KONMETSU - Capítulo 63
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Capítulo 63: KONMETSU-CAPÍTULO 62: ANTES DEL REEMPLAZO.
La pelea comienza con una explosión.
El suelo se rompe en el punto donde estaban, levantando una nube densa de polvo y escombros que se expande por toda la calle destruida de Nishi-Ikebukuro.
La onda de impacto sacude los restos de los edificios cercanos, haciendo caer fragmentos de concreto.
De entre la explosión.
Raizen emerge.
Su silueta atraviesa el humo con rapidez, avanzando directamente hacia Mei.
Su energía se concentra de forma inmediata, sin dudar.
El suelo ah su alrededor se deforma.
Desde debajo, algo se mueve.
Un gusano monstruoso emerge, retorciéndose con violencia, abriéndose paso ah través del asfalto como si fuera papel.
Pero Mei ya está reaccionando.
Sin perder tiempo, levanta su arma y dispara.
El disparo es preciso.
Impacta directamente al gusano en el momento en que termina de emerger.
La criatura se deforma.
Y explota en fragmentos, desintegrándose antes de poder completar su ataque.
La onda del impacto empuja ah ambos.
Tanto Mei como Raizen salen despedidos en direcciones opuestas, rodando por el suelo entre escombros hasta detenerse con fuerza.
Un breve silencio.
Polvo en el aire.
Mei se incorpora primero, aún apuntando con su arma, sin bajar la guardia.
Mei: «¿No se suponía que tu técnica era cambiar de cuerpo?»
Raizen, ah unos metros, se levanta lentamente, sacudiéndose el polvo sin mostrar preocupación.
Raizen: Lo es.
Se endereza por completo.
Raizen: Pero no se limita a eso.
Levanta la mirada hacia ella.
Raizen: «Mi técnica de liberación no solo me permite cambiar de cuerpo…pero nunca dije que se limitara solo ah eso.»
Hace una breve pausa.
Raizen: «También me permite usar las técnicas del cuerpo que estoy ocupando.»
El ambiente se vuelve aún más tenso.
Raizen: «Este cuerpo tenía una técnica de creación bastante útil… sería un desperdicio no aprovecharla mientras dure ¿no?»
El polvo aún flota en el aire mientras ambos se mantienen ah distancia, midiéndose.
Mei no baja su arma, pero su expresión cambia ligeramente, procesando lo que acaba de escuchar.
Mei: «¿Cómo así?»
Raizen la observa con calma, como si ya hubiera tenido esta conversación antes… o la hubiera esperado.
Razien: «El alma…»
Hace una breve pausa, eligiendo sus palabras.
Raizen: «Es algo único.»
Da un paso lento, sin dejar de mirarla.
Raizen: «No puede existir otra igual. No hay dos almas idénticas en este mundo… y yo lo sé muy bien.»
El viento sopla entre los escombros.
Mei: «…»
Mei entrecierra los ojos, atenta.
Raizen continúa.
Raizen: «Cuando tomo un cuerpo… el alma original no desaparece.»
Mei: «¿Qué…?»
Se lleva una mano al pecho.
Raizen: «Sigue ahí.
Un leve silencio.
Raizen: «Dormida.»
Inclina ligeramente la cabeza.
Raizen: «Como si estuviera en un coma predeterminado.»
La tensión aumenta.
Mei: «Entonces no los matas…»
Raizen: «No necesariamente permanece así… hasta que yo decida abandonar el cuerpo.»
Sus ojos se fijan más intensamente en Mei.
Raizen: «Y cuando lo hago… el alma vuelve ah tomar el control.»
Mei: «¿Y qué pasa con el alma de ese cuerpo…?»
Hace una pequeña pausa final.
Raizen: «Dependiendo del tiempo que haya pasado usando ese cuerpo… será el estado en el que despierte.»
El peso de sus palabras cae con claridad.
El aire se vuelve aún más pesado tras sus palabras.
Por un momento, ninguno de los dos se mueve, pero la tensión entre ellos sigue creciendo.
Raizen desvía ligeramente la mirada, como si recordara algo lejano.
Raizen: «Hubo un momento…»
Su voz baja un poco.
Raizen: «Que estuve… tan cerca de lograrlo.»
Hace una pausa.
Raizen: «La perfección humana estaba al alcance de mi mano.»
El viento pasa entre las ruinas.
Raizen: «Pero entonces… aparecieron ustedes.»
Vuelve ah mirar ah Mei.
Raizen: «La organización Gokumon Kinka.»
Su expresión no cambia, pero hay un leve matiz de fastidio.
Raizen: «Interfirieron en todo.»
Da un paso lento.
Raizen: «Y lograron detenerme… justo en el momento clave.»
Silencio.
Raizen: «…Una molestia que no volveré ah permitir.»
Mei frunce el ceño, procesando cada palabra.
Raizen continúa.
Raizen: «Aunque me detuvieron ese día…»
Una leve sonrisa aparece en su rostro.
Raizen: «Para entonces… ya lo había creado.»
Ese detalle hace que Mei se quede en silencio por un instante.
Su mente comienza ah moverse rápidamente.
Conectar piezas.
Recordar.
Hasta que.
Sus ojos se abren ligeramente.
Mei: «Seiji.»
El nombre sale casi en automático.
Raizen no responde de inmediato.
Solo la observa.
Y eso es suficiente confirmación.
Mei aprieta los dientes.
Mei: «No voy ah dejar que te acerques ah él.»
Su voz es firme.
Decidida.
Raizen sonríe apenas.
Raizen: ¿Acercarme?
Niega suavemente con la cabeza.
Raizen: «Eso es lo curioso…»
Mei: «¿De qué estás hablando…?»
El ambiente se vuelve más tenso.
Raizen: «Siempre estuve ahí.»
Da otro paso.
Raizen: «Esperando ah que Seiji alcanzara su potencial.»
Mei: «…»
Sus ojos brillan con un interés casi enfermizo.
Raizen: «Y en eso… debo agradecerte.»
Raizen: «Todo el entrenamiento que le has dado… ha sido invaluable.»
Hace una pequeña pausa.
Raizen: «Gracias ah ti… Seiji ya ha alcanzado aproximadamente un cuarenta y seis por ciento.»
Raizen: «Así que, sinceramente… gracias, Mei.»
El silencio que sigue es pesado.
Porque para Raizen
Seiji no es una persona.
Sin decir una palabra más, Mei aprieta el gatillo.
Raizen reacciona al instante.
Se mueve ah una velocidad anormal, desapareciendo del punto donde estaba justo antes del impacto.
La bala golpea el suelo detrás de él, destrozando el asfalto y levantando una explosión de escombros y grietas que se expanden por la calle.
Pero Raizen ya está en otro punto.
Sin perder tiempo, extiende su mano.
Su energía se distorsiona.
El suelo comienza ah deformarse ah hincharse como si algo enorme intentara abrirse paso desde abajo.
Entonces emerge.
Una criatura grotesca.
Gigante.
Su cuerpo carece de forma definida, una masa irregular de carne retorcida cubierta de múltiples ojos que se abren y se mueven en todas direcciones.
Cada uno gira de manera independiente, fijándose en Mei desde distintos ángulos al mismo tiempo.
La presencia es abrumadora.
Mei se detiene un instante, observándola, y de inmediato ajusta su postura, poniéndose en guardia.
No hay duda.
Eso no es algo común.
La criatura se contrae.
Y se lanza.
El suelo se rompe bajo su peso mientras avanza con una velocidad absurda para su tamaño.
Mei reacciona al instante.
Gira sobre sí misma y sale corriendo, esquivando por centímetros el impacto inicial que destruye el lugar donde estaba un segundo antes.
La persecución comienza.
Mei corre ah toda velocidad entre los restos de la calle, esquivando escombros mientras la criatura arrasa todo ah su paso detrás de ella.
Su respiración se mantiene controlada, pero sus movimientos son precisos, calculados.
De un salto, se sube sobre un auto abandonado.
Sin detenerse.
Lo toma.
Con ambas manos.
El metal cruje bajo la presión mientras lo levanta por encima de su cabeza como si no pesara nada.
Raizen ah la distancia, observa la escena y sonríe.
Raizen: «¿Qué es lo que comes, Mei?»
Raizen: «Porque ese nivel de fuerza no sale de la nada oh ac…»
Antes de que termine la frase.
Mei lanza el auto.
El vehículo sale disparado con fuerza brutal, girando en el aire hasta impactar directamente contra la criatura.
El choque es violento.
El cuerpo grotesco se deforma bajo el impacto deteniéndose por un instante.
Mei ya está en posición.
Levanta el arma.
Apunta.
Dispara.
El proyectil atraviesa el aire y golpea directamente en la cabeza de la criatura.
Un segundo de tensión.
Y luego.
Explosión.
La cabeza revienta desintegrándose en fragmentos que se convierten en ceniza antes de tocar el suelo.
El cuerpo de la criatura comienza ah colapsar deshaciéndose en ceniza que se dispersa en el aire.
Pero Raizen no parece afectado en lo más mínimo.
Ni siquiera sorprendido.
Levanta ligeramente la mano una vez más.
El aire vuelve a distorsionarse.
Raizen: «Aún no termino.»
Desde esa distorsión algo toma forma.
Oscura.
Compacta.
Y en el siguiente instante.
Un cuervo.
Pero no es normal.
Es enorme.
Su silueta es grotesca, con cuatro bocas distribuidas de forma antinatural en su cabeza cada una abriéndose y cerrándose con movimientos independientes, dejando escapar sonidos distorsionados.
Sus alas se despliegan.
Y desaparece.
Se mueve.
Ah una velocidad absurda.
Mei apenas tiene tiempo de reaccionar.
Sus ojos logran seguir un rastro borroso antes de que.
Impacto.
El cuervo la golpea de lleno.
La fuerza del ataque es brutal.
Mei es lanzada hacia atrás, atravesando el aire sin control hasta estrellarse contra la fachada de un edificio.
El concreto se rompe al contacto.
Su cuerpo atraviesa parte de la estructura antes de caer entre escombros.
El polvo se levanta.
El sonido del impacto resuena por la zona destruida.
Y en el aire.
El cuervo vuelve ah aparecer, dando vueltas lentamente, sus cuatro bocas abiertas esperando el siguiente movimiento.
Los escombros aún caen cuando Mei se mueve entre ellos.
Se levanta.
Con dificultad.
Su respiración es pesada.
Pero su mirada sigue firme.
Arriba, el cuervo de cuatro bocas gira en el aire, observándola desde múltiples ángulos al mismo tiempo.
Sus alas se tensan
Y desaparece otra vez.
Velocidad absurda.
Mei apenas logra reaccionar, girando el cuerpo para esquivar por centímetros el siguiente impacto.
El aire explota ah su lado cuando el cuervo pasa
Destruyendo parte del edificio detrás de ella.
No le da tiempo ah pensar.
Otro ataque.
Otro impacto.
Esta vez la roza, lanzándola varios metros contra el suelo.
Mei rueda, se detiene y se obliga ah levantarse otra vez.
Aprieta los dientes.
Se adapta.
Comienza ah leer el patrón.
No es velocidad aleatoria.
Hay ritmo.
Hay intención.
El cuervo vuelve ah lanzarse.
Y esta vez.
Mei responde.
Dispara.
Falla.
Pero no era el objetivo.
El sonido.
El timing.
El siguiente ataque llega.
Y Mei se mueve antes.
Esquiva.
Gira.
Dispara de nuevo.
Impacta una de las bocas.
La criatura emite un sonido distorsionado.
Pero no se detiene.
Se lanza otra vez, más agresiva.
La pelea se vuelve más intensa.
Más cercana.
Más peligrosa.
Golpes, esquivas, disparos, errores mínimos que casi le cuestan la vida en más de una ocasión.
El suelo se rompe.
Los edificios colapsan parcialmente.
El tiempo pasa.
Y poco ah poco.
Mei empieza ah imponerse.
Finalmente, en un último intercambio
El cuervo se lanza directo hacia ella.
Mei no se mueve.
Espera.
Un segundo.
El momento exacto.
Levanta el arma.
Y dispara.
El proyectil atraviesa el punto central de la criatura.
Un impacto limpio.
El cuervo se detiene en seco.
Y luego.
Se desintegra por completo, rompiéndose en fragmentos que se convierten en ceniza en el aire.
El silencio vuelve.
Mei baja ligeramente el arma, respirando con dificultad.
Ah lo lejos
Raizen observa.
Y sonríe.
Raizen: «Ya falta poco.»
Sus palabras caen con calma.
El aire aún está cargado de ceniza cuando Raizen comienza ah acercarse, caminando con total calma entre los restos de la destrucción.
Sus pasos resuenan suavemente sobre el concreto roto mientras observa el escenario y ah Mei.
Raizen: «Eso sí que fue impresionante.»
Su voz lleva un matiz de aprobación genuina.
Raizen: «Ah pesar de los años… te has vuelto más fuerte que aquella vez.»
Se detiene ah unos metros de ella, analizándola con atención.
Su mirada recorre cada detalle: la respiración agitada, la postura, el desgaste acumulado.
Raizen: «Pero…»
Hace una breve pausa.
Raizen: «Te estás cansando.»
El viento sopla entre ambos.
Mei, aún con el arma en mano, se mantiene firme.
Ah pesar del agotamiento evidente, no baja la guardia.
Mei: «Podría seguir así toda la noche.»
Su voz es clara.
Determinada.
No hay duda en lo que dice.
Raizen la observa unos segundos más.
Y sonríe.
Raizen: «Eso…»
Inclina ligeramente la cabeza.
Raizen: «Está por verse.»
El ambiente se vuelve ah tensar.
Raizen se detiene a unos metros de Mei, observándola con una calma que contrasta con la destrucción alrededor.
El aire sigue cargado de ceniza, pero su expresión es casi serena.
Inclina ligeramente la cabeza.
Raizen: «Déjame hacerte una pregunta, Mei.»
Hace una pausa breve.
Raizen: «¿Conoces a los Doce Generales Divinos que protegen a Buda?»
Mei entrecierra los ojos, sin bajar su arma.
Mei: «¿Ah qué viene eso?»
Raizen sonríe apenas, como si la reacción fuera esperada.
Raizen: «Los Doce Generales Divinos… no son solo figuras de protección.»
Raizen: «Son guardianes… representaciones del tiempo, del ciclo… de la protección absoluta.»
Mei no responde de inmediato.
Raizen: «Cada uno encarna una parte de ese ciclo.»
Raizen: «Un equilibrio que no puede romperse fácilmente.»
Lo observa, analizando cada palabra.
Mei: ¿Y qué? ¿Ahora también vas a darme una clase?
Su tono es seco.
Raizen no se molesta.
Raizen: «Sus nombres son…»
Raizen: «Kubira.»Raizen: «Vajra.»Raizen: «Mihira.»Raizen: «Anira.»Raizen: «Indra.»Raizen: «Pajra.»Raizen: «Makora.»Raizen: «Sindhura.»Raizen: «Catura.»Raizen: «Vikara.»Raizen: «Kumbhira.»Raizen: «Andira.»
El ambiente parece volverse más pesado con cada nombre.
Mei baja apenas la guardia, pero no por confianza sino por concentración.
Mei: Los he escuchado.
Raizen asiente levemente.
—Claro que sí.
Da otro paso.
—Cada uno representa algo distinto… una función, un concepto, un equilibrio.
Mei lo interrumpe.
Mei: «…¿Y qué tiene que ver eso con todo esto?»
Su paciencia es limitada.
Raizen sonríe.
Raizen: Es simple.
Sus ojos se fijan en ella con más intensidad.
Raizen: «Porque el cuerpo perfecto…»
Hace una breve pausa.
Raizen: «No es solo fuerza.»
El viento sopla entre ambos.
Raizen: «Es equilibrio, estructura, un sistema completo.»
Raizen: «Como esos doce.»
Raizen: «Cada uno cumple una función.»
Raizen: «Cada uno sostiene el conjunto.»
Raizen: «Y cuando todo está en armonía… eso es lo que se acerca ah la perfección.»
Mei lo mira fijamente.
Mei: «¿Estás diciendo que quieres replicar eso?»
Raizen niega lentamente.
Raizen: «No.»
Una leve sonrisa aparece en su rostro.
Raizen: «Ya lo hice una vez.»
Raizen: «Pero esta vez…»
Inclina ligeramente la cabeza.
Raizen: «Esta vez lo y hare perfecto.»
Mei aprieta el arma con más fuerza.
Mei: «Y necesitas el cuerpo de Seiji para eso.»
Raizen no responde de inmediato.
Raizen: «Es una pieza clave.»
El silencio vuelve ah caer.
El silencio se rompe cuando la energía de Raizen cambia otra vez.
Lentamente, levanta una mano y el aire a su alrededor comienza ah distorsionarse de forma más intensa que antes.
El suelo tiembla, las grietas se expanden, y una presión abrumadora empieza a llenar el espacio.
Raizen: «Si combinas…»
Su voz suena más grave.
Raizen: «Ah esos seres divinos en uno solo…»
Hace una pausa.
Raizen: «Se Puede crear algo… verdaderamente monstruoso.»
Detrás de él
Algo comienza ah formarse.
Oscuridad condensándose.
Materia tomando forma.
Una silueta gigante emerge poco ah poco, elevándose por encima de los edificios destruidos.
Su tamaño es colosal, comparable ah una entidad de guerra, superando incluso la altura de las estructuras cercanas.
Su piel es negra, densa, como si absorbiera la luz.
Un cuerpo humanoide pero deformado.
Cuernos de demonio sobresalen de su cabeza.
Múltiples colas se agitan detrás de él, moviéndose con vida propia.
El aire vibra.
Y entonces.
La criatura ruge.
Un sonido profundo, antinatural, que sacude todo el distrito.
Mei se queda inmóvil un segundo, mirando hacia arriba.
Mei: «¿Qué… es eso?»
Raizen no aparta la mirada de su creación.
Raizen: «Un Yōkai–deidad híbrido.»
Da un paso al lado, como si presentara su obra.
Raizen: «Una combinación de múltiples entidades.»
Sus ojos brillan con orgullo.
Raizen: «Pajra, Catura, Vikarala.»
Hace una pequeña pausa.
Raizen: «Y el Tamamo-no-Mae.»
Mei frunce el ceño al instante.
Mei: «Espera.»
Lo mira directamente.
Mei: «Tamamo-no-Mae no tiene nada que ver con los Doce Generales.»
Raizen sonríe.
Raizen: «Tienes razón.»
Lo dice sin problema.
Raizen: «No pertenece a ese sistema.»
Cruza ligeramente los brazos.
Raizen: «Pero lo añadí de todos modos.»
Inclina la cabeza.
Raizen: «Por una única cualidad.»
La criatura vuelve ah rugir detrás de él, moviendo sus colas y haciendo temblar el suelo.
La presión en el ambiente se vuelve casi insoportable mientras la criatura se alza detrás de Raizen.
Aun así, Mei no aparta la mirada de él.
Su expresión se endurece, claramente irritada pero también analítica.
Mei: «Eso no tiene sentido.»
Señala ligeramente hacia la criatura.
Mei: «Los Doce Generales Divinos… no son de Japón en origen.»
El viento levanta ceniza entre ambos.
Mei: «Provienen de tradiciones budistas traídas desde el continente.»
Mei: «Fueron adaptados aquí, sí… pero no nacieron como parte de nuestro folclore.»
Su voz se vuelve más firme.
Mei: «Son deidades guardianas asociadas ah Yakushi Nyorai… no yōkais.»
Raizen la observa en silencio.
Mei continúa, ahora con más claridad en sus palabras.
Mei: «En Japón, los yōkai son otra cosa completamente distinta.»
Mei: «Espíritus, anomalías, entidades del folclore… no guardianes divinos.»
Hace una breve pausa.
Mei: «Y Tamamo-no-Mae…»
Su mirada se afila.
Mei: «Es una entidad del folclore japonés. Una kitsune. Un ser completamente ajeno a esos generales.»
Señala de nuevo hacia la criatura.
Mei: «Estás mezclando cosas que no deberían coexistir.»
El silencio dura un segundo.
Raizen sonríe.
Raizen: «Exacto.»
Da un paso lento hacia ella.
Raizen: «Precisamente por eso funciona.»
Inclina ligeramente la cabeza.
Raizen: «Tú los ves como conceptos separados.»
Raizen: «Mitologías distintas. Sistemas diferentes.»
Su mirada se intensifica.
Raizen: «Yo no.»
El suelo tiembla levemente detrás de él mientras la criatura se mueve.
Raizen: «Para mí… todo es material.»
Hace una pausa.
Raizen: «Divino. Demoníaco. Espiritual. Folclórico.»
Extiende ligeramente la mano.
Raizen: «Todo puede ser combinado.»
Sus ojos se clavan en Mei.
Raizen: «Todo puede ser refinado.»
La criatura ruge nuevamente, como respondiendo ah sus palabras.
Raizen: «Y llevado… ah un siguiente nivel.»
El silencio que sigue deja claro algo.
Para Raizen no existen límites.
El ambiente permanece tenso tras las palabras de Mei, el viento arrastrando ceniza entre ambos mientras la enorme criatura se agita detrás de Raizen.
Por un momento, ninguno habla pero la presión sigue aumentando.
Raizen observa ah Mei con una calma extraña.
Como si ya hubiera llegado ah una conclusión.
Raizen: «Siempre fuiste así.»
Inclina ligeramente la cabeza.
Raizen: «Analítica… lógica… intentando darle sentido ah todo.»
Da un paso lento hacia ella.
Raizen: «Incluso ahora.»
Mei no baja la guardia.
Mai: «Porque lo que tú haces no tiene lógica… solo destrucción.»
Raizen sonríe apenas.
Raizen: «Error.»
Niega suavemente con la cabeza.
Raizen: «Todo esto tiene lógica.»
Señala ligeramente hacia la criatura detrás de él.
Raizen: «Evolución. Adaptación. Optimización.»
Mei frunce el ceño.
Mei: «Eso no es evolución… es una aberración.»
El monstruo se mueve, sus colas golpeando el suelo con fuerza.
Raizen no parece ofendido.
Raizen: «¿Aberración?»
Hace una pequeña pausa.
Raizen: «Eso mismo dijeron de mí.»
Su mirada se endurece por un instante.
Raizen: «Antes de que entendieran… lo que estaba haciendo.»
Mei da un paso adelante.
Mei: «Y aún así te detuvimos.»
El silencio cae un segundo.
Raizen sonríe.
Raizen: «Sí. Y mira cómo terminó eso.»
Extiende ligeramente los brazos, como si mostrara todo lo que ha logrado.
Raizen: «Aquí estoy… más cerca que nunca.»
La criatura ruge detrás de él, reforzando sus palabras.
Mei aprieta su arma.
Mei: «No importa cuánto hables… te voy ah detener otra vez.»
Raizen la observa fijamente.
Raizen: «No.»
Su tono cambia.
Más frío.
Raizen: «Esta vez no.»
El viento sopla con más fuerza.
Raizen baja lentamente la mano.
Como si ya no hubiera nada más que decir.
Raizen: «Ya no hay nada más que discutir.»
Hace una breve pausa.
Raizen: «Esta conversación…»
Sus ojos se clavan en Mei.
Raizen: «Se acaba aquí.»
Entonces.
Sin apartar la mirada, señala hacia Mei.
Raizen: «Kāen no Kijin.»
La criatura responde de inmediato, inclinando su enorme cuerpo hacia adelante.
Raizen da la orden final.
Raizen: «Acaba con ella.»
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