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Issei en el grand line - Capítulo 30

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Capítulo 30: Capitulo 29: Sombras

La mañana se alzó sobre la Isla de los Sabios con una luminosidad tímida pero persistente, como si el sol hubiera decidido recompensar a los habitantes del archipiélago después de semanas de lluvias incesantes. Los charcos que salpicaban las calles empedradas reflejaban el cielo azul como espejos rotos, y el aroma a tierra mojada se mezclaba con el olor salino del mar, creando una fragancia que era a la vez nostálgica y revitalizante. Los eruditos, que durante días habían permanecido encerrados en sus bibliotecas y estudios, comenzaban a asomar las narices por las ventanas como animales hibernantes que despertaban al primer calor de la primavera.

En el puerto principal, el Vuelo del Dragón se mecía suavemente sobre las aguas tranquilas, su figura de dragón alado en la proa capturando los primeros rayos de sol con un brillo dorado que parecía insuflarle vida. Las velas, recogidas durante la noche, esperaban pacientemente a ser desplegadas. El casco, reforzado y cuidado con esmero, mostraba las cicatrices de viajes anteriores, cada una una medalla de honor ganada en batalla o en tormenta.

Issei Hyoudou fue el primero en subir a cubierta, desperezándose con un bostezo sonoro que resonó en el silencio matutino. Sus músculos, todavía algo entumecidos por el sueño, protestaron levemente cuando se estiró, recordatorios de los intensos entrenamientos de los últimos días. Se apoyó en la barandilla de estribor y contempló la isla que estaban a punto de abandonar, sus edificios de piedra clara, sus pizarras llenas de ecuaciones a medio borrar, sus estatuas de sabios olvidados cuyos nombres nadie recordaba ya.

—Ha sido una parada interesante —murmuró para sí mismo, sus pensamientos viajando a las conversaciones con Robin, a los secretos revelados, a la nueva alianza forjada—. Pero es hora de seguir adelante.

A sus espaldas, el sonido de pasos ligeros anunció la llegada de Naira. Su prometida, vestida con su ropa de navegante habitual —pantalones prácticos, una blusa ligera y un pañuelo que recogía su cabello para mantenerlo alejado del rostro—, se acercó a él con una taza de té humeante en cada mano.

—Buenos días, cariño —dijo, ofreciéndole una de las tazas—. ¿Listo para zarpar?

—Siempre —respondió Issei, aceptando el té con gratitud—. ¿Las demás?

—Camila está terminando de cargar las últimas provisiones. Marily revisa las velas. Y Robin… —Naira hizo una pausa, su expresión neutra—. Robin está a punto de llegar. La vi recogiendo sus cosas en la posada.

—¿Sigues sin confiar en ella?

—Confío en su utilidad —respondió Naira, con honestidad—. Pero la confianza personal se gana con el tiempo, no con palabras. Ya veremos.

Issei asintió, comprendiendo. Naira era la estratega del grupo, la que pensaba en las consecuencias a largo plazo. Su cautela era una de las razones por las que habían sobrevivido a tantos peligros.

El resto de la tripulación fue reuniéndose gradualmente en cubierta. Camila apareció cargando un saco de arroz sobre el hombro como si pesara nada, sus músculos tensándose bajo la ropa ligera que vestía. Su espada, Filo Errante, colgaba de su cadera en un movimiento rítmico al caminar. Había recuperado por completo la confianza tras los eventos de la Isla del Duelo, y su porte marcial era ahora más firme y seguro que nunca.

—Las provisiones están completas —anunció, dejando el saco junto a la escotilla que conducía a la bodega—. Tenemos comida para dos meses, agua para mes y medio si la racionamos, y suficientes suministros médicos para tratar cualquier herida menor.

—Excelente —dijo Naira—. ¿Marily?

La espadachina de la Isla del Duelo descendió del mástil principal con la agilidad de un felino, sus pies aterrizando en cubierta sin hacer apenas ruido. Su kimono rojo, hoy más práctico que provocativo, se ajustaba a su cuerpo con correas que mantenían la tela en su sitio durante el movimiento. Noche Serena, su espada negra, descansaba en su espalda, envainada pero siempre lista.

—Las velas están en perfecto estado —informó—. El aparejo, revisado. No hay daños estructurales en los mástiles. Podemos zarpar en cualquier momento.

—Solo falta una persona —dijo Camila, su tono neutro pero sus ojos reflejando una ligera tensión.

Como si las palabras de Camila la hubieran invocado, Nico Robin apareció en el extremo del muelle, caminando hacia el barco con la elegancia innata que la caracterizaba. Llevaba una pequeña maleta de cuero en una mano y, en la otra, un libro que parecía antiguo y valioso. Su vestimenta era más práctica que el día anterior: pantalones oscuros de tela resistente, una blusa de color crema que, a pesar de su modestia, no podía ocultar sus generosas curvas, y un abrigo ligero que ondeaba suavemente con la brisa marina. Su cabello negro estaba recogido en una coleta baja que caía sobre su hombro izquierdo.

—Buenos días —saludó al llegar al pie de la pasarela—. Siento la espera. Tuve que saldar una pequeña deuda con la dueña de la posada.

—No hay problema —respondió Issei, bajando para ayudarla con la maleta—. Bienvenida oficialmente al Vuelo del Dragón.

Robin le entregó la maleta con una sonrisa enigmática y subió a bordo con la gracia de quien ha pisado cientos de cubiertas en su vida. Sus ojos recorrieron el barco con curiosidad profesional, evaluando sus dimensiones, su estado, sus capacidades.

—Es un barco hermoso —comentó, acariciando la madera de la barandilla—. Robusto pero ágil. Hecho para resistir las aguas más turbulentas del Grand Line.

—Fue un regalo de la gente de la Isla del Duelo —explicó Marily—. Antes se llamaba Albatros Veloz, pero lo rebautizamos.

—Un nombre apropiado —dijo Robin—. El dragón que vuela sobre las olas.

Issei sonrió, orgulloso de su barco. —Naira eligió el nombre. Es perfecto.

—Siempre lo es —respondió Naira, devolviéndole una sonrisa cómplice—. Bien, Robin, hay varios camarotes libres. El que está junto al mío, en el pasillo de estribor, está vacío. Puedes instalarte allí.

—Te lo agradezco.

Robin se dirigió hacia el interior del barco con su maleta, familiarizándose con los pasillos y las escaleras. El Vuelo del Dragón era considerablemente más grande que el Sueño Escarlata, y su distribución interior reflejaba las necesidades de una tripulación en crecimiento. Siete camarotes individuales, una cocina bien equipada, una sala de mapas con una mesa grande y estanterías para cartas náuticas, un almacén espacioso, y lo que Issei había bautizado como “el gimnasio del dragón”: un espacio adaptado específicamente para el entrenamiento físico.

Cuando Robin abrió la puerta de su nuevo camarote, encontró una habitación pequeña pero acogedora. Una cama estrecha pero cómoda, un escritorio junto a un ojo de buey que ofrecía vista al mar, un armario para guardar pertenencias, y una lámpara de aceite sujeta a la pared. Era más de lo que había tenido en años.

—Un hogar temporal —murmuró para sí misma, dejando la maleta sobre la cama—. Al menos hasta que encuentre algo mejor.

Se sentó en el borde del colchón y observó el camarote con ojos analíticos. No confiaba en ellos, no plenamente. Veinte años de huida le habían enseñado que la confianza era una debilidad que los cazadores de recompensas explotaban sin piedad. Pero Issei y sus compañeras eran… diferentes. No la miraban como a una presa, ni como a una herramienta, ni como a un monstruo. La miraban como a una persona.

—Ya veremos —susurró, repitiendo inconscientemente las palabras de Naira—. Ya veremos.

Diez minutos después, Robin reapareció en cubierta. Su maleta estaba guardada, su libro reposaba en el escritorio, y su expresión era la de alguien lista para zarpar.

—Bien —dijo Naira, tomando el timón con la seguridad de una capitana experimentada—. Tripulación, a sus puestos. Izad las velas. Soltad amarras. Rumbo a Water 7.

Las órdenes se cumplieron con eficiencia. Camila y Marily izaron las velas principales, la tela blanca desplegándose como alas gigantescas que atraparon el viento matutino. Issei soltó las amarras del muelle, liberando al barco de su atadura a tierra firme. Y lentamente, majestuosamente, el Vuelo del Dragón comenzó a alejarse del puerto de la Isla de los Sabios.

Los pocos eruditos que se habían acercado al muelle para despedirlos —la dueña de la posada, la anciana bibliotecaria, algunos pescadores— agitaron las manos en un gesto de adiós. Issei les devolvió el saludo con una sonrisa amplia.

—¡Gracias por todo! —gritó, aunque dudaba que pudieran oírlo.

Mientras la isla se empequeñecía en la distancia, Robin se apoyó en la barandilla de popa y contempló el archipiélago que había sido su hogar por un breve tiempo, años atrás. Los recuerdos, agridulces, afloraron sin que pudiera evitarlo.

—¿Estás bien? —preguntó Marily, acercándose a ella con su característico sigilo.

—Sí —respondió Robin—. Solo… recordaba.

—¿Malos recuerdos?

—Agridulces. Esta isla me acogió cuando no tenía adónde ir. Pero también me traicionó cuando descubrieron quién era. —Robin sonrió, una sonrisa cansada—. Supongo que es la historia de mi vida.

Marily asintió lentamente, sus ojos fijos en el horizonte. —Yo también perdí mi hogar. Mi isla, la Isla del Duelo, era gobernada por Goro, un hombre sabio que creía en el honor y la fuerza medida. Mr. 1 lo asesinó delante de mí. Y yo… yo no pude hacer nada para detenerlo.

—Pero sigues aquí —observó Robin—. Luchando.

—Gracias a Issei —admitió Marily—. Él me salvó. Me dio una razón para seguir adelante. Este barco, esta tripulación… es mi nuevo hogar.

Robin guardó silencio, procesando las palabras de la espadachina. Había sinceridad en su voz, una convicción que no dejaba lugar a dudas. Marily D. Vroe creía en lo que decía. Creía en Issei Hyoudou.

—Quizás —pensó Robin—, algún día yo también pueda creer en algo.

Mientras el Vuelo del Dragón surcaba las olas del Grand Line en dirección a su nuevo destino, a más de un mes de distancia, la ciudad de Water 7 se alzaba sobre el horizonte como una joya arquitectónica flotante. Conocida como la capital mundial de la construcción naval, la ciudad estaba construida sobre una serie de islotes conectados por canales y puentes, sus edificios elevándose hacia el cielo como los sueños de los carpinteros que los habían erigido. Las fuentes de agua salada que brotaban de sus plazas, el sonido constante de los martillos golpeando la madera en los astilleros, y el inconfundible aroma a resina y brea que impregnaba el aire, hacían de Water 7 un lugar único en el mundo.

En el centro de la ciudad, dominando el paisaje urbano con su imponente presencia, se alzaba el edificio principal de Galley-La Company, la empresa de construcción naval más prestigiosa del Grand Line. Su presidente, Iceburg, era una leyenda viviente: un hombre que había ascendido desde aprendiz de carpintero hasta convertirse en el alcalde de la ciudad y el líder indiscutible de la industria naval. Su genio para el diseño de barcos era comparable al del legendario Tom, su mentor, quien había construido el Oro Jackson, el barco del mismísimo Rey de los Piratas, Gol D. Roger.

Pero Iceburg guardaba un secreto. Un secreto que el Gobierno Mundial llevaba años intentando arrebatarle. Los planos de Plutón, el arma ancestral más destructiva jamás concebida, estaban escondidos en algún lugar de Water 7, y solo Iceburg sabía dónde.

Para obtener esos planos, el Gobierno Mundial había desplegado a su unidad más letal y secreta: el CP9.

El CP9, o Cipher Pol Número 9, era una rama de la Cipher Pol dedicada a operaciones encubiertas de la más alta prioridad. Sus agentes eran asesinos entrenados desde la infancia en el arte del Rokushiki, un estilo de combate sobrehumano que les permitía moverse a velocidades imperceptibles, endurecer sus cuerpos como el acero, lanzar ataques de aire cortante, y realizar hazañas físicas que desafiaban toda lógica. Eran fantasmas, leyendas urbanas, susurros en la oscuridad. Oficialmente, el CP9 no existía. Extraoficialmente, era la mano derecha del Gobierno Mundial para los trabajos sucios.

Y en Water 7, el CP9 se había infiltrado profundamente.

En el astillero número 1 de Galley-La, el carpintero conocido como Rob Lucci estaba examinando el casco de un bergantín a medio construir. Sus manos, enfundadas en guantes de trabajo, recorrían la madera con la precisión de un cirujano, buscando imperfecciones invisibles para el ojo inexperto. Su expresión era serena, casi bovina, y su actitud, la de un trabajador diligente y callado.

Pero bajo esa fachada, Rob Lucci era el agente más fuerte del CP9. Un maestro del Rokushiki que había perfeccionado cada una de las seis técnicas hasta niveles que pocos podían igualar. Su Fruta del Diablo, la Neko Neko no Mi, Modelo Leopardo, le otorgaba una velocidad y ferocidad bestiales. Y su lealtad al Gobierno Mundial era absoluta, alimentada por una filosofía personal que veía la violencia como la única respuesta lógica a los problemas del mundo.

Junto a él, trabajando en el mismo astillero, Kaku y Kalifa desempeñaban roles similares. Kaku, con su nariz larga y cuadrada y su actitud jovial, era uno de los carpinteros más prometedores de Galley-La, un prodigio de la madera que había ascendido rápidamente gracias a su talento natural. En realidad, era un agente del CP9 con una habilidad sobrehumana para el Geppou, la técnica que le permitía patear el aire y volar.

Kalifa, por su parte, era la secretaria personal de Iceburg. Una mujer de una belleza glacial, con gafas de sol y un porte aristocrático, que manejaba la agenda del alcalde con eficiencia impecable. Nadie sospechaba que, detrás de su escritorio perfectamente ordenado, se escondía una asesina entrenada que podía matar a un hombre con un simple toque de su Shigan.

En otros puntos de la ciudad, el resto de los agentes del CP9 estaban infiltrados en diversas posiciones. Jabra, un hombre lobo gracias a la Inu Inu no Mi, Modelo Lobo, trabajaba como guardia de seguridad en uno de los muelles secundarios. Blueno, un gigante silencioso con la Doa Doa no Mi que le permitía crear puertas en cualquier superficie, regentaba un pequeño bar en el distrito comercial. Kumadori, un excéntrico amante de la poesía y el teatro kabuki, se hacía pasar por un artista callejero. Fukurou, un hombre redondo con una cremallera en la boca que le permitía hablar sin cesar, era un cartero local.

Los agentes menos conocidos también tenían sus roles. Who’s-Who, un antiguo pirata que había sido reclutado por el CP9 tras su captura, trabajaba como supervisor en uno de los diques secos. Nero, un joven prodigio que aún no dominaba todas las técnicas del Rokushiki, era aprendiz en el astillero número 3. Laskey y Tsumonsieur Kamaya, dos agentes de rango medio, estaban infiltrados en la administración portuaria.

Todos ellos, dispersos por la ciudad como piezas de un tablero de ajedrez, esperaban la orden de actuar.

Esa mañana, en una sala de reuniones secreta bajo el bar de Blueno, Spandam, el líder del CP9, escuchaba un informe a través de un Den Den Mushi con el ceño fruncido. Spandam era un hombre de mediana edad, con el cabello oscuro peinado hacia atrás y una cicatriz que cruzaba su mejilla derecha. A diferencia de sus subordinados, él no era un guerrero formidable; su fuerza residía en su astucia política, su crueldad calculada, y su habilidad para manipular a los demás. Llevaba una máscara de cuero que cubría parte de su rostro, un accesorio que le daba un aire siniestro y teatral.

—Repite eso —ordenó, su voz tensa.

La voz al otro lado del Den Den Mushi, distorsionada por la interferencia, obedeció. —Nico Robin ha sido localizada. Ha zarpado de la Isla de los Sabios en compañía de un cazarecompensas llamado Issei Hyoudou y su tripulación. Su destino es Water 7.

—Water 7 —repitió Spandam, una sonrisa reptiliana extendiéndose por su rostro—. Vaya, vaya. La hija de Ohara viene directamente hacia nosotros. Qué conveniente.

—Hay más, señor. Los altos mandos han emitido una nueva orden. Nico Robin debe ser capturada con vida. Su conocimiento de los poneglyphs y del Siglo Vacío es demasiado peligroso para dejarla suelta. Pero… —La voz dudó.

—¿Pero qué? —espetó Spandam.

—El cazarecompensas, Issei Hyoudou. Los informes de inteligencia indican que derrotó a Mr. 1, el ejecutivo más fuerte de Baroque Works, en combate singular. Hay rumores de que posee poderes… inusuales. Los altos mandos recomiendan no subestimarlo.

—¿Rumores? —Spandam soltó una risa despectiva—. ¿Qué clase de rumores?

—No hay confirmación, señor. Los testigos son escasos y las fuentes, poco fiables. Pero se habla de una fuerza sobrehumana, una resistencia anormal, y una capacidad para aumentar su poder en medio del combate. Algunos dicen que tiene algo que ver con dragones.

Spandam se quedó en silencio un momento, su mente calculando. Dragones. Eso sonaba a leyenda, a mito, a tonterías de marineros borrachos. Pero el Gobierno Mundial no emitía advertencias sin motivo. Si los altos mandos estaban preocupados, era porque había algo sólido detrás de los rumores.

—Entendido —dijo, finalmente—. Informa a los altos mandos que cumpliremos ambas misiones. Los planos de Plutón y Nico Robin serán entregados al Gobierno Mundial. En cuanto al cazarecompensas… —Hizo una pausa—. Si se interpone en nuestro camino, será eliminado. Pero la prioridad es Robin y los planos.

—Sí, señor.

El Den Den Mushi se apagó. Spandam se recostó en su silla, sus dedos tamborileando sobre la mesa de madera. Luego, activó el sistema de comunicación interno del CP9, un Den Den Mushi especial que transmitía simultáneamente a todos los agentes.

—Atención, todos los agentes. Informe urgente.

En el astillero número 1, Rob Lucci escuchó la voz de Spandam a través de un pequeño Den Den Mushi oculto en su bolsillo. Kaku y Kalifa hicieron lo mismo disimuladamente. En el bar de Blueno, el gigante se quedó inmóvil detrás de la barra. Jabra, en el muelle, se llevó una mano al oído. Kumadori, en plena calle, interrumpió su recital poético. Fukurou, mientras repartía el correo, cerró la cremallera de su boca para no hacer ruido.

—Nico Robin, la superviviente de Ohara, ha zarpado hacia Water 7 —anunció Spandam—. Los altos mandos quieren que sea capturada con vida. Es una misión secundaria, pero importante. Sin embargo, viaja en compañía de un cazarecompensas llamado Issei Hyoudou. Este hombre derrotó a Daz Bones, Mr. 1 de Baroque Works. Los informes de inteligencia sugieren que posee habilidades de combate inusuales. No lo subestiméis.

Rob Lucci frunció ligeramente el ceño, un gesto casi imperceptible. Daz Bones era un usuario de Fruta del Diablo con un cuerpo de acero. Derrotarlo no era una hazaña menor. Este Issei Hyoudou merecía, al menos, su atención.

—La misión principal sigue siendo obtener los planos de Plutón —continuó Spandam—. Iceburg es nuestra prioridad absoluta. Pero si Robin llega a Water 7 antes de que hayamos asegurado los planos, actuaremos para cumplir ambos objetivos simultáneamente. Manteneos alerta. Informad de cualquier avistamiento del barco de Hyoudou. Y recordad: no llaméis la atención. Seguimos siendo carpinteros, secretarias, carteros, artistas. Hasta nuevo aviso.

La transmisión terminó. Los agentes del CP9 volvieron a sus tareas cotidianas sin que nadie en Water 7 notara nada extraño. Rob Lucci continuó revisando el casco del bergantín. Kaku midió la madera con precisión. Kalifa archivó documentos. Blueno sirvió un whisky a un cliente. Jabra vigiló el muelle. Kumadori recitó un haiku. Fukurou repartió cartas.

Y en las sombras, la conspiración seguía su curso.

El Vuelo del Dragón surcaba las aguas del Grand Line con una gracia que desmentía su tamaño. El viento, favorable y constante, hinchaba las velas principales, impulsando el barco hacia el este a una velocidad crucero que Naira consideraba óptima para una travesía prolongada. El Log Pose, colocado en su soporte junto al timón, apuntaba firmemente hacia Water 7, su aguja apenas oscilando con el balanceo del barco.

Era el segundo día de navegación desde que habían zarpado de la Isla de los Sabios, y la tripulación ya había establecido una rutina que funcionaba con la suavidad de un reloj bien engrasado.

Por las mañanas, Naira asumía el timón durante las primeras horas, su mente analítica procesando constantemente los datos del clima, las corrientes y la dirección del viento. Su Haki de Observación, prodigioso por naturaleza, se había afinado aún más con la práctica, permitiéndole percibir cambios en el tiempo antes de que ocurrieran y anticipar peligros ocultos bajo la superficie del mar. Era, sin duda, la mejor navegante que el grupo podía desear.

—El viento está girando ligeramente hacia el norte —anunció aquella mañana, sus ojos cerrados mientras se concentraba—. Habrá una tormenta menor en aproximadamente tres horas. Nada de qué preocuparse, pero será mejor que ajustemos las velas.

—Me encargo —respondió Camila, que estaba revisando sus espadas en la cubierta de proa.

La ex-marine había mejorado enormemente desde que se unió al grupo. Su Haki de Armadura, que ya era notablemente talentoso, ahora podía cubrir completamente sus puños y sus armas con una capa negra brillante que aumentaba drásticamente su poder de ataque. Durante el entrenamiento de la mañana anterior, había logrado mantener el Haki en sus nudillos durante casi cinco minutos seguidos, un récord personal que la llenó de orgullo.

Su Haki de Observación, sin embargo, aún estaba rezagado. Apenas podía percibir intenciones hostiles muy cercanas, y solo de manera intermitente. Era frustrante para ella, acostumbrada a progresar rápidamente en todo lo que se proponía.

—No te preocupes —le había dicho Issei—. Cada persona tiene su propio ritmo. Mira a Naira: su Haki de Observación es casi de genio, pero su Haki de Armadura es casi inexistente. Todos tenemos fortalezas diferentes.

—Lo sé —respondió Camila, apretando los puños—. Pero quiero ser más fuerte. Quiero protegerte a ti y a las demás.

—Y lo harás. Confío en ti.

Aquellas palabras, dichas con la simple honestidad que caracterizaba a Issei, habían sido más efectivas que cualquier otra cosa para motivarla.

En la popa, Marily practicaba sus cortes contra un muñeco de entrenamiento que Issei había comprado en la Isla de los Sabios. El muñeco, hecho de una madera increíblemente densa reforzada con capas de resina, estaba diseñado para resistir golpes de espadas y puños sin romperse. Hasta ahora, había sobrevivido a tres sesiones de entrenamiento, aunque su superficie estaba cubierta de marcas y hendiduras.

Noche Serena silbaba en el aire mientras Marily ejecutaba secuencias de ataques con una fluidez hipnótica. La espada negra, más pesada que una katana normal pero perfectamente equilibrada en sus manos, cortaba el viento con un sonido sordo y satisfactorio.

—Tu postura ha mejorado —comentó Robin, que observaba el entrenamiento desde un barril cercano, su libro de historia antiguo abierto sobre su regazo—. Hace tres días, tu pie izquierdo se deslizaba un centímetro al girar. Ahora está perfectamente anclado.

—Tienes buen ojo —respondió Marily, deteniéndose para tomar aire—. ¿Sabes algo de esgrima?

—No. Pero sé observar. He pasado la mayor parte de mi vida estudiando a las personas, sus movimientos, sus debilidades. Es una habilidad de supervivencia.

—Útil —admitió Marily—. ¿Te importaría seguir observando y señalando mis errores?

Robin sonrió, una sonrisa genuina que rara vez mostraba. —Será un placer.

Bajo la cubierta principal, en lo que antes era una bodega de carga amplia pero infrautilizada, se encontraba el orgullo de Issei: el gimnasio del barco. El espacio había sido completamente transformado durante los días que pasaron en la Isla de los Sabios, aprovechando los materiales comprados en los mercados del archipiélago y la mano de obra voluntaria de toda la tripulación.

El suelo de madera original había sido reforzado con planchas de metal para soportar impactos fuertes. Las paredes estaban recubiertas de paneles acolchados para evitar lesiones en caso de caídas. En un rincón, un juego de pesas y barras de diferentes tamaños permitía el entrenamiento de fuerza. En otro, una serie de muñecos de entrenamiento —tres en total, comprados a un artesano que los fabricaba para la Marina— esperaban pacientemente a ser golpeados. Había también una pista de entrenamiento pintada en el suelo, con marcas para trabajar el juego de pies, y un sistema de poleas que permitía simular diferentes tipos de cargas.

Era, en palabras de Issei, “un gimnasio de ensueño”.

—Comparado con lo que teníamos en el Sueño Escarlata, esto es el paraíso —dijo aquella mañana, mientras realizaba flexiones con una sola mano. Su cuerpo, sudoroso y brillante bajo la luz de las lámparas, mostraba los resultados de meses de entrenamiento intenso: músculos definidos pero no exagerados, una complexión atlética que combinaba fuerza, velocidad y resistencia.

A su lado, Camila completaba su propia rutina de ejercicios, levantando pesas que habrían hecho sudar a la mayoría de los hombres. Su cuerpo, más esbelto pero igualmente tonificado, se movía con la eficiencia de un soldado entrenado.

—No te quejes del Sueño Escarlata —respondió ella, entre repeticiones—. Era pequeño, pero nos llevó hasta aquí.

—No me quejo —dijo Issei, cambiando de mano—. Solo digo que esto es mejor. Mucho mejor.

—En eso estamos de acuerdo.

La puerta del gimnasio se abrió y Marily entró, secándose el sudor de la frente con una toalla. Tras ella, Robin cerró la puerta con suavidad.

—He terminado mi práctica de katas —anunció Marily—. ¿Cómo va el entrenamiento de Haki?

—Progresando —respondió Issei, poniéndose en pie—. Camila está a punto de unirse. ¿Tú?

—Necesito mejorar mi Haki de Armadura. El de Observación aún se me resiste.

—Eso es normal. Cada persona tiene un Haki más afín. El mío es el de Armadura. El de Naira, el de Observación. El tuyo aún se está definiendo.

Robin observaba la conversación con interés. Sabía lo que era el Haki, por supuesto. En sus años de huida, había visto a usuarios del Haki en acción, e incluso había sido perseguida por algunos de ellos. Pero nunca había entendido realmente cómo funcionaba, ni cómo se entrenaba. Era un poder reservado a unos pocos privilegiados, una manifestación de la voluntad que trascendía la fuerza física.

—¿Puedo preguntar algo? —intervino.

—Claro —dijo Issei.

—El Haki… ¿es algo que cualquiera puede aprender, o es un talento innato?

Issei reflexionó un momento. —Ambas cosas. Todo el mundo tiene Haki en su interior, pero no todo el mundo puede despertarlo. Y aunque despiertes, desarrollarlo es otra historia. Requiere tiempo, esfuerzo, y sobre todo, voluntad. La voluntad de seguir adelante incluso cuando todo parece perdido.

—Interesante —murmuró Robin—. ¿Crees que yo podría aprenderlo?

—Si tienes la voluntad suficiente, sí. Pero no es un camino fácil.

—Pocas cosas en mi vida lo han sido.

Issei asintió, comprendiendo. Robin había sobrevivido a la destrucción de su isla, a la persecución del Gobierno Mundial, a la traición de innumerables aliados. Si alguien tenía voluntad, era ella.

—Cuando quieras empezar, avísame —dijo—. Puedo enseñarte lo básico.

Robin sonrió, una sonrisa que no revelaba nada y lo revelaba todo al mismo tiempo. —Lo tendré en cuenta.

El entrenamiento continuó. Issei se enfrentó a uno de los muñecos de entrenamiento, practicando sus golpes con Haki de Armadura. Sus puños, cubiertos por una capa negra brillante, impactaban contra el muñeco con una fuerza que habría destrozado la madera normal. Pero el muñeco, diseñado para resistir el Haki, apenas se tambaleaba.

—Boost —murmuró Issei, activando su Sacred Gear.

En su brazo izquierdo, el Boosted Gear brilló con una luz verde esmeralda, y una gema incrustada en el guantelete emitió un destello. El poder de Issei se duplicó instantáneamente, un aumento que su cuerpo recibió con un escalofrío de energía.

—Boost —repitió, diez segundos después.

Duplicación. Otra vez. Su fuerza ahora era cuatro veces mayor que al inicio. El muñeco de entrenamiento, que antes resistía sus golpes, ahora se sacudía violentamente con cada impacto.

—Boost.

Ocho veces. Dieciséis veces. Issei lanzó un golpe final, su puño negro como el carbón brillando con la energía acumulada de múltiples Boosts, y el muñeco de entrenamiento salió volando por los aires, estrellándose contra la pared acolchada con un estruendo sordo.

—Whoa —exclamó Camila, impresionada—. Eso ha sido fuerte.

—Diez Boosts —dijo Issei, respirando pesadamente—. Antes, llegar a diez me dejaba agotado. Ahora… puedo manejarlo mejor.

—Tu cuerpo se está adaptando —observó Marily—. El entrenamiento está dando frutos.

—Eso espero. Si quiero enfrentarme a los peligros del Grand Line, necesito ser más fuerte. Mucho más fuerte.

En el interior de su mente, Ddraig emitió un gruñido de aprobación.

—Estás mejorando, socio. Lento, pero mejorando. Hace unos meses, habrías necesitado un estímulo pervertido para alcanzar diez Boosts. Ahora lo haces sin despeinarte.

—No me lo recuerdes —pensó Issei—. Aunque… un pequeño estímulo no me vendría mal.

—Eres incorregible.

—Lo sé.

En cubierta, Naira continuaba al timón, sus ojos cerrados y su respiración pausada. No estaba dormida, aunque lo pareciera. Estaba entrenando su Haki de Observación de una manera que había desarrollado por su cuenta.

El Haki de Observación, en su nivel más básico, permitía sentir la presencia de otros seres vivos y anticipar sus movimientos. Pero en niveles superiores, las posibilidades eran casi infinitas. Algunos usuarios avanzados podían ver el futuro, predecir ataques con segundos de antelación. Otros podían sentir las emociones de las personas, leer sus intenciones como si fueran libros abiertos. Los más excepcionales, como el legendario Almirante Kizaru, podían incluso percibir eventos a kilómetros de distancia.

Naira estaba lejos de ese nivel, pero su afinidad natural era tan extraordinaria que su progreso era exponencial. En aquel momento, estaba intentando algo nuevo: sentir no solo a las personas en el barco, sino también a las criaturas marinas bajo la superficie.

—Hay un banco de peces a unos doscientos metros, ligeramente a estribor —murmuró, sus ojos aún cerrados—. Peces pequeños, inofensivos. Y más abajo… algo más grande. Un depredador, quizás. Pero no está interesado en nosotros. Está cazando a los peces.

—¿Puedes sentir todo eso? —preguntó Robin, que había subido a cubierta para tomar aire fresco y se había quedado junto a Naira, fascinada.

—Con claridad —respondió Naira, abriendo los ojos—. Es como si pudiera verlos sin verlos. Sus formas, sus movimientos, sus intenciones. El depredador tiene hambre. Los peces tienen miedo. Todo es tan… evidente.

—Impresionante.

—Gracias. Pero aún me falta mucho. He oído historias de usuarios del Haki de Observación que pueden ver el futuro, que pueden anticipar ataques con tanta precisión que es como si tuvieran un sexto sentido. Yo solo puedo sentir intenciones y presencias. Es útil, pero no suficiente.

—La ambición es buena —dijo Robin—. Pero no te subestimes. Lo que haces está más allá de lo que la mayoría de la gente puede siquiera imaginar.

Naira sonrió, halagada a pesar de sí misma. Robin, a pesar de su pasado turbio y su actitud críptica, tenía una manera de hablar que transmitía sabiduría. Era una mujer culta, inteligente, y en cierto modo, admirable.

—¿Tú nunca has intentado desarrollar Haki? —preguntó Naira.

—Nunca he tenido la oportunidad. Mi supervivencia siempre ha dependido de mi inteligencia y de mi Fruta del Diablo, no de la fuerza bruta. Pero… —Robin hizo una pausa—. Estoy empezando a pensar que quizás debería diversificar mis habilidades.

—Si quieres, puedo enseñarte lo básico del Haki de Observación. Es mi especialidad.

Robin la miró con sorpresa. —¿Harías eso por mí?

—Eres parte de la tripulación ahora —respondió Naira, con sencillez—. Y en esta tripulación, nos ayudamos mutuamente.

Por un instante, la máscara de frialdad de Robin se resquebrajó, dejando ver a la mujer vulnerable que se escondía debajo. Pero fue solo un instante. Rápidamente, recuperó su sonrisa enigmática.

—Gracias. Quizás acepte tu oferta.

El día transcurrió sin incidentes. La tormenta que Naira había predicho llegó puntualmente, una lluvia moderada que duró apenas dos horas y dejó el barco limpio y reluciente. El Log Pose siguió apuntando hacia Water 7, inmutable. Y la tripulación continuó su rutina de entrenamiento, guardias y descanso.

Era media tarde del tercer día de navegación cuando Naira, que estaba de guardia en el timón, divisó una silueta familiar en el cielo. Un ave de gran tamaño, con un morral de cuero cruzado sobre el pecho, volaba directamente hacia el barco con la determinación de quien conoce su ruta de memoria.

—News Coo —anunció Naira, reconociendo al instante al pájaro mensajero—. ¡Tenemos correo!

El News Coo, un ave marina especialmente entrenada por el Diario de la Economía Mundial para repartir periódicos por todo el mundo, descendió en un suave planeo y aterrizó con precisión sobre la barandilla de popa. Su plumaje blanco y gris estaba ligeramente despeinado por el viento, pero su mirada era alerta y profesional.

—Buenas tardes —saludó Naira al ave, como si hablara con un cartero humano—. ¿Traes el periódico?

El News Coo graznó afirmativamente y sacó un ejemplar enrollado de su morral. Naira tomó el periódico, pagó al ave con unas monedas (el News Coo aceptaba berries como cualquier proveedor de servicios), y además le ofreció una galleta de las provisiones como propina. El pájaro, visiblemente complacido, picoteó la galleta y alzó el vuelo de nuevo, dirigiéndose hacia la Isla de los Sabios para continuar su ruta.

Naira desenrolló el periódico y su mirada se posó en la portada. Y entonces, se quedó completamente inmóvil.

La fotografía que ocupaba el centro de la primera página mostraba a un hombre al que nunca había visto en persona pero que reconocía por las descripciones: un rostro anguloso, una cicatriz que cruzaba el puente de la nariz, una mata de cabello oscuro peinado hacia atrás, y un garfio dorado donde debería haber una mano izquierda. La imagen había sido tomada claramente a distancia, probablemente por un fotógrafo valiente (o loco) durante los momentos posteriores a la batalla. El hombre estaba inconsciente, cubierto de vendas, siendo cargado por soldados de la Marina.

El titular, en letras enormes y llamativas, proclamaba:

“¡CROCODILE CAE! EL FIN DE BAROQUE WORKS Y EL ASCENSO DE UNA NUEVA ERA – EXCLUSIVA MUNDIAL”

—¡Issei! —gritó Naira, su voz mezclando sorpresa, incredulidad y urgencia—. ¡Todos! ¡Venid a ver esto!

En cuestión de segundos, Issei, Camila, Marily y Robin se congregaron alrededor de Naira, sus expresiones variando del alarma a la curiosidad.

—¿Qué pasa? —preguntó Issei, aún sudoroso por el entrenamiento—. ¿Un ataque?

—No. Mira esto.

Naira le tendió el periódico. Issei lo tomó y leyó el titular. Sus ojos se abrieron de par en par.

—Así que ese hombre era Crocodile —murmuró, su voz adquiriendo un tono analítico que sus compañeras rara vez escuchaban—. Mr. 0. El líder de Baroque Works.

La fotografía de Crocodile era impactante. Incluso derrotado, inconsciente y vendado, el hombre irradiaba un aura de peligro. Issei estudió sus rasgos, memorizándolos. Este era el hombre que había ordenado a Mr. 1 perseguirlos. El hombre que había orquestado una guerra civil. El enemigo en la sombra.

—¿Puedo verlo? —pidió Robin, extendiendo la mano.

Issei le pasó el periódico. Robin examinó la portada con una expresión indescifrable.

—Tal como sospechaba —dijo, finalmente—. Monkey D. Luffy lo derrotó. El Sombrero de Paja lo logró.

—¿Luffy? —preguntó Camila—. ¿El chico que vimos en Reverse Mountain?

—El mismo. Su tripulación ha estado causando estragos en Baroque Works durante semanas. Derrotaron a Mr. 3 en Little Garden. A Mr. 5 y Miss Valentine en Whiskey Peak. Y ahora… a Crocodile.

—Un pirata novato derrotando a un Shichibukai —dijo Marily, con admiración—. Eso es… impresionante.

—Más que impresionante —añadió Robin—. Es histórico.

Naira, que había estado leyendo el artículo mientras los demás comentaban la portada, emitió un sonido de sorpresa.

—Hay más. Mucho más.

—¿Qué dice? —preguntó Issei.

—Según el periódico, Crocodile estaba llevando a cabo un plan para tomar el control de Alabasta. Provocó una sequía artificial usando su Fruta del Diablo, luego incitó una rebelión contra el rey Cobra, y finalmente intentó hacerse con un arma ancestral llamada Plutón.

—Plutón —repitió Robin, su voz un susurro—. El arma que Crocodile creía que estaba en Alabasta.

—El periódico dice que su plan fue frustrado por Monkey D. Luffy y su tripulación, con la ayuda de la princesa Vivi de Alabasta. Crocodile fue derrotado en combate singular bajo el palacio real de Alubarna. Su título de Shichibukai ha sido revocado. Actualmente está bajo custodia de la Marina, a la espera de ser trasladado a Impel Down.

—Impel Down —dijo Camila, estremeciéndose ligeramente—. La prisión de máxima seguridad. No saldrá de allí nunca.

—Eso espero —respondió Naira—. Pero hay más. —Señaló un párrafo en la parte inferior de la página—. Mirad esto.

Issei leyó el párrafo en voz alta:

“…la caída de Baroque Works no se debe únicamente a los Sombrero de Paja. Según fuentes cercanas a la investigación, un cazarecompensas conocido como Issei Hyoudou, apodado ‘la Bestia Escarlata’ por algunos, fue responsable de la derrota de Daz Bones, alias Mr. 1, la mano derecha de Crocodile. Mr. 1, considerado uno de los asesinos más letales del Grand Line, desapareció tras su enfrentamiento con Hyoudou y no ha sido visto desde entonces. Las autoridades especulan que podría haber muerto o haber sido capturado por el cazarecompensas, aunque no se ha presentado un reclamo formal por su recompensa…”

Un silencio se extendió entre la tripulación.

—Me mencionan —dijo Issei, con incredulidad—. ¡Estoy en el periódico!

—Y te llaman “la Bestia Escarlata” —añadió Camila, con una sonrisa divertida—. Qué apodo tan dramático.

—No fui yo quien lo eligió —protestó Issei—. Pero… ¿Bestia Escarlata? Suena bien. Me gusta.

—Es tu primer apodo —dijo Naira, orgullosa—. Significa que estás llamando la atención. Que eres alguien en este mundo.

—Pero también significa que el Gobierno Mundial podría estar vigilándonos —advirtió Robin, devolviendo el periódico—. No subestiméis el poder de la prensa. Este artículo es de Big News Morgans, el hombre que controla el flujo de información en el mundo. Si él ha decidido mencionar a Issei, es porque considera que su historia es relevante. Y si es relevante para Morgans, también lo será para la Marina, para el Gobierno Mundial, y para otros piratas.

—¿Crees que deberíamos preocuparnos? —preguntó Marily.

—Preocuparnos, no. Pero sí mantenerse alerta. La fama es un arma de doble filo. Atrae aliados, pero también atrae enemigos.

Issei asintió, comprendiendo. Había pasado de ser un náufrago anónimo en una isla desierta a un cazarecompensas conocido en el Grand Line. Su nombre, o al menos su apodo, estaba ahora en boca de miles de personas. Era un paso más hacia su objetivo de convertirse en el Rey del Harem, pero también un recordatorio de que el camino hacia la cima estaba lleno de peligros.

—Sigamos nuestro rumbo —decidió, doblando el periódico—. Water 7 nos espera. Y con un mes de navegación por delante, tenemos tiempo de sobra para prepararnos.

—Y para entrenar —añadió Camila—. No vamos a desperdiciar este tiempo.

—Exacto —confirmó Issei—. Cuando lleguemos a Water 7, seremos más fuertes que nunca.

Robin observó al grupo con una mezcla de admiración y extrañeza. Habían recibido noticias que cambiarían el curso de la historia, noticias sobre la caída de un Shichibukai, sobre el fin de la organización que ella misma había servido durante años, y su reacción había sido… práctica. Analítica. Determinada. No se dejaban llevar por el pánico ni por la euforia. Simplemente procesaban la información, ajustaban sus planes, y seguían adelante.

—Quizás —pensó Robin—, este sea el tipo de personas con las que puedo permitirme bajar la guardia. Solo quizás.

Los días siguientes transcurrieron con una monotonía que, lejos de ser aburrida, era reconfortante. La navegación por el Grand Line era impredecible por naturaleza, pero el tramo entre la Isla de los Sabios y Water 7 parecía ser relativamente estable, con condiciones climáticas predecibles y pocos peligros inmediatos.

La tripulación aprovechó este período de calma para intensificar su entrenamiento.

Issei estableció un horario riguroso. Por las mañanas, después del desayuno, entrenaba su Haki de Armadura con Camila y Marily. Los tres se turnaban para atacar y defender, usando solo su Haki para reforzar sus cuerpos y sus armas. Era un entrenamiento agotador que los dejaba exhaustos al mediodía, pero que producía mejoras tangibles.

Por las tardes, Issei se concentraba en su Sacred Gear. Practicaba la acumulación de Boosts, intentando alcanzar números cada vez más altos sin agotarse. Con diez Boosts, su poder era suficiente para rivalizar con la mayoría de los enemigos del Grand Line. Pero su objetivo era llegar a quince, a veinte, a los límites que su cuerpo pudiera soportar.

—Recuerda —le advertía Ddraig durante estas sesiones—. Cada Boost duplica tu poder, pero también duplica la tensión sobre tu cuerpo. Si intentas demasiados Boosts sin la preparación adecuada, podrías destrozarte a ti mismo.

—Lo sé —respondía Issei—. Pero necesito ser más fuerte. Si quiero proteger a todos, necesito poder.

—Proteger no es solo cuestión de fuerza. Es cuestión de voluntad. Y de eso, socio, te sobra.

Era raro que Ddraig le hiciera cumplidos, pero cuando lo hacía, Issei sentía que su determinación se renovaba.

Camila, por su parte, progresaba a pasos agigantados con ambos tipos de Haki. Su Haki de Armadura, que ya era talentoso, se refinaba día a día. Ahora podía cubrir completamente sus puños, sus antebrazos y sus espadas con una capa negra que brillaba con intensidad. Y su Haki de Observación, aunque todavía básico, empezaba a mostrar destellos de utilidad: podía sentir intenciones hostiles con mayor claridad, anticipar ataques con fracciones de segundo de antelación.

—Estoy mejorando —dijo una tarde, después de esquivar por poco un golpe de Issei durante el entrenamiento—. Lo siento. Es como un cosquilleo en la nuca, una voz en mi cabeza que me susurra “esquiva”.

—Eso es el Haki de Observación —explicó Issei—. Sigue practicando. Con el tiempo, esa voz se volverá más clara, más fuerte.

—Eso espero.

Marily, mientras tanto, luchaba con su propio progreso. Su Haki de Armadura mejoraba gradualmente, influenciada por su determinación de volverse más fuerte. Pero su Haki de Observación seguía resistiéndose. No importaba cuánto se concentrara, no importaba cuánto practicara, la capacidad de sentir intenciones y anticipar ataques le era esquiva.

—No te frustres —le dijo Issei una noche, mientras ambos observaban las estrellas desde la proa—. Cada persona tiene su ritmo. Tú eres una espadachina increíble, una de las mejores que he visto. Tienes una espada negra, un arma que la mayoría de los guerreros mataría por poseer. El Haki de Observación llegará cuando tenga que llegar.

—Lo sé —respondió Marily, su voz suave—. Pero a veces siento que no soy lo bastante fuerte. Que no soy suficiente para esta tripulación, para ti.

—Eso no es cierto.

—¿Lo es? —Marily lo miró, sus ojos brillando bajo la luz de la luna—. Tú derrotaste a Mr. 1, el hombre que me hirió, que mató a Goro. Yo no pude hacer nada. ¿Cómo puedo considerarme una guerrera si no pude proteger a los míos?

Issei guardó silencio un momento. Luego, con una suavidad que no mostraba a menudo, puso una mano sobre el hombro de Marily.

—No pudiste protegerlos entonces. Pero puedes proteger a quienes están aquí ahora. Eso es lo que importa. El pasado no se puede cambiar, pero el futuro sí. Y mientras estemos juntos, podemos construir el futuro que queramos.

Marily bajó la mirada, sus mejillas ligeramente sonrojadas. —Eres extraño, Issei. Un momento eres el pervertido más descarado del mundo, y al siguiente dices cosas como esa.

—Soy un hombre de muchas capas —bromeó Issei—. Como una cebolla.

—O como un pastel. Más sabroso por dentro que por fuera.

—¿Eso ha sido un cumplido?

—Quizás. —Marily sonrió, una sonrisa pícara—. No te acostumbres.

El momento fue interrumpido por un sonido familiar: las campanadas del reloj del barco, marcando la medianoche.

—Deberíamos dormir —dijo Issei—. Mañana hay más entrenamiento.

—Sí. —Marily se levantó, su kimono rojo ondeando con la brisa nocturna—. Buenas noches, Issei.

—Buenas noches, Marily.

La espadachina se retiró a su camarote, dejando a Issei solo en la proa. Por un momento, él se quedó contemplando las estrellas, su mente divagando.

—Has mejorado con las mujeres —comentó Ddraig, con un tono burlón—. Hace unos meses, habrías estado babeando y tartamudeando. Ahora hasta puedes tener conversaciones normales.

—He tenido mucha práctica —respondió Issei, mentalmente.

—Eso es cierto. Tres novias, una arqueóloga misteriosa, y un harén en crecimiento. El Rey del Harem estaría orgulloso.

—No soy el Rey del Harem todavía. Pero lo seré.

—Lo sé. Y curiosamente, estoy empezando a creer que lo lograrás.

Issei sonrió para sus adentros y se dirigió a su camarote, donde Naira ya estaría esperándolo.

Con el paso de los días, la vida a bordo del Vuelo del Dragón se asentó en una rutina cómoda y productiva. Robin, que al principio se mantenía distante, comenzó a integrarse gradualmente en las actividades del barco. Ayudaba en la cocina (sus habilidades culinarias eran básicas pero funcionales), participaba en las guardias nocturnas (su Fruta del Diablo le permitía vigilar el barco desde múltiples ángulos simultáneamente), y pasaba largas horas en la sala de mapas, estudiando las cartas de navegación con Naira.

—Tu conocimiento de las rutas marítimas es impresionante —comentó Robin una tarde, mientras ambas examinaban una carta del Grand Line—. ¿Dónde aprendiste?

—En la Isla Ternura —respondió Naira—. Mi isla natal. Mi familia eran comerciantes, y desde pequeña me enseñaron a leer mapas, a entender las corrientes, a predecir el clima. Era una habilidad útil para el comercio.

—¿Qué pasó con tu isla?

Naira hizo una pausa. Los recuerdos de la Isla Ternura, del Comandante Bruto y su tiranía, aún eran dolorosos. Pero con el tiempo, habían perdido parte de su poder sobre ella.

—Fue oprimida por un Marine corrupto —dijo, finalmente—. El Comandante Bruto. Usaba su posición para extorsionar a los comerciantes, para enriquecerse a costa de nuestra gente. Hasta que Issei llegó y lo derrotó.

—Issei —repitió Robin—. Parece que tiene un talento especial para aparecer en los momentos justos.

—Lo tiene. No sé si es el destino, la suerte, o simplemente su naturaleza entrometida. Pero cada vez que alguien necesita ayuda, él está allí.

—¿Y tú? ¿Qué sentiste cuando te salvó?

Naira sonrió, una sonrisa llena de cariño. —Al principio, gratitud. Luego, admiración. Y finalmente, amor. Issei es especial. Debajo de toda su perversión, hay un corazón enorme, una determinación inquebrantable, y una lealtad que no conoce límites. Cualquiera que lo conozca de verdad termina amándolo.

—Eso parece —dijo Robin, pensativa—. Camila, Marily, tú… todas lo aman.

—Y tú también podrías hacerlo, algún día. —Naira la miró con una expresión indescifrable—. No te estoy presionando, pero lo veo en tus ojos. Sientes curiosidad por él. Más curiosidad de la que has sentido por nadie en años.

Robin no respondió. Simplemente desvió la mirada hacia la carta de navegación, su expresión volviéndose inescrutable una vez más.

—El tiempo lo dirá —dijo, finalmente—. El tiempo lo dirá.

Los días se convirtieron en semanas. La primera semana de navegación transcurrió sin incidentes, con el Vuelo del Dragón avanzando a buen ritmo y las condiciones climáticas manteniéndose estables. Naira calculaba que, a ese paso, llegarían a Water 7 en aproximadamente un mes, quizás un poco más si encontraban tormentas o desvíos.

La segunda semana trajo consigo algunas dificultades menores. Un banco de niebla densa que redujo la visibilidad a cero durante dos días, obligando a Naira a confiar exclusivamente en su Haki de Observación para navegar. Un encuentro breve con un pirata despistado que intentó atacar el barco sin saber a quién se enfrentaba (Issei lo derrotó con un solo golpe, ni siquiera necesitó un Boost). Y una visita curiosa de un grupo de delfines que juguetearon alrededor del casco durante horas, deleitando a la tripulación con sus acrobacias.

La tercera semana, el entrenamiento comenzó a dar frutos visibles.

Issei logró alcanzar doce Boosts consecutivos sin colapsar. Su cuerpo, cada vez más draconiano, aceptaba el aumento de poder como si fuera algo natural. Ddraig, aunque nunca lo admitiría, estaba impresionado.

—A este ritmo, podrías alcanzar los quince Boosts antes de llegar a Water 7 —comentó el dragón—. Eso te pondría al nivel de algunos de los luchadores más fuertes del Grand Line.

—¿Y con veinte? —preguntó Issei.

—Con veinte Boosts… serías una fuerza a tener en cuenta incluso en el Nuevo Mundo. Pero no te precipites. La prisa es enemiga de la perfección.

Camila, por su parte, logró despertar completamente su Haki de Observación. Fue durante una sesión de entrenamiento con Marily, cuando la espadachina intentó un ataque sorpresa desde atrás. Camila, sin saber cómo, sintió el ataque antes de que ocurriera y lo esquivó por instinto.

—¡Lo hice! —exclamó, con incredulidad—. ¡Sentí el ataque!

—Enhorabuena —dijo Marily, sonriendo—. Bienvenida al club del Haki de Observación.

—Ahora solo me falta mejorarlo —respondió Camila, su determinación renovada.

Marily, mientras tanto, seguía luchando con su propio Haki de Observación, pero su Haki de Armadura había mejorado notablemente. Ahora podía cubrir sus brazos enteros con la capa negra, y sus cortes con Noche Serena eran más poderosos que nunca.

—No importa si mi Haki de Observación se retrasa —dijo una noche—. Mi fuerza está en la espada, en el ataque. Si puedo cortar a mis enemigos antes de que me alcancen, no necesito anticipar sus movimientos.

—Es una filosofía válida —admitió Issei—. Pero no descuides la defensa. Una espada rota no puede atacar.

—Lo sé. Seguiré intentándolo.

Robin, por su parte, había comenzado a entrenar su Haki de Observación bajo la tutela de Naira. Su progreso era lento, casi imperceptible, pero la arqueóloga no se desanimaba. Había pasado veinte años sobreviviendo sin Haki; aprenderlo ahora era un lujo, no una necesidad.

—No espero convertirme en una experta —dijo una tarde, mientras Naira la guiaba en un ejercicio de meditación—. Pero si puedo anticipar un ataque lo suficiente para esquivarlo, ya será una ventaja.

—Esa es la actitud correcta —respondió Naira—. El Haki no se fuerza. Se cultiva.

Y así, entre entrenamiento, guardias y conversaciones, las semanas fueron pasando. El Vuelo del Dragón avanzaba imparable hacia Water 7, cada día más cerca de su destino. En el horizonte, invisible aún, la Ciudad del Agua esperaba. Y con ella, las intrigas del CP9, los secretos de Iceburg, y el próximo capítulo en la historia de Issei Hyoudou y su creciente tripulación.

En Water 7, ajeno a la tormenta que se avecinaba, el CP9 continuaba su paciente labor de espionaje. Rob Lucci había logrado acceder a los archivos privados de Iceburg, aunque los planos de Plutón no estaban allí. Kaku había inspeccionado cada rincón del astillero número 1 en busca de compartimentos ocultos. Kalifa había revisado la correspondencia personal del alcalde. Jabra vigilaba los muelles. Blueno servía copas a marineros borrachos que, sin saberlo, revelaban información valiosa. Y todos, sin excepción, mantenían los ojos abiertos ante la posible llegada de Nico Robin.

—El barco de Hyoudou fue avistado hace tres semanas en la Isla de los Sabios —informó Spandam durante una reunión secreta—. Si mantienen el rumbo, deberían llegar a Water 7 en aproximadamente una semana, quizás menos.

—¿Y si intentan desembarcar sin llamar la atención? —preguntó Kalifa.

—No importa. Tenemos agentes en todos los puntos de entrada. En cuanto pisen tierra, lo sabremos.

—¿Y entonces? —preguntó Jabra, relamiéndose los colmillos—. ¿Atrapamos a Robin?

—Con cautela —respondió Spandam—. Recordad que la prioridad siguen siendo los planos de Plutón. No quiero que por capturar a Robin alertemos a Iceburg y perdamos nuestra oportunidad.

—Entendido —dijeron todos al unísono.

La reunión terminó. Los agentes regresaron a sus puestos, a sus vidas falsas, a sus mentiras perfectamente construidas. En las sombras de Water 7, la conspiración seguía su curso, esperando el momento oportuno para saltar a la luz.

Y en algún lugar del Grand Line, el Vuelo del Dragón continuaba su viaje, navegando hacia un destino que prometía ser cualquier cosa menos tranquilo.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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