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Kaito Kamekura :El juego de las conquistas - Capítulo 15

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15: Capitulo 15 Firma 15: Capitulo 15 Firma Kaito la cargó de nuevo en brazos estilo princesa, saliendo del hidromasaje con paso seguro.

Al cruzar la puerta del baño, ambos vieron el reloj de la habitación marcando las 13:30 en punto – la tarde ya avanzaba, y el momento de la firma se acercaba.

Al llegar al dormitorio, la cama king size seguía con rastros evidentes de su pasión – las sábanas estaban húmedas, manchadas con los líquidos de Reina que habían escurrido durante sus encuentros.

Los uniformes del instituto estaban regados alrededor de ella, tirados al suelo en su afán de desvestirse antes.

—Vamos al sofá —dijo Kaito suavemente, dirigiéndose hacia el amplio mueble de cuero negro en la esquina de la habitación— Colocó a Reina con cuidado sobre el sofá y fue por dos toallas grandes y suaves del baño.

Se arrodilló frente a ella, empezando a secarle con delicadeza la piel húmeda – primero sus piernas, luego su espalda, descendiendo por sus glúteos aún rojizos y subiendo hasta sus pechos, con movimientos que eran a la vez cuidadosos y llenos de afecto.

Reina cerró los ojos, disfrutando de cada caricia del paño sobre su piel.

—Ya es tarde —murmuró ella, acariciando la mejilla de Kaito—.

El contrato espera.

—Lo sé, mi Reina —respondió él, terminando de secarla para luego envolverla en una de las toallas—.

Primero nos cambiamos.

No podemos llegar así a la agencia.

Mientras iba a recoger sus prendas del suelo, sintió cómo su celular vibraba en el bolsillo de la chaqueta del uniforme.

Lo sacó y vio que era un mensaje de Nanoha: “Hola amor, ya llegué a mi casa.

Espero que te haya ido bien en la reunión.

Kaito, quiero decirte algo…

hoy mi mamá me dijo que la acompañara a cómprar por lo que no voy a poder estar contigo está tarde amor.

Al leerlo, Kaito rio suavemente bajo susurros.

Jajaj, no sabes lo bien que me fue, Nanoha, pensó con satisfacción.

Rápidamente escribió una respuesta: “Tranquila, mi amor.

Todavía tengo trabajo – a las 14:00 firmo un contrato que cambiará la vida de los dos.

No te preocupes por hoy, ayuda a tu mamá mañana podemos estar juntos de nuevo cuídate.

Te quiero mucho.” Después de enviarlo, guardó el celular y Se vistió con precisión: pantalón oscuro, camisa blanca y la chaqueta del colegio, ajustando cada detalle con su habitual porte impecable.

Mientras tanto, Reina se había puesto de pie, envuelta en la toalla, y recogió su propio uniforme del suelo – también regado cerca de la cama y se lo puso cuando los dos estubieron listos salieron de la sala .

Los dos se dirigieron al estacionamiento y al llegar , Kaito abrió la puerta del Cadillac negro para Reina, ayudándola a subir con gallardía antes de ocupar el asiento del conductor.

Al encender el motor, el reloj del tablero marcaba las 13:45 – tenían tiempo justo para llegar a la agencia de Azure Petal Beauty antes de la hora de la firma.

Mientras el coche avanzaba por las calles de la ciudad, el silencio cómodo se instaló entre ellos.

Reina apoyó la cabeza en el respaldo del asiento, cerrando los ojos brevemente mientras sus pensamientos volvían a todo lo que habían hecho juntos.

Nunca imaginé que pudiera sentirme así, reflexionó, sintiendo aún el calor de sus manos sobre su piel, la fuerza con la que la había dominado y la ternura con la que ahora la trataba.

Había cortado con su pasado de un solo golpe, y no sentía ni un ápice de arrepentimiento – al contrario, se sentía más completa que nunca.

Kaito, por su parte, mantenía la mirada fija en la carretera pero su mente volaba.

Dos conquistas completadas, pensó con una sonrisa apenas perceptible, ya solo falta una más para desbloquear el Modo Avanzado.

Recordó cada instante de su unión con Reina – la forma en que había luchado por el control al principio, cómo finalmente se había rendido a su dominio, y cómo después había tomado las riendas con valentía.

Nanoha y Reina…

pronto entenderán que están mejor juntas a mi lado.

—¿Estás pensando en lo mismo que yo?

—preguntó Reina, abriendo los ojos y volviendo a mirarlo.

Kaito giró la cabeza por un instante, dirigiéndole una mirada intensa: —Seguro que sí, mi Reina.

Pensando en cómo esta unión va a cambiar todo.

Tanto para nosotros como para nuestras empresas.

—Sí —asintió ella, acariciando el brazo de Kaito—.

Nunca creí que alguien pudiera hacerme sentir así…

tan protegida y tan poderosa a la vez.

Kaito: —Ese es el propósito de ser tu Rey —respondió él, apretando su mano brevemente antes de volver la atención a la carretera—.

Y ahora, vamos a sellar nuestro pacto con el contrato que va a hacer de Azure Petal Beauty una marca mundial.

Mientras se acercaban a la agencia – un edificio moderno de cristal y acero en el centro de la ciudad – ambos sintieron cómo la emoción se mezclaba con la seriedad del momento.

Habían vivido una pasión intensa, pero ahora era hora de demostrar al mundo que su alianza iba mucho más allá de lo físico: eran socios, amantes y aliados que dominarían el mercado de los cosméticos juntos.

Al aparcar el Cadillac frente a la entrada principal, Kaito bajó primero y fue a abrirle la puerta a Reina.

Al salir, ella se ajustó la chaqueta del uniforme y sonrió con determinación – ya no era solo la hija de la fundadora, sino la compañera de un hombre que estaba dispuesto a conquistar el mundo a su lado.

Juntos entraron en el edificio, listos para firmar el contrato que consolidaría su imperio.

Al entrar en las oficinas de Azure Petal Beauty, la recepcionista los saludó con una sonrisa profesional: “Bienvenidos de nuevo, señor Kamekura, señorita Kurashiki.

La directora Kurashiki ya les espera en la sala de reuniones”.

Kaito abrió la puerta para Reina, quien avanzó con paso firme y expresión seria.

En el interior, Reika Kurashiki estaba de pie junto a la mesa, revisando algunos documentos.

Al verlos entrar, levantó la vista – su traje rojo ajustado resaltaba su imponente presencia, y su mirada azul transmitía la misma mezcla de autoridad y astucia que Kaito recordaba de su primera reunión.

“Kaito, Reina”, saludó con voz clara y medida, extendiendo la mano a su hija primero y luego a él.

“Llegaron a tiempo.

Ya he revisado todos los términos con mi equipo legal, y estamos listos para proceder”.

Reina se sentó en su lugar habitual al lado de la mesa, manteniendo la espalda recta y la mirada fija en los documentos.

Kaito colocó su maletín sobre la superficie y sacó las copias firmadas del contrato, mientras su mente volaba – recordaba cada detalle de aquella primera reunión, cómo había logrado convencerla con sus argumentos, y ahora veía cómo la hija ya estaba en sus manos.

Solo falta la madre, pensó con una emoción contenida, y las dos Kurashiki formarán parte de mi imperio.

“Como acordamos”, empezó Reika, sentándose frente a ellos y pasando una hoja con su dedo manicurado, “Global Swift Logistics se encargará de la distribución internacional en 25 países, con un 40% de beneficios para nosotros y 60% para su empresa.

La cláusula de exclusividad en mercados emergentes permanece intacta, y los planes para potenciar la carrera de Reina como embajadora global también están incluidos”.

Kaito asintió, empujando una carpeta hacia ella: “Todo está detallado aquí, señora Kurashiki.

Incluimos además un plan de expansión gradual para los próximos tres años, con proyecciones de crecimiento del 75% en ventas para Azure Petal Beauty”.

Reina intervino por primera vez, su voz firme y profesional: “He revisado los acuerdos con las revistas internacionales.

Los plazos y los destinos para las sesiones fotográficas son adecuados, y no interferirán con mis estudios”.

Reika miró a su hija con una leve sonrisa de aprobación antes de volver la atención a Kaito: “Mi equipo ha verificado todas las cifras.

Son sólidas .

No hay dudas de que esta alianza nos beneficiará a ambas partes”.

Mientras firmaban las múltiples páginas del contrato – Kaito con su caligrafía precisa, Reika con una mano segura y decidida – la tensión orgullosa que caracterizaba a las Kurashiki se palpitaba en el aire.

Reina observaba cada movimiento con atención, su expresión seria pero con un brillo en los ojos que delataba su compromiso tanto con la marca como con la alianza que había forjado.

Cuando pusieron la última firma, Reika levantó la vista y sostuvo la mirada de Kaito durante unos segundos más de lo habitual.

“Recuerdo nuestra primera reunión”, dijo con un matiz en su voz que no pasaba desapercibido, “cuando viniste aquí con tu traje azul y me convenciste de que esta asociación era el futuro.

Has cumplido con lo que prometiste”.

“Lo dije con toda la seriedad del caso, señora Kurashiki”, respondió Kaito, estrechándole la mano con firmeza.

Al sentir la suavidad de su piel contra la suya, sintió cómo su deseo se intensificaba – sabía que la orgullosa Reika no cedería fácilmente, pero también sabía que tenía el poder y la paciencia para conquistarla, como lo había hecho con su hija.

Reina se levantó, recogiendo sus propias copias del contrato.

“A partir de hoy, empezaremos con los preparativos para la campaña global”, dijo en tono serio, dirigiéndose a ambos.

“Tendremos que coordinar los tiempos entre el instituto y las sesiones de fotos”.

“Claro que sí, Reina”, respondió Kaito.

Reina frunció ligeramente el ceño por la familiaridad en público, pero no lo corrigió – una señal que no escapó a la atención de Reika, quien arqueó una ceja con curiosidad.

“Quizás podamos celebrar este acuerdo con una cena en mi casa la semana que viene “, propuso Reika, dirigiéndose a Kaito con una mirada evaluadora.

“Me gustaría discutir los próximos pasos con más calma…

y también conocer mejor al hombre que ha cambiado el rumbo de nuestra empresa”.

Kaito sonrió con satisfacción – la oportunidad que buscaba se presentaba sola.

“Estaré encantado, señora Kurashiki.

Estoy seguro de que tendremos mucho que hablar”.

Mientras Reika lo acompañaba hacia la salida.

Sabía que conquistar a la madre sería un desafío mayor, pero también sabía que las orgullosas Kurashiki tenían un punto débil – reconocían el poder cuando lo veían, y él estaba dispuesto a demostrarles que era el único capaz de liderarlas tanto en los negocios como en su vida personal..

Reina acompañó a Kaito hasta la planta baja del Edificio Crystal Bloom, caminando a su lado en silencio cómodo por el pasillo.

La seriedad de la firma del contrato aún se notaba en su expresión, pero al llegar a la entrada principal, se detuvo y lo miró directamente a los ojos.

Reina —El contrato está firmado —dijo con voz medida—.

A partir de ahora, nuestras empresas están ligadas.

Y tú y yo también mi rey.

Kaito asintió, acercándose un poco más: “Sé que eres orgullosa, Reina.

Pero también sé que hemos encontrado algo más allá de los negocios”.

Sin esperar a más palabras, Kaito se inclinó y le dio un beso corto pero firme en los labios – un beso de compromiso, sin la pasión desenfrenada de antes pero cargado de significado.

Kaito —Ahora ve —dijo al separarse, ajustándose la chaqueta—.

Tienes que descansar, y yo también hoy fue un día muy largo.

Kaito sonrió, tomando su mano brevemente: “Estaré en contacto.

Pronto empezaremos con la campaña, y verás cómo te convertimos en la modelo más reconocida del sector”.

Con un último guiño, se despidió y se dirigió al estacionamiento donde su Cadillac negro esperaba.

A medida que conducía por las calles, decidió ir a su restaurante favorito – un pequeño lugar elegante en el centro de la ciudad, donde podía comer con tranquilidad y planificar sus próximos movimientos.

Al llegar, pidió un plato de pasta fresca y una copa de vino tinto.

Mientras comía, su mente volaba entre las posibilidades: Reina ya estaba en sus manos, Reika era la siguiente, y ahora estaba a punto de ver a Yoko Nitta, su sirvienta.

¿Será ella la tercera conquista que necesito para desbloquear el Modo Avanzado?

se preguntó con emoción, imaginando cómo la mujer que limpiaba su departamento le rogara por sexo.

PERSPECTIVA DE YOKO NITTA.

HORA: 14:55 HORAS | LUGAR: PASILLO DEL PISO 18, EDIFICIO METRÓPOLI Yoko Nitta hoy era Jueves y su segundo día de trabajo de la semana, y tal vez el último – si finalmente se atrevía a tomar la decisión que llevaba rondando en la cabeza desde el lunes, su primer día en este puesto donde todo cambió para siempre.

El taconeo de sus zapatos de tacón bajo resonaba con lentitud en el pasillo amplio y luminoso del piso 18.

Yoko Nitta ajustó la correa de su bolso negra con una mano, mientras la otra sujetaba la pequeña maletín donde guardaba sus productos de limpieza – los mismos que siempre llevaba: paños microfibra, productos de limpieza profesional y un trapo suave para las superficies de madera noble.

Debajo del brazo, a escondidas, llevaba una hoja de papel blanca doblada a cuatro partes – Era su carta de renuncia, que había redactado entre lágrimas la noche anterior, mientras Tomohiro dormía profundamente a su lado.

Vestía lo que consideraba su “uniforme de trabajo”: una camisa blanca de manga corta, que aunque ajustada, le permitía moverse con facilidad, y una falda negra ceñida que llegaba justo a la rodilla, sujetada por un cinturón de cuero marrón delgado.

Pero al caminar, no pudo evitar recordar el vestido verde sin mangas que había usado el lunes – el que se deslizó por sus hombros con un movimiento decidido cuando aceptó el trato que cambiaría su vida.

La tela de la camisa actual se tensaba ligeramente sobre sus pechos grandes, y la falda dejaba entrever la curva generosa de sus glúteos cada vez que daba un paso.

Había escogido esta ropa con cuidado – no quería llamar la atención, pero tampoco quería lucir descuidada.

Después de todo, el departamento de su jefe era de una elegancia exquisita, y si este iba a ser su último día allí, quería hacerlo dignamente.

Además, llevaba en su bolso el pendrive nuevo que había comprado para reemplazar el que había roto por accidente el lunes – un detalle que la torturaba tanto como lo consolaba.

Eran apenas cinco minutos para las 15:00 horas, y su camino hacia la puerta “Departamento Privado” se sentía cada vez más largo.

Cada metro que avanzaba, su mente volvía a aquel día del lunes, cuando todo comenzó.

El lunes fue mi primer día aquí, pensó, cerrando los ojos por un instante mientras se detuvo frente a un ventanal que daba a la ciudad.

Había llegado dos minutos tarde, nerviosa pero emocionada por el trabajo que necesitábamos tanto.

Cuando él me abrió la puerta, me quedé boquiabierta – las paredes blancas con obras de arte originales, los muebles de diseño, los pisos de madera noble que brillaban bajo la luz.

Mi casa con Tomohiro es pequeña pero cálida, nada que ver con este espacio suntuoso.

El recuerdo de cómo rompió el pendrive plateado llegó a ella con crudeza.

Había estado recogiendo las prendas de lujo esparcidas por la cama de la habitación principal cuando su pie derecho dio con algo duro y frío.

El crujido metálico que siguió hizo que su corazón se cerrara de golpe.

¿Qué he hecho?, se preguntó en aquel momento, cogiendo los dos pedazos rotos con manos temblorosas.

Pensó en Tomohiro, en cómo contaría esto en casa, en el miedo de perder este empleo que necesitaban tanto para pagar las deudas del coche, los medicamentos de su suegra y los ahorros que iban acumulando para su futuro.

Kaito-kun…

Disculpa mucho, pero…

encontré esto en el suelo y creo que lo he roto al pisarlo sin querer…, recordó haber dicho con voz suave pero inquieta.

Y la expresión seria de Kaito cuando vio el dispositivo roto – Ese pendrive tenía información confidencial de la empresa de mi padre.

Datos de clientes importantes, planes de expansión…

si no se pueden recuperar, podría haber problemas graves.

La culpa la invadió por completo, las lágrimas se acumularon en sus ojos mientras pensaba en cómo había arruinado todo en su primer día.

Pero entonces, la propuesta que cambió todo.

El silencio en el penthouse se hizo opresivo, y mientras ella miraba el pendrive roto su mente se había enfrentado a la realidad: sin este trabajo, su mundo con Tomohiro se caería a pedazos.

Una resolución fría se había instalado en su pecho – si ese era el precio para asegurar su futuro, lo pagaría con la cabeza en alto.

Lo haré, había dicho, y su voz había sonado más firme de lo que esperaba.

Pero esto es un negocio, Kaito-kun.

El contrato se firma hoy y Tomohiro queda fuera de tus juegos para siempre.

Recordó cómo había bajado la cremallera de su vestido verde y lo había dejado caer al suelo con un suave siseo, quedándose frente a él en su ropa interior de encaje color melón.

La sorpresa en sus ojos rojos al verla, la forma en que su máscara de superioridad flaqueó por un instante ante la belleza de su cuerpo – en ese momento, se había sentido expuesta pero también poderosa.

Cuando el se desvistió, me quedé sin palabras, pensó, sintiendo cómo un rubor intenso invadía sus mejillas hasta llegar a sus orejas.

Su torso trabajado con años de gimnasio, sus hombros anchos…

y cuando quedó completamente expuesto, mis ojos se abrieron de par en par.

Jamás había visto algo así – era imponente, cuatro veces más grande que el de Tomohiro, grueso y marcado por venas que hablaban de una potencia salvaje.

El recuerdo de cómo lo sintió al entrar en ella, de cómo su resistencia inicial se transformó en un espasmo de placer, la hizo estremecer ligeramente.

Había sentido una plenitud que nunca imaginó posible, un ritmo potente y rítmico que la llevó a gemidos que nunca antes había emitido.

La habitación se llenó del sonido de sus cuerpos encontrándose con fuerza, de sus gritos mezclados con los gruñidos de Kaito.

Fueron casi tres horas, musitó, avanzando un poco más hacia la puerta del departamento.

Cuando miré el reloj, que marcaba las 6:50 de la tarde.

Estaba exhausta, mi cuerpo temblaba…

pero también sentía algo que nunca había experimentado antes.

El clímax había sido tan potente que le había hecho temblar por completo, y cuando se retiró, vio el condón extra grande a reventar – la tercera vez que había eyaculado, con una cantidad que le parecía imposible.

Sabía que sin esa protección, su vientre habría sido reclamado al instante.

También recordó el baño después – cómo él la cargó nuevamente, sintiendo cómo su miembro aún duro volvía a entrar en ella mientras caminaba hacia la zona de la ducha.

El agua caliente cayendo sobre ellos, el sonido húmedo del encuentro mezclado con el chorro de la regadera de lluvia.

Luego cómo la lavó con cuidado y posesividad, asegurándose de que no quedara rastro del encuentro, pero grabando cada detalle en su memoria.

Después subimos a su Cadillac mientras conducía, su mano descansaba de vez en cuando en mi muslo – un recordatorio de lo que había pasado.

Recordó cómo le dio las indicaciones para llegar a su casa, cómo lo pidió que la dejara en la esquina para que no la vieran.

El beso corto y posesivo antes de bajar, sus palabras: Disfruta tu noche, Yoko-san.

No había prometido nada más, y ese silencio sobre un futuro posible la torturaba.

Mientras sus dedos acariciaban la cerradura, notó que la luz del panel de control de acceso estaba apagada – Kaito no se encontraba dentro.

Aliviada y al mismo tiempo decepcionada, suspiró hondo.

Sabía que esta oportunidad de trabajar sin su presencia debería ser un alivio, un momento para dejar la carta de renuncia y el pendrive nuevo sobre su mesa y marcharse.

Pero la incertidumbre seguía devorándola.

Mi mente me grita que debo renunciar, pensó, colocando una mano sobre la superficie pulida de la puerta.

Que debo alejarme de aquí, de él, para proteger a Tomohiro, que no se merece nada de esto.

Recordó cómo su esposo la había abrazado al llegar a casa el lunes por la noche, cómo hoy le había dicho “Qué tengas un buen día, cariño” con su voz suave.

Habían intentado intimar la noche anterior, pero todo había sido muy rápido – apenas ocho minutos.

Mientras él dormía a su lado, ella había cerrado los ojos y se había imaginado a Kaito, sintiendo una culpa tan grande que tuvo que ir al baño a llorar en silencio.

Pero ¿y yo?, se preguntó, cerrando los ojos y dejando que la sensación de vacío la envolviera.

Nunca supe que podía sentir algo así.

Ahora que lo he experimentado, el sexo con Tomohiro se siente aburrido, como un deber.

La necesidad económica golpeó contra su pecho con la misma fuerza que sus deseos.

El sueldo que recibía por solo dos días a la semana era el doble de lo que ganaría en cualquier otro trabajo.

Con ese dinero habían pagado las deudas, los medicamentos de su suegra, y tenían un poco de ahorro.

Si renunciaba, no sabía cómo iban a sobrellevarlo.

No tengo más opciones, se dijo a sí misma, girando la llave en la cerradura con un clic seco.

Necesitamos el dinero.

Y…

tal vez, si me mantengo a distancia, podré controlar mis sentimientos.

Pero en su corazón sabía que era una mentira – sabía que cada rincón de aquel lugar estaría impregnado de su presencia, de su aroma, de los recuerdos que tanto luchaba por enterrar.

Con un último suspiro cargado de resignación y temor, Yoko empujó la puerta hacia adentro.

El aroma a madera y café que tanto asociaba a Kaito la recibió de inmediato.

El departamento estaba silencioso, vacío – Kaito efectivamente no estaba.

Su batalla interna seguía más intensa que nunca, mientras dejaba su bolso y su maletín en el vestíbulo, preparándose para comenzar su trabajo, intentando convencerse a sí misma de que podría resistir la tentación que la esperaba en cada rincón…

o de que finalmente tendría el valor de tomar la decisión definitiva..

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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