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KONMETSU - Capítulo 64

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Capítulo 64: KONMETSU-CAPITULO 63: FIN DEL JUEGO.

El rugido de Kāen no Kijin se disipa lentamente, dejando un eco pesado en el aire.

La criatura no se lanza de inmediato.

En lugar de eso.

Avanza.

Lentamente.

Cada paso hace temblar el suelo de Nishi-Ikebukuro, las grietas se expanden bajo su peso.

Mientras su enorme figura se acerca con una presencia abrumadora.

Sus múltiples colas se arrastran y se agitan detrás de él.

Destruyendo lo poco que aún queda en pie ah su paso.

El aire se vuelve más denso con cada metro que reduce la distancia.

Mei no se mueve.

Permanece firme, con el arma en alto, siguiendo cada movimiento de la criatura.

Los ojos del monstruo.

(Oh lo que sea que le sirva para poder ver.)

Se fijan completamente en ella.

Paso.

Otro.

El sonido es pesado.

Inevitable.

Finalmente.

Se detiene.

Frente ah ella.

La diferencia de tamaño es absurda.

La criatura se alza como una montaña oscura, proyectando una sombra que cubre completamente ah Mei.

El silencio se vuelve sofocante.

Solo se escucha la respiración de Mei y el leve movimiento de esa masa colosal frente ah ella.

Cara ah cara.

Depredador y presa.

Ambos permanecen inmóviles por un instante.

Midiéndose.

La tensión se vuelve insoportable hasta que la criatura se mueve.

Sin previo aviso, Kāen no Kijin lanza el primer golpe.

Su enorme brazo desciende con una fuerza devastadora, capaz de aplastar todo ah su paso.

Pero Mei no retrocede.

Levanta el brazo.

Y lo detiene.

El impacto sacude el suelo, levantando una onda de choque que rompe aún más el asfalto, pero aun así.

Mei resiste.

Sus músculos se tensan al límite mientras contiene la fuerza monstruosa frente ah ella.

La criatura presiona más.

Aumenta la fuerza.

El suelo bajo los pies de Mei comienza ah ceder.

Pero en el siguiente instante.

Desaparece.

Un desplazamiento limpio.

Aparece al costado de la criatura y, sin perder tiempo, gira el cuerpo y lanza una patada directa al rostro del gigante.

El impacto hace que la cabeza del monstruo se desvíe ligeramente.

Sin detenerse.

Mei se impulsa para continuar el ataque.

Pero la criatura reacciona.

Otro golpe.

Directo.

Ambos ataques se encuentran en el aire.

Impacto.

El choque genera una explosión de presión que empuja todo ah su alrededor.

El aire se comprime, el suelo se agrieta aún más y los restos cercanos salen despedidos.

Por un instante.

Fuerza contra fuerza.

Y luego.

Ambos son empujados hacia atrás.

Mei aterriza varios metros atrás, deslizándose sobre el suelo antes de estabilizarse.

La criatura retrocede unos pasos pesados, recuperando su postura.

El combate acaba de escalar.

Mei se levanta con firmeza, sacudiendo ligeramente el polvo de su cuerpo mientras mantiene la mirada fija en Kāen no Kijin.

Su respiración es controlada.

Pero su expresión deja claro que ya está evaluando seriamente la situación.

Observa cada detalle del monstruo frente ah ella: su tamaño descomunal, la densidad de su cuerpo, la presión que emite con solo estar ahí.

Mei: «…»

Sus ojos se afinan.

Mei: [Es fuerte… y muy resistente.]

Aprieta levemente los puños, ajustando su postura de combate.

Mei: [Ese golpe apenas lo movió.]

El aire vibra alrededor de la criatura, como si su sola presencia deformara el entorno.

Mei: [No es algo que pueda derrotar tan fácilmente.]

Da un pequeño paso al frente, sin perder la concentración.

Mei: «Entonces… tendré que probar esto.»

Su mirada no vacila.

Ahora entiende perfectamente contra qué está peleando.

Antes de que Mei pudiera reaccionar.

La criatura se mueve.

Desaparece de su posición con una velocidad absurda, rompiendo el suelo en el proceso.

Aparece frente ah ella.

La toma.

Sin darle tiempo ah nada.

La lanza.

El impacto es brutal.

Mei atraviesa el aire y se estrella contra la estructura de un edificio.

Rompiendo parte de la fachada y hundiéndose entre concreto y escombros.

El polvo se levanta.

Pero Mei reacciona al instante.

Se incorpora dentro del impacto, ajustando su postura en el mismo movimiento.

Mei: «Tch—»

Sus ojos se alzan.

Y lo ve.

La criatura ya está en movimiento otra vez.

Viene directo hacia ella.

Sin dudarlo.

Mei impulsa su cuerpo hacia arriba, corriendo por la pared del edificio con precisión, usando la vertical como si fuera suelo firme.

Mei: [Es demasiado rápido…]

La criatura impacta contra la estructura donde estaba un segundo antes.

El edificio tiembla violentamente.

Fragmentos de concreto caen mientras la masa gigantesca comienza ah abrirse paso, destruyendo todo ah su alrededor sin detenerse.

Mei sigue corriendo por la superficie, saltando entre grietas y estructuras debilitadas.

Mei: [No puedo quedarme quieta.]

Detrás de ella.

Kāen no Kijin arrasa el edificio entero, rompiendo paredes, columnas y todo lo que encuentra en su camino mientras la persigue sin descanso.

La persecución se vuelve vertical.

Y cada segundo es más peligroso que el anterior.

La persecución continúa hasta que Mei alcanza el límite del edificio.

Sin detenerse, se impulsa hacia arriba y aterriza en la azotea.

Un segundo después.

La criatura emerge, atravesando la estructura y elevándose frente ah ella, destruyendo todo ah su paso hasta quedar cara ah cara en la cima.

No hay pausa.

Ambos se lanzan.

Mei toma la iniciativa, acortando distancia en un instante.

Sus golpes son rápidos y precisos, conectando directamente contra el abdomen del monstruo, seguido de una patada al rostro que hace que su cabeza se desplace ligeramente.

Mei: «…!»

No se detiene.

Continúa con una combinación de ataques, alternando golpes y patadas, buscando romper su defensa.

Pero la criatura responde.

No es un ataque salvaje.

Es estratégico.

Uno de sus brazos se mueve con precisión, intentando interceptarla en pleno movimiento.

Mei lo ve venir.

En el último segundo, usa ese mismo brazo como punto de apoyo, impulsándose sobre él en lugar de bloquearlo.

Gira el cuerpo.

Y lanza otro golpe directo al rostro.

Impacto.

La cabeza del monstruo se sacude, pero no cae.

Mei no pierde el ritmo.

Se aferra ah los cuernos de la criatura con ambas manos.

Mei: «—»

Y se impulsa nuevamente, usando su propio cuerpo como palanca para generar más fuerza.

Otro golpe.

Directo.

Más fuerte.

El impacto resuena en toda la azotea.

La criatura retrocede medio paso.

El suelo agrietándose bajo su peso.

El combate se vuelve más cercano.

Más físico.

Y cada movimiento.

Es una lucha directa de fuerza y técnica.

Mei no se detiene.

Aprovecha la cercanía y continúa su ofensiva, encadenando golpes cada vez más rápidos y precisos contra el rostro y el torso de Kāen no Kijin.

Cada impacto resuena en la estructura del monstruo, haciendo vibrar la azotea bajo sus pies.

Mei: «…!»

Sus ataques son constantes.

Sin pausa.

Sin darle espacio.

Pero entonces.

La criatura cambia.

Su cuerpo se tensa de forma antinatural.

Sus múltiples colas se detienen.

Y su torso se expande.

Mei lo nota.

Mei: [¿Qué rayos—?]

En el siguiente instante.

La criatura inhala.

Una cantidad absurda de aire.

El entorno mismo parece ser absorbido hacia ella.

Y luego.

Lo expulsa.

Una onda de presión masiva estalla desde su cuerpo.

Impacto.

Mei no tiene tiempo de reaccionar.

La fuerza la golpea de lleno.

Arrancándola de su posición y lanzándola por los aires ah una velocidad brutal.

Su cuerpo atraviesa el espacio, perdiendo el control.

Y choca.

Contra un edificio.

Lo atraviesa parcialmente.

Y sigue.

Otro impacto.

Otro edificio.

El concreto se rompe ah su paso mientras su cuerpo es arrastrado ah través de múltiples estructuras.

Dejando un rastro de destrucción en línea recta.

Finalmente.

Se detiene.

Entre escombros.

El polvo se levanta.

Y el silencio dura apenas un segundo.

Antes de que todo vuelva ah moverse.

Los escombros se deslizan mientras Mei se mueve entre ellos.

Se levanta lentamente, apoyándose un instante antes de recuperar el equilibrio.

Su respiración es más pesada ahora, pero su mirada sigue fija al frente, buscando ah la criatura entre el polvo que aún flota en el aire.

Mei: «…»

Aprieta los dientes.

Sacude ligeramente el brazo, liberando la tensión acumulada.

Mei: [¿Qué… es esta cosa…?]

Mei: [Es muy difícil de entender…]

Sus ojos se afinan mientras recuerda los movimientos de la criatura.

Mei: [No solo ataca… se adapta.]

Mei: [Se mueve diferente cada vez.]

Endereza su postura, volviendo ah ponerse en guardia.

Mei: [Cambia su forma de pelear… como si analizara cada movimiento.]

El viento arrastra todo el polvo de su alrededor.

Mei: [No puedo predecirlo fácilmente.]

Da un paso al frente.

Mei: «Entonces… tendré que obligarlo ah reaccionar.»

Su mirada se endurece nuevamente.

Mei ajusta su postura, lista para moverse.

Pero algo cambia.

El aire.

La presión.

Instintivamente, levanta la mirada hacia arriba.

Y lo ve.

La silueta colosal de Kāen no Kijin descendiendo desde el cielo, cayendo con todo su peso directamente hacia ella.

Mei abre los ojos sorprendida.

Mei: [—!]

No hay tiempo.

Impacto.

La criatura se estrella contra el suelo con una fuerza devastadora, aplastando completamente el lugar donde Mei estaba un segundo antes.

El terreno colapsa, el concreto se rompe y una nube masiva de polvo y escombros se eleva en todas direcciones.

Pero no termina ahí.

Entre el caos.

La criatura la alcanza.

Una de sus enormes colas la envuelve y la arrastra con él hacia abajo, mientras su propio peso continúa hundiéndose, rompiendo capas de suelo y estructuras bajo ellos.

Mei intenta resistirse.

Clava los pies.

Empuja.

Mei: «¡—!»

Pero es inútil.

La fuerza es abrumadora.

El suelo se sigue quebrando bajo ellos mientras la criatura no la suelta ni un segundo, arrastrándola cada vez más profundo entre concreto destruido y escombros que colapsan alrededor.

Mei: [Maldición no me suelta…]

Aprieta los dientes, luchando contra la presión.

Pero la criatura.

No afloja.

Ni un instante.

Entre el colapso y la presión, Mei logra moverse.

Fuerza el cuerpo.

Se libera.

En un movimiento rápido, gira sobre sí misma y se zafa del agarre de la criatura, aterrizando con firmeza entre los escombros.

No pierde tiempo.

Se lanza de inmediato.

Toma el brazo de Kāen no Kijin y usa ese mismo punto como apoyo para impulsarse.

Gira.

Y comienza ah atacar.

Una serie de patadas impactan directamente en el rostro del monstruo, rápidas, consecutivas, cada una más fuerte que la anterior.

Mei: «—!»

El aire se sacude con cada golpe.

La criatura retrocede levemente.

Pero no cae.

Mei se prepara para el siguiente impacto.

Pero en ese instante.

La criatura se endereza.

Y responde.

Un golpe directo.

Brutal.

Mei reacciona en el acto.

Levanta la pierna.

Y responde con una patada.

Impacto.

Puño contra pierna.

La colisión genera una explosión de presión que rompe aún más el entorno, lanzando fragmentos de concreto en todas direcciones.

Ambos se separan por la fuerza del choque.

Apenas tocan el suelo.

Se mueven otra vez.

Corren el uno hacia el otro.

Sin dudar.

Sin frenar.

Y en el siguiente instante.

Chocan.

Puño contra puño.

El impacto resuena como un estallido, generando una onda que sacude toda la estructura alrededor.

Las paredes del edificio cercano comienzan ah colapsar, las grietas se expanden y los restos caen mientras ambos mantienen la presión.

Sus puños siguen chocando.

Golpe tras golpe.

Ninguno retrocede.

El combate alcanza otro nivel.

Y el entorno.

Ya no lo soporta.

El intercambio continúa con una intensidad brutal, pero finalmente.

Ambos se separan.

La presión acumulada estalla.

El entorno ya no resiste más.

Todo el lugar comienza ah colapsar, las estructuras ceden.

Los edificios se derrumban uno tras otro mientras el suelo se rompe bajo el peso del combate.

El ruido es ensordecedor, una destrucción total consumiendo la zona.

Mei reacciona al instante.

Se impulsa hacia afuera, escapando del colapso mientras toneladas de concreto caen detrás de ella.

Por un segundo.

Logra salir.

Pero no termina.

Desde entre el derrumbe.

Kāen no Kijin emerge.

La alcanza.

La agarra.

Y sin detenerse.

La lanza.

El impacto es inmediato.

Mei atraviesa el aire y se estrella contra otro edificio, rompiendo parte de la estructura antes de caer al suelo.

Rueda.

Sin control.

Hasta que.

Choca contra un pilar de concreto.

El sonido es seco.

El movimiento se detiene.

El silencio dura apenas un instante.

Una línea de sangre desciende lentamente por su rostro.

Mei: «…»

Respira.

Pesado.

Dolor.

Intenso.

Intenta moverse.

Y lo siente.

Mei: [Mi brazo esta…]

Está dislocado.

Aprieta los dientes.

Sin dudar.

Lleva la mano al brazo.

Y en un movimiento brusco.

Lo acomoda.

El sonido es seco.

El dolor es inmediato.

Mei: «…GH—»

Contiene el grito, resistiendo la sensación que recorre todo su cuerpo.

Respira hondo.

Una vez.

Otra.

Y se vuelve ah levantar.

Aún puede pelear.

Mei apenas termina de estabilizarse.

Cuando la presión vuelve.

No hay descanso.

El aire se deforma y en el siguiente instante.

Kāen no Kijin aparece otra vez frente ah ella.

Sin aviso.

Sin pausa.

Ataca.

Mei reacciona al límite, levantando el brazo y chocando directamente contra el golpe de la criatura.

Impacto.

Puño contra puño.

El choque genera otra onda de presión que sacude el área, levantando polvo y fragmentos de concreto.

Mei: «—!»

No retrocede.

Se adapta.

En el siguiente movimiento, cambia su enfoque.

En lugar de responder de frente.

Se mueve.

Desaparece de la línea directa.

Aparece al costado.

Y ataca.

Golpe al abdomen.

Otro.

Y otro más.

Rápidos.

Precisos.

Cada impacto va dirigido al mismo punto, acumulando daño en una zona específica.

Mei: «…!»

No se detiene.

Su movimiento es estratégico.

No busca derribarlo de un solo golpe.

Busca romper su resistencia.

El aire vibra con cada impacto.

El cuerpo de la criatura se tensa, absorbiendo los golpes.

Pero comienza ah ceder levemente ante la repetición.

Mei da un último paso.

Carga fuerza.

Todo su peso.

Toda su energía.

Y lanza el golpe final.

Un impacto brutal.

Directo al abdomen.

El sonido es seco.

Pesado.

Y esta vez.

La criatura se mueve.

Sale despedida hacia atrás, atravesando el aire hasta estrellarse contra estructuras ah la distancia, destruyéndolas en el proceso.

El polvo se levanta.

El impacto resuena.

Y por un segundo.

Hay espacio.

Pero la pelea aún no termina.

El polvo aún no se disipa cuando Mei comienza ah avanzar.

Su respiración es pesada, pero su mirada se mantiene firme sobre el punto de impacto.

Mei: [Ese golpe… debió ser suficiente.]

Camina con cautela entre los escombros, acercándose al lugar donde la criatura fue lanzada.

El silencio es extraño.

Demasiado.

Mei: [¿Terminó?]

Da un paso más.

Y en ese instante.

Algo se mueve.

Desde el humo.

Una de las colas de Kāen no Kijin emerge ah gran velocidad.

Se enrosca alrededor de su pierna.

Mei: «—!»

No hay tiempo de reaccionar.

La cola tira de ella con fuerza brutal.

Y la lanza hacia arriba.

Su cuerpo sale disparado, perdiendo estabilidad en el aire.

Mei intenta reaccionar.

Mei: [Maldición…]

Pero antes de poder corregir su posición.

La criatura aparece.

Directamente frente ah ella.

Ambos puños juntos.

Elevados.

Y en el siguiente instante.

Impacto.

Golpea ah Mei con una fuerza devastadora, impulsándola directamente hacia abajo.

El choque contra el suelo es brutal.

El impacto genera una explosión de escombros rompiendo completamente la superficie y formando un cráter en el punto de colisión.

El aire se comprime.

El sonido retumba.

Y el polvo vuelve ah cubrirlo todo.

El polvo aún no se asienta cuando.

Mei se mueve.

Se levanta de golpe desde el cráter, ignorando el dolor que recorre su cuerpo, y se lanza nuevamente al combate sin dudar.

Frente ah ella, Kāen no Kijin ya está en posición.

Ambos avanzan.

Y chocan otra vez.

Puño contra puño.

Golpe contra golpe.

El intercambio es inmediato, violento, sin pausas.

Mei lanza ataques rápidos, precisos, buscando abrir espacio como antes, pero algo es distinto.

La criatura responde.

Bloquea.

Esquiva.

Contraataca.

Con una precisión que antes no tenía.

Mei: «¿…?»

Retrocede un paso, apenas evitando un golpe que pasa rozando su rostro.

Mei: [¿Qué está pasando…?]

Vuelve a atacar, pero la criatura ya está reaccionando antes de que complete el movimiento.

Lee su ritmo.

Anticipa.

Mei: […Es como si…]

Otro intercambio.

Otro bloqueo perfecto.

Mei: [Se estuviera adaptando a mi estilo de pelea.]

Sus ojos se abren apenas.

Pero no hay tiempo para más.

En el siguiente instante.

La criatura desaparece de su campo de visión.

Mei: [—!]

Aparece frente ah ella.

Demasiado cerca.

Y antes de que pueda reaccionar.

Rodillazo.

Directo al abdomen.

Impacto brutal.

El aire se le escapa del cuerpo mientras es lanzada hacia atrás ah toda velocidad.

Atravesando el espacio hasta estrellarse contra un edificio en la distancia.

El concreto se rompe.

Su cuerpo se incrusta en la estructura antes de caer entre los restos.

Silencio.

Solo por un segundo.

En lo alto de otro edificio cercano.

Raizen observa todo.

Sentado con las piernas cruzadas tranquilo, viendo el caos desarrollarse frente ah él.

Cruza ligeramente los brazos, ladeando la cabeza con una expresión entretenida.

Raizen: «Ahora esto sí es un espectáculo…»

Raizen: «Adaptación en tiempo real… evolución constante… justo como lo diseñé.»

Suspira levemente, como si realmente le faltara algo.

Raizen: «Qué lástima… me vendrían bien unas palomitas… y una buena Coca-Cola.»

Hace una pequeña pausa.

Raizen: «Nada como ver el resultado de tu propia obra en acción. Especialmente cuando sabes cómo va ah terminar.»

Su mirada vuelve al campo de batalla.

Disfrutando cada segundo.

El impacto aún resuena cuando Mei se mueve otra vez.

No se queda en el suelo.

No se lo permite.

Se impulsa desde los escombros del edificio destruido y sale corriendo.

Atravesando lo que queda de la estructura mientras detrás de ella, Kāen no Kijin irrumpe sin detenerse, destruyendo todo ah su paso.

Columnas colapsan.

Paredes explotan.

El sonido de la destrucción es constante.

Mei salta hacia otra superficie, aterriza y sigue moviéndose sin parar.

Mei: [Ni siquiera muestra signos de fatiga…]

La criatura aparece detrás.

Ataca.

Ella esquiva por centímetros.

El suelo se rompe donde estaba.

Sigue corriendo.

Salta entre edificios, usando cada punto como apoyo mientras la persecución continúa.

Pero su mente no está en blanco.

Está trabajando.

Recordando.

Mei: [Los doce generales divinos…]

Mei: [Esto no fue al azar…]

Las palabras de Raizen regresan.

Los nombres.

Uno por uno.

Mei: [Pajra… fuerza y ofensiva directa… Catura… precisión en cada movimiento… Vikarala… velocidad y reacción…]

Su respiración se mantiene firme mientras esquiva otro ataque que destruye parte de la estructura por la que corría.

Mei: [Y el último…]

Sus ojos se abren apenas.

Mei: [Tamamo-no-Mae.]

Salta hacia otra superficie, girando en el aire para evitar un golpe que pasa rozando su cuerpo.

Mei: [No era una combinación al azar…]

Aterriza.

Sigue corriendo.

Mei: [Estaba tomando las características de cada uno…]

La criatura aparece nuevamente.

Ataca.

Mei bloquea y se impulsa hacia atrás.

Mei: [Y adaptándolas…]

Su mirada se afila.

Mei: [Ah mí.]

Otro ataque.

Más rápido.

Más preciso.

Mei apenas logra esquivarlo.

Mei: [Se está adaptando ah mi fuerza…]

Salta.

Mei: [Ah mi velocidad…]

Corre por una pared.

Mei: [Ah mi estilo de pelea.]

La presión aumenta.

Cada segundo.

La criatura responde mejor.

Más rápido.

Más eficiente.

Mei: [Si esto sigue así…]

Aterriza, deslizándose unos metros antes de estabilizarse.

La criatura cae frente ah ella, bloqueando su camino.

El aire se vuelve pesado.

Mei aprieta los dientes.

Mei: [No voy ah tener ninguna oportunidad.]

Levanta la mirada, firme.

Mei: [Tengo que exterminarlo…]

Da un paso al frente.

Mei: [Rápido.]

El combate ya no es solo resistencia.

Ahora.

Es una carrera contra el tiempo.

La destrucción no se detiene.

Los edificios siguen colapsando uno tras otro mientras Mei y Kāen no Kijin intercambian golpes ah una velocidad brutal.

Cada impacto sacude el entorno, cada choque de fuerzas rompe aún más lo poco que queda en pie.

Mei esquiva por centímetros un golpe que pulveriza el suelo.

Contraataca.

Impacta.

Pero la criatura responde mejor.

Más rápido.

Más preciso.

Mei: [¿Otra vez…? bloqueó en el último segundo…]

Otro intercambio.

Otro choque.

El aire se comprime.

El suelo se hunde.

Mei se separa de un salto, aterrizando ah varios metros, deslizándose hasta detenerse.

Su respiración es pesada pero su mirada ha cambiado.

Silencio.

Por un segundo.

Mei: «…Ya lo entendí.»

Mei: «Esto no es un juego.»

Se endereza lentamente.

Mei: «Y si lo fue… ya se acabó.»

El viento mueve su cabello mientras mantiene la vista fija en la criatura.

Mei: «Si no acabo con el ahora mismo…»

Aprieta los dientes.

Mei: «Voy ah morir ah manos de esa cosa.»

Mei: «Así que… se acabaron las pruebas. Voy en serio.»

No hay miedo en su voz.

Solo decisión.

Lleva ambas manos ah su cabello.

Y se lo recoge, ajustándolo con firmeza.

Un gesto simple.

Pero definitivo.

Se coloca en posición.

Más baja.

Más centrada.

Lista.

Frente ah ella, Kāen no Kijin se inclina ligeramente, respondiendo ah esa intención, como si también reconociera el cambio.

La distancia entre ambos es corta.

Unos cuantos metros.

El aire se vuelve pesado.

Silencio absoluto.

Y entonces.

Ambos se mueven.

Al mismo tiempo.

Se lanzan directo el uno contra el otro.

El combate final comienza.

Sin decir una palabra.

Ambos se acercan.

Y chocan.

Puño contra puño.

El impacto inicial sacude el aire, pero ninguno cede.

Inmediatamente, comienzan los intercambios.

Golpe tras golpe, uno tras otro, ah una velocidad tan alta que apenas dejan estelas en el aire.

Ninguno conecta.

Ambos esquivan.

Bloquean.

Desvían.

Sus movimientos son fluidos, precisos, como si estuvieran leyendo cada intención antes de que ocurra.

El ritmo aumenta.

Más rápido.

Más cerrado.

Más peligroso.

Mei cambia.

Aumenta su velocidad de golpeo de forma abrupta.

Desaparece de la línea directa.

Y entra.

Se acerca lo suficiente.

Ataca.

Una ráfaga de golpes impacta directamente en el rostro de Kāen no Kijin.

Rápidos, consecutivos, sin pausas.

La criatura no logra percibirlos ah tiempo.

Mei: «—!»

No le da espacio.

No le da tiempo de adaptación.

Sigue presionando.

Otro golpe.

Y otro.

Hasta que.

Aprovecha la apertura.

Toma el brazo de la criatura.

Gira el cuerpo.

Y la lanza.

El impacto es brutal.

El cuerpo colosal atraviesa el aire y se estrella contra varios edificios, destruyéndolos en cadena mientras el concreto se rompe ah su alrededor.

Pero Mei no se detiene.

Ya está en movimiento.

Corre directamente hacia él, lista para continuar la ofensiva.

Pero entonces.

Se detiene.

Por un instante.

La criatura.

Ya está de pie.

Esperándola.

En guardia.

Como si hubiera previsto exactamente ese momento.

El aire se vuelve pesado otra vez.

Porque ahora.

El combate está completamente equilibrado.

Ambos se lanzan otra vez.

El choque es inmediato.

Kāen no Kijin ataca primero, un golpe directo y preciso que busca terminar el intercambio de un solo impacto.

Pero Mei lo ve venir.

Se mueve en el último instante.

Lo esquiva.

El golpe pasa rozando su cuerpo y destruye completamente lo que queda a su alrededor.

El suelo explota, los restos de edificios cercanos se desmoronan, y la onda de impacto se expande arrasando todo.

No hay terreno estable.

No hay cobertura.

Solo destrucción.

Mei contraataca, entrando en el espacio que dejó el golpe, pero la criatura ya está reaccionando.

Más rápido.

Más preciso.

Se mueve.

Y la alcanza.

La toma.

La fuerza del agarre es brutal.

Y sin detenerse.

La lanza.

Mei sale disparada, pero esta vez reacciona en el aire.

Extiende el brazo y logra sujetarse de los restos de un edificio ya destruido, frenando su impulso antes de impactar.

Mei: «—!»

Se sostiene apenas.

El concreto bajo su mano se resquebraja.

Pero no dura.

La presión cambia.

Y la criatura aparece otra vez frente ah ella.

Sin darle tiempo.

La agarra nuevamente.

Y la lanza otra vez con aún más fuerza.

Pero en ese instante.

Mei cambia.

Su cuerpo se tensa.

Se endurece.

No entra en pánico.

No intenta lo mismo.

Se adapta.

Mei: [Nada está funcionando.]

Gira en el aire, estabilizando su posición antes de caer.

Aterriza.

Se desliza.

Se levanta.

Sus ojos cambian.

Más fríos.

Más enfocados.

Mei: [Cada ataque… cada movimiento… esa cosa ya se está adaptando.]

La criatura cae frente ah ella una vez más.

El suelo se rompe bajo su peso.

Mei ajusta su postura.

Mei: [Sigue aprendiendo… más rápido de lo que puedo cambiar…]

Mei: [Si esto sigue así…]

Aprieta los puños.

Mei: [No voy ah poder ganar.]

Da un paso al frente.

Mei: [Tengo que acabar esto rápido.]

El aire se vuelve pesado otra vez.

Y sin dudar,

Ambos se mueven.

La pelea continúa.

Más intensa.

Más peligrosa.

Y ahora.

Cada segundo cuenta.

La pelea continúa sin descanso.

Golpes.

Impactos.

Destrucción constante.

Mei esquiva por centímetros otro ataque mientras el entorno sigue colapsando ah su alrededor.

Pero esta vez no responde de inmediato.

Cambia.

Retrocede.

Se mueve con intención.

Mei: [Tengo que encontrar una forma.]

Mei: [Necesito algo que no pueda anticipar…]

Mei ve una construcción.

Mei: [Espera.]

Mei: [Si uso el entorno… si eso puede funcionar.]

Salta hacia la estructura cercana, una construcción parcialmente destruida llena de vigas expuestas y cables colgando.

La criatura la sigue sin dudar.

Rompe paredes.

Atraviesa estructuras.

Va directo hacia ella.

Pero Mei ya está dentro.

Se mueve entre los restos con precisión, guiándolo.

Mei: [Solo me queda esta opción… solo necesito un momento. Y rezar que funcione.]

La criatura entra.

Y en ese instante.

Mei actúa.

Tira de los cables expuestos, usando la propia estructura ah su favor.

Los cables reforzados se tensan y se enrollan alrededor del cuerpo de Kāen no Kijin, restringiendo sus movimientos por un segundo.

Y ese segundo.

Es suficiente.

La criatura intenta liberarse, tensando su cuerpo, rompiendo parte de los soportes.

Pero no logra soltarse de inmediato.

Mei ya está frente ah él.

Detenida.

Concentrada.

Su energía comienza ah acumularse.

Mei: «…Ya lo tengo.»

El aire cambia.

Se distorsiona.

Mei: «…Técnica de Liberación…»

Una esfera de energía comienza ah formarse frente ah ella, densa, comprimida, vibrando con una intensidad peligrosa.

Mei: «Colapso de Singularidad.»

La presión aumenta.

El entorno se deforma ligeramente alrededor de la esfera.

Mei: «Al quince por ciento.»

La criatura se mueve con más fuerza.

Rompe parte de los cables.

Intenta liberarse.

Pero es tarde.

Mei lanza el ataque.

La esfera se dispara.

Impacta.

Contacto directo.

Por un instante.

Silencio.

Y luego.

Choque.

La energía se comprime y explota hacia adentro.

Arrastrando todo en su punto de impacto.

El cuerpo de la criatura comienza ah desintegrarse, siendo consumido por la fuerza de la técnica.

Las estructuras cercanas se doblan, se rompen, son absorbidas parcialmente por la presión antes de colapsar.

La criatura lucha.

Intenta liberarse.

Pero no puede.

Está atrapada en la destrucción.

Mei observa, sin bajar la guardia.

Mei: «No estuvo nada mal lo digo en serio.»

Su voz es baja.

Mei: «Eres el segundo…»

La luz de la técnica ilumina su rostro.

Mei: «Que me obliga ah esforzarme de esta manera.»

Hace una breve pausa.

Mei: «Después de él.»

Por la mente de Mei pasa la imagen de un chico de pelo blanco llamándola por su apellido.

La esfera termina de colapsar.

Un último destello.

Y todo se desintegra ah su alrededor.

La criatura desaparece por completo.

El lugar queda en ruinas.

Solo un gran hueco donde estaba la criatura.

Y el combate termina.

El silencio finalmente cae sobre el campo de batalla.

Las ruinas humean.

El polvo desciende lentamente.

Y en medio de todo.

Mei.

Sus piernas tiemblan.

La tensión acumulada, el desgaste, el daño.

Todo le pasa factura al mismo tiempo.

Cae de rodillas.

Mei: «…»

Su respiración es agitada.

Irregular.

Cada inhalación le cuesta.

Mei: [Lo… logré…]

Sus manos apenas se sostienen sobre el suelo agrietado.

El combate terminó.

Oh eso cree.

Porque en el siguiente instante.

Algo se mueve.

Desde los restos.

Desde la destrucción.

Algo emerge.

Carne.

Una masa informe, viva, que se arrastra con un sonido húmedo y antinatural.

Antes de que Mei pueda reaccionar.

La alcanza.

La envuelve.

Se enrosca alrededor de su cuerpo, atrapando sus brazos, inmovilizándola por completo.

Mei: «—!»

Intenta moverse.

Pero no puede.

La presión aumenta, sujetándola con una fuerza firme.

Mei: [¿Qué es esto…?]

El silencio se rompe.

Aplausos.

Lentos.

Secos.

Desde entre la destrucción.

Raizen aparece caminando.

Completamente tranquilo, como si nada de lo ocurrido le afectara.

Aplaude mientras avanza.

Raizen: «…Vaya.»

Su voz resuena con claridad.

Raizen: «Tengo que admitirlo… estoy impresionado.»

Se detiene frente ah ella, observándola con interés genuino.

Raizen: «De verdad lograste sorprenderme, Mei.»

Raizen: «Superaste todas mis expectativas.»

La masa de carne mantiene ah Mei inmovilizada.

Raizen inclina ligeramente la cabeza.

Raizen: «No esperaba que destruyeras mi creación.»

Su sonrisa es leve.

Controlada.

Raizen: «Para ser sincero… mi objetivo era otro.»

Raizen: «Solo necesitaba que te cansaras. Que llegaras ah tu límite… y entonces… habría deshecho la creación por mi cuenta.»

Mira ah Mei y levanta ambas manos.

Raizen: «Pero esto… esto no lo vi venir para nada.»

Y entonces.

El momento encaja.

La escena.

La posición.

Todo.

Es el mismo punto.

El mismo instante.

Donde todo comenzó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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