Izuku un corazón dividido en 2 - Capítulo 20
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20: Operación Cisne Verde 20: Operación Cisne Verde El aire acondicionado del inmenso centro comercial del distrito de Roppongi los golpeó tan pronto como cruzaron las puertas automáticas.
Izuku y Bakugo subieron por las escaleras eléctricas de cristal hacia el segundo piso, el nivel reservado exclusivamente para tiendas de moda masculina de alta gama, zapaterías de diseñador y joyería fina.
La misión había comenzado.
Durante los primeros cuarenta minutos, la situación fue desastrosa.
Caminaron por cinco tiendas diferentes.
En la primera, la ropa era demasiado formal; en la segunda, demasiado holgada y urbana; en la tercera, los colores eran tan chillones que incluso a Izuku le dolieron los ojos.
Bakugo arrastraba a Izuku de un local a otro, gruñendo insultos a los maniquíes y asustando a más de un guardia de seguridad.
Finalmente, se detuvieron frente a la sexta tienda.
El escaparate mostraba una estética limpia, minimalista, con tonos neutros y cortes elegantes que no gritaban “héroe excéntrico”.
-Esta tiene potencial.
Entra, nerd, y no toques nada hasta que yo lo apruebe -ordenó Bakugo, empujando a Izuku por la puerta de cristal.
Apenas dieron tres pasos dentro del inmaculado local, una trabajadora de unos veinte años, con un impecable traje sastre oscuro y una cinta métrica colgando del cuello, se acercó a ellos con una sonrisa profesional y amable.
-¡Bienvenidos!
¿En qué puedo ayudarles hoy, caballeros?
-saludó la chica con voz melodiosa.
-M-Muy buenos días, señorita…
eh…
nosotros buscamos…
-empezó Izuku, inclinándose educadamente y frotándose la nuca con nerviosismo.
Bakugo lo interrumpió de inmediato con un gruñido gutural, dando un paso al frente e imponiendo su presencia.
-¿Trabajas aquí?
Más te vale tener buen ojo.
Necesitamos tu maldita ayuda, de inmediato -espetó Bakugo, señalando a Izuku con el pulgar por encima de su hombro-.
Mi amigo aquí es un desastre andante.
Tiene su primera cita hoy al mediodía y la chica con la que va a salir es despampanante, está ridículamente por encima de su nivel.
Necesitamos ropa que lo cambie por completo.
Algo que lo haga ver como un hombre capaz y no como un niño de primaria que se perdió buscando la tienda de cómics.
¿Entendido?
La trabajadora parpadeó, sorprendida por la brutal honestidad y agresividad del rubio, pero luego, sus ojos se iluminaron con un brillo competitivo.
Como asesora de imagen, esto no era solo una venta; era un desafío profesional.
-Entendido perfectamente -dijo la chica, chocando sus puños con determinación-.
¡Déjenmelo a mí!
Lo transformaré en un príncipe.
¡Venga por aquí, joven!
Los siguientes treinta minutos fueron un montaje de puro estrés para Izuku.
La trabajadora corría por la tienda, apilando prendas sobre sus brazos y empujando al peliverde dentro del probador.
Bakugo se había sentado en un sofá de cuero frente a los espejos, con los brazos cruzados y el ceño fruncido, asumiendo el rol de juez supremo.
Izuku salió con el primer conjunto: un traje azul marino con chaleco.
-¡Parece un maldito mesero de un restaurante italiano barato!
¡Siguiente!
-bramó Bakugo.
Izuku volvió a entrar corriendo.
Segundo conjunto: una chaqueta de cuero negra, camiseta rasgada y jeans oscuros.
-¡Parece un extra de tercera categoría de una pandilla de villanos!
¡Esa chica es hija del Número Uno, no la va a llevar a robar tapacubos!
¡Siguiente!
Tercer conjunto: una camisa de botones con un sutil estampado floral y pantalones de lino.
-¡No va a ir a un retiro de ancianos en la playa de Okinawa!
¡Si me traes algo con flores otra vez, explotaré tu mostrador!
-amenazó Bakugo.
La trabajadora sudaba frío, pero no se rindió.
Analizó el tono de piel de Izuku, la intensidad de sus ojos verdes y su complexión atlética oculta bajo ropa mal ajustada.
Regresó a los estantes y armó una última combinación.
-Pruebe esto, por favor.
Confíe en mí -le dijo a Izuku, pasándole las prendas.
Cinco minutos después, la cortina del probador se abrió lentamente.
Izuku salió y se paró frente a los grandes espejos.
Bakugo descruzó los brazos y se inclinó hacia adelante.
La trabajadora se llevó ambas manos a la boca, conteniendo un chillido de emoción.
El silencio en la tienda fue absoluto.
Izuku y Bakugo asintieron lentamente en confirmación casi al mismo tiempo.
Era perfecto.
Izuku llevaba un suéter de color negro azabache de cuello de tortuga.
El tejido fino se ajustaba lo suficiente para resaltar sutilmente la musculatura que había desarrollado entrenando con el One For All, sin ser vulgar.
La oscuridad del suéter hacía que sus ojos verdes y sus pecas resaltaran de una manera sorprendentemente atractiva.
Abajo, llevaba unos pantalones largos de corte recto en un elegante color crema que alargaban sus piernas.
Y lo más importante: la trabajadora había desechado sus gigantescos zapatos rojos en favor de unos zapatos de vestir estilo Oxford, decentes, pulidos y de un tono crema ligeramente más oscuro que combinaba a la perfección con el pantalón.
Bakugo estaba seguro de que si cualquiera de sus compañeros de la clase 1-A viera a Izuku caminando por la calle vestido así, pasarían de largo sin ser capaces de reconocer al tímido y desaliñado “Deku”.
Se veía maduro, misterioso y, por primera vez en su vida, a la moda.
 Sin embargo, el ojo crítico de Bakugo detectó una anomalía.
Entrecerró los ojos, sintiendo que faltaba la pieza final del rompecabezas.
-Oye, tú -Bakugo chasqueó los dedos hacia la trabajadora-.
El traje está pasable.
Pero, ¿qué más crees que le falta al nerd?
Siento que hay algo mal en la parte superior.
La trabajadora dio un paso al frente y miró atentamente el rostro de Izuku.
Izuku, al tener a una chica bonita escrutándolo tan de cerca, se sonrojó intensamente y desvió la mirada.
-El cabello -dictaminó la chica con voz profesional-.
Hay que hacer algo con eso.
Sus rizos son hermosos, pero están demasiado indomables y desordenados, arruinan la línea elegante del cuello de tortuga.
-¿Tengo que cortármelo?
-preguntó Izuku, asustado.
-¡No!
-La trabajadora sonrió-.
En el tercer piso hay una tienda especializada que vende productos de salón para el cabello.
Tienen una crema texturizante de fijación media.
Cuando te la pones, el cabello queda mucho más ordenado y con dirección, pero sigue manteniendo ese volumen natural que te queda tan bien.
Y lo mejor es que dura todo el día, incluso si hay viento.
Bakugo golpeó el reposabrazos del sofá.
-¡Eso es!
¡Esa es la maldita pieza que faltaba!
-Se levantó y miró a la chica-.
Bien hecho, extra.
Hiciste tu trabajo.
Ahora, escúchame bien: necesito que me empaquetes este conjunto exacto que lleva puesto, y además, búscame cinco prendas más de este mismo maldito estilo.
Diferentes colores de suéteres, distintos pantalones que combinen.
Todo de su talla.
¡Muévete!
A Izuku le salieron gruesas rayas negras verticales en la frente, al puro estilo anime.
Su mandíbula cayó casi hasta el suelo.
-¡¿C-Cinco conjuntos más?!
-chilló Izuku, calculando mentalmente los precios de las etiquetas que había visto de reojo-.
¡Kacchan, esos son cinco conjuntos completos con zapatos de diseñador!
¡Es muchísimo dinero!
¡Mis ahorros de todo el año…!
-¡Cállate, nerd miserable!
¡No puedes salir con esa chica hoy pareciendo un modelo y mañana volver a ponerte tu estúpida camiseta de “Camiseta”!
¡Si vamos a arreglarte, lo haremos de forma permanente!
-le gritó Bakugo.
Izuku no dijo nada más.
Aunque su alma lloraba por su cuenta bancaria, sabía que Bakugo se había tomado el tiempo, la energía y la paciencia de ayudarlo en su día libre.
Solo buscaba que se vistiera bien y tuviera éxito.
Con un suspiro tembloroso, Izuku sacó su maltratada billetera de All Might y entregó su tarjeta.
Diez minutos después, ya afuera de la tienda, Izuku caminaba con los brazos cargados de tres elegantes y pesadas bolsas de compras negras con logotipos dorados.
Llevaba puesta su ropa vieja de nuevo, pero estaba llorando a mares con exageradas lágrimas de anime que caían como cascadas por todo el dinero gastado en la inversión textil.
-Deja de llorar como un bebé por un par de yenes, Deku -le regañó Bakugo, caminando a paso ligero frente a él-.
¡Apúrate, que no nos queda mucho tiempo!
¡Vamos a conseguir esa maldita crema para el cabello al tercer piso, así que mueve esas lentas piernas!
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