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Izuku un corazón dividido en 2 - Capítulo 14

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  3. Capítulo 14 - 14 La Táctica de la Medianoche Volviendo al Presente
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14: La Táctica de la Medianoche (Volviendo al Presente) 14: La Táctica de la Medianoche (Volviendo al Presente) Pero el olvido no llegó.

Regresando a la actualidad, era casi la medianoche.

Nejire estaba dando vuelta en su apartamento de la agencia, habiendo sobrevivido al patrullaje y a la cena, pero habiendo fracasado miserablemente en su intento de conciliar el sueño.

Daba vueltas en su cama como si estuviera sobre un asador.

Cada vez que cerraba los ojos, escuchaba el sonido de las olas rompiendo y sentía unas manos fuertes rodeando su cintura.

El carrusel de emociones de las últimas semanas la estaba mareando más que sus propias habilidades de vuelo.

Comer helado con él, hablar de Quirks hasta quedarse sin saliva, las miradas furtivas, el abrazo en la azotea, el beso en la mejilla de despedida…

todo había estado construyendo hacia este punto de ebullición insostenible.

Con un bufido de frustración, Nejire tiró las sábanas al suelo, se levantó de la cama y tomó su teléfono de la mesita de noche.

Caminó descalza por la fría madera de su habitación hasta pararse frente al espejo de cuerpo entero que estaba adosado a la puerta de su armario.

Vio su reflejo.

Llevaba su ropa de dormir habitual: una pijama de cuerpo completo sumamente cómoda, que consistía en un pantalón de franela largo y holgado con estampado de nubes, y una blusa igualmente ancha de mangas largas que no favorecía absolutamente nada a su figura.

Era la ropa de una chica que solo quería descansar después de golpear criminales.

«Él debe estar durmiendo…

o quizás estudiando.

Siempre está esforzándose tanto», pensó Nejire.

«Quiero hablarle.

Quiero escuchar su voz.

No, es muy tarde para llamar…

pero puedo escribirle».

Levantó el teléfono y abrió la cámara.

Se le ocurrió la idea inocente de enviarle una foto de buenas noches, solo para ver si él le respondía y poder empezar una conversación que distrajera su mente de los besos en la playa.

Se tomó la primera foto.

Sonrió a la cámara e hizo el signo de la paz con sus dedos en V, llevando esa pijama holgada de nubes.

Miró la pantalla.

—Aburrida —murmuró.

Hizo una mueca de disgusto—.

Me veo como un malvavisco celeste con piernas.

Esto no lo hará hablar.

Dirá algo como “¡B-Buenas noches, senpai!

¡Duerme bien!” y se acabará.

Comenzó a experimentar.

Se tomó una foto haciendo un puchero.

Otra sacando la lengua.

Otra inflando los mofletes.

Ninguna la convencía.

Borró todas las imágenes, sintiendo una creciente insatisfacción.

Suspiró y se sentó al borde de la cama, dejando caer el teléfono a su lado.

Se mordió el labio inferior, pensando en la reacción de Izuku cada vez que ella se acercaba mucho.

Ese leve temblor, ese rubor furioso, esa incapacidad para apartar la mirada aunque quisiera.

Él era tan puro, tan fácilmente desestabilizable.

De repente, una idea cruzó por su mente hiperactiva.

No fue una idea heroica, ni una idea racional.

Fue una idea audaz, impulsiva, ligeramente malvada y cargada de todas las hormonas de una chica de 18 años que avía tenido el sueño más romántico y sensual de su vida con el chico que le gustaba.

Una sonrisa lenta, traviesa y definitivamente peligrosa curvó los labios de Nejire.

Sus ojos azules brillaron con una luz depredadora en la penumbra de la habitación.

—Si quiero que no pueda dormir y que piense en mí toda la noche…

tengo que darle algo en qué pensar.

Nejire se puso de pie de un salto, corrió hacia su cómoda y abrió el cajón inferior de golpe.

Rebuscó entre la ropa de verano que casi nunca usaba en la agencia.

Sacó unos shorts de algodón celeste.

Eran de esos que se usan en las noches de verano más insoportables, cortísimos, diseñados más para la ventilación que para la modestia.

Luego, buscó en el cajón de las blusas y extrajo una camiseta blanca de tirantes.

Era de una tela elástica muy fina, casi transparente a contraluz, y de una o dos tallas más pequeñas de lo que ella solía usar ahora, una reliquia de su primer año en U.A.

Con movimientos rápidos y decididos, se quitó la pijama de nubes.

La tela holgada cayó al suelo.

Se puso el short.

Le ajustaba perfectamente en las caderas y muslos, dejando expuestas sus largas piernas atléticas.

Luego, se deslizó la blusa blanca de tirantes por la cabeza.

Al acomodarse la tela sobre el pecho y tirar de ella hacia abajo, la camiseta se ciñó a su cuerpo como pintura fresca.

El contraste entre la tela blanca y ajustada y su figura curvilínea era abrumador.

Nejire volvió al espejo de cuerpo entero.

Tragó saliva al ver su propio reflejo.

Nunca se había vestido con la intención explícita de provocar a alguien.

En el fondo, era una chica bastante reservada respecto a su sexualidad.

Pero esto…

esto era una declaración de guerra.

Tomó su teléfono.

Se acomodó frente al espejo.

Probó varias poses.

Si se ponía de frente, era demasiado directo.

Si se ponía totalmente de lado, no se apreciaba bien la ropa.

Finalmente, encontró el ángulo perfecto.

Inclinó su cuerpo ligeramente hacia adelante, apoyando el peso sobre su cadera izquierda para acentuar la curva de su cintura y muslo.

Dejó caer su largo cabello azul celeste para que cayera salvajemente sobre su hombro derecho, enmarcando su rostro.

Miró a la pantalla del teléfono, pero en su mente, estaba mirando directamente a Izuku Midoriya.

Entreabrió los labios ligeramente, emulando la respiración agitada de su sueño en la playa.

Sus ojos transmitían un mensaje claro: inocencia calculada mezclada con una seducción atrevida.

Click.

El flash del teléfono iluminó la habitación.

Nejire revisó la foto en la galería.

Su propio rostro se sonrojó al verla.

La imagen era letal.

Era, con diferencia, la fotografía más sugerente que había tomado en su vida.

Por un segundo fugaz, la audacia de Nejire se elevó a niveles astronómicos.

«¿Qué pasaría si me bajo un poco más la blusa?

¿O si desabrocho un botón del short?» La sola idea hizo que un escalofrío le recorriera la espalda.

Pero rápidamente sacudió la cabeza, descartando el pensamiento.

—No, no, no —se rio para sí misma, una risa nerviosa—.

Conociendo a Izuku-kun, si le mando algo más picante que esto, su cerebro hará un cortocircuito, activará su Don por accidente y volará la mitad de la agencia de Endeavor.

Y no quiero ser la responsable de un desastre nacional.

La foto que tenía era el límite perfecto entre “accidentalmente reveladora” e “intencionalmente provocativa”.

Abrió el chat con Izuku-kun 💚.

Escribió el mensaje rápidamente, antes de que el arrepentimiento pudiera detenerla: Ten una bonita noche, Izuku-kun!

Y adjuntó la foto.

Añadió un pequeño texto adicional para rematar: Hacía calor esta noche.

¿Estás pudiendo dormir?

Yo no…

estoy pensando mucho en cosas…

y en personas.

¡Dulces sueños, mi héroe!

😉 Y presionó el botón de ENVIAR.

El pequeño sonido de confirmación resonó en el silencio de su habitación.

La flecha se volvió azul.

El mensaje había salido.

El misil había sido lanzado.

Nejire se tiró de espaldas en la cama, abrazando una almohada contra su pecho, pateando el aire con sus largas piernas desnudas.

Una sonrisa gigantesca, ansiosa y un poco boba dominaba su rostro.

Sentía mariposas —no, murciélagos con esteroides— revoloteando en su estómago.

Fijó su mirada en la pantalla del teléfono, esperando.

El reloj marcó un minuto.

Dos minutos.

Y entonces, en la esquina inferior del mensaje enviado, aparecieron dos pequeñas marcas de verificación de color azul pálido.

Visto.

Izuku había abierto el chat.

Izuku estaba viendo la foto en ese exacto instante.

Nejire se tapó la cara con la almohada y soltó un grito ahogado de emoción y vergüenza mezcladas.

Se imaginó a Izuku, con la cara completamente roja, los ojos como platos, balbuceando incoherencias en la oscuridad de su cuarto.

La imagen mental era tan adorable que le provocó una oleada de afecto incontrolable.

Pero no había terminado.

Quería escuchar (o leer) su reacción.

Quería acorralarlo.

Quería empujar la línea de su relación un milímetro más allá del respeto de senpai/kohai.

Quería que él la viera como la mujer que era en sus sueños.

Tomó el teléfono de nuevo.

Sus dedos volaron sobre el teclado virtual, y con una determinación temeraria que solo el amor adolescente puede otorgar, envió el golpe de gracia.

¿Y cómo me veo, Izuku?

Enviado.

Visto inmediatamente.

Nejire se sentó en la cama, abrazándose las rodillas, mordiéndose la uña del pulgar, con los ojos fijos en la pantalla brillante.

Esperando la caída.

Esperando la respuesta del chico que, sin saberlo, tenía su corazón latiendo en la palma de su mano llena de cicatrices.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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