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Kaito Kamekura :El juego de las conquistas - Capítulo 2

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2: Capitulo 2 Sirvienta 2: Capitulo 2 Sirvienta Mientras caminábamos, me hice el desentendido.

“Por cierto, Momota-san,” comencé, con un tono casual, como si el pensamiento acabara de cruzar mi mente.

“Haruta, mi compañero de actividad, mencionó a un tal Natsukawa Kaito.

Dijo que era como un hermano mayor para él y Rio.

¿Lo conoces?

Parece ser fotógrafo.” Lancé la pregunta como una piedra al agua, esperando las ondas.

Nanoha ladeó la cabeza, pensativa.

“Natsukawa Kaito…

creo que sí.

Es mayor que nosotros, ¿verdad?

Creo que él ya está en la universidad, estudiando fotografía, si mal no recuerdo.” Hizo una pausa, su mirada se perdió un momento.

“Lo he visto de pasada algunas veces, cuando éramos pequeños.

Él, Haruta y Rio solían jugar juntos por el barrio.

Yo…

bueno, yo solía verlos desde lejos.

Nunca hablé mucho con él, solo de vista.” Su tono era neutral, casi distante.

No parecía haber una conexión emocional fuerte, lo cual era bueno.

La información era valiosa: un Kaito mayor, universitario, fotógrafo, y con una historia de infancia con Haruta y Rio.

Un rival potente, y un peón interesante.

El pensamiento de que este otro Kaito ya había estado en sus vidas, sembrando las semillas de la familiaridad, era un irritante que mi ego no podía ignorar.

Yo soy el único que debe dejar huella en sus vidas –soy el rey de este juego, y cada pieza debe moverse a mi orden.

Pero también era una debilidad, una puerta de entrada.

Una nueva variable para mi ecuación de control.

“Entiendo”, respondí, asintiendo con una falsa comprensión.

“El mundo es pequeño, supongo.

Y Saint Claire parece tener su propia historia, ¿no?” Añadí con una ligera sonrisa: “Aunque la verdad, no sé mucho de los demás más allá de lo que necesito saber.

Momota-san, ¿alguna vez has hablado con Haruta?

Me parece que no lo habéis hecho, ¿verdad?” Ella negó con la cabeza.

“No, nunca hemos intercambiado más que un ‘buenos días’ de pasada.

Solo sabemos que estamos en el mismo curso, nada más.” Justo en ese momento, al doblar una esquina hacia el patio central, mis ojos se encontraron con Haruta y Rio.

Estaban sentados en un banco bajo un cerezo, riendo sobre algo.

Rio, con su cabello oscuro brillando bajo el sol, se veía hermosa, y Haruta, con su sonrisa abierta, parecía la imagen misma de la inocencia.

Se veían cómodos, familiares.

Nanoha los miró por un instante, luego bajó la vista sin decir nada.

“Son Haruta y Rio”, mencionó con la misma naturalidad con la que hubiera señalado un árbol o un edificio.

No hubo intención de acercarse –eran solo rostros conocidos del aula, nada más.

“Vaya, qué casualidad”, comenté, aunque por dentro sabía que no era ninguna casualidad.

Había intuido que estarían en un lugar concurrido y agradable.

Observé a Rio desde la distancia: cómo se llevaba una mano al pelo cuando reía, cómo su cuerpo se inclinaba hacia Haruta al hablarle al oído.

La imagen de ella, tan cómoda con él, me generó una mezcla de irritación y deseo.

Ese vínculo entre ellos tenía que romperse, y yo sería quien lo hiciera posible.

Un rey no permite que nadie se interponga en su camino ni que las piezas que le pertenecen estén en manos de otros.

Seguimos caminando sin detenernos, dirigiéndonos hacia el vending de bebidas cerca del edificio de las aulas.

“Hablando de pasatiempos, Kamekura-kun”, dijo Nanoha, cambiando de tema con fluidez.

“¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?

No he hablado con nadie sobre ti, así que me gustaría conocerlo de primera mano.” Le di mi mejor sonrisa, diseñada para encantar y desarmar.

“A mí me gusta el tenis –me ayuda a mantener la concentración y el control– y también toco la guitarra.

Me gusta cómo la música puede influir en el estado de ánimo de la gente.” Mi mirada se detuvo en ella por un instante: ella es igual de bella que Rio, sus curvas se perfilan con gracia bajo el uniforme, sus ojos azules tienen un brillo inteligente que no pasa desapercibido.

Pero inicialmente no es mi objetivo principal –mi foco está en Rio, por su vínculo con Haruta, ese lazo de infancia que puedo explotar.

Aunque…

nunca se sabe.

Un rey no desaprovecha ninguna pieza valiosa en su tablero; si las circunstancias cambian, ella podría convertirse en el centro de mi juego.

“Además, entreno en el gimnasio todos los días –el control de mi cuerpo es tan importante como el de mi mente.

Un líder debe dominarse a sí mismo antes de dominar a los demás.” “Interesante”, respondió, sonriendo suavemente mientras sacaba monedas de su bolsillo para comprar un té.

“A mí me gusta la astronomía –ver algo tan grande y desconocido te pone en tu lugar.

Y la lectura…

bueno, me gusta descubrir cómo piensan las personas, qué las mueve.” Al decirlo, me miró directamente a los ojos, como si supiera que esa frase me alcanzaría más de lo que ella dejaba entrever.

“También me intereso por la fotografía, aunque solo como aficionada.

Me gusta capturar momentos que la gente pasa por alto.” La mención de la fotografía volvió a conectarse en mi mente con Natsukawa Kaito.

Otra pieza en el rompecabezas.

Hablamos un poco más de películas, de lo que esperábamos del año escolar, de pequeños detalles sobre el instituto que Nanoha conocía bien.

Kaito mantuvo su fachada de chico amable y curioso, pero cada palabra que intercambiaban era analizada con cuidado, buscando información, patrones.

Rio sigue siendo mi blanco principal, pero Nanoha va revelando capas que llaman mi atención.

Su forma de ver las cosas, su perspicacia…

podría ser un aliado útil o un rival peligroso.

Y si llega el momento, podría fácilmente cambiar mi objetivo.

Demasiado pronto, la campana sonó, indicando el final del receso.

El patio empezó a vaciarse de nuevo.

“Bueno, se acabó el recreo”, dijo Nanoha, poniéndose de pie y ajustándose la mochila en el hombro.

“Tenemos clase de matemáticas.

Espero que te adaptes bien al curso.” “Gracias por el recorrido, Momota-san”, le dije, mi voz bajando un poco.

“Ha sido muy instructivo.

Y la compañía, más interesante de lo que esperaba.” Nanoha me miró, sus ojos azules brillando con algo que no pude descifrar del todo.

Una mezcla de perspicacia y curiosidad.

“De nada, Kamekura-kun.

Parece que el Saint Claire tiene mucho que ofrecer…

y mucho por descubrir.” “Muchísimo”, respondí, mis ojos rojos deteniéndose en los suyos antes de dirigirnos hacia el aula.

“Y apenas estamos empezando.” Mi mente ya estaba procesando todo: Rio como objetivo principal, Haruta como herramienta, Natsukawa Kaito como variable externa, y Nanoha como una pieza que aún no sabía si usar como aliada o como presa.

El juego estaba en marcha, y yo mantenía el control –aunque dejaba la puerta abierta a cambiar las reglas en cualquier momento.

Regresamos al aula de literatura japonesa justo cuando el profesor terminaba de escribir el título de la lección en la pizarra.

Kaito había llegado acompañado de Nanoha Momota –ella le estaba enseñando el instituto desde que el recreo terminó, así que entraron juntos.

Kaito se sentó en el último asiento, al lado de la ventana, mientras Nanoha tomó el puesto directamente enfrente de él.

Mientras los demás compañeros ocupaban sus lugares, Kaito apoyó los codos en la mesa y miró por la ventana –recordó que esa mañana había estado conduciendo su Cadillac negro por las calles de Tokio, revisando los perfiles de candidatas a sirvienta en la tablet del auto.

Había visto a Yoko Nitta en la pantalla: cabello rojo recogido en una coleta despeinada, ojos morados brillantes, y una figura voluptuosa que se destacaba incluso bajo la sencilla ropa de trabajo de la foto.

La imagen de su cuerpo ceñido por la camiseta naranja y el delantal azul le vino a la mente con claridad –aquella mujer tenía una presencia física que no pasaba desapercibida, y él sabía que sería la elección perfecta.

Pero al estar al volante, no había podido enviar la confirmación que tenía pendiente.

Ahora, en la tranquilidad de la clase, sacó su laptop con discreción y la abrió debajo de la mesa.

El profesor comenzaba a explicar la importancia del haiku en la cultura japonesa, así que tuvo todo el tiempo necesario para escribir el correo: Asunto: ¡CONFIRMADO!

– TU TRABAJO COMO SIRVIENTA Querida Yoko: Me disculpo por la demora en responder.

Después de revisar tu perfil completo, te confirmo oficialmente como mi sirvienta personal.

Detalles del contrato: – Horario: SOLAMENTE los LUNES y JUEVES, de 15:00 a 19:00 horas.

– Sueldo: 450.000 yenes mensuales –el mismo monto que ofrecería para un trabajo de toda la semana, como muestra de mi aprecio.

– Tareas: Limpieza general del departamento, organización de ropa, mantenimiento de la cocina y encargos menores.

– Ubicación: Edificio Metrópoli, piso 18, departamento 1805 –avenida Shinjuku 456.

El lugar es amplio, con todo lo necesario; aún estoy añadiendo algunos detalles, pero está completamente funcional.

Te adjunto la ubicación en el mapa adjunto para que no te pierdas.

Espero verte puntual hoy –como es lunes, es tu primer día.

Atentamente, Kaito Kamekura.

Lo envió y esperó.

En segundos, llegó la respuesta: “¡Kaito-kun, graciasl!

No puedo creerlo –el sueldo es el mismo que para toda la semana y solo trabajo dos días.

Eso es increíble.

Llegaré a las 15:00 en punto.

Kaito sonrió en silencio mientras cerraba la laptop.

No necesitaba explicarle las razones del horario –ella no tenía por qué saber que así él tendría total libertad los demás días para llevar a otras chicas a su departamento sin que sus planes fueran frustrados.

El dinero era suficiente para que ella aceptara sin preguntas, y él mantendría el control absoluto de su espacio y sus conquistas.

Mientras el profesor seguía hablando, comenzó a diseñar su plan: – Antes de la llegada de Yoko Nitta: El colocará un pendrive de apariencia de alta gama en el suelo del pasillo principal del departamento –justo en el camino que ella tendrá que seguir para llegar a la habitación donde está su ropa.

Lo dejará un poco desalineado, fácil de pisar sin darse cuenta.

– Al pisarlo: Cuando Yoko –con su cuerpo voluptuoso moviéndose con cada paso– lo pise, él saldrá de la cocina como si lo descubriera por casualidad.

Recogerá el pendrive con una cara de preocupación.

– La mentira: Le dirá que contiene información confidencial de la empresa de su padre –planes de inversión y datos de clientes exclusivos.

Le explicará que si se filtra que ya no existen esos informes, ella no solo perderá el trabajo, sino que podría enfrentar cargos legales y afectar a su pareja.

– La presión: Después de verla angustiada, ofrecerá una salida: ayuda en tareas “especiales” a cambio de olvidar el incidente y mantenerle el sueldo completo.

El plan era perfecto –ella no tendría más remedio que aceptar.

Con el horario limitado y sin preguntas de su parte, podría seguir con sus planes de conquistar a otras chicas sin interrupciones.

Nadie iba a estropear sus jugadas.

Mientras tanto, Nanoha seguía tomando notas al frente suyo, sin sospechar nada de lo que pasaba en la mente de Kaito.

El profesor cerró su libro y golpeó su mano suavemente sobre la mesa para llamar la atención: —”Bueno, muchachos, para esta semana tendremos una tarea en parejas –tendrán que analizar un haiku clásico y redactar un ensayo sobre su contexto cultural y emocional.

La entrega es para el miércoles.” Sacó un listado y comenzó a leer los nombres de las parejas.

Cuando llegó al de Kaito, dijo: —”Kamekura-kun, trabajarás con Momota-san.” Nanoha se giró hacia atrás con una sonrisa amable, mientras Kaito asintió con una expresión seria –por dentro, sabía que esta tarea sería la excusa perfecta para acercarse más a ella.

Unos minutos después, la campana sonó a la una en punto.

Los estudiantes empezaron a guardar sus cosas y salir del aula.

Kaito se acercó a Nanoha mientras ella recogía sus libros: —”Así que trabajaremos juntos en la tarea”— dijo él, apoyando su mochila en el hombro.

—”Creo que sería mejor hacerla en un lugar tranquilo.

¿Qué te parece si la hacemos mañana en mi departamento?

Tengo todo el espacio necesario y algunos libros sobre poesía clásica que pueden ayudarnos.” Nanoha frunció el ceño pensativa: —”Eso suena bien, pero mi casa está un poco lejos, y no sé si podré llegar temprano…” Kaito sonrió con seguridad, interrumpiéndola suavemente: —”No te preocupes.

Si quieres, te puedo llevar a tu casa ahora –tengo un vehículo para moverme.

Aunque te advierto que no es lo que esperas…” Nanoha levantó las cejas con sorpresa: —”¿Tienes carro?

Nadie en el instituto tiene uno propio –creía que todos íbamos en tren o en bicicleta…” —”Pues yo soy un poco diferente”— respondió Kaito con un gesto audaz, guiándola hacia la salida.

—”No es un carro grande ni ostentoso –es algo más pequeño, pero cómodo.

Aunque la verdad, quiero mantenerlo en secreto por ahora…

es una especie de sorpresa.

¿Te animas a descubrirlo?” La curiosidad se reflejó en su rostro.

Después de un instante de duda, asintió con una pequeña sonrisa: —”¡Claro que sí!

Me gustaría ver qué tipo de vehículo tienes.

Y además, así podemos hablar un poco más sobre la tarea mientras vamos.” Juntos salieron del instituto hacia el estacionamiento exterior.

Kaito caminó con paso firme, mientras Nanoha lo seguía a su lado, preguntándose qué tipo de carro podría tener él –nadie en su curso había mencionado tener un vehículo propio, así que la expectativa la tenía intrigada.

Mientras caminaban, Kaito pensaba en su Cadillac negro aparcado en el lugar reservado –la mentira sobre el “carro pequeño” era perfecta para aumentar la curiosidad de Nanoha.

Cuando ella viera el auto de verdad, la impresión sería aún mayor, y eso le daría más ventaja en su plan de conquistarla.

Llegaron al borde del estacionamiento, y Kaito señaló hacia el final del recinto, donde brillaba el cromo del vehículo bajo el sol de la tarde: —”Ahí está.

Prepárate para la sorpresa…” Nanoha alzó la vista y sus ojos se abrieron de par en par.

No era un carro pequeño ni sencillo –era un sedán negro pulido, con líneas elegantes y detalles de lujo que destacaban entre los pocos vehículos aparcados.

—”¡Kaito-kun, esto no es pequeño!”— exclamó ella, boquiabierta.

—”Es…

es enorme y precioso…” —”Ya te dije que era una sorpresa”— respondió él con una sonrisa triunfal, acercándose a abrirle la puerta del pasajero.

—”A veces es mejor no decir todo de golpe, ¿no crees?” Kaito extendió la mano para ayudar a Nanoha a subir al Cadillac negro, y ella no dijo más palabras –simplemente asintió con una sonrisa y se acomodó en el asiento del pasajero, cerrando la puerta detrás de sí misma.

Justo cuando Kaito se dirigía hacia la puerta del conductor para subir, escuchó el sonido de un motor suave a su espalda.

Giró la cabeza y vio un sedan blanco compacto que acababa de detenerse cerca de la puerta de salida del instituto.

De la esquina del edificio apareció Reina Kurashiki.

Su cabello rubio largo brillaba bajo el sol de la tarde, sus ojos azules estaban alerta, y el uniforme escolar resaltaba su figura voluptuosa.

Al acercarse al sedan, su paso era seguro y elegante.

En ese momento, sus miradas se cruzaron.

Reina se detuvo por un instante, fijando sus ojos azules en los de Kaito –no hubo sonrisa, ni gesto amistoso, solo una mirada intensa y analítica que parecía estudiar cada detalle de él.

Kaito la devolvió la mirada con la misma calma, manteniendo su expresión segura y atenta.

El conductor del sedan blanco bajó para abrirle la puerta a Reina, pero ella no apartó la vista de Kaito hasta que se dio media vuelta para subir al vehículo.

Mientras se acomodaba en su asiento, volvió a levantar la vista brevemente, y esta vez curvó los labios en una sonrisa casi imperceptible antes de que el conductor cerrara la puerta.

El sedan se puso en marcha y desapareció a la vuelta de la esquina.

Kaito se quedó un segundo más, mirando el camino por donde se había ido, antes de abrir la puerta del Cadillac y subir al volante.

Nanoha ya estaba lista, mirándolo con curiosidad, pero él no dijo nada sobre lo que había pasado –simplemente encendió el motor y giró el volante para salir del estacionamiento.

—”Vamos”— dijo, con una voz tranquila.

—”Te llevaré a tu casa, y mañana podemos empezar con la tarea en mi departamento.” El motor del Cadillac rugió suavemente al arrancar, deslizándose por la calle que salía del estacionamiento.

Mientras mantenía la velocidad constante, Kaito no pudo evitar que su mente volviera a Reina –ese cabello rubio que brillaba como seda bajo el sol, esos ojos azules intensos que parecían penetrar hasta el alma.

La verdadera razón por la que la había elegido como segundo objetivo era sencilla: nunca había tenido una mujer rubia en su cama.

Su belleza distintiva era un desafío que no podía ignorar.

Nanoha rompió el silencio, mirando por la ventana: —”Tu carro es muy cómodo…

no esperaba nada así de lujoso.” Kaito sonrió sin quitar la vista de la carretera: —”Mi padre me lo regaló por mi cumpleaños.

Dice que es importante tener un medio de transporte confiable.” Por dentro seguía pensando en Reina –esa combinación de pelo rubio y ojos azules era única, algo que no había encontrado en ninguna de sus conquistas anteriores.

—”Mañana trabajaremos juntos en el ensayo, ¿no?”— comenzó Nanoha, sacando su cuaderno.

—”Tenemos clases hasta la una, así que no podremos empezar temprano.” Kaito asintió, recordando el horario: —”Tienes razón, mejor nos vemos a las cuatro de la tarde.

Ya habremos terminado todas las clases, y así tendremos todo el tiempo necesario para concentrarnos.

Mi departamento está cerca, así que será un buen lugar para trabajar sin distracciones.” —”Perfecto”— dijo ella con una sonrisa.

—”¿Tendremos todo lo que necesitamos sobre el período Edo?” —”Claro”— respondió él, girando en la avenida principal.

—”Tengo una colección de libros sobre poesía clásica japonesa, incluso algunos documentos digitales de la biblioteca universitaria.

El espacio es amplio, así que trabajaremos con tranquilidad.” Pasaron por el centro de la ciudad, donde los rascacielos se alzaban hacia el cielo.

Kaito conocía cada calle de memoria, y pronto estaban acercándose al barrio donde vivía Nanoha –calles más tranquilas, con casas pequeñas pero bien cuidadas.

Nanoha miró hacia fuera, sonriendo al ver su casa al final de la cuadra: —”Gracias por llevarme, Kaito-kun.

Mañana a las cuatro de la tarde, entonces.

¿Me pasas la dirección por mensaje ?

—”No te preocupes, te iré a buscar”— respondió él, deteniéndose frente a la puerta.

—”Después de clases, te espero en la entrada del instituto.

Así no te pierdas, y además, tendremos tiempo de hablar más sobre el tema mientras vamos.” Ella bajó del Cadillac y cerró la puerta suavemente, apoyándose en el cristal: —”Muy bien, entonces.

Mañana te espero.

¡Gracias de nuevo!” Kaito saludó con la mano mientras ella caminaba hacia la entrada de su casa.

Cuando la vio cerrar la puerta, volvió a poner el carro en marcha, dirigiéndose hacia su departamento.

Kaito saludó con la mano mientras Nanoha caminaba hacia la entrada de su casa.

Cuando la vio cerrar la puerta tras de sí, volvió a poner el Cadillac en marcha, dirigiéndose hacia uno de sus restaurantes favoritos en el centro de la ciudad –”Kikunoi”, un lugar elegante que servía comida tradicional japonesa con toques modernos.

Eran las 1:20 de la tarde, lunes en punto, y aunque tenía prisa por preparar el plan para Yoko (quien llegaría a las 3), quería comer algo apropiado para mantener su compostura.

Aparcó el Cadillac en el valet parking del local y entró bajo el toldo rojo.

El dueño lo saludó con una reverencia –era cliente habitual.

Se sentó en una mesa privada y pidió un plato de wagyu a la parrilla con arroz jaspeado y sopa miso premium.

Mientras esperaba su comida, revisó una vez más los detalles de su plan en su mente: Yoko llegaría a las 3, ordenaría su ropa en la habitación, y justo ahí pisaría el pendrive que él dejaría preparado.

Su comida llegó en pocos minutos –el corte de carne era perfecto, y el sabor era tan rico como siempre.

Se comió despacio, saboreando cada bocado, antes de pagar la cuenta generosamente y regresar al Cadillac.

Llegó al Edificio Metrópoli a las 2:15.

Aparcó en el sótano y subió al piso 18 con paso seguro.

Al abrir la puerta de su departamento amplio y luminoso, se dirigió directamente a la habitación principal.

Empezó a sacar ropa de su armario de diseño –camisas de seda italiana, pantalones de lana, prendas de lujo que había comprado en sus viajes– dejándolas desordenadas sobre la cama, el suelo y la silla del vestidor.

Lo hizo de forma natural, como si hubiera estado ocupado y no hubiera tenido tiempo de ordenar.

Luego, sacó el pendrive de apariencia costosa –con un cuerpo de metal pulido y el logo de la empresa de su padre grabado en la superficie– y lo colocó justo en el borde del suelo, cerca de la cama, donde alguien que estuviera recogiendo ropa del piso no podría evitar pisarlo.

Lo ajustó ligeramente para que estuviera a ras del suelo, pero suficientemente visible para que Yoko lo notara en el momento justo.

Se quedó de pie en la puerta de la habitación para verificar el escenario: la ropa esparcida parecía real, el pendrive estaba en su lugar perfecto.

Luego se dirigió a la cocina para preparar una taza de té matcha –un detalle elegante para recibir a su nueva sirvienta.

Miró el reloj en la pared: eran las 2:50.

Tenía diez minutos para acomodarse su camisa de vestir y esperarla.

Se sentó en el sofá de la sala, con la mente tranquila y enfocada.

El plan estaba listo, y solo faltaba la llegada de Yoko.

Perspectiva de Yoko El ascensor del Edificio Metrópoli emitió un suave pitido al llegar al piso 18.

Bajé la mirada a mi vestido verde sin mangas –había querido lucir ordenada y profesional para mi primer día de trabajo.

Mi cabello rojo estaba recogido en una coleta baja, y llevaba el bolso pequeño donde guardaba mis cosas personales.

Eran las 2:58, apenas dos minutos tarde.

Respiré profundo antes de tocar el timbre, pensando en lo mucho que necesitaba este trabajo para ayudar a mi esposo y a mí en nuestras cuentas.

Cuando la puerta se abrió, mis ojos se abrieron de par en par –el departamento era aún más lujoso de lo que había imaginado.

Paredes blancas con obras de arte originales, muebles de diseño moderno, grandes ventanales que daban vista a toda la ciudad, y pisos de madera noble que brillaban bajo la luz.

¡Es increíble!

pensé, admirando cada rincón mientras Kaito me saludaba con una sonrisa.

Había oído hablar de la riqueza de su familia, pero verlo en persona era realmente asombroso.

Mi casa con mi esposo es pequeña pero cálida, nada que ver con este espacio amplio y suntuoso.

—”Bienvenida, Yoko-san.

Entra, por favor”— dijo Kaito, moviéndose para dejarme pasar.

Su voz era clara y segura, y llevaba una camisa de vestir azul marino que le quedaba bien, pero no me detuve a pensar en eso –estaba aquí para trabajar.

—”Gracias, Kaito-kun”— respondí, entrando con paso cuidado para no ensuciar los pisos relucientes.

—”Te preparé un poco de té matcha en la cocina, pero primero necesitaría que ordenaras la ropa de la habitación principal –está toda desordenada por la prisa de esta mañana”— me indicó, señalando un pasillo que llevaba al fondo.

Asentí y me dirigí a la habitación.

Al entrar, vi prendas de lujo esparcidas por la cama, la silla y el suelo: camisas de seda, pantalones de tela fina, trajes que parecían valer más que mi sueldo mensual.

Empecé a recogerlas con mucho cuidado, doblando cada pieza y guardándola en el amplio armario de diseño.

Cuando solo quedaban unas cuantas prendas en el suelo cerca de la cama, mi pie derecho dio con algo duro y frío.

Al pisarlo, escuché un crujido metálico que hizo que me detuviera de golpe.

Me agaché y recogí lo que había sido un pendrive plateado –ahora partido en dos partes, con un logo grabado que no reconocí.

Mi corazón se cerró de golpe.

¿Qué he hecho?

pensé, cogiendo el dispositivo roto con manos temblorosas.

Pensé en mi esposo, en cómo contaría esto en casa, en el miedo a perder este trabajo que necesitábamos tanto.

—”Kaito-kun…”— llamé con voz suave pero inquieta, saliendo de la habitación.

—”Disculpa mucho, pero…

encontré esto en el suelo y creo que lo he roto al pisarlo sin querer…” Kaito se acercó rápidamente, y al ver el pendrive roto en mi mano, su expresión cambió a seria.

—”Ese pendrive tenía información confidencial de la empresa de mi padre”— dijo con voz grave.

—”Datos de clientes importantes, planes de expansión…

si no se pueden recuperar, podría haber problemas graves.” La culpa me invadió por completo.

Bajé la mirada, sintiendo cómo las lágrimas se acumulaban en mis ojos.

—”Lo siento mucho, Kaito-kun…”— murmuré.

—”No lo vi, realmente no quise hacer daño.

Haré lo que sea para remediarlo, te lo juro…” Mi mente estaba en mi hogar, en mi esposo, en lo mucho que necesitábamos este empleo.

El lujo del departamento ya no me impresionaba –solo sentía miedo de haber arruinado todo en mi primer día.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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