Izuku un corazón dividido en 2 - Capítulo 15
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15: El Punto de Quiebre 15: El Punto de Quiebre Volviendo a la habitación de Izuku, en la Agencia de Endeavor.
La pregunta de Nejire palpitaba en la pantalla del teléfono que Izuku sostenía con ambas manos temblorosas.
¿Y cómo me veo, Izuku?
La encrucijada emocional de Izuku Midoriya había llegado a su punto crítico.
Si respondía, si decía la verdad, si escribía: «Te ves increíblemente hermosa, Nejire-senpai.», sabía perfectamente que estaría cruzando una línea de la cual no habría retorno.
Estaría abriendo la puerta a una dinámica de coqueteo y romance con una de las heroínas más prometedoras de Japón.
Estaría validando el fuego y la pasión que sentía por ella.
Pero la mente lógica y culpable de Izuku gritaba de inmediato.
«¡No puedes hacer eso!
¡Mañana tienes una cita con Fuyumi-san!
Ella confió en ti.
¡No puedes coquetear con Nejire-senpai a la medianoche cuando mañana vas a tomar la mano de Fuyumi-san en un cine a las dos de la tarde!» Izuku miró de nuevo la foto.
Los ojos de Nejire, azules y desafiantes.
La curva de su cadera.
La delicadeza de su clavícula expuesta por la blusa fina.
Su cuerpo entero, traicionando a su mente racional, reaccionó con un espasmo de pura atracción.
Empezó a teclear.
Borró.
Empezó a teclear de nuevo.
Volvió a borrar.
N-Nejire-senpai…
escribió, y sus pulgares se detuvieron en el aire.
Las letras parpadeaban en la pantalla, esperando su decisión.
El hielo de Fuyumi o el fuego eléctrico de Nejire.
Izuku respiró hondo, cerró los ojos por un instante buscando valor en el fondo de su alma heroica fragmentada, y con los dedos empapados de sudor frío, comenzó a redactar su respuesta, sellando su destino para las próximas y caóticas veinticuatro horas.
Estaba genuina y profundamente confundido.
Su instinto heroico, puro y moralista, le gritaba que estaba jugando un juego sucio.
No quería lastimar a Fuyumi; la sola idea de ver esos ojos grises y amables llenos de lágrimas de decepción le revolvía el estómago.
Pero, por otro lado, tampoco quería alejar a Nejire.
No quería que ella dejara de rodearlo con sus brazos, no quería que esa chispa de interés salvaje en sus ojos azules se apagara.
Las dos se habían metido en su corazón a través de las grietas de su armadura.
pero ¿Qué se suponía que debía hacer un héroe cuando el peligro no era un villano, sino sus propios sentimientos desbordados?
De repente, como un relámpago inoportuno en medio de una tormenta, un recuerdo absurdo y casi surrealista asaltó su memoria.
Flashback – Hace unos meses, Comedores de la U.A.
Era la hora del almuerzo.
El bullicio habitual de la cafetería llenaba el aire, acompañado del olor a arroz al curry del héroe Lunch Rush.
Izuku estaba sentado con Iida y Uraraka, discutiendo tácticas de rescate, cuando un alboroto en la mesa contigua llamó su atención.
Minoru Mineta, el chico con el Don de esferas pegajosas, se había subido a la mesa.
Tenía una servilleta atada a la cabeza como un pañuelo de guerra y apuntaba con un palillo hacia el techo, dirigiéndose a Kaminari y Sero.
—¡Escúchenme bien, novatos del romance!
—gritaba Mineta, con lágrimas de frustración cómica en los ojos—.
¡Si quieren conseguir a una chica, no pueden apostar todo a una sola carta!
¡Es una locura matemática!
¡Deben de lanzar una gran red!
¡Lancen la red más grande que puedan y verán cómo al menos una cae!
¡Es supervivencia pura, idiotas!
En aquel momento, Iida se había levantado haciendo movimientos robóticos con los brazos para reprenderlo por subirse a la mesa, y Uraraka había mirado a Mineta con una expresión de puro disgusto.
Izuku solo había sacudido la cabeza, compadeciéndose de la retorcida moral de su compañero.
Fin del Flashback.
Izuku parpadeó, de vuelta en su oscura habitación en la agencia de Endeavor.
—No…
no puedo creer que esté pensando en lo que dijo Mineta…
—murmuró para sí mismo, horrorizado por el rumbo que estaba tomando su propia mente.
Seguir los consejos de Mineta era literalmente la última y más desesperada opción en el manual de cualquier ser humano con sentido común.
Pero entonces, el trauma de su infancia volvió a asomar su fea cabeza.
El miedo irracional lo paralizó.
El “Síndrome de autofobia”, esa voz oscura en su cabeza que le recordaba sus años de soledad y rechazo absoluto, comenzó a susurrarle al oído.
«¿Qué pasa si no cruzas la línea hoy con Nejire-senpai?» siseó la voz.
«¿Qué pasa si ella piensa que la estás rechazando?
¿Qué pasa si su curiosidad se apaga, se da la vuelta y mañana ni siquiera te mira cuando vayas a la agencia?
Y peor aún…
¿qué pasa si mañana la cita con Fuyumi sale terriblemente mal?
Eres torpe, Izuku.
Eres el rey de arruinar las cosas.
Si tartamudeas demasiado, si haces algo estúpido, ella perderá el interés en ti al instante.
Si pierdes a Nejire hoy y a Fuyumi mañana…
volverás a quedarte completamente solo.» Esos pensamientos tóxicos e impulsados por el miedo al abandono inundaron la cabeza de Izuku.
El terror al vacío, a volver a ser el chico invisible en la esquina del salón que nadie quería tocar, fue más fuerte que su decencia heroica.
Izuku cerró los ojos con fuerza, apretando los dientes.
Inhaló profundamente el aire frío del aire acondicionado.
Cuando volvió a abrir los ojos, el pánico había sido reemplazado por una determinación temeraria y ligeramente suicida.
Había tomado una decisión.
Iba a lanzar la red.
Con las manos temblando de adrenalina pura, tecleó la respuesta en el chat de Nejire.
No pensó en las consecuencias.
No pensó en mañana.
Solo pensó en mantener la llama encendida.
Izuku: Te ves increíblemente hermosa, Nejire-senpai.
Cerró los ojos y presionó “Enviar”.
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