Kaito Kamekura :El juego de las conquistas - Capítulo 8
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- Capítulo 8 - 8 Capitulo 8 Nanoha momota_+18
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8: Capitulo 8 Nanoha momota_+18 8: Capitulo 8 Nanoha momota_+18 Kaito se acercó a la cama con una confianza renovada.
Nanoha lo miraba con devoción, todavía intentando recuperar el aliento, pero sus ojos brillaron de emoción cuando él la tomó de la cintura con firmeza.
Con un movimiento decidido, Kaito la guió para que se pusiera en posición de cuatro, apoyada sobre sus manos y rodillas sobre las sábanas de seda oscuras.
Nanoha sintió un escalofrío de placer al sentirse tan expuesta ante su salvador.
Kaito, desde atrás, admiró una vez más las curvas voluptuosas de su novia, que resaltaban perfectamente en esa posición.
Sin perder tiempo, se posicionó y entró en ella de un solo impulso, aprovechando su imponente tamaño.
—¡Ahhhhh!
¡Kaito!
—gritó Nanoha, arqueando la espalda mientras sentía cómo él la llenaba por completo.
Kaito se volvió mucho más dominante.
Sujetó con fuerza las caderas de Nanoha, marcando un ritmo potente y profundo que hacía que la cama vibrara.
Las embestidas eran rápidas y constantes, haciendo que los cuerpos chocaran con un sonido rítmico que inundaba la habitación.
Nanoha no podía contenerse; la sensación de tener a su héroe reclamándola con tanta fuerza la estaba volviendo loca de placer.
—¡Ahhh…
ahhh…
Kaito, más fuerte!
¡Eres increíble!
—gemía ella, mientras su voz se entrecortaba por la intensidad del momento—.
¡Te amo, Kaito!
¡Ahhhhh!
Kaito gruñía con cada movimiento, disfrutando de la entrega total de su novia.
Verla así, sometida a su voluntad pero disfrutando de cada segundo, le recordaba por qué él era el rey de ese lugar.
Nanoha apretaba las sábanas con fuerza, enterrando sus dedos en la seda mientras su cabeza se movía de un lado a otro.
—¡Kaito!
¡Kaito!
¡No pares, por favor!
—gritaba ella, llamando a su novio por su nombre una y otra vez, confirmando que en su mente él era el único hombre que existía.
El placer era tan intenso que Nanoha sentía que estaba a punto de perder el sentido.
Sus gemidos eran cada vez más altos, llenando cada rincón del departamento.
—¡Ahhh…
ahhh…
ahhhhh!
¡Kaitoooo!
—exclamó en un último grito de éxtasis, mientras sentía que su cuerpo llegaba de nuevo al límite gracias a la fuerza y el dominio de su novio.
Kaito sonrió con superioridad, sintiendo cómo ella temblaba bajo su mando.
Sabía que la tenía exactamente donde quería, y que este era solo el comienzo de su absoluto poder.
Kaito sentía cómo el cuerpo de Nanoha vibraba bajo su mando, totalmente entregada a la fuerza de sus embestidas.
Después de esos 20 minutos de un ritmo incesante, el cuerpo de ella llegó a su límite físico.
Con un último grito ahogado, Nanoha se corrió de nuevo, sintiendo una descarga eléctrica que la dejó sin fuerzas.
Sus brazos, que antes la sostenían con firmeza sobre las sábanas de seda oscuras, cedieron por completo.
Su torso cayó pesadamente contra la cama, haciendo que su cabeza se hundiera en la suavidad de la almohada.
Al chocar contra la seda, sus pechos grandes y voluptuosos se ondularon de forma natural, aplastándose suavemente contra la superficie oscura.
Nanoha quedó allí, indefensa y a merced de su salvador, con la respiración entrecortada y los ojos entreabiertos por el éxtasis.
Kaito, lejos de cansarse, sintió una oleada de poder al verla así de vulnerable.
No tuvo piedad.
Aprovechando que ella estaba tendida boca abajo, la sujetó con fuerza de las caderas, clavando sus dedos en su piel suave para mantener el control absoluto.
Siguió embistiendo de forma ruda, disfrutando de la sensación táctil de su miembro deslizándose con fuerza dentro de ella.
Para Kaito, la sensación era increíble; sentía el calor interno de Nanoha envolviéndolo por completo, cada músculo de ella apretándose rítmicamente tras el orgasmo.
El contraste entre la suavidad de la piel de su novia y la dureza de sus propios movimientos lo hacía sentir como un rey reclamando su territorio.
Cada impacto rudo contra las sábanas de seda producía un sonido seco que llenaba la habitación, recordándole que él tenía el mando total.
—¡Ahhh…
Kaito…
mi amor!
—susurraba ella con la voz quebrada, enterrando el rostro en la cama mientras sentía la potencia de su novio—.
¡Eres…
tan fuerte…
ahhh!
Kaito no se detuvo ni un segundo.
Aumentó la velocidad, disfrutando de cómo el cuerpo de Nanoha reaccionaba a cada golpe.
Sentía la fricción intensa, el sudor mezclándose entre ambos y la satisfacción de saber que ella era completamente suya por voluntad propia.
La luz azul en su visión parecía brillar más fuerte con cada embestida ruda, confirmando que este nivel de dominio era exactamente lo que ambos deseaban en ese momento de pasión absoluta.
Kaito sintió que el momento final se acercaba, una marea de calor recorriendo su espalda y concentrándose con una fuerza arrolladora.
No bajó el ritmo; al contrario, apretó las caderas de Nanoha con más fuerza contra las sábanas de seda oscuras, hundiéndose en ella con embestidas rudas y definitivas.
—¡Nanoha!
—gruñó él, con la voz rota por el esfuerzo.
En un instante de intensidad absoluta, Kaito llegó al clímax.
Fue una descarga masiva, una potencia que nunca había sentido antes.
Dentro de ella, el condón extra grande se expandió de forma visible, estirándose hasta el límite, pareciendo que iba a explotar por la enorme carga de semen que Kaito estaba liberando.
La presión era tal que Nanoha pudo sentir ese calor interno expandiéndose, llenándola por completo a través del látex tenso.
—¡Ahhhhh!
¡Kaito, mi amor!
—gritó ella, apretando los ojos y hundiéndose en la almohada mientras sentía la vibración de su novio sobre ella.
Kaito se dejó caer pesadamente sobre la espalda de Nanoha, respirando de forma errática, con el corazón martilleando contra sus costillas.
El silencio de la habitación solo era interrumpido por sus jadeos pesados.
Poco a poco, la luz azul en su visión se fue suavizando, dejándolo con una sensación de triunfo total.
Después de unos minutos de recuperación, Kaito se retiró con cuidado, se deshizo de la protección y volvió a la cama para envolver a Nanoha en sus brazos.
La pegó a su pecho, cubriéndola con las sábanas oscuras.
Nanoha, con el cabello revuelto y la piel todavía encendida, se acurrucó contra él, sintiendo los latidos del corazón de su salvador.
—Has estado increíble, princesa —le susurró él, dándole un beso tierno en la sien.
—Te amo tanto, Kaito…
eres mi héroe —respondió ella, cerrando los ojos con una sonrisa de felicidad absoluta.
Sin embargo, el descanso duró poco.
A pesar del cansancio físico, la conexión y la adrenalina seguían flotando en el aire del departamento.
Kaito sintió que su resistencia no tenía fin, y Nanoha, al sentir la mano de su novio recorriendo de nuevo su cintura, sintió un nuevo escalofrío de deseo.
Se miraron a los ojos en la penumbra de la habitación.
Ninguno de los dos estaba satisfecho todavía.
La pasión que habían desatado era tan grande que, casi al unísono, se buscaron de nuevo.
Él y ella querían más.
Nanoha se giró para quedar frente a él, pasando sus brazos por el cuello de su imponente novio, lista para iniciar una segunda ronda de ese sueño del que no quería despertar.
Kaito la atrajo hacia sí con una fuerza renovada, uniendo sus labios en un beso cargado de lascivia.
Sus lenguas se entrelazaron con una urgencia salvaje, mientras el sabor del otro los embriagaba de nuevo.
Nanoha correspondía con la misma intensidad, rodeando el cuello de su salvador y pegando su cuerpo voluptuoso al torso firme de él.
El deseo no había disminuido; al contrario, parecía haber cobrado una forma más oscura y hambrienta.
En medio del calor de los besos, Kaito mantuvo la cabeza fría por un instante.
Recordó la importancia de la protección para mantener la tranquilidad de su novia y sus propios planes.
Se separó apenas unos centímetros de su boca, respirando con dificultad.
—Espera, princesa…
—susurró con voz ronca.
Se estiró hacia la mesa de noche y, con un movimiento rápido, sacó otro condón extra grande.
Se lo puso con la misma seguridad de antes, sintiendo cómo su cuerpo respondía de inmediato a la cercanía de Nanoha.
Ella lo miraba con ojos brillantes, llena de una gratitud profunda por cómo su héroe cuidaba cada detalle de su bienestar.
Kaito se posicionó encima de ella sobre las sábanas de seda oscuras, pero esta vez tenía un plan diferente.
Nanoha lo abrazó por el cuello, aferrándose a sus hombros anchos, mientras él pasaba sus manos grandes por debajo de sus muslos, sujetándola con una firmeza absoluta.
Aprovechando su potencia física, Kaito se levantó de la cama con ella cargada en sus brazos, manteniéndola pegada a su pecho como si no pesara nada.
Nanoha soltó un pequeño grito de sorpresa y emoción, sintiéndose diminuta y poderosa al mismo tiempo en los brazos de su gigante.
Mientras él la besaba con pasión, ya fuera de la cama y de pie en medio de la habitación, ella bajó una de sus manos con timidez pero decisión.
Tomó el miembro de Kaito, sintiendo su firmeza, y lo posicionó justo en su entrada, guiándolo con cuidado.
Con un suspiro cargado de entrega, Nanoha se dejó caer sobre su miembro, permitiendo que la gravedad y la fuerza de Kaito la unieran a él por completo.
El impacto de la entrada la hizo echar la cabeza hacia atrás, soltando un gemido de puro placer que resonó en las paredes del departamento.
—¡Ahhhhh!
¡Kaito!
¡Mi amor!
—gritó ella, apretando sus piernas alrededor de su cintura mientras él la sostenía con sus brazos de acero.
Kaito la sujetó con más fuerza, disfrutando de la sensación de tenerla así, colgando de él y totalmente entregada.
La habitación se volvió a llenar del sonido de sus respiraciones y del amor incondicional de Nanoha, quien sentía que este era, sin duda, el momento más increíble de su vida al lado de su salvador.
Kaito mantuvo a Nanoha en sus brazos, sosteniéndola contra el gran ventanal mientras sus cuerpos seguían unidos en un ritmo pausado pero profundo.
Durante 20 minutos, se quedaron allí, compartiendo besos cargados de una ternura apasionada y admirando la vista de la ciudad que se extendía bajo el departamento.
Para Nanoha, ver la luz del sol de las 4 de la tarde bañando los edificios mientras sentía el calor y la fuerza de su salvador era la estampa perfecta de su nueva vida.
—Mira todo eso, Nanoha…
es nuestro —le susurró Kaito al oído, su voz profunda vibrando contra su piel.
—Es hermoso, Kaito…
pero nada es tan increíble como estar así contigo —respondió ella, escondiendo el rostro en su cuello y soltando un suspiro de felicidad absoluta.
Finalmente, Kaito decidió que era momento de volver al nido de seda.
Con la misma facilidad con la que la había cargado, caminó de regreso hacia la cama inmensa.
Con un movimiento fluido, la depositó sobre las sábanas oscuras, pero no se separó de ella.
La hizo girar para que quedara de espaldas a él, acomodándola con delicadeza en posición de cucharita.
Kaito se pegó a su espalda, envolviéndola con sus brazos largos y poderosos.
Nanoha sintió el pecho firme de su novio contra su espalda y sus piernas entrelazadas con las de él.
En esta posición, el contacto era total y sumamente íntimo.
Kaito volvió a entrar en ella con una lentitud que buscaba prolongar el placer, disfrutando de la suavidad de las curvas de su novia que se amoldaban perfectamente a su cuerpo de 1.90 metros.
—Kaito…
mi amor…
se siente tan bien así —susurró Nanoha, echando la cabeza hacia atrás para buscar sus labios—.
Siento que me proteges con todo tu cuerpo.
Kaito comenzó a moverse con un ritmo suave pero constante, sus manos recorriendo el vientre de Nanoha y subiendo para acariciar sus pechos grandes que se movían rítmicamente con cada embestida.
La sensación de estar así, abrazados y conectados bajo la cálida luz de la tarde, hacía que Nanoha se sintiera en una nube.
—¡Ahhh…
Kaito!
¡Te amo tanto!
—gemía ella bajito, disfrutando de la profundidad que permitía esa posición—.
¡Eres el mejor novio del mundo!
¡Ahhhhh!
Kaito cerró los ojos, concentrado únicamente en la sensación del cuerpo de Nanoha envolviéndolo.
En ese momento, no necesitaba ninguna señal visual para saber que ella estaba completamente enamorada y entregada; podía sentirlo en la forma en que ella se aferraba a sus manos y en cómo su cuerpo respondía a cada uno de sus movimientos.
Mientras continuaba dándole placer en la paz de la habitación, su mente disfrutaba de la satisfacción de esta primera conquista, mientras Nanoha solo podía pensar en que nunca quería que ese momento terminara.
Kaito no se detuvo, y Nanoha, perdida en el éxtasis de tener a su héroe reclamándola, tampoco quería que lo hiciera.
Lo que comenzó como un encuentro íntimo en posición de cucharita se transformó en una maratón de deseo desenfrenado.
Durante las siguientes dos horas, el departamento fue testigo de una entrega total.
Kaito la tomó en todas las posiciones imaginables, moviéndose con una energía inagotable.
Nanoha gritaba su nombre y lo llamaba “su amor” una y otra vez, mientras sus pechos grandes se sacudían con cada embestida ruda y profunda.
No había rincón de la cama de seda oscura que no conociera el calor de sus cuerpos.
Ella se entregó con una devoción ciega, soportando el ritmo dominante de Kaito hasta que sus fuerzas simplemente se evaporaron.
Finalmente, el cuerpo de Nanoha no pudo más.
Tras un último y prolongado grito de placer que resonó en toda la habitación, sus músculos se relajaron por completo.
Quedó tirada en la cama, con las extremidades pesadas y la respiración entrecortada, incapaz de mover un solo dedo.
Estaban ambos bañados por los líquidos de Nanoha, que empapaban las sábanas de seda y brillaban sobre sus pieles bajo la luz que empezaba a desvanecerse.
Kaito se dejó caer a su lado, sintiendo todavía la adrenalina corriendo por sus venas.
Su resistencia era asombrosa y, a decir verdad, él todavía quería más; sentía que podría seguir toda la noche.
Sin embargo, al mirar a su novia —tan vulnerable, feliz y completamente agotada por su causa—, decidió que era suficiente por hoy.
—Lo hiciste increíble, mi princesa —le susurró Kaito, pasando su brazo por debajo de su cuello para atraerla hacia su pecho.
Nanoha solo pudo soltar un suspiro débil, acurrucándose en el cuerpo firme de su salvador.
Se sentía la mujer más afortunada del mundo, viviendo un sueño del que no quería despertar.
Kaito la estrechó con fuerza, permitiendo que ella descansara finalmente, mientras él disfrutaba del silencio de la victoria, sabiendo que la tenía grabada en su corazón y en su cama para siempre.
A las 6 de la tarde, el silencio finalmente se apoderó de la habitación.
Kaito se quedó inmóvil unos minutos, sintiendo la respiración acompasada de Nanoha contra su pecho, esperando pacientemente a que su princesa cayera en un sueño profundo y reparador.
En cuanto confirmó que ella no despertaría, se zafó del abrazo con una agilidad felina, impulsado por esa energía de sobra que siempre parecía tener después de una conquista.
Se levantó con una sonrisa lujuriosa dibujada en el rostro mientras observaba el rastro de su batalla pasional.
Con total parsimonia, comenzó a recoger el desorden, limpiando cada rincón de la seda oscura y el suelo.
Caminó hacia el cesto y arrojó los 4 condones extra grandes que habían sido testigos de su potencia, sintiendo una satisfacción puramente animal.
Antes de salir del cuarto, se detuvo al pie de la cama para contemplar a Nanoha.
Al verla allí, derrotada por el placer y descansando entre las sábanas, su mente no se quedó solo en ella.
Su instinto de cazador de mujeres empezó a trabajar a toda marcha.
Recordó con un brillo de malicia en los ojos a Yoko Nitta, su sirvienta, que también había quedado en esa misma posición, rendida ante él.
«Dos ya han caído …», pensó Kaito, dejando que su sonrisa se volviera aún más depredadora.
«Pero esto solo acaba de empezar.
Pronto, tanto Rio como Reina estarán exactamente así, compartiendo esta cama y suplicando por más» La idea de tener a su colección de bellezas bajo su dominio lo hacía sentir invencible.
Salió de la habitación y se dirigió al salón.
Sabía que para mantener este estilo de vida de lujos y conquistas, necesitaba el apoyo económico de su padre.
Una caída en su promedio sería una catástrofe que pondría en riesgo el dinero que recibía, así que se sentó frente a sus libros con una disciplina gélida.
Mientras el reloj avanzaba, Kaito se concentró y acabó de hacer todo el deber con una eficiencia impecable.
En el papel, seguía siendo el estudiante modelo, pero por dentro, solo podía pensar en el momento en que sus próximas presas se unieran a la lista, permitiéndole disfrutar de su pasión sin límites ni preocupaciones.
Kaito cerró su laptop con un clic seco justo cuando el reloj marcó las 7 de la noche.
En apenas una hora, su eficiencia había sido implacable: el departamento estaba limpió, había terminado el deber que les habían asignado en parejas.
Sabía que Nanoha no tendría cabeza para estudiar después de semejante maratón, así que decidió hacer la parte de ambos para asegurar que su promedio —y el flujo de dinero de su padre— no sufriera ninguna catástrofe.
Al escucharla, Kaito se levantó de inmediato.
Caminó hacia el dormitorio y la encontró sentada en el borde de la cama, envuelta en las sábanas de seda oscuras, parpadeando con sorpresa al ver el orden perfecto que la rodeaba.
—¿Kaito…?
—susurró ella, con la voz todavía un poco ronca por los gemidos de hace un rato.
—Aquí estoy, princesa —respondió él con esa voz profunda y protectora, sentándose a su lado para rodearla con sus brazos—.
Te veías tan tranquila que no quise despertarte.
Aproveché para adelantar mis deberes del instituto.
La Perspectiva de Nanoha: Una Primera Vez Inolvidable.
Mientras sentía el calor del pecho de su novio, Nanoha cerró los ojos, dejando que los recuerdos de las últimas horas la inundaran.
Se sentía diferente, como si hubiera cruzado un umbral hacia un mundo nuevo y vibrante.
Su primera vez no había sido como en las historias que leían sus amigas; había sido mil veces mejor.
Recordaba la sensación de Kaito llenándola, una presencia tan imponente y ruda que la hacía sentir pequeña, pero al mismo tiempo infinitamente valorada.
La forma en que él la había cargado, la intensidad de sus embestidas contra el ventanal mientras admiraban la tarde, y ese peso cálido y protector en la posición de cucharita…
todo se sentía grabado a fuego en su piel.
Se sentía orgullosa de sí misma por haber aguantado el ritmo de un hombre tan fuerte.
El dolor inicial se había transformado rápidamente en una felicidad que la desbordaba.
Al ver a Kaito ahora, tan responsable, estudiando después de haberla poseído con tanta lascivia, su admiración por él se multiplicó.
«Es el hombre perfecto», pensó Nanoha, sintiendo que su corazón latía con una devoción ciega.
No solo era su novio, era su héroe, el que la había hecho mujer de la manera más intensa posible.
Kaito la besó en la frente, manteniendo esa fachada de novio amoroso pero por dentro su mente de cazador ya planeaba cómo sería tener a Rio y Reina en esa misma situación..
Kaito la tomó de las manos con firmeza y la ayudó a levantarse de la cama de seda oscura.
Nanoha momota se sentía un poco tambaleante, con las piernas aún vibrando por el esfuerzo de las horas previas, pero se dejó guiar con total confianza.
—Vamos, princesa, tenemos que apresurarnos —le dijo Kaito con una sonrisa encantadora—.
Date un baño rápido conmigo para que te sientas fresca antes de que te lleve con tus padres.
Kaito, notando que Nanoha hacía una pequeña mueca al intentar caminar hacia el baño, no esperó a que ella se lo pidiera.
Con la fuerza que lo caracterizaba y una sonrisa lujuriosa que ella interpretó como pura protección, la tomó por la cintura y la cargó en sus brazos con una facilidad asombrosa.
—Tus piernas han trabajado mucho hoy, princesa —le susurró al oído con su voz más profunda—.
Dejame ayudarte.
Nanoha soltó un suspiro de alivio y se aferró a su cuello, sintiéndose como una muñeca de porcelana.
Mientras cruzaban la habitación hacia el gran baño, ella no podía dejar de admirar la firmeza de los brazos de Kaito.
Para ella, ese gesto era la prueba final de que él era el hombre perfecto; rudo y dominante en la cama, pero atento y caballeroso fuera de ella.
Entraron al baño de mármol y el contacto de la piel húmeda bajo el chorro de agua caliente no tardó en encender de nuevo el instinto de cazador de Kaito.
Sin bajarla al suelo, Kaito la mantuvo elevada en sus brazos, pegándola contra la pared de azulejos húmedos.
Él sujetó sus piernas con firmeza alrededor de su cintura, permitiendo que sus cuerpos se unieran de nuevo con una intensidad eléctrica mientras se besaban con una pasión desesperada.
Fueron 10 minutos de sexo rápido y lleno de lascivia bajo el vapor.
Kaito marcaba el ritmo con una fuerza que hacía que Nanoha se aferrara a sus hombros anchos, soltando gemidos que se perdían entre el sonido del agua y los besos profundos de su novio.
—¡Ahhh…
Kaito…
mi amor!..
Ya no puedo más —jadeaba ella, sintiendo que cada segundo con él era un sueño del que no quería despertar.
Tras terminar con una intensidad que la dejó sin aliento, Kaito la ayudó a secarse y la vistió con rapidez, cuidando que su ropa y su cabello quedaran impecables para no levantar ni una sola sospecha.
Volvió a cargarla hasta el auto en el estacionamiento, tratándola como su posesión más valiosa.
El trayecto hacia la casa de los padres de Nanoha fue corto pero cargado de una atmósfera de complicidad.
Kaito conducía con una mano en el volante y la otra sujetando con firmeza el muslo de su novia, disfrutando del silencio de su “presa” ahora totalmente devota.
«Misión cumplida por hoy», pensaba Kaito mientras veía las luces de la ciudad a través del parabrisas.
«Nanoha momota está totalmente bajo mi control.
Ahora solo falta que Rio y Reina se rindan ante mí de la misma manera».
Kaito detuvo el motor frente a la casa de Nanoha, bajo la luz tenue de los faroles.
Ella lo miró con una mezcla de adoración y nerviosismo; su relación era tan reciente que sentía que todavía era muy pronto para las presentaciones formales.
Quería que lo sucedido hoy, su primera vez, fuera un secreto guardado bajo llave un poco más.
—Kaito, mi amor…
todavía no entres, por favor —susurró ella, acariciándole la mejilla—.
Mis padres son muy preguntones y quiero que lo de hoy sea nuestro tesoro por ahora.
Kaito asintió con esa sonrisa protectora que siempre la desarmaba.
Bajó del auto con agilidad, rodeó el vehículo y le abrió la puerta a Nanoha.
Con suma delicadeza, la tomó de la cintura y la ayudó a bajar, ya que notó que ella aún caminaba con dificultad porque le seguían doliendo un poco las piernas tras la intensa jornada de dos horas.
Antes de que ella caminara hacia la entrada, Kaito la atrajo hacia su pecho firme.
Se fundieron en un beso bien largo y lascivo en plena vereda; un contacto profundo donde sus lenguas se entrelazaron con una urgencia que le recordó a Nanoha cada segundo de pasión en el departamento.
Ella se aferró a sus hombros anchos, sintiendo una vez más el dominio de su salvador, antes de entrar a su casa con el corazón latiendo a mil por hora.
Kaito la vio desaparecer tras la puerta y su expresión se tornó gélida y satisfecha.
Subió a su auto y se dirigió de regreso a su departamento, con la mente ya trazando el mapa para sus próximas presas..
Perspectiva de Yoko Nitta: Una sensación extraña.
Mientras tanto, en una habitación mucho más modesta, la atmósfera era radicalmente distinta.
Yoko Nitta, la sirvienta de Kaito, intentaba conectar con su esposo, Tomohiro.
Estaba encima de él, cabalgándolo en la penumbra, cumpliendo con su papel de esposa.
Sin embargo, algo no encajaba.
Yoko se sentía aburrida y extrañamente ajena al acto.
Ella era la que hacía todo el trabajo, moviéndose con un ritmo mecánico mientras Tomo se limitaba a recibir.
Apenas habían pasado 5 minutos desde que empezaron cuando, de repente, sintió que él llegaba al final sin previo aviso.
Tomohiro eyaculó rápidamente y, casi al instante, su miembro perdió toda firmeza.
Él soltó un suspiro de cansancio, murmuró algo sobre el sueño y se dio la vuelta, quedándose dormido en segundos.
Yoko se quedó sentada sobre él, con el cabello revuelto y una sensación de vacío que no lograba explicar.
No es que estuviera desesperada por la falta de acción de Kaito, pero se sentía rara al hacerlo con su esposo.
Al cerrar los ojos, la imagen de la imponente figura de su joven señor, su mirada cargada de lascivia y su energía inagotable, se proyectaba en su mente de forma involuntaria.
Comparado con la brevedad y pasividad de Tomo, el recuerdo de Kaito se sentía abrumadoramente real.
Se bajó de la cama en silencio, sintiéndose insatisfecha, y se cubrió con el camisón.
Mientras miraba la espalda de su marido, una pequeña duda empezó a germinar en su pecho: ¿por qué el simple pensamiento de volver a trabajar al departamento de Kaito la hacía sentir más viva que su propio matrimonio?.
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