Kaito Kamekura :El juego de las conquistas - Capítulo 19
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19: Capitulo 19 kaito natsukawa 19: Capitulo 19 kaito natsukawa Yoko caminó esa última cuadra sintiendo que el mundo pesaba el doble.
Cada paso que daba hacia su puerta era una lucha contra la debilidad de sus propias piernas; la fricción de la falda ejecutiva directamente contra su piel, sin la protección de la lencería que Kaito había vuelto jirones, era un recordatorio eléctrico y constante de lo que acababa de suceder.
Se ajustó el saco grande de hombre con fuerza, hundiéndose en el cuello de la prenda para inhalar por última vez el aroma de Kaito antes de enfrentarse a su realidad.
Al llegar a la entrada, se detuvo un segundo.
Se frotó las mejillas para disimular el sonrojo persistente y respiró hondo, tratando de calmar los latidos desbocados de su corazón.
Sacó las llaves, abrió la puerta y el sonido metálico de la cerradura le pareció un estruendo de culpabilidad.
—¿Yoko?
¿Eres tú?
—la voz de Tomohiro llegó desde la sala, cargada de una mezcla de alivio y fatiga.
Él se levantó del sofá en cuanto ella entró.
Tomohiro se veía cansado, con el cabello algo revuelto y esa expresión de preocupación honesta que, en ese momento, a Yoko le dolió más que cualquier insulto.
—¡Cariño!
Por fin llegas…
estaba a punto de llamar a la policía —dijo él, acercándose rápidamente para abrazarla—.
Ese maldito metro, siempre fallando cuando más se necesita.
¿Estás bien?
Pareces…
agitada.
Yoko forzó una sonrisa, esa “excelente actuación” que Kaito le había encomendado.
Se dejó abrazar, aunque el contacto de los brazos de su esposo se sentía extrañamente ajeno comparado con la fuerza bruta de Kaito.
—Sí, estoy bien…
solo fue un caos total en la estación.
Mucha gente, calor, y luego la caminata desde la parada —mintió ella, bajando la mirada para no sostenerle la vista—.
Perdona que no respondiera antes, no había señal bajo el túnel.
Tomohiro retrocedió un paso y sus ojos se fijaron en la prenda que la cubría.
Frunció el ceño, confundido.
—¿Y ese saco, Yoko?
Es enorme…
y claramente es de hombre.
No recordaba que hubieras salido con él esta mañana.
Yoko sintió un vuelco en el estómago, pero recordó las palabras de Kaito.
Se ajustó las solapas del saco, fingiendo timidez.
—Oh, esto…
es de mi jefe, el señor Kaito —respondió con una naturalidad asombrosa—.
Cuando por fin logré salir de la oficina para ir al metro, vio que estaba empezando a refrescar mucho y que yo solo llevaba la blusa.
Insistió en prestármelo para que no me resfriara por el camino.
Es…
muy atento con su personal.
Tomohiro asintió, aunque se quedó mirando el saco un momento más de lo necesario.
—Vaya, qué amable de su parte.
Habrá que agradecerle el detalle —comentó él, relajando finalmente los hombros—.
Ve a descansar, cariño.
Te ves agotada.
¿Quieres que te prepare algo de cenar?
—No, gracias…
solo quiero darme un baño y dormir —dijo ella apresuradamente, ansiosa por escapar de la luz de la sala.
Mientras caminaba hacia el pasillo, Yoko sintió la mirada de Tomohiro en su espalda.
Cada centímetro de su cuerpo gritaba la verdad: la falta de ropa interior, la humedad que aún sentía entre sus muslos y la marca invisible de Kaito que parecía quemarle la piel bajo ese saco prestado.
Entró en el dormitorio y cerró la puerta, apoyándose contra ella mientras cerraba los ojos, sabiendo que la mentira apenas comenzaba.
Perspectiva Kaito kamekura Kaito conducía el Cadillac de regreso a su departamento, con una mano relajada sobre el volante de cuero y una sonrisa de satisfacción depredadora dibujada en el rostro.
La ciudad pasaba ante sus ojos como un escenario que le pertenecía.
Se sentía invencible, rebosante de una energía que solo el dominio absoluto podía otorgar.
Repasó mentalmente su jornada y no pudo evitar soltar una carcajada baja y ronca.
Había sido un día perfecto, una hazaña que pocos hombres podrían siquiera soñar.
Por la mañana, había tenido a Reina kurashiki, reclamándola con una intensidad que todavía resonaba en sus músculos; y ahora, acababa de dejar a Yoko Nitta , la mujer que su esposo creía fiel, convertida en un mar de sumisión frente a su propio reflejo en el espejo.
—Dos en un solo día…
—murmuró para sí mismo, disfrutando del eco de sus propias palabras—.
Y ambas entregadas por completo.
Lo que más encendía su sangre en ese momento era el recuerdo de la sensación final.
Ese instante de pérdida de control donde, gracias a Yoko Nitta logro desbloquear el nivel avanzado y con eso ahora puede eyacular dentro de cualquier mujer sin que estás queden embarazadas y esa sensación de explotar por primera vez dentro de Yoko sin ningún condón de por medio y llenándola por completo con su esencia sin ningún tipo de barrera.
Recordar el grito de Yoko cuando sintió ese calor invadiéndola, y la forma en la que se había arqueado bajo él horas antes, le provocaba una oleada de euforia primitiva.
Era una adicción.
La sensación de plenitud, de marcar territorio de la forma más interna y biológica posible, lo hacía sentirse el verdadero dueño de sus vidas.
“Tengo que repetirlo”, pensó, mientras aceleraba ligeramente, sintiendo el rugir del motor.
“Quiero volver a sentir esa misma presión, ese estallido…
pero esta vez con Nanoha”.
La idea de su novia, la dulce Nanoha, recibiéndolo de la misma manera que yoko, sin nada de por medio, lo excitaba sobremanera.
Quería ver esa expresión de sorpresa y entrega absoluta en su rostro.
Pero no se detendría ahí; Reina también volvería a probar esa sensación.
Quería que todas ellas supieran, en lo más profundo de su ser, quién las gobernaba.
Kaito estacionó el coche y se bajó.
Al cerrar la puerta del Cadillac, miró hacia el cielo nocturno de la ciudad.
El mundo era su campo de juego, y él apenas estaba comenzando a reclamar sus trofeos.
Mañana sería otro día, y con la confianza de haber conquistado a Yoko y Reina en menos de doce horas, sabía que nadie podría detenerlo.
Hogar kurashiki Mientras el silencio de la noche envolvía la ciudad, en la residencia de los Kurashiki la atmósfera era muy distinta.
Reina Kurashiki se encontraba sentada a la mesa, moviendo distraídamente la merienda en su plato, todavía perdida en las sensaciones que el encuentro matutino con Kaito había dejado grabadas en su cuerpo.
Su mente repetía una y otra vez la intensidad de aquel momento, la forma en que él la había reclamado y cómo, bajo su mando, ella había descubierto una faceta de sí misma que no conocía.
Frente a ella, su madre, Reika Kurashiki, la observaba con una mirada felina y una sonrisa enigmática que denotaba que sabía mucho más de lo que aparentaba.
Reika tomó un sorbo de su té con una elegancia impecable antes de romper el silencio.
—¿Vas a decirme qué sucede, Reina?
O mejor dicho…
¿vas a contarme los detalles de tu “reunión” con Kaito Kamekura?
—preguntó Reika, apoyando los codos en la mesa con interés.
Reina se tensó, sintiendo que un calor repentino subía por su cuello.
—No sé de qué hablas, madre.
Fue una reunión de negocios estándar para mostrarle los mejores productos de la agencia y asegurar la alianza —respondió Reina, tratando de mantener su voz firme, aunque sus dedos apretaron ligeramente los cubiertos.
Reika soltó una risa suave y melodiosa, una que carecía de juicio y estaba llena de una fría aprobación.
—No me subestimes, hija.
Me informaron que te vieron muy…
cercana a él antes de salir.
Y para estar completamente segura, revisé las grabaciones de las cámaras de seguridad.
Vi ese beso en el parqueadero, Reina.
Vi la forma en que lo mirabas.
Reina bajó la vista, sintiendo que su secreto quedaba expuesto, pero las palabras que siguieron de su madre la sorprendieron.
—No bajes la cabeza —sentenció Reika con orgullo—.
Estoy realmente impresionada.
Kaito Kamekura no es un hombre fácil de domar, y el hecho de que hayas tomado la iniciativa de esa manera demuestra que tienes el instinto necesario para esta familia.
Gracias a ese “acercamiento”, el contrato está más que asegurado.
Has usado tus armas a la perfección.
Reika se levantó y caminó hacia su hija, colocando una mano sobre su hombro.
—Ese hombre es una pieza clave, Reina.
Si tienes que besarlo, o incluso algo más, para mantenerlo de nuestro lado y bajo nuestra influencia, hazlo.
Hoy me has demostrado que estás dispuesta a todo por el éxito de los Kurashiki.
Estoy muy orgullosa de ti.
Reina sintió un escalofrío.
El elogio de su madre era el sello de aprobación que necesitaba, pero también una confirmación de que su relación con Kaito ya no era solo una cuestión de negocios, sino un juego de poder del que ya no podía —ni quería— escapar.
—Él es…
diferente a cualquier otro, madre —susurró Reina, recordando la fuerza de Kaito.
—Lo sé —respondió Reika con una chispa de ambición en los ojos—.
Por eso mismo, asegúrate de que no se nos escape.
Ese contrato es solo el inicio; quiero que lo tengas tan cerca que no pueda dar un paso sin consultarte.
Mientras Reina y Reika tejían sus planes de ambición en la mansión Kurashiki, en otro punto de la ciudad la atmósfera era mucho más dulce, aunque cargada de una impaciencia romántica.
**Nanoha momota** se encontraba finalmente en su habitación, rodeada de bolsas de marcas tras una tarde agotadora de compras con su madre.
Aunque había disfrutado del tiempo familiar, su mente no había dejado de viajar hacia una sola persona: **Kaito**.
Se dejó caer sobre su cama, suspirando mientras miraba el techo.
El hecho de no haber podido verlo en toda la tarde le generaba un vacío que ni el vestido que compró podía llenar.
Extrañaba su voz, su presencia y esa forma tan suya de mirarla que la hacía sentir el centro de su universo.
—Mamá no paraba de hablar…
—murmuró para sí misma con una sonrisa resignada—.
Kaito debe estar cansado después de tanto trabajo.
No pudo aguantar más la necesidad de conectar con él.
Tomó su teléfono con ilusión y, con los pulgares volando sobre la pantalla, comenzó a escribir un mensaje lleno de cariño, sin imaginar ni por un segundo que el hombre al que tanto extrañaba acababa de pasar un día marcado por la conquista de otras dos mujeres.
*Mensaje de Nanoha para Kaito:* “¡Hola, mi amor!
❤️ Por fin llegué a casa.
Mi mamá me tuvo de un lado a otro toda la tarde y no pude escaparme para verte…
¡Te extrañé muchísimo!
🥺 Espero que tu día no haya sido demasiado pesado.
¿Ya estás descansando?
Avísame cuando puedas, me encantaría escuchar tu voz antes de dormir.
Te quiero mucho.
🥰” Tras enviar el mensaje, Nanoha se quedó abrazada a su almohada, esperando ansiosa que la pantalla se iluminara con una respuesta de su novio, ajena por completo a que el “trabajo” de Kaito ese día había sido mucho más intenso y físico de lo que ella jamás podría sospechar.
Kaito se encontraba en el gimnasio privado de su penthouse, terminando una intensa rutina de pesas para canalizar la adrenalina que aún le recorría las venas tras su encuentro con Yoko.
El sudor empapaba su torso desnudo, marcando cada músculo de su pecho y abdomen.
Se sentía en la cima del mundo; su cuerpo respondía con una potencia renovada, casi como si la energía de las mujeres que había reclamado ese día se hubiera transferido a él.
Se sentó en un banco de entrenamiento, tomó una toalla para secarse el rostro y estiró la mano hacia su teléfono.
Al encender la pantalla, dos notificaciones destacaban sobre el fondo de pantalla: una de **Reina Kurashiki** y otra de su novia, **Nanoha**.
Kaito esbozó una sonrisa de suficiencia.
Primero abrió el de Reina.
**Mensaje de Reina:** “Mi madre ya lo sabe todo, Kaito…
y para mi sorpresa, está encantada con lo que pasó.
Dice que el contrato es solo el principio.
Prepárate, porque ahora tengo vía libre para tenerte tan cerca como quiera.
🔥” Kaito soltó una risa seca.
Sabía que Reika Kurashiki era una mujer pragmática, pero que ahora Reina tuviera el “permiso” familiar para perseguirlo solo hacía el juego más interesante.
La ambición de los Kurashiki era el combustible perfecto para su propio ascenso.
Luego, deslizó el dedo para leer el mensaje de Nanoha.
**Mensaje de Nanoha:** ” ¡Hola, mi amor!
❤️ Por fin llegué a casa.
Mi mamá me tuvo de un lado a otro toda la tarde…
¡Te extrañé muchísimo!
🥺 Espero que tu día no haya sido pesado.
¿Ya descansas?
Me encantaría escuchar tu voz.
Te quiero.
🥰” La dulzura de Nanoha contrastaba violentamente con la frialdad de los Kurashiki y la desesperación de Yoko, pero eso era precisamente lo que a Kaito le fascinaba.
Tenía el control sobre todos los matices de la feminidad en un solo día.
Se puso de pie, admirando su reflejo en los espejos del gimnasio, recordando cómo ese mismo cristal había servido de apoyo para Yoko horas antes.
La sensación de haber “desbloqueado” ese nuevo nivel de dominio, pudiendo reclamarlas por completo sin barreras ni miedos, lo hacía sentir como un dios entre hombres.
—Mañana será un día largo…
—murmuró Kaito, mientras empezaba a teclear una respuesta para Nanoha, planeando mentalmente cómo sería el momento en que ella también descubriera su nueva y absoluta forma de poseerla—.
Pero primero, hay que mantener a mi dulce novia tranquila.
Kaito sabía que tenía a tres mujeres en la palma de su mano, cada una cumpliendo un rol diferente en su imperio personal, y no pensaba dejar que ninguna de ellas escapara de su influencia.
Kaito dejó la mancuerna en el suelo con un golpe seco que resonó en el gimnasio vacío.
Se pasó la toalla por el cuello, sintiendo el bombeo de su corazón, todavía acelerado por el ejercicio y la adrenalina residual de lo vivido con Yoko.
Miró la pantalla de su teléfono, donde los mensajes de las dos mujeres —tan distintas entre sí— exigían su atención.
Primero, le respondió a **Reina** con la brevedad de quien sabe que tiene el poder.
Tenía que coordinar la reunión en la sala de orientación para formalizar lo que su madre ya había bendecido, pero no pensaba dedicarle todo su tiempo.
Tenía otros frentes que atender.
Luego, sus ojos se suavizaron ligeramente al ver el mensaje de **Nanoha**.
Ella era su oasis de dulzura en medio de tanta ambición y secretos, aunque él ya planeaba reclamarla con la misma intensidad implacable con la que había marcado a las demás.
Tecleó una respuesta rápida, cargada de ese afecto que la mantenía devota a él.
*Respuesta para Nanoha:** “Yo también te extrañé, amor.
Mi día fue…
productivo, pero siempre me falta algo cuando no estás cerca.
Mañana será un día muy ocupado en la oficina, pero haré lo posible por verte pronto.
Descansa, piensa en mí.
Te quiero.
❤️” Al dejar el teléfono, Kaito se quedó pensativo, mirando a través del gran ventanal de su penthouse.
El panorama de mañana se presentaba complejo.
No solo era el juego de poder con Reina y la gestión de su relación con Nanoha; también recordaba que debía investigar a ese **amigo de la infancia** de Río y haruta.
Había escuchado rumores sobre él, un tipo que andaba siempre con una cámara, y Kaito no permitía que nadie orbitara cerca de sus intereses sin saber exactamente qué buscaban.
“Mañana va a ser un día agitado”, pensó con una sonrisa de anticipación.
Se sentía invencible.
El hecho de haber descubierto esa capacidad de entregarse por completo a las mujeres, de llenarlas sin barreras y sin consecuencias, lo hacía sentir que caminaba un paso por delante de todos.
Mañana tendría que balancear su papel de Rey dominante y de novio perfecto, todo mientras mantenía a raya a cualquier intruso que intentara interferir en su territorio.
Se levantó del banco, apagó las luces del gimnasio y caminó hacia su habitación, listo para cerrar los ojos y visualizar cómo, paso a paso, cada una de esas piezas encajaría en el tablero que él mismo estaba diseñando.
VIERNES | MADRUGADA PERSPECTIVA DE KAITO KAMEKURA El primer rayo de sol del viernes se filtró por las cortinas motorizadas del penthouse de Kaito, pero él ya estaba despierto.
No por la luz, sino por una inquietud casi febril que lo había mantenido en el umbral del sueño.
El recuerdo de Yoko, su grito en el espejo, el calor de su cuerpo al vaciarse en ella, se mezclaba con la ambición calculada de su conversación con Reina y el dulce e ingenuo mensaje de Nanoha.
Todo era parte de su juego, un juego que se había vuelto aún más interesante con la novedad del Nivel Avanzado.
Se levantó de la cama, la seda de sus sábanas deslizándose suavemente contra su piel.
Sus músculos tensos, pero llenos de una energía renovada.
No había fatiga, solo la sed de más.
Se dirigió al gimnasio privado, no para una sesión de pesas, sino para un rápido entrenamiento de cardio que despejara su mente y enfocara sus objetivos.
Cada golpe al saco de boxeo era un recordatorio de su poder, cada gota de sudor un tributo a su implacable voluntad.
Mientras se duchaba, el vapor caliente ayudaba a relajar sus músculos, pero no su mente.
El informe sobre Kaito Natsukawa, el amigo de la infancia de Río Inami y Haruta, era lo primero en su agenda mental.
La llegada de ese hombre no era una coincidencia, sino un catalizador.
Kaito no dejaba nada al azar.
Salió de la ducha, se secó con una toalla suave y se dirigió a su vestidor.
Busco su uniforme y se lo colocó.
Mientras abotonaba su camisa de seda, su teléfono vibró sobre la mesa.
Un mensaje de su informante.
Kaito abrió el mensaje, sus ojos analizando rápidamente el texto: INFORMACIÓN VITAL: Kaito Natsukawa “Llegada confirmada a las 6:00 AM en la estación central.
Trayecto desde el aeropuerto sin incidentes.
Se ha dirigido directamente al Hotel Imperial.
No ha realizado llamadas ni ha intentado contacto por redes sociales hasta el momento.
Parece estar estableciendo base.
Adjunto foto de su entrada al hotel.” Una imagen acompañaba el mensaje.
Era Kaito Natsukawa.
Pelo rubio despeinado, una sonrisa que no le llegaba a los ojos ocultos por el reflejo del sol, una expresión que parecía una mezcla de autosuficiencia y una calculada despreocupación.
Una camisa clara asomaba bajo una chaqueta oscura, y una cadena simple colgaba de su cuello.
Llevaba una mochila al hombro, como si fuera un viajero casual, pero había algo en su postura, en la forma en que su sonrisa se desplegaba, que a Kaito no le convencía de la simple inocencia.
Este no era un simple amigo de la infancia reencontrándose, sino alguien con su propia agenda, un posible jugador en un juego de influencia, chantaje o conquista.
Kaito notó el brillo en su mirada, la confianza apenas contenida que destilaba.
Este hombre no era alguien fácil de descartar; los lazos de la infancia eran, a menudo, los más difíciles de romper, especialmente si venían acompañados de esa sonrisa que prometía complicidad y, quizás, algo más.
Hotel Imperial, pensó Kaito.
Un lugar estratégico, céntrico y discreto.
Bien.
Su informante estaba haciendo un buen trabajo.
Se puso el reloj, un Audemars Piguet que brillaba sutilmente en su muñeca.
Río Inami era una mujer que va aser de su propiedad.
Kaito Natsukawa representaba un problema que podría frenar su plan, aunque puede ser una buena herramienta de manipulación.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com