas, mientras presenciaba el como a pesar de que las piernas del niño temblaban, se negaba a caer.
El mundo daba vueltas para korr, pero su objetivo estaba claro.
A pesar del oxígeno inexistente, se obligó a lanzarse una vez más, con un grito de batalla que pareció estremecer a los niños a su alrededor.
Tras avanzar hasta estar en el alcance del mayor, sus manos subieron hasta proteger su rostro.
Sus puños se cerraron, y sus codos trataron de mantenerse tan junto como podía hacia el cuerpo.
Tratando de mantener una defensa primitiva.
A pesar de que no podría ser suficiente, avanzó hacia estar peligrosamente cerca del instructor.
Nouwlan, interesado, ni siquiera se movió, esperando a ver qué haría este nato tan insolente.
Korr lanzó un jab, muy rápido para su edad.
El instructor lo desvió con un movimiento perezoso de su antebrazo.
Pero los movimientos no se quedaron allí.
Lanzó un izquierdazo que fue bloqueado, y otro directo que también fue desviado.
Cada golpe de korr, en una vida pasada, podría haber volcado un camión de carga, luego de ser mandado a volar 100 metros.
Pulverizar un edificio, o hacer un agujero en el blindaje de algún convoy militar.
Pero aquí, en viltrum, no eran más que golpes de un infante contra el concreto.
Excepto que nouwl-an, por simple interés, se confió, cometiendo un error.
Korr fingió un golpe al rostro, haciendo que nouwl-an levantara la guardia de forma perezosa, pero en respuesta, el niño se agachó, utilizando el impulso de su cuerpo pequeño y giró sobre su eje a fin de conectar en un todo o nada.
Su puño, cargado con toda la fuerza que podía ejercer, se elevó en un gancho que impactó directamente en el hígado del instructor.
Los ojos de Nouwl-an se abrieron de par en par al sentir como el aire escapaba de su boca en un silbido incomodo.
De hecho, logró golpearlo.
No sintió dolor alguno mas allá de un ligero cosquilleo, pero fue golpeado.
La sorpresa en su rostro fue muy claro, luego el desconcierto de ser superado por un niño de media orbita en su intento rebelde de querer reducirlo.
Esto fue, fue demasiado vergonzoso para nouwl-an.
“Suficiente”.
La voz de Nouwl-an pareció haber congelado la habitación.
Su mirada, fija y fría, se estrechó hasta mirar al crio que intentaba volver a conectar un golpe más.
Nouwlan se movió esta vez de manera aterrador.
Sus manos se desplegaron en nudillos tan duros como el diamante, mientras acercaba sus brazos hacia el cuerpo del Niño, a centímetros de su posición, y procedió a conectar golpes a tan solo milímetros del crio.
Su mano desvió el débil jab de Korr, mientras su otro brazo giraba la guardia del niño, dejando su torso expuesto.
Un puñetazo vertical fue el primero en contactar, para proceder con otras cuatro repeticiones del mismo golpe, en un lapso de tiempo extremadamente corto.
Tap.
Tap, Tap, Tap.
Sus golpes no parecían estar cargado de poder, y su intención no era matarlo, porque de lo contrario, una sola bofetada hubiera esparcido al nato en un montón de viseras.
Sin embargo, fue lo suficientemente preciso como para infligir mucho dolor en el niño.
Sus golpes apuntaron al esternón, a la costilla fracturada, al estómago, la mejilla, el estómago, un ojo, el estómago, otra vez el esternón, hasta hacer sangrar al niño por la nariz y la boca.
Para cuando korr intentó procesar el dolor al que estaba siendo sometido, todo su mundo se había reducido a un túnel de luces cegadoras, acompañado del sonido de sus propios huesos crujiendo.
Tal parecía que esta vez si moriría.
Nouwlan no se detuvo en lo más mínimo.
Avanzó mientras golpeaba, empujando a Korr hacia atrás.
El niño intentó cubrirse, pero los brazos de Nouwl-an eran como serpientes, encontrando siempre un punto hueco en el cual propinar otro golpe.
Atrapó el débil contraataque de Korr y con un desvío, agarró la muñeca del niño, la torció, y la usó para abrir su guardia por completo.
Un puñetazo directo se lanzó al corazón del nato, pero en el último momento, se detuvo a centímetros.
A pesar de que el golpe jamás llegó, tan pronto como nouwl-an soltó su brazo fracturado por el agarre, Korr sintió cómo sus piernas dejaban de responderle.
Su espalda golpeó el suelo, y desde aquella posición, solo pudo mirar hacia el techo, su respiración hecha un desastre.
Sentía que se ahogaba, mientras le escapaba en burbujas de sangre.
Intentó mover siquiera un dedo, pero no pudo.
La conciencia se le escapaba como arena entre los dedos, y sus pensamientos, segados por el resentimiento y la indignación, fue remplazándose por temor.
Korr temió, pero no fue por él.
A pesar de verse como un niño, a pesar de la longeva esperanza que podría depararle en esta nueva vida, korr no era más que un pobre viejo al que ya había vivido suficiente para su gusto.
Quizás su aparición en este mundo pudo haberle arrebatado la oportunidad de la vida a otro, y se arrepentía por ello.
Pero temía por los niños.
Temía con una aprensión que le helaba la sangre, por el futuro que le depararía a esa niña de respiración entrecortada, a los niños que observaban, porque esos niños jamás debieron conocer el filo de la violencia de un adulto.
Korr perdió la conciencia.
Nouwl-an solo entrecerró los ojos, con interés.
“este niño”.
Pensó, evaluando al crio hecho un desastre a sus pies.
“es un completo insolente”.
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