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KONMETSU - Capítulo 62

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Capítulo 62: KONMETSU-CAPITULO 61: LA JUGADA.

En el distrito de Nishi-Ikebukuro.

Las calles están vacías.

Un silencio pesado domina el ambiente, interrumpido solo por el crujir ocasional de estructuras debilitadas.

Los edificios, antes llenos de vida, ahora se alzan como esqueletos rotos: fachadas derrumbadas, ventanas destrozadas, muros abiertos que dejan ver interiores destruidos.

El asfalto está cubierto de grietas profundas que se extienden como venas oscuras ah lo largo de las calles.

Algunas son tan amplias que separan carriles enteros, como si la tierra misma hubiera cedido ante la presión.

Restos de vehículos abandonados yacen volcados oh aplastados bajo escombros.

Señales caídas, postes inclinados, cables colgando sin orden todo contribuye a una sensación de colapso total.

El aire está cargado de polvo y ceniza, reduciendo la visibilidad y dando al lugar un tono grisáceo constante.

Entre los escombros y el aire cargado de polvo, comienza ah escucharse algo.

Respiraciones.

Agitadas.

Irregulares.

Entre los restos de concreto y metal retorcido, una figura se distingue.

Kurobane Mei.

Está de rodillas, con una mano apoyada en el suelo agrietado, intentando recuperar el aliento.

Su cuerpo tiembla levemente por el esfuerzo, y su respiración pesada rompe el silencio del lugar.

El cansancio es evidente.

El tiempo empieza ah pesar.

Entonces.

Una voz.

Fría.

Calmadamente cruel.

???: «¿Cansada ya?»

Mei no responde de inmediato.

La voz continúa.

???: «El tiempo siempre pasa factura… ah las personas.»

El viento sopla entre los edificios destruidos, arrastrando polvo ah su alrededor.

Mei levanta lentamente la mirada.

Frente ah ella, entre el polvo suspendido y las ruinas de Nishi-Ikebukuro, hay una figura de pie.

Raizen Kagami.

Su presencia es firme, pero no intacta.

Varias heridas son visibles en su cuerpo; cortes superficiales, marcas recientes señales de que incluso él sufrió en el combate.

Aun así, se mantiene erguido, como si el dolor no tuviera importancia.

Sus ojos están fijos en Mei.

Raizen: Ha pasado tiempo…

Su voz es tranquila, casi reflexiva.

Raizen: «Dieciséis años.»

El viento sopla, moviendo levemente su ropa mientras observa el estado en el que se encuentra ella.

Raizen: «El tiempo cambia muchas cosas…»

Hace una breve pausa, como si evaluara cada detalle frente a él.

Raizen: «Ah las personas… ah sus decisiones… ah lo que dejan atrás.»

Mei sigue de rodillas, respirando con dificultad, mientras lo mira.

Y él no aparta la vista.

Como si esos dieciséis años… nunca hubieran sido olvidados.

UNA HORA ANTES.

En el distrito de Nishi-Ikebukuro.

Ah lo lejos, puede verse la distorsión en el aire que marca el inicio de la barrera, cubriendo los distritos de Zōshigaya, Ikebukuro, Mejiro, Takada y Minami-Ikebukuro.

Mei avanza con paso firme por la calle, dirigiéndose directamente hacia ese límite.

Su mirada está fija en la cúpula lejana, mientras sostiene el teléfono junto ah su oído.

La voz del director Shiro Kanza se escucha clara, pero cargada de seriedad.

Shiro: «El Kokyo no Tobari abarca múltiples distritos clave. Tenemos confirmación de equipos dentro de la barrera.»

Mei no se detiene.

Shiro: «La situación interna es inestable. Hay presencia de entidades hostiles y no tenemos control total de lo que ocurre dentro.»

El viento sopla suavemente, arrastrando polvo por la calle.

Shiro: «Escucha con atención, Mei. Una vez que cruces ese límite… no podrás salir.»

Un breve silencio se forma entre ambos.

Shiro: «No hasta que encuentres al responsable de haber levantado el Kokyo no Tobari.»

Mei sigue caminando, cada vez más cerca de la distorsión visible ah lo lejos.

Mei: «Entiendo.»

La voz del director continúa.

Shiro: «No sabemos quién es el usuario… ni el alcance total de sus habilidades. Pero esto no es un fenómeno común.»

Mei entrecierra ligeramente los ojos.

Mei: «Entonces no hay tiempo que perder.»

Se acerca un poco más.

La barrera ya es claramente visible desde su posición.

Shiro: «Procede con cautela.»

Mei baja ligeramente el teléfono.

Mei: «Entendido.»

Mei reduce la velocidad hasta detenerse por completo.

La llamada ha terminado, y el silencio vuelve ah envolver la calle de Nishi-Ikebukuro. Esta vez, sin embargo, no es un silencio vacío.

Permanece quieta unos segundos, con la mirada al frente, como si ya supiera que no está sola.

Mei: <Sal de ahí. Sé que me estás observando desde hace unos minutos.»

El viento sopla entre los edificios destruidos.

Durante un instante no pasa nada hasta que una figura comienza ah moverse desde las sombras de un callejón cercano.

Un hombre sale lentamente, levantando ambas manos con aparente despreocupación.

Es Raizen.

Se detiene frente ah ella, ladeando ligeramente la cabeza con una leve sonrisa.

Raizen: «Vaya… ha pasado mucho tiempo Mei.»

Mei lo observa con atención, analizándolo de arriba abajo.

No hay rastro de reconocimiento en su expresión.

Mei: «¿Quién eres?»

El silencio dura apenas un segundo.

Raizen lleva una mano ah su pecho de forma exagerada, como si hubiera recibido una herida invisible.

Raizen: «¿En serio…?»

Da un paso al frente, dramatizando cada movimiento.

Raizen: «¿Así que ya no me reconoces?»

Su tono se vuelve teatral, casi burlón.

Raizen: «Qué cruel de tu parte Mei… después de todo este tiempo ya me has olvidado.»

Mei no reacciona.

Su mirada sigue siendo fría, directa.

Mei: «No sé de qué estás hablando.»

Raizen suspira, negando lentamente con la cabeza, como si estuviera decepcionado.

Raizen: «¿De verdad…?»

Se lleva una mano ah la frente, fingiendo frustración.

Raizen «¿En verdad me olvidaste?»

Mei responde sin dudar.

Mei: «Nunca te he visto en mi vida.»

El silencio que sigue cambia por completo.

Raizen inclina ligeramente la cabeza, observando ah Mei con una calma inquietante.

Luego da un paso al frente, sin apartar la mirada, como si midiera cada reacción.

Raizen: «2009… 6… 13… 2:25 A.M.»

Cada número cae con precisión, pesado.

Raizen: «¿Ahora… lo recuerdas?»

Por un instante, Mei no responde.

Pero algo cambia en su expresión. Sus ojos se abren levemente y su mente reacciona antes que su cuerpo.

Imágenes comienzan ah cruzar su cabeza.

Un laboratorio iluminado con luz blanca.

Cápsulas alineadas.

Vidrio.

Cuerpos.

Muchos cuerpos esparcidos por el suelo.

Un ambiente frío artificial roto.

El recuerdo la golpea de lleno.

Mei da un pequeño paso atrás, llevándose una mano ah la cabeza.

Mei: «…»

Su voz sale baja, casi forzada.

Mei: «Raizen…»

Levanta la mirada, aún afectada.

Mei: «Raizen… Kagami…»

El silencio se rompe con un sonido seco.

Aplausos.

Raizen sonríe mientras aplaude lentamente, claramente satisfecho.

Raizen: «Por fin.»

Da otro paso hacia ella.

Raizen: «Pensé que nunca lo recordarías.»

Su mirada se vuelve más intensa, casi invasiva.

Raizen: «Pero mírate… al final, no lo olvidaste.»

Mei retrocede un paso más, aún con la respiración inestable, pero su expresión cambia rápidamente ah firmeza.

Niega con la cabeza, como si rechazara por completo lo que está viendo.

Mei: «Eso es imposible.»

Aprieta ligeramente los puños, mirándolo con dureza.

Mei: «Tú no puedes ser Raizen Kagami yo lo mate hace años es… imposible que tu seas él.»

El ambiente se tensa.

Raizen no se inmuta.

Por el contrario, sonríe.

Una sonrisa tranquila.

Segura.

Raizen: «Sí.»

Hace una pequeña pausa, como si le diera la razón sin problema.

Raizen: «Eso es cierto.»

Da otro paso al frente, su mirada fija en ella.

Raizen: «Tú me mataste oh más bien dicho solo mataste ese cuerpo.»

El silencio pesa un segundo.

Mei: «Ah que te refieres con “ese cuerpo”.»

Inclina levemente la cabeza.

Raizen: «Mi técnica de liberación.»

Sus palabras caen con calma pero con un trasfondo inquietante.

Mei da un paso al frente.

Mei: «Hay algo que no encaja.»

Mei: «Tu técnica de liberación… ¿Tiene que ver con eso?»

Raizen inclina la cabeza ligeramente.

Raizen: «¿Con qué exactamente?»

Mei responde sin vacilación.

Mei: «Con lo que pasó ese día tú… deberías estar muerto. No me digas que tu técnica te permite volver de la muerte… porque eso es imposible.»

Raizen se detiene un momento al escuchar esa pregunta.

Raizen: «Hm… no, esa no es mi técnica. Aunque… no estaría nada mal tener algo así.»

Mei se quedó quiete sin entender aún mas.

Mei: «Entonces explícate.»

Mei: «¿Qué hiciste?»

Raizen: «Mi técnica se llama Transposición de alma.»

Mei escucha con mucha atención.

Raizen: «Me permite sacar mi alma de mi cuerpo… y meterla en otro cuerpo ah placer.»

Mei: «…»

Mei: «¿Cambiar de cuerpo? eso no tiene sentido.»

Raizen: «Es más simple de lo que crees abandono este cuerpo… y tomo otro. Como si cambiara de recipiente.»

Mei da otro paso.

Mei: «Entonces… ¿Cómo sobreviviste?»

Raizen responde.

Raizen: «Fácil antes de morir… usé mi técnica. Y transferí mi alma en el último momento.»

Mei: «…No puede ser ¿ah quién?»

Raizen se ríe levemente.

Raizen: «Ah uno de los muchos miembros que estaban contigo ese día he estado más cerca de lo que crees.»

Mei: [Entonces… todo este tiempo…]

El aire se mantiene tenso entre ambos.

El pasado ya ha salido ah la superficie, y ahora no hay espacio para evasivas.

Mei endereza su postura, dejando atrás la confusión inicial, y fija su mirada en él.

Mei: «Entonces… ¿cuál es tu objetivo?»

La pregunta es directa.

Sin rodeos.

Raizen la observa en silencio por un instante, como si ya conociera la respuesta que ella espera oh más bien, como si supiera que ella ya la tiene.

Una leve sonrisa aparece en su rostro.

Raizen: «Vamos Mei tú ya lo sabes.»

Da un paso más, acercándose apenas.

Raizen: «Siempre lo supiste.»

El viento sopla entre los restos del distrito, moviendo el polvo ah su alrededor.

Raizen inclina ligeramente la cabeza.

Raizen: «Mi motivo no ha cambiado en absoluto.»

Sus ojos se clavan en los de ella.

Raizen: «El cuerpo perfecto.»

El silencio se mantiene unos segundos, pesado, cargado de todo lo que no se había dicho… hasta ahora.

Raizen no aparta la mirada de Mei. Su expresión es tranquila, casi satisfecha.

Raizen: «Desde ese día… he permanecido en las sombras. Moviendo las piezas con sumo cuidado.»

Mei: «…»

Hace una breve pausa, como si saboreara cada palabra.

Raizen: «No he cambiado en nada.»

Da un paso lento hacia ella, sus pasos resonando suavemente entre los escombros.

Raizen: «Mientras todos seguían adelante… yo permanecí en las sombras.»

Su voz es baja, controlada.

Raizen: «Cada paso, cada decisión…»

Inclina ligeramente la cabeza.

Raizen: «Todo ha sido calculado.»

El viento arrastra polvo entre ellos.

Raizen: «Para que todo esté exactamente dónde debe estar.»

Sus ojos se entrecierran apenas.

Mei: «¿Todo esto… fue obra tuya?»

Mei: «¿Desde el principio?»

Mei lo observa en silencio.

Raizen continúa, como si estuviera repasando una obra ya terminada.

Raizen: «Si… la llegada de la maestra de Seiji… los asesinatos de Kioto… la preparatoria… el evento de la organización…»

Hace una pequeña pausa.

Raizen: «Todo.»

Su voz se vuelve más firme.

Raizen: «Fue cuidadosamente pensado.»

El ambiente se vuelve aún más pesado.

Raizen: «No desde el principio… pero sí desde el momento en que “morí”.»

Mei: [Entonces… nunca dejamos de estar dentro de su juego…]

Mei no aparta la mirada.

Su postura se mantiene firme, pero la tensión en su expresión es evidente.

El peso de lo que ha escuchado empieza ah acumularse, y aun así mantiene el control.

Mei: «Entonces… ¿cuál es tu siguiente movimiento?»

Raizen la observa en silencio unos segundos, como si la pregunta confirmara algo que ya estaba decidido desde el principio.

Luego exhala suavemente, casi con indiferencia.

Raizen: «Simple.»

Raizen: «Voy ah tomar tu cuerpo.»

La respuesta cae sin dramatismo, pero con absoluta certeza.

Mei reacciona de inmediato.

Mei: «…¿Qué?»

Raizen continúa, dando un paso más lento, midiendo cada palabra.

Raizen: «No hay mucho que explicar… este cuerpo que estoy usando ahora… está deteriorándose.»

Mei: «¿Deteriorándose?»

Su mirada se endurece apenas.

Raizen: «Cáncer.»

Raizen: «En fase avanzada… me quedan, como máximo, seis semanas de vida.»

El viento sopla entre las ruinas, levantando polvo alrededor de ambos.

Raizen: «Por eso necesito un nuevo recipiente.»

Hace una pausa breve, dejando que el dato se asiente.

Raizen: «Y entre todas las opciones disponibles… tú eres la más fiable.»

Mei lo observa con frialdad creciente, mientras la implicación de sus palabras se vuelve cada vez más clara.

Raizen inclina ligeramente la cabeza, como si no estuviera hablando de algo personal, sino de un simple procedimiento.

Mei: «¿Fiable?»

Mei: «¿Estás hablando de mi cuerpo como si fuera un reemplazo?»

Raizen la mira con suma tranquilidad.

Raizen: «Esto no es personal… es solo supervivencia.»

Raizen deja de hablar.

El ambiente cambia de inmediato.

Su postura se endereza lentamente, y por primera vez desde que apareció, su expresión pierde cualquier rastro de teatralidad.

El aire alrededor se vuelve más denso, como si la presión misma respondiera ah su intención.

Mei, por su parte, ajusta su posición sin dudar.

Sus pies se fijan en el suelo su mirada fría y estable.

Mei: «Lo siento por ti, Raizen…»

Su voz es firme.

Mei: «Pero no vas ah obtener mi cuerpo.»

Un silencio corto.

Raizen: «¿Ah, no? hablas como si tuvieras elección.»

El viento se detiene un instante.

Mei: «Sí la tengo. Y esta es mi decisión.»

Mei da medio paso hacia adelante.

Mei: Te voy ah matar aquí y ahora y tu Técnica no te va ah salvar.»

No hay amenaza vacía en sus palabras.

Raizen: «¿Y qué te hace pensar eso?»

Mei: «Porque no hay nadie cerca en esta zona.»

Mei: «No tienes ah quién transferirte… sin un nuevo recipiente… tu técnica no sirve de nada.»

Raizen se queda pensativo.

Raizen: [Así que cree que me acorraló…]

Mei declara firmente.

Mei: «Se acabó tu juego. Esta vez no tienes salida jaqué mate Raizen.»

Raizen sonríe apenas, como si esa respuesta fuera exactamente la que esperaba.

La distancia entre ambos se vuelve peligrosa.

Solo dos personas preparadas para borrar el pasado en ese mismo instante.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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