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Kaito Kamekura :El juego de las conquistas - Capítulo 7

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7: Capitulo 7 Poder_+18 7: Capitulo 7 Poder_+18 Martes, 11:00 AM: El Rey del Instituto Kaito caminaba por el pasillo con pasos firmes.

Se sentía poderoso, y no solo por ser un Kamekura.

En su bolsillo sentía el peso de los lentes que le había quitado al gordo Tanaka.

Esos lentes eran su nuevo tesoro: con ellos podía controlar la voluntad de cualquiera y, lo que más le gustaba, controlar su propio cuerpo para que ninguna mujer pudiera resistirse a su resistencia.

Mientras avanzaba, su mente era un mapa de conquista.

Pensaba en la tarde que pasaría con Nanoha Momota en su departamento.

Ella era dulce y ya era su novia; era la candidata perfecta para que los lentes mostraran esa luz azul de cariño real que necesitaba para desbloquear el poder de su fertilidad.

Pero Kaito no se detenía ahí.

Sus ojos se desviaron un momento hacia el aula de segundo año, pensando en Reina Kurashiki, la rubia de ojos azules que lo volvía loco con sus curvas.

También recordó a Rio Inami , su compañera de curso de cabello verde, que siempre se veía tan seria pero tan atractiva con su uniforme ajustado.

Y, por supuesto, estaba Yoko Nitta .

La imagen de su sirvienta pelirroja llegó a su mente.

Recordó cómo la había dominado el día anterior en el Penthouse, cómo ella había gemido mientras él la cargaba bajo el agua.

Yoko era su trofeo privado, y el jueves volvería a tenerla a sus pies.

Kaito sonrió para sus adentros; imaginaba a las cuatro —Nanoha, Reina, Rio y Yoko— todas juntas, siendo suyas al mismo tiempo.

Entró al salón de literatura y caminó hasta el último asiento, cerca de la ventana.

Nanoha ya estaba allí, sentada justo delante de su puesto.

Cuando ella lo vio, sus ojos brillaron con una alegría pura.

Kaito se sentó despacio, disfrutando del calor que sentía en su cuerpo al verla.

POV: Nanoha Momota (Su Salvador) El profesor hablaba sobre poesía en la pizarra, pero Nanoha no podía concentrarse.

Sus manos jugueteaban con el lápiz mientras sentía la presencia de Kaito justo detrás de ella.

Para Nanoha, Kaito no era solo un chico guapo; él era su salvador.

Todavía recordaba con escalofríos cómo el gordo Tanaka la había tenido atrapada en esa nube roja de hipnosis, haciéndola sentir como una marioneta sin voluntad.

Pero Kaito apareció.

Él, con su fuerza y su mente valiente, la había rescatado de esa oscuridad.

Sabía que Kaito ahora tenía los lentes de Tanaka, pero no le importaba en lo más mínimo.

Al contrario, se sentía segura sabiendo que su novio tenía ese poder.

Si alguien podía controlar un objeto así, era él.

Nanoha estaba profundamente agradecida de que un hombre tan increíble, tan alto y fuerte, se hubiera fijado en ella y la hubiera elegido como su novia.

«Esta tarde estaremos solos en su departamento», pensó Nanoha, y sintió que sus mejillas se ponían rojas como manzanas.

Kaito era atento, la hacía sentir especial y, sobre todo, la valoraba.

Estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por él, simplemente porque él la había devuelto a la libertad.

Se dio la vuelta un segundo y miró a Kaito.

Él le regaló una sonrisa que la hizo derretirse por dentro.

Nanoha momota volvió a mirar hacia adelante, con el corazón latiendo rápido de pura felicidad, contando los minutos para que terminara la clase y pudiera irse con su héroe.

El timbre sonó con fuerza, marcando el final de las clases.

El salón de literatura se llenó del ruido de sillas arrastrándose y estudiantes guardando sus cuadernos a toda prisa.

Poco a poco, el aula se fue vaciando hasta que solo quedaron ellos dos.

Kaito se levantó con calma, viendo cómo los últimos alumnos cruzaban la puerta.

En su mente, el plan avanzaba a la perfección.

Aunque por un segundo pensó en Rio Inami y en su figura explosiva, decidió dejarla para después.

Sabía que con su poder y su presencia, conseguir a Rio era solo cuestión de tiempo; ella no era su prioridad ahora.

Su objetivo principal era la chica que tenía justo delante.

Nanoha terminó de cerrar su mochila, pero antes de que pudiera darse la vuelta, sintió el calor de un cuerpo sólido tras ella.

Kaito la abrazó por detrás, rodeando su cintura con sus brazos fuertes y pegándola contra su pecho.

La diferencia de tamaño era clara; Nanoha se sentía pequeña y protegida por su salvador.

—Por fin solos, Nanoha —susurró Kaito cerca de su oído.

Él la giró con suavidad y la besó con una intensidad que hizo que a Nanoha le temblaran las rodillas.

Ella se aferró a sus hombros, cerrando los ojos y dejándose llevar por la gratitud y el amor que sentía.

Para ella, ese beso era la confirmación de que Kaito era el hombre que siempre había soñado: alguien poderoso que la había rescatado y que ahora la reclamaba como suya.

Kaito se separó un poco, dándole un beso suave en la frente mientras mantenía esa sonrisa astuta que ella tanto admiraba.

—Vámonos —dijo él, tomándola de la mano—.

El Cadillac nos está esperando afuera para llevarnos al departamento.

Salieron del aula juntos, caminando por los pasillos que ya empezaban a quedar desiertos.

Nanoha momota caminaba con la cabeza en alto, orgullosa de ir de la mano de su héroe.

Al llegar a la salida del instituto, el enorme auto negro brillaba bajo el sol, listo para alejarlos de todo y llevarlos a la privacidad que Kaito tanto deseaba para empezar su verdadera “clase” de la tarde.

El enorme Cadillac avanzaba con suavidad por las calles, alejándose del instituto.

Kaito conducía con una mano, mientras que con la otra sujetaba la de Nanoha, quien no dejaba de mirarlo con ojos llenos de adoración.

Aunque Kaito ardía por llegar a su departamento y tenerla en su cama lo antes posible para probar sus nuevos poderes, sabía que un buen rey debe cuidar a sus súbditos.

Quería enamorarla por completo, que su entrega fuera total y voluntaria para ver esa luz azul de consentimiento real.

—Nanoha momota , antes de ir a casa y ponernos con la tarea, tengo una pequeña sorpresa para ti —dijo Kaito con su voz profunda y tranquila—.

Sé que ha sido una mañana intensa y quiero que comamos algo especial.

Nanoha se sonrojó, apretando su mano.

—Kaito…

de verdad eres mi salvador.

No tenías que molestarte, pero me hace muy feliz.

Kaito la llevó a un restaurante exclusivo en la parte alta de la ciudad.

Era un lugar elegante, con grandes ventanales y una atención impecable.

Al entrar, todas las miradas se posaron en ellos: Kaito, con sus 1.90 metros, su físico de gimnasio y su aura de poder, caminaba protegiendo a la delicada Nanoha.

Ella se sentía como una princesa al lado de su héroe.

Durante la comida, Kaito fue el caballero perfecto.

La escuchaba, le servía la bebida y le dedicaba sonrisas que la hacían derretirse.

No necesitaba los lentes para esto; su carisma natural era suficiente para que Nanoha se sintiera la chica más afortunada del mundo.

Estaba logrando que ella se sintiera valorada, alimentando esa lealtad que lo llevaría a obtener el Modo Avanzado.

—Eres hermosa, Nanoha —le susurró él mientras terminaban el postre—.

Me alegra haberte sacado de las garras de ese tipo.

Te mereces esto y mucho más.

—Gracias por elegirme, Kaito.

De verdad…

te quiero mucho —respondió ella, casi al borde de las lágrimas de felicidad.

Kaito sonrió para sus adentros.

La fase de enamoramiento estaba funcionando a la perfección.

Ahora que ella estaba totalmente entregada emocionalmente, era el momento de pasar a la siguiente etapa del plan.

—Bueno, ahora que ya recuperamos fuerzas…

es hora de ir al departamento —dijo Kaito, levantándose y ofreciéndole la mano—.

Tenemos mucha “tarea” que hacer.

Salieron del restaurante y subieron de nuevo al Cadillac.

El trayecto hacia el edificio de Kaito fue corto, pero la tensión en el auto había cambiado.

Nanoha iba en silencio, nerviosa pero emocionada, sabiendo que pronto estarían solos en la privacidad de ese lugar moderno que tanto admiraba.

Kaito, por su parte, ya sentía el contacto de los lentes en su bolsillo, listo para descubrir hasta dónde podía llegar la devoción de su nueva novia una vez que cerraran la puerta tras ellos.

Al llegar al departamento, el ambiente era tranquilo y moderno, con ese aroma a éxito que siempre rodeaba a Kaito.

Se sentaron en la mesa del comedor, extendiendo los libros de literatura y los apuntes sobre el haiku.

Nanoha intentaba concentrarse, pero sentía el calor del cuerpo de Kaito muy cerca del suyo.

Kaito la observaba con una sonrisa astuta.

Sabía que no necesitaba usar los lentes en este momento; su carisma y el hecho de haberla rescatado eran más que suficientes.

Empezó a acariciarle el cabello con suavidad, bajando sus dedos por su cuello hasta que Nanoha soltó un pequeño suspiro, dejando caer el lápiz sobre el libro.

—La tarea puede esperar un poco, Nanoha…

—le susurró Kaito con su voz profunda, acercándose a su oído—.

Estás tan hermosa hoy que no puedo dejar de mirarte.

Él la rodeó con sus brazos fuertes, haciéndola sentir pequeña y protegida.

Poco a poco, sus manos bajaron con seguridad hasta posarse sobre sus tetas, apretándolas con una firmeza que hizo que Nanoha diera un respingo de sorpresa, pero no se alejó.

Kaito empezó a decirle cosas bonitas, alabando su figura y lo mucho que le gustaba cada curva de su cuerpo.

Nanoha se dejó llevar por completo.

Para ella, esto era como vivir un sueño.

Cerró los ojos y se giró para rodear el cuello de Kaito con sus brazos, respondiendo a sus caricias.

Cuando sus labios se encontraron en un beso apasionado, ella sintió una felicidad inmensa.

¡Al fin tenía novio!

Y no era cualquier chico, era su salvador, el hombre al que había aprendido a amar en tiempo récord.

En su mente, Nanoha no paraba de agradecer al destino.

Se sentía valorada y deseada por alguien tan poderoso como Kaito.

El beso se volvió más intenso, y ella se pegó más a su pecho de gimnasio, disfrutando de la sensación de sus manos recorriendo su cuerpo.

Estaba totalmente entregada, feliz de que su primera experiencia real fuera con el hombre que la había sacado de la oscuridad de Tanaka.

Kaito, sintiendo la devoción absoluta de Nanoha, supo que el camino hacia la luz azul de los lentes estaba prácticamente despejado.

Ella estaba en sus manos, y él estaba dispuesto a disfrutar de cada segundo de esa entrega.

Kaito separó sus labios de los de Nanoha solo lo suficiente para mirarla a los ojos.

La vio completamente entregada, con las mejillas encendidas y esa mirada de adoración que solo alguien que se siente rescatada puede tener.

No necesitaba los lentes; su propia presencia de 1.90 metros y su voz profunda eran su mejor herramienta.

—Eres perfecta, Nanoha.

Mi pequeña princesa —le susurró con una sonrisa astuta, mientras sus manos bajaban de sus hombros hacia sus muslos.

Sin romper el contacto visual, Kaito la levantó en vilo con una facilidad asombrosa, gracias a su fuerza de gimnasio.

Nanoha soltó un pequeño jadeo de sorpresa y, por instinto, rodeó la cintura de Kaito con sus piernas y su cuello con sus brazos.

Se sentía tan pequeña y protegida en sus brazos que se pegó más a su pecho, escondiendo el rostro en su cuello mientras él empezaba a caminar con paso firme hacia la habitación principal.

Para Nanoha, cada paso que Kaito daba era como flotar.

En su mente, esto era el mejor sueño de su vida.

«Al fin tengo novio…

y es él», pensaba con el corazón latiendo a mil por hora.

Estaba feliz de que el hombre que amaba, su salvador, la estuviera reclamando de esa manera tan decidida.

Al entrar en la habitación, la luz de la tarde entraba suavemente por el ventanal, iluminando la cama inmensa.

Kaito la depositó con delicadeza sobre las sábanas de seda, pero no se alejó.

Se colocó sobre ella, atrapándola con su cuerpo imponente, y volvió a besarla con una pasión que hizo que Nanoha se olvidara por completo de los libros de literatura que habían quedado olvidados en la sala.

Nanoha respondió al beso con timidez pero con muchas ganas, acariciando la espalda ancha de Kaito.

Se sentía valorada, amada y, sobre todo, libre de cualquier sombra del pasado.

Estaba lista para entregarse a él, confiando ciegamente en el hombre que la había devuelto a la vida.

Kaito, sintiendo la entrega total de su novia, supo que estaba a punto de conseguir esa luz azul de consentimiento real que tanto deseaba para sus lentes.

Kaito se separó apenas unos centímetros de los labios de Nanoha, mirándola con una intensidad que la hacía temblar de pura emoción.

En ese momento, los lentes en su bolsillo eran lo último en lo que pensaba; toda su atención estaba puesta en la chica que tenía delante, en su piel suave y en la devoción que brillaba en sus ojos.

Con movimientos lentos y decididos, Kaito empezó a desabrochar los botones de la blusa del uniforme de Nanoha.

Ella, con el corazón latiendo a mil por hora, subió sus manos temblorosas hacia el pecho de él, ayudándolo a quitarse la camisa.

A medida que la prenda de Kaito caía al suelo, Nanoha no pudo evitar soltar un suspiro de admiración al ver su torso firme y marcado por el gimnasio.

Se sentía tan pequeña y afortunada de estar allí, en la cama de su salvador.

—Eres tan hermosa, Nanoha…

no tienes idea de cuánto deseaba este momento —le susurró Kaito con su voz profunda, terminando de deslizar la blusa por los hombros de ella.

Nanoha se quedó en su ropa interior, sintiendo un poco de timidez, pero al ver la mirada cargada de deseo y cariño de Kaito, ese miedo se desvaneció.

Ella también lo ayudó con el resto de su ropa, moviéndose con una urgencia dulce, queriendo sentir el calor de su piel contra la suya.

Para ella, ver a Kaito desvestirse era como ver a un dios; era alto, fuerte y la miraba como si fuera el tesoro más valioso del mundo.

Cuando finalmente quedaron desnudos el uno frente al otro, el silencio se llenó de una admiración mutua profunda.

Kaito recorrió con la mirada cada centímetro del cuerpo de su novia.

Se quedó asombrado; bajo el recatado uniforme amarillo, Nanoha escondía una figura voluptuosa y armoniosa que lo dejó sin palabras.

Sus pechos eran firmes y sus caderas tenían una curva perfecta que invitaba a ser recorrida.

Kaito, con una sonrisa coqueta y cariñosa, estiró su mano para acariciar su cintura, maravillado por la suavidad de su piel.

—Eres mucho más hermosa de lo que imaginé, Nanoha…

—le susurró con voz ronca, sus ojos brillando con un deseo genuino—.

Eres una verdadera joya.

Por su parte, Nanoha sentía que el corazón se le iba a salir del pecho.

Al ver a Kaito totalmente desnudo, se quedó sin aliento.

Su cuerpo de 1.90 metros, forjado con disciplina en el gimnasio, era imponente: hombros anchos, pectorales marcados y un abdomen sólido como una roca.

Pero lo que más la impactó, lo que la hizo abrir los ojos de par en par, fue el tamaño del miembro de su novio.

Nanoha, en su curiosidad de adolescente, había visto algo de pornografía en internet, pero nadie en la pantalla se comparaba con lo que tenía frente a ella.

Ver esa magnitud en la vida real la asustó un poco, pero inmediatamente esa sensación fue reemplazada por un calor intenso que le recorrió todo el cuerpo.

Sintió una humedad repentina entre sus piernas al imaginar cómo se sentiría tener algo tan grande y poderoso dentro de ella.

—Kaito…

es…

eres increíble —alcanzó a decir ella, con la voz temblorosa de la excitación.

Kaito, notando la reacción de asombro y el deseo en el rostro de su novia, se acercó de nuevo a ella con una confianza absoluta.

La atrajo hacia su pecho, haciendo que sus pieles se pegaran por completo.

Nanoha soltó un suspiro de placer al sentir la firmeza de los músculos de su salvador contra su propia suavidad.

Estaba emocionada, caliente y, sobre todo, feliz de que su “primera vez” fuera con el hombre que la hacía sentir la mujer más especial del universo.

—No tengas miedo, mi amor —le dijo Kaito, dándole un beso juguetón en el lóbulo de la oreja—.

Voy a cuidar de ti.

Solo quiero que disfrutes tanto como yo.

Nanoha lo abrazó con fuerza, escondiendo su rostro en el cuello de él, sintiéndose en la gloria.

En su mente, no había dudas: este era el hombre perfecto, su héroe, y estaba lista para entregarse a él en cuerpo y alma.

Kaito la tomó de la mano y la atrajo hacia él para darle un beso profundo, uno que Nanoha sintió hasta en la punta de los pies.

Con una suavidad que ella no esperaba de alguien tan imponente, la guió hacia su cama con sábanas de seda de color oscuro.

Al acostarla sobre la seda fría, el contraste con el calor de sus cuerpos hizo que Nanoha soltara un suspiro.

Kaito se colocó sobre ella, atrapándola con su peso atlético, y comenzó a besarla en la boca con una pasión que la dejó sin aliento.

Poco a poco, él fue bajando, dejando un rastro de besos suaves por su cuello, sus pechos y su vientre, hasta llegar a su entrepierna.

Nanoha abrió las piernas con timidez pero con una confianza ciega en su salvador.

Kaito comenzó a besar su zona más íntima, usando su lengua con una destreza que la hizo arquear la espalda.

Cuando él se enfocó en su clítoris, Nanoha sintió una corriente eléctrica que nunca había experimentado.

Estaba tan feliz y excitada que sus manos se enredaron en el cabello de Kaito, soltando gemidos de puro placer hasta que, finalmente, su cuerpo tembló por completo y se corrió sobre las sábanas oscuras, exhausta y maravillada por lo que su novio acababa de hacerle sentir.

Aún recuperando el aliento, Nanoha sintió que quería devolverle todo ese amor.

Con una energía nueva, hizo que Kaito se acostara boca arriba en la cama.

Verlo así, tan alto y con sus músculos de gimnasio relajados sobre la seda, la hizo sentir la mujer más afortunada del mundo.

Ella se posicionó sobre él y comenzó a masturbar el miembro de Kaito con sus pechos, apretando su busto voluptuoso alrededor de él.

La sensación de la piel suave de Nanoha envolviendo su gran tamaño hizo que Kaito apretara los puños contra las sábanas.

Nanoha, con los ojos brillando de adoración, bajó la cabeza y comenzó a besar la punta de su miembro, recorriéndolo con ternura y curiosidad.

Kaito respiraba con dificultad, disfrutando de la entrega total de su novia.

Aunque el placer era inmenso, él se mantuvo firme; no se corrió, guardando toda su energía para el momento en que finalmente estuvieran unidos por completo.

Nanoha, en su mente, solo podía pensar que esto era un sueño del que no quería despertar nunca: tenía al novio perfecto y estaba dándole placer al hombre que la había rescatado.

Kaito sintió que la devoción de Nanoha había llegado al punto más alto.

Verla allí, esforzándose por darle placer con sus pechos y besando la punta de su miembro con esos ojos llenos de amor, fue la señal definitiva.

Sus manos grandes se posaron en los hombros de ella y, con una fuerza suave pero firme, la invitó a recostarse de nuevo sobre las sábanas de seda oscuras.

Nanoha obedeció de inmediato, dejándose caer sobre la cama con la respiración agitada.

Al ver a Kaito posicionarse entre sus piernas, su corazón latió con una mezcla de miedo dulce y una excitación que la quemaba por dentro.

Su salvador se veía imponente, con sus músculos de gimnasio tensos y esa mirada protectora que la hacía sentir la mujer más especial del mundo.

—Confía en mí, Nanoha…

voy a ir despacio —le susurró Kaito con su voz más profunda, acariciándole el rostro para tranquilizarla.

Kaito comenzó a entrar en ella con mucho cuidado.

Debido a su gran tamaño, el contacto inicial fue intenso, y Nanoha soltó un pequeño jadeo, abriendo mucho los ojos.

Pero no se alejó; al contrario, lo abrazó con todas sus fuerzas, hundiendo sus uñas ligeramente en la espalda ancha de su novio y rodeando su cintura con sus piernas para atraerlo más hacia ella.

A medida que Kaito avanzaba con lentitud, Nanoha sentía que se llenaba por completo de él.

Era una sensación de plenitud que nunca había imaginado.

En su mente, esto era el sello definitivo de su relación: estaba unida al hombre que la había rescatado de la oscuridad.

Se sentía completa, valorada y profundamente feliz.

—Te amo, Kaito…

gracias por elegirme —susurró ella contra su oído, mientras las lágrimas de felicidad asomaban en sus ojos.

Kaito, al escuchar esas palabras y sentir la entrega total de su cuerpo, se detuvo un segundo para darle un beso tierno y largo.

En ese instante, en su campo de visión, apareció lo que tanto buscaba: una luz azul débil brilló con claridad.

Era el consentimiento real.

Nanoha no estaba bajo ningún truco; lo amaba y lo deseaba de verdad.

Con esa confirmación, Kaito comenzó a moverse con un ritmo constante, disfrutando de la suavidad de su novia y de la victoria que acababa de conseguir.

Estaba viviendo su propia fantasía de poder, mientras Nanoha sentía que estaba en el sueño más hermoso de su vida, entregada en cuerpo y alma a su héroe sobre la seda oscura.

Kaito, al ver que la luz azul brillaba con fuerza en su visión, supo que el terreno era suyo.

Con la confirmación del consentimiento real, dejó de contenerse.

Empezó a penetrarla con más fuerza y un ritmo más rápido, haciendo que los cuerpos chocaran contra las sábanas de seda oscuras con un sonido rítmico.

A Nanoha le encantaba.

Sentía que su salvador la estaba reclamando por completo, y cada embestida la hacía vibrar de placer.

Sin embargo, en medio de los gemidos, una pequeña chispa de realidad cruzó su mente.

Se aferró a los hombros anchos de Kaito, mirándolo con ojos empañados.

—Kaito…

espera…

—susurró ella entre jadeos—.

Si…

si eyaculas dentro…

me da miedo quedar embarazada.

Kaito se detuvo un momento, mirándola con esa ternura protectora que tanto la derretía.

Le acarició la mejilla con el pulgar.

—Tranquila, mi amor.

Ya me voy a poner un condón —le dijo con su voz más profunda—.

Solo quería sentir cómo era nuestra primera vez así, conectados de verdad, piel con piel…

quería saber cómo se sentía estar en ti por primera vez sin nada de por medio.

Nanoha asintió, conmovida por sus palabras.

Para ella, que él quisiera sentir esa conexión pura era la prueba definitiva de que la amaba.

Se relajó y se entregó de nuevo.

Durante 20 minutos, la habitación se llenó de los gemidos constantes de Nanoha y los gruñidos de Kaito, quien usaba su fuerza de gimnasio para mantener un ritmo que la tenía al borde del colapso de placer.

Pero, después de ese tiempo en la misma posición, Kaito empezó a aburrirse de la rutina.

Se retiró de ella con un movimiento ágil, dejando a Nanoha respirando entrecortado sobre la seda.

Él caminó hacia su mesa de noche, abrió el cajón y sacó un condón extra grande.

Se lo puso con calma, sintiendo la firmeza de su miembro gracias al control de los lentes.

Mientras se ajustaba el látex, un pensamiento oscuro y ambicioso cruzó su mente: «Disfruta de esto mientras puedas, Kamekura.

Con dos chicas más y dos luces azules más, nunca volveré a ponerme uno de estos».

La idea de desbloquear el Modo Avanzado y tener el control total de su fertilidad lo hacía sentir como un dios.

Pronto, podría disfrutar del sexo completo, sembrando su semilla o protegiéndola a su antojo, sin preocuparse por nada.

Se giró de nuevo hacia la cama, donde Nanoha lo esperaba con los brazos abiertos, lista para seguir viviendo su sueño.

—¿Lista para la segunda parte, princesa?

—preguntó Kaito con una sonrisa astuta..

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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