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INVENCIBLE: ESCAPA DE VILTRUM - Capítulo 48

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Capítulo 48: CAPITULO 48:

El desarrollo de la gran batalla estaba en su punto más álgido.

Y en el centro del campo de batalla, Thragg aguardaba en silencio, a la espera de lo que anticipaba, sería el desafío de los máximos representantes del sector.

No se había movido desde el inicio del combate y sus brazos permanecían cruzados sobre el pecho, manteniendo los ojos cerrados como si estuviera meditando.

Pero sentía todo lo que pasaba a sus anchas, presenciaba a través de su presencia como la guerra ardía como estrellas, como el espacio se teñía de plasma y muerte.

Como había anticipado, las tres figuras llegaron, incluso al mismo tiempo.

El general lanther, empuñando una Lanza Perforadora en mano, apareció frente a Thragg. Su traje de mando, blanco y dorado, brillaba con la energía que saturaba el campo recolectado justamente para este momento tan crucial.

A su espalda, el príncipe thuk-ooohr levantó el Rompetormentas, las runas de su cuerpo pulsando con una furia que parecía querer quemar la piel misma del príncipe.

A su derecha, la capitana Cosmos activó su núcleo Dyson en miniatura, convirtiéndose en un pequeño sol viviente que potenció sus habilidades a niveles que la hicieron capaz de aniquilar con sus propios puños una luna enana en un solo golpe.

Los tres comandantes de la Coalición Luminus habían venido a matar al diablo que venía de fuera de su sector, con obvias señales de conquista, masacre y esclavitud.

Pero en cuanto Thragg abrió los ojos, este asintió, diciendo.

“Por fin, “Me estaba aburriendo.”

“¿Cómo te atreves?”, la primera en reaccionar a su provocación fue la capitana Cosmos, quien atacó primero.

Sus brazos se abrieron y el vacío se incendió. Ocho rayos de fusión pura, cada uno de cuatrocientos kilómetros de diámetro, erupcionaron de su núcleo Dyson como si el sol mismo hubiera hecho acto de presencia.

Quince millones de grados fueron lanzados en su dirección, a la espera de usar la temperatura a su favor. los viltrumitas eran virtualmente invulnerables y resistentes a casi todo, pero dentro de las pocas debilidades registradas de los mismos, las temperaturas extremas como el calor, con algo de tiempo, si podría sobrepasar su tolerancia.

La estrategia era sencilla, asar al viltrumita bajo cualquier circunstancia.

Las naves en un radio de mil kilómetros, tanto enemigos como de aliados, se fundieron en la incandescencia y el metal se había convertido en gas y el gas en plasma.

Pero Thragg ni siquiera parpadeó.

Las lenguas de fuego cósmico temblaron a centímetros de su piel, imposibilitadas de avanzar. La capitana Cosmos apretó los dientes y vertió más poder, pero todo fue inútil, si bien estaba en lo cierto en que exponer a un viltrumita a temperaturas extremas era una manera factible de asesinarlos, lo cierto era que Thragg no era un viltrumita cualquiera. Era el mismísimo regente, emperador en todo y de todo, menos en nombre.

Ignorando la llamarada, el regente lanzó un puñetazo directo al estómago, seguido de un gancho al hígado, seguido de un cruzado a la mandíbula.

Los tres impactos sonaron como campanadas de metal contra metal. Aunque Thragg no se inmutó, este arqueó una ceja, tras reconocer que la alienígena, inesperadamente, le había podido soportar el golpe.

En cuanto a la capitana, quien había evitado ser despedida, con la adrenalina en flor, y sintiendo su cuerpo destrozado por dentro, optó por concentrar una gran cantidad de poder en su puño, pero tras intentar golpear, se dio con la sorpresa de que su golpe había sido atrapado por el regente.

El puño de Cosmos quedó aprisionado en su palma. Thragg apretó, y los nudillos de ella crujieron con un crack audible. La mano quedó convertida en una bolsa de huesos pulverizados, provocando que la capitana aullara de un grito desgarrador.

Pero esta no se rindió. A pesar de su desesperación, aprovechó el momento y lanzó una andanada de mil proyectiles de hierro líquido, cada uno envuelto en un campo de inercia inversa.

Thragg la soltó, moviéndose entre ellas.

Cosmos canalizó su núcleo Dyson en un solo punto, decidiendo darlo todo y más. Un pulso gravitacional comprimió el área frente a ella y el vacío mismo pareció arrugarse.

Thragg recibió la onda de frente pero su cuerpo no se movió un micrómetro. La gravedad le lamió el rostro como una simple brisa, aquel intento barato de agujero negro no era mas que eso, una simple imitación.

“¿enserio creíste que algo como esto podría hacerme algo?”. Preguntó con la ceja levantada, decepcionado.

Furiosa, y habiendo regenerado su mano destrozada, la capitana Cosmos se lanzó cuerpo a cuerpo una vez más. Sus puertos de descarga emitieron un torrente continuo de energía.

Un rayo de luz cayó sobre Thragg, pero dentro del haz, el regente avanzó hacia ella, ocultando en el brillo incandescente su piel intacta. Al llegar a ella, solo levantó un dedo.

Y con un simple toque de su parte en el centro del núcleo Dyson, el super traje mega poderoso y avanzado de la capitana Cosmos se apagó. Las luces se extinguieron y el poder que elevaba su poder muy por encima de sus compañeros en las fuerzas desapareció en tan solo un suspiro. Ella flotó inerte, viva por milagro, aunque no por mucho tiempo.

El regente fue a por ella, con la intensión de terminar este circo, pero uno de sus compañeros no se lo permitió.

El príncipe Aizir, aprovechando un momento de cobertura para cargar su arma, hizo descender el Rompetormentas con todas sus fuerzas.

Al mismo tiempo, el líder comandante de los lanters había manifestado una construcción colosal, un gigante de mil brazos, hecho de pura energía, cada mano del tamaño de una luna. Las mil manos descendieron sobre Thragg, cada una lanzando un rayo de desintegración que podía partir planetas.

Los rayos barrieron las líneas de batalla y fuego amigo y enemigo perecieron por igual. Millones de soldados de ambas facciones se desintegraron al contacto, aunque las naves enjambre Aizir lograron tejer una matriz de protección que logró aislar parte de la energía destructora que intentaba evaporizarlos.

Tal poder colosal, capaz de imponer presencia en los planetas a través de las galaxias, no hicieron que el regente dudara en sus decisiones. De hecho, ya había planeado su plan de batalla, modificándolas en tiempo real.

Thragg se movió de inmediato.

Su velocidad era tan alta que ni los sensores podían seguirla. Ascendió verticalmente, evadiendo los rayos por centímetros y luego descendió en espiral, cruzando entre los brazos del gigante hasta llegar a la altura del pecho del constructo, extendió sus manos y las hundió en la energía que lo formaba.

El gigante rugió al contacto, y más.

Tirando con una fuerza descomunal, desgarró al gigante por la mitad. Esta se dispersó en una explosión de luz que cegó a todos los sensores en un radio de cien mil kilómetros.

El general lanther, conectado al constructo, sintió el dolor como si le hubieran arrancado los brazos, pero apretó los dientes y avanzó.

Mientras avanzaba a velocidades relativas, formó una X con sus brazos, materializando esto mismo en una construcción defensiva de pura energía de desintegración.

El lanther esperaba, creía con todo su corazón que, Si lograba impactar, incluso el Gran Regente podría morir. Pues aquella energía estaba compuesta por las propiedades energéticas de las lanzas perforadoras, estas siendo extremadamente difíciles de dar forma, aunque no imposible, por no decir que altamente peligroso para ambas partes.

Thragg, por supuesto, no se dejó golpear. Al mismo tiempo, tras ver como el regente evadía su envestida, sacaba su lanza perforadora y apuntaba justamente hacia el pecho. Un solo disparo, uno solo efectivo, y estaba más que seguro que la energía de desestabilización empezaría a actuar sobre sus átomos inteligentes.

Thragg sintió cómo su traje ceremonial de batalla parecía descomponerse por la simple exposición de los fotones lumínicos de dicha arma, pero no sintió miedo ni riesgo de muerte sobre lo que este consideraba, no era más que meros juguetes para él.

Esta arma de aniquilación bien podría ser considerado un buen cuchillo de cocina dentro del imperio. Solo los metales viltrumitas cortaban la piel viltrumita, por tanto, solo era cuestión de evitar el corte, y matar al atacante desde un flanco desprotegido.

Así que decidió atacar. Su puño ascendió con la fuerza de un meteoro e Impactó en el rostro del general lanther. La cabeza del comandante explotó, así sin más, muriendo en aquel instante.

El regente pareció irónico, pues esperó a que este general, la fuerza más poderosa de la coalición tripartita, pudiera soportar algo más de su fuerza.

Pero irónicamente no había sido así.

Aparentemente, la onda de choque energética y física que se suponía debía de mantenerlo virtualmente blindado, viajó a través de su cráneo y lo pulverizó desde el interior.

El cuerpo del general cayó inerte, su Lanza aun brillando. El regente miró a la criatura con desdén, tomó el juguete supuestamente clave y la partió a la mitad.

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