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Izuku un corazón dividido en 2 - Capítulo 13

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  3. Capítulo 13 - 13 Sueños de Arena y Olas
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13: Sueños de Arena y Olas 13: Sueños de Arena y Olas 5 días después .

Agencia Ryukyu.

La formación de ese fuerte lazo íntimo tuvo consecuencias profundas en la psique de Nejire.

Su mente hiperactiva ya no teorizaba sobre el Universo; teorizaba sobre Izuku.

Después de un patrullaje de mediodía bastante agotador luchando contra unos ladrones de poca monta, Ryukyu le había ordenado tomar una siesta en las habitaciones de descanso de la agencia antes de la guardia nocturna.

Nejire se dejó caer en la cama, exhausta, y el sueño la reclamó rápidamente.

Y entonces, el subconsciente tomó el control, desatando todo lo que ella había estado reprimiendo.

El Sueño.

Nejire estaba caminando.

No sentía el asfalto bajo sus pies, sino la textura suave y granulada de la arena cálida.

El sonido ensordecedor de la ciudad había sido reemplazado por el susurro rítmico y pacífico de las olas rompiendo en la orilla.

El cielo era de un azul brillante, sin nubes, infinito.

Llevaba un vestido blanco y ligero que ondeaba con la brisa marina.

No estaba volando; sus pies estaban anclados firmemente a la tierra.

Y no estaba sola.

A su lado, caminando con ella por la orilla de la playa infinita, estaba Izuku Midoriya.

No llevaba su traje de héroe, ni ropa de entrenamiento rasgada.

Llevaba una camisa de lino abierta y unos pantalones cortos.

Pero lo que más llamaba la atención de Nejire en el sueño era el calor sólido en su mano izquierda.

Sus dedos estaban entrelazados con los de Izuku.

Un agarre firme, seguro, posesivo.

Caminaban en un silencio cómodo, un silencio que en la vida real a Nejire siempre le causaba ansiedad y la obligaba a hablar para llenarlo, pero aquí, se sentía como una sinfonía perfecta.

De repente, Izuku se detuvo.

La brisa marina movió sus rizos verdes.

Se giró hacia ella, y sus ojos —esos enormes estanques esmeralda— no reflejaban la timidez habitual ni el pánico tartamudeante que ella conocía también.

Reflejaban una intensidad oscura, profunda y abrumadoramente madura.

Sin decir una palabra, Izuku soltó su mano.

En un movimiento rápido, fluido y cargado de una confianza arrolladora que le quitó el aliento, Izuku llevó ambas manos a la cintura de Nejire.

—¿Izuku…?

—susurró ella en el sueño, su voz apenas un hilo.

Él no respondió con palabras.

Apretó su agarre y la atrajo hacia sí con una fuerza magnética, imparable.

Los cuerpos chocaron suavemente.

Nejire sintió la musculatura del pecho de Izuku contra ella.

Y entonces, Izuku se inclinó y tomó sus labios con una pasión salvaje, desesperada y ardiente.

No fue un beso tímido de adolescentes asustados.

Fue un choque de elementos.

Nejire soltó un pequeño jadeo de sorpresa, pero la sorpresa duró solo un microsegundo antes de que su cuerpo respondiera por instinto puro.

Le devolvió el beso con la misma pasión feroz, deslizando sus manos por el cuello del chico, enredando sus dedos en su cabello verde.

Sus cuerpos se atraían el uno al otro como dos imanes de polaridad opuesta que finalmente se encuentran después de estar separados.

La energía entre ellos chispeaba, como si el One For All y las Ondas de Vitalidad se estuvieran fusionando en una sola entidad.

El sabor a sal del mar se mezcló con el calor de su aliento.

Nejire sintió que las rodillas le flaqueaban en el sueño; Izuku era lo único que la mantenía en pie, sosteniéndola firmemente contra él.

Cuando finalmente se separaron para respirar, el pecho de ambos subía y bajaba agitadamente.

Sus frentes estaban apoyadas la una contra la otra.

Izuku la miró.

Y ahí estaba.

La pasión oscura había dado paso nuevamente a esa inocencia pura, a ese cariño desinteresado y genuino que era la esencia misma de Izuku Midoriya.

La miraba como si ella fuera el tesoro más grande y frágil del universo.

Acarició la mejilla de Nejire con su pulgar cubierto de cicatrices.

Sus labios hinchados por el beso se movieron lentamente.

—Nejire…

tú me gus…

«¡Ring!

¡Ring!

¡Ring!» El sonido no provenía del mar.

Provenía de la realidad.

Nejire abrió los ojos de golpe en la penumbra de su habitación en la agencia.

Su cuerpo dio un espasmo violento y se incorporó en la cama, sentándose de golpe.

Estaba sudando frío.

Su corazón latía a una velocidad que amenazaba con romperle las costillas (pum, pum, pum).

Llevó una mano temblorosa a sus propios labios, que aún conservaban la sensación fantasma de la presión, del calor, de la pasión avasalladora de su sueño.

Su rostro estaba ardiendo, rojo como la lava.

La respiración le salía en jadeos ahogados.

—Nejire…

Nejire…

La voz no era la de Izuku en la playa.

Era una voz femenina y autoritaria.

Nejire giró la cabeza bruscamente hacia la puerta.

Allí, apoyada en el marco, con los brazos cruzados y una expresión de curiosidad analítica, estaba Ryukyu.

La heroína dragón la miraba fijamente, analizando el estado desastroso, ruborizado y jadeante de su protegida.

—Ryukyu…

—jadeó Nejire, intentando componer su expresión sin éxito—.

¿Qué…

qué pasa?

Ryukyu la miró por un instante más, evaluando la situación.

Sus ojos de reptil se entrecerraron levemente.

No necesitaba ser telépata para saber que Nejire no estaba teniendo pesadillas con villanos.

Esos rubores, esa respiración agitada…

eran síntomas de un mal muy específico.

—Nejire —dijo Ryukyu, con un tono extrañamente suave pero firme—.

Ya va a comenzar la patrulla de la tarde.

El sector oeste nos toca a nosotras.

Lávate la cara, prepárate.

Salimos en quince minutos.

—¡Sí!

¡Rápidamente!

¡Enseguida!

—balbuceó Nejire, levantándose de la cama tan rápido que casi se tropieza con sus propias mantas.

Ryukyu asintió lentamente y desapareció por el pasillo.

Nejire corrió al baño de su habitación, abrió el grifo y se echó agua helada en la cara, mirándose en el espejo.

Las mejillas rojas y los ojos desenfocados le devolvieron la mirada.

—Fue solo un sueño…

solo un estúpido, perfecto, maravilloso e increíble sueño…

—susurró para sí misma, agarrándose de los bordes del lavabo—.

No puedes besar a tu kohai, Nejire.

Él te tiene miedo…

¿o no?

Apretó los dientes, decidida.

Iba a salir a patrullar y a olvidarse de los rizos verdes y los ojos de esmeralda.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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