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Izuku un corazón dividido en 2 - Capítulo 6

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6: Crónicas de un Corazón Dividido: Hielo, Fuego y Ondas 6: Crónicas de un Corazón Dividido: Hielo, Fuego y Ondas El aire en la residencia Todoroki estaba tan cargado de tensión que una sola chispa podría haber detonado una explosión mayor que el Howitzer Impact de Bakugo.

Endeavor, el Héroe Número Uno, respiraba pesadamente, con el pecho subiendo y bajando como un fuelle de forja, tratando de contener las llamas que amenazaban con consumir su propia cocina.

Fuyumi, con una rapidez sorprendente para alguien que no era una heroína profesional, aprovechó ese breve momento de “calma” en el ojo del huracán.

—¡Papá, por favor, respira!

—exclamó ella, interponiéndose visualmente entre la furia de su padre y el terror de Izuku—.

¡Voy a acompañar a los chicos al taxi!

¡Ya llegó!

Sin esperar respuesta, Fuyumi empujó suavemente a Izuku y a un muy divertido Bakugo hacia el genkan.

Se pusieron los zapatos a una velocidad récord; Izuku, en particular, ató sus distintivas botas rojas con manos temblorosas, sintiendo la mirada ardiente de Endeavor quemándole la nuca desde el pasillo.

Salieron a la noche fresca.

El taxi esperaba con el motor en marcha al final del camino de entrada.

El alivio de Izuku fue palpable, soltando un suspiro que empañó el aire nocturno.

—Lamento mucho todo el alboroto, Midoriya-kun, Bakugo-kun —dijo Fuyumi, caminando con ellos hasta la puerta del vehículo.

Su voz sonaba avergonzada, pero había una chispa de emoción en sus ojos tras las gafas.

—No te preocupes, Fuyumi-san.

La cena estuvo deliciosa y…

bueno, lamento haber roto el plato —respondió Izuku, rascándose la mejilla nerviosamente.

Bakugo, que ya estaba abriendo la puerta trasera del taxi, resopló.

—Sí, sí, muy conmovedor.

Sube al auto antes de que tu viejo decida convertirnos en brochetas, Cuatro Ojos.

Izuku estaba a punto de subir cuando sintió una mano suave en su antebrazo.

Se giró y se encontró con Fuyumi, quien lo miraba con una intensidad inusual.

—Espera un segundo, Midoriya-kun.

Con una sonrisa tímida pero decidida, Fuyumi metió la mano en el bolsillo de su cárdigan y sacó un pequeño trozo de papel doblado cuidadosamente.

Tomó la mano de Izuku, y presionó el papel contra su palma, cerrando sus dedos sobre él.

—Gracias por todo.

Por escucharme, por ayudarme…

y por atraparme —susurró ella.

Entonces, Fuyumi se inclinó.

Izuku se quedó paralizado, sus ojos verdes abiertos de par en par.

Fuyumi se acercó a su rostro, el aroma a té verde y flores invadiendo los sentidos del chico, y depositó un beso rápido, suave y cálido en su mejilla derecha.

—Buenas noches, Izuku-kun.

Fuyumi se separó, con el rostro teñido de un rojo brillante, dio media vuelta y corrió de regreso a la seguridad de la mansión Todoroki con pasos rápidos y ligeros.

Izuku se quedó allí, de pie junto al taxi abierto.

Su cerebro había dejado de procesar información.

Estaba en un estado de shock absoluto.

¿Fuyumi-san?

¿La hermana de Todoroki?

¿Acababa de…?

—¡Oye, Romeo!

—La voz de Bakugo lo trajo de vuelta a la realidad, pero no lo suficiente para moverse.

Bakugo miró hacia la casa y su sonrisa burlona se transformó en una mueca de urgencia.

—¡MIERDA!

¡SUBE!

Izuku giró la cabeza mecánicamente hacia la casa.

En la ventana del segundo piso, una luz naranja infernal iluminaba la oscuridad.

La silueta de Endeavor se recortaba contra el fuego, con las llamas de su barba y bigote ardiendo con una intensidad que prometía dolor, sufrimiento y entrenamientos infernales.

Aunque a Bakugo le hubiera encantado ver a Deku siendo rostizado en vivo, tenía prioridades.

Mañana tenían entrenamiento temprano y no quería lidiar con un cadáver carbonizado en el asiento trasero.

—¡¡MUÉVETE!!

Bakugo agarró a Izuku por la parte trasera de su chaqueta y lo arrastró dentro del taxi con fuerza bruta, cerrando la puerta de un portazo.

—¡Arranque!

¡Pise el acelerador, viejo!

—le gritó al taxista.

El conductor, sintiendo el peligro emanar de la casa, no hizo preguntas y aceleró, dejando atrás la residencia Todoroki y la furia del Héroe Número Uno.

El Trayecto y el Mensaje El taxi recorrió varias cuadras en silencio.

Izuku miraba por la ventana, viendo las luces de la ciudad pasar como líneas borrosas, su mano todavía cerrada en un puño, protegiendo el papel que Fuyumi le había dado.

Poco a poco, la adrenalina del miedo a Endeavor fue reemplazada por la conmoción del gesto de Fuyumi.

Lentamente, abrió la mano.

Allí estaba el papel.

Con dedos temblorosos, lo desdobló.

Había un número de teléfono escrito con una caligrafía elegante y ordenada, seguido de una pequeña nota: “Escríbeme cuando llegues.

Me gustaría seguir hablando contigo.

– Fuyumi” Izuku sintió que su cara ardía.

Nunca, en toda su vida, una chica le había dado su número de esta manera.

Y mucho menos una mujer mayor, amable y hermosa como Fuyumi.

—Pffff…

jajaja…

¡JAJAJAJAJA!

La risa estridente de Bakugo rompió su burbuja.

Izuku saltó en su asiento y giró la cabeza.

Bakugo estaba inclinado sobre su hombro, leyendo descaradamente la nota.

—¡K-Kacchan!

¡Eso es privado!

—gritó Izuku, tratando de ocultar el papel contra su pecho.

—¡No puedo creerlo!

—Bakugo se agarraba el estómago, riendo con lágrimas en los ojos—.

¡En serio, Deku!

¡Conquistaste a la hermana mayor del Mitad-y-Mitad!

¡Esto es lo más hilarante y suicida que has hecho en tu vida!

¡Ni siquiera enfrentarte a Shigaraki fue tan peligroso!

—¡N-No la conquisté!

¡Solo está siendo amable!

—se defendió Izuku, rojo como un tomate maduro.

—”Escríbeme, quiero seguir hablando contigo” —recitó Bakugo con una voz aguda y burlona, imitando a Fuyumi—.

¡Por favor!

¡Te dio un beso en la mejilla!

¡Lo vi!

¡Endeavor lo vio!

¡Estás muerto, nerd!

¡Mañana en el entrenamiento te va a convertir en cenizas!

“¡PROMINENCE BURN!” —gritó Bakugo, imitando el ataque de Endeavor.

El resto del viaje fue una tortura.

Bakugo no paró de hacer bromas sobre cómo Izuku ahora sería el “tío” de los hijos de Shoto, o cómo tendría que llamar “Suegro” a Endeavor.

Cuando el taxi finalmente se detuvo frente a la agencia de Endeavor, Izuku abrió la puerta y salió disparado como una bala, ignorando al conductor (aunque Bakugo pagó, gruñendo).

Corrió por el pasillo, subió las escaleras y se encerró en su habitación, apoyando la espalda contra la puerta y respirando agitadamente.

—Kacchan es imposible…

—murmuró, deslizándose hasta el suelo.

El silencio de su habitación le permitió calmarse.

Se sentó en su cama y sacó su teléfono.

Miró el papel de nuevo.

Su corazón latía con fuerza.

¿Debería escribirle?

Era la hermana de su amigo.

Era la hija de su mentor.

Pero…

ella había sido tan dulce.

Después de dar varias vueltas en la cama, debatiendo consigo mismo y escribiendo y borrando el mensaje diez veces, finalmente tomó valor.

Agregó el contacto: Fuyumi Todoroki.

Izuku: Hola, Fuyumi-san.

Soy Midoriya.

Lamento la hora.

Presionó enviar y lanzó el teléfono a la almohada como si fuera una granada activa.

Mientras tanto, en la casa Todoroki, Fuyumi estaba sentada en el borde de su cama, con su teléfono en las manos, mirando la pantalla.

Había pasado una hora.

“Quizás fue demasiado atrevido…

Quizás Endeavor le hizo algo…” pensó con preocupación.

De repente, su teléfono vibró.

Sus ojos se iluminaron al ver el nombre en la pantalla.

Una sonrisa genuina y cálida se dibujó en su rostro.

A pesar de la diferencia de edad y de la complicada relación familiar, Izuku Midoriya la hacía sentir escuchada, algo raro en esa casa.

Fuyumi: ¡Hola, Midoriya-kun!

Qué alegría que escribieras.

¿Llegaron bien?

¿Bakugo-kun no te molestó mucho?

Izuku leyó la respuesta y sonrió.

La tensión en sus hombros desapareció.

Izuku: Llegamos bien.

Kacchan fue…

bueno, Kacchan.

Pero sobreviví.

Gracias de nuevo por la cena, estaba increíble.

La conversación fluyó con una naturalidad sorprendente.

Hablaron de cosas triviales, de recetas, de libros, evitando hablar de héroes o de Endeavor.

Fue un intercambio dulce y tranquilo que duró hasta altas horas de la madrugada.

Fuyumi: Ya es tarde y mañana tienes entrenamiento.

Deberías descansar.

Ten una bonita noche, Izuku-kun.

Izuku: Igualmente, Fuyumi-san.

Buenas noches.

Izuku apagó el teléfono con una sensación de calidez en el pecho.

Sin embargo, al cerrar los ojos, la imagen de Fuyumi se mezcló traicioneramente con un recuerdo táctil diferente: la sensación de un cuerpo pegado al suyo en un almacén y unos ojos azules grandes y curiosos.

—Esto es complicado…

—susurró antes de caer rendido.

El Encargo y el Reencuentro A la mañana siguiente, el ambiente en la agencia de Endeavor era gélido, a pesar de las llamas del dueño.

Endeavor no dirigió la palabra a Izuku durante el entrenamiento físico, pero la intensidad de los ejercicios fue el doble de lo habitual.

Izuku sentía que estaba pagando por cada segundo que pasó en la cocina con Fuyumi.

Alrededor del mediodía, cuando Izuku apenas podía sentir sus brazos, Endeavor se acercó a él, secándose el sudor con una toalla.

—Midoriya —gruñó.

—¡¿S-Sí, Endeavor-san?!

—Izuku se puso firme, esperando un regaño o un golpe.

—Tengo unos documentos confidenciales sobre la redada del almacén.

Análisis químicos de la brea y reportes de daños estructurales.

Deben ser entregados a la Agencia Ryukyu hoy mismo.

Endeavor lo miró con desdén, como si quisiera deshacerse de él por unas horas para no tener que verle la cara.

—Llévalos tú.

Ve rápido y regresa para el patrullaje nocturno.

No te distraigas.

—¡Entendido!

—Izuku tomó el sobre sellado, agradecido por la oportunidad de escapar de la mirada asesina de su mentor.

El viaje en tren hacia la agencia de Ryukyu fue rápido.

Izuku aprovechó para repasar mentalmente sus notas de héroe, tratando de no pensar en Fuyumi ni en Nejire, pero el destino tenía otros planes.

Al llegar al imponente edificio de la Agencia Ryukyu, Izuku se acercó a la recepción.

—Disculpe, soy Izuku Midoriya de la agencia de Endeavor.

Traigo documentos para Ryukyu-san.

—¡Ah, Midoriya-kun!

Pasa, están en la sala de reuniones principal —dijo la recepcionista amablemente.

Izuku caminó por los pasillos familiares.

Al llegar a la sala de reuniones, tocó la puerta y entró.

—Con permiso…

—¡Y entonces le dije que si sus cuernos le pesaban al volar!

—se escuchó una voz enérgica y melodiosa.

Izuku se congeló.

Allí estaba Ryukyu, sentada revisando unos mapas.

Y flotando a un metro del suelo, con su largo cabello celeste moviéndose como si estuviera bajo el agua, estaba Nejire Hado.

Al escuchar la puerta, Nejire giró en el aire.

—¿Eh?

¿Quién es…?

Sus miradas se cruzaron.

El tiempo se detuvo de nuevo, tal como había sucedido en la cocina con Fuyumi, pero esta vez la sensación era diferente.

No era un momento tranquilo y doméstico; era una sacudida eléctrica.

Nejire vio a Izuku y, de golpe, el sueño de la mañana anterior la golpeó con la fuerza de un camión.

Vio sus brazos, sus pecas, sus ojos verdes…

y su mente superpuso las imágenes de su sueño erótico sobre el inocente chico que estaba parado en la puerta con un sobre en la mano.

Izuku vio a Nejire y sintió, fantasmagóricamente, la presión de su cuerpo contra el suyo, el calor, la respiración compartida dentro de la brea.

—¡Ah!

¡I-I-Izuku-kun!

—chilló Nejire, perdiendo el control de su vuelo y cayendo de pie torpemente (algo inaudito para ella).

Su rostro se puso de un rojo tan intenso que parecía que iba a explotar.

—¡N-N-Nejire-senpai!

—Izuku retrocedió un paso, abrazando el sobre como si fuera un escudo—.

¡H-Hola!

¡Traigo…

papeles!

¡Papeles de brea!

¡Digo, papeles que envía Endeavor!

El aire se volvió espeso.

Ambos desviaban la mirada, miraban el techo, el suelo, las paredes, cualquier cosa que no fuera el otro.

Nejire jugaba nerviosamente con un mechón de su cabello, retorciéndolo furiosamente.

Izuku temblaba ligeramente.

Ryukyu, la Heroína Dragón, observó la escena con sus agudos ojos de reptil.

Miró a Nejire, roja y nerviosa (algo que nunca sucedía).

Miró a Midoriya, al borde del colapso nervioso.

Recordó el incidente del almacén y unió los puntos.

Una sonrisa astuta cruzó su rostro.

—Midoriya-kun, gracias por traer los documentos —dijo Ryukyu con calma, rompiendo el silencio incómodo—.

Déjalos aquí.

Izuku depositó el sobre en la mesa con movimientos robóticos.

—S-Sí.

Bueno, si eso es todo, yo me…

—Espera —interrumpió Ryukyu.

Abrió el sobre y ojeó el contenido—.

Estos análisis son densos.

Necesitaré al menos una hora para revisarlos, firmar la recepción y redactar una respuesta oficial para Endeavor.

No tiene sentido que regreses y vuelvas a venir.

Ryukyu abrió un cajón de su escritorio y sacó dos pequeños trozos de papel coloridos.

—Nejire, has estado trabajando duro toda la mañana y necesitas un descanso.

Midoriya-kun, debes esperar.

Les extendió los papeles.

Eran cupones.

—Tomen.

Son pases para “Helados Mount Lady”, la nueva heladería a cuatro cuadras de aquí.

Tienen una promoción de “Super Helado de 3 Bolas”.

Vayan a comer algo mientras yo termino esto.

Es una orden de su jefa temporal.

—¡¿Eh?!

—exclamaron ambos al unísono.

—¡Pero Ryukyu!

—protestó Nejire débilmente.

—Nada de peros.

Necesitan aire fresco.

Ambos parecen estar a punto de sufrir una insolación por lo rojos que están —dijo Ryukyu con una sonrisa divertida—.

Fuera de mi oficina.

Vuelvan en una hora.

Cinco minutos después, Izuku y Nejire caminaban por la acera bajo el sol de la tarde.

La distancia entre ellos era de al menos un metro .

El silencio era agonizante.

Izuku miraba sus botas.

“¿Qué hago?

¿Qué digo?

Ella sabe que estoy pensando en lo del abrazo.

¿O estará incómoda porque soy un junior?

¡Kacchan tenía razón, soy un desastre!” Nejire flotaba a unos centímetros del suelo, mirando las nubes.

“¡No mires sus brazos!

¡No mires sus brazos!

¡Oh, por Dios, miré sus brazos!

¿Por qué el traje de gimnasia le queda tan bien?

¡Cálmate, Nejire!

¡Eres una de los Tres Grandes!

¡Actúa normal!” Llegaron a la heladería.

El lugar era colorido y estaba lleno de estudiantes.

Al llegar al mostrador, la tensión comenzó a disiparse ante la decisión crucial de elegir sabores.

—¡Bienvenido!

—dijo el empleado—.

¿Qué van a pedir?

—Yo quiero…

—Nejire miró la vitrina, sus ojos iluminándose y su personalidad curiosa ganando la batalla contra la vergüenza—.

¡Quiero Chicle Galáctico, Explosión de Frambuesa y…

Menta con Chispas!

¡Y muchos confites de colores!

Izuku sonrió levemente al ver su entusiasmo.

—Yo pediré…

Vainilla, Chocolate y…

tal vez Pistacho, por favor.

Se sentaron en una mesa al aire libre.

Nejire atacó su montaña de helado de colores neón con una cuchara de plástico.

—¡Mmm!

¡Está delicioso, Izuku-kun!

—exclamó ella, con una mancha azul en la comisura del labio.

Esa pequeña imperfección rompió el hielo.

Izuku soltó una risita nerviosa pero genuina.

—Tienes un poco de…

aquí —señaló su propia mejilla.

Nejire se limpió con la lengua, un gesto inocente que casi le provoca un infarto a Izuku debido a sus pensamientos recientes, pero él se obligó a concentrarse.

—Oye, Izuku-kun…

—empezó Nejire, ya más relajada—.

El otro día, cuando me salvaste…

noté algo.

Cuando usas tu Don, los rayos verdes…

¿salen de todo tu cuerpo o los concentras?

La pregunta fue como abrir una compuerta.

Los ojos de Izuku brillaron.

—¡Ah!

Bueno, al principio me rompía los huesos porque lo usaba todo en un punto, pero ahora uso el Full Cowl, que distribuye la energía uniformemente.

Es como…

imagina un huevo en un microondas, no quieres que explote, quieres que se cocine parejo…

—¡Ohhh!

¡Como un circuito eléctrico cerrado!

—interrumpió Nejire, acercándose más a la mesa, olvidando la incomodidad—.

¿Y cómo sientes la energía?

¿Es caliente?

¿Es como un cosquilleo?

Mis ondas son como empujar aire muy fuerte desde mis pies y manos, pero tengo que controlar la salida o me quedo sin vitalidad.

—¡Eso es fascinante!

—Izuku sacó una libreta pequeña que siempre llevaba (incluso en misiones de mensajería)—.

¿La vitalidad afecta tu resistencia física o mental?

¿Si comes azúcar recargas más rápido?

—¡Sí!

Bueno, no exactamente azúcar, pero si estoy cansada mis ondas son más pequeñas.

¡Por eso como mucho!

—Nejire rio, agitando su cuchara—.

Eres muy curioso, Izuku-kun.

Me gusta eso.

La mayoría de la gente se aburre cuando hablo mucho o pregunto demasiado.

Izuku se detuvo, sorprendido.

La miró a los ojos.

Ya no había vergüenza, solo conexión.

—A mí no me aburre, Nejire-senpai.

Creo que tu curiosidad es lo que te hace una gran heroína.

Quieres entenderlo todo para poder ayudar mejor.

Eso es…

increíble.

Nejire parpadeó, sorprendida por el cumplido sincero.

El sonrojo volvió a sus mejillas, pero esta vez fue un rubor suave y dulce, no de vergüenza.

Bajó la mirada a su helado derretido.

—Gracias…

Izuku-kun.

Tú también eres increíble.

La hora pasó volando.

Hablaron de técnicas, de héroes, de la escuela.

La incomodidad del “incidente de la brea” y los “sueños” quedó relegada a un segundo plano, reemplazada por una química natural y enérgica.

Izuku descubrió que Nejire era mucho más que una chica alegre; era inteligente y perceptiva.

Nejire confirmó que Izuku no era solo un niño tímido; era apasionado y tenía un corazón enorme.

Regresaron a la agencia de Ryukyu caminando mucho más cerca el uno del otro que a la ida.

Sus hombros se rozaban ocasionalmente y ya no se apartaban como si quemara.

Al entrar en la oficina, Ryukyu los esperaba con el sobre sellado.

—Justo a tiempo.

Aquí tienes la respuesta para Endeavor, Midoriya-kun.

Buen trabajo a ambos.

Izuku tomó el sobre e hizo una reverencia.

—¡Muchas gracias, Ryukyu-san!

¡Y gracias por el helado!

—Gracias, Ryukyu —dijo Nejire, flotando felizmente.

Izuku se dirigió a la salida.

—Bueno, debo irme antes de que Endeavor se enfade.

Nos vemos, Nejire-senpai.

Nos vemos, Ryukyu-san.

Caminó hacia el ascensor.

Presionó el botón y esperó.

Las puertas se abrieron y izuku entro al ascensor.

—¡Espera!

¡Izuku-kun!

Izuku se giró.

Nejire venía volando bajo por el pasillo, deteniéndose justo frente a él Aterrizó suavemente, quedando frente a frente.

—¿S-Sí, senpai?

Nejire jugó con sus manos detrás de su espalda, balanceándose sobre sus talones.

Se veía adorablemente nerviosa, una imagen muy diferente a la poderosa heroína de los Tres Grandes.

—Yo…

quería agradecerte apropiadamente —dijo ella, mirando al suelo y luego subiendo sus grandes ojos azules hacia él—.

En la heladería hablamos de dones y héroes, pero no te dije lo importante.

Ese día en el almacén…

te lanzaste sin pensar para protegerme.

Nadie había hecho eso por mí de esa forma.

Siempre soy yo la que protege o ataca desde lejos.

contigo pude Sentir que…

sentir que alguien me cuidaba…

significó mucho.

Izuku sintió que el calor subía a su cuello.

—Y-Yo solo hice lo que cualquiera…

—No, no cualquiera —interrumpió ella—.

Tú.

Nejire dio un paso adelante, invadiendo su espacio personal.

El corazón de Izuku comenzó a martillear contra sus costillas, un eco del momento en la brea.

—Gracias, mi héroe —susurró ella.

Nejire se inclinó rápidamente, apartó un poco su cabello celeste y presionó sus labios suaves contra la mejilla izquierda de Izuku.

El beso duró un segundo más que el de Fuyumi.

Fue tierno, pero tenía una chispa eléctrica.

Nejire se separó, con la cara completamente roja y una sonrisa brillante y traviesa.

—¡No te pierdas en el camino de vuelta!

—exclamó ella, y antes de que Izuku pudiera reaccionar, activó su don y salió volando de regreso por el pasillo a toda velocidad, dejando una estela de energía dorada y risitas nerviosas.

Las puertas del ascensor se cerraron frente a Izuku, dejándolo solo en la caja metálica.

Izuku se llevó una mano a la mejilla derecha (donde Fuyumi lo había besado la noche anterior) y luego la otra mano a la mejilla izquierda (donde Nejire acababa de besarlo).

Se quedó mirando su reflejo en el metal pulido de la puerta del ascensor.

Sus ojos estaban desorbitados.

Su cara era un faro rojo.

Un déjà vu masivo lo golpeó.

Dos besos.

Dos chicas increíbles.

Menos de 24 horas.

—¿Q-Qué…

qué está pasando con mi vida?

—balbuceó Izuku, deslizándose lentamente hasta quedar en cuclillas en el rincón del ascensor, con el sobre de Endeavor apretado contra su pecho—.

¡No entiendo nada!

¡Kacchan se va a burlar de mí hasta que me gradúe!

¡Endeavor me va a matar!

¡Y mi corazón va a explotar!

Mientras el ascensor descendía, Izuku Midoriya, el heredero del poder más grande del mundo, se dio cuenta de que enfrentaba su mayor desafío hasta la fecha: sobrevivir a su propia, repentina e inexplicable popularidad romántica.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Daoist3kPYhE La creación es difícil, ¡anímame!

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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