KONMETSU - Capítulo 65
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 65: KONMETSU-CAPITULO 64: ENCONTRAR UN MOTIVO
Seiji camina por una calle devastada, donde el caos lo envuelve todo.
El cielo está cubierto por un tono oscuro y extraño por el Kokyo no Tobari.
Como si la noche hubiera caído demasiado pronto, y el aire huele ah humo y peligro.
Ah su alrededor, los edificios muestran grietas y restos de destrucción, mientras sombras inquietantes se mueven entre los escombros.
Demonios merodean por todas partes.
Algunos se arrastran por el suelo con movimientos antinaturales; otros observan desde las alturas, con ojos brillantes que siguen cada paso que da.
Gruñidos llenan el silencio.
Pero Seiji no se detiene.
Está solo.
Aprieta los puños mientras avanza, manteniendo la mirada fija al frente. Cada paso es firme, aunque el peligro lo rodea.
Sabe que no puede permitirse dudar, no ahora.
Su destino es el distrito de Mejiro, y aunque el camino esté plagado de demonios no piensa detenerse.
Un demonio se cruza en su camino por un instante.
Demasiado cerca.
Seiji se tensa, listo para reaccionar, pero la criatura desaparece entre las sombras, como si solo estuviera probándolo.
El silencio regresa, pesado.
Sin mirar atrás.
Seiji continúa caminando hacia Mejiro, atravesando el caos con una determinación fría.
Como si fuera lo único que aún se mantiene intacto en un mundo que ya se ha roto.
Seiji continúa avanzando entre calles rotas y silencios inquietantes, esquivando escombros mientras los ecos lejanos de los demonios resuenan ah su alrededor.
No mira atrás.
Su respiración es constante, pero sus sentidos están al límite, como si en cualquier momento algo fuera a abalanzarse sobre él.
Entonces.
Voz desconocida: «…Seiji.»
La voz corta el aire.
Se detiene en seco.
Por un instante, todo parece congelarse.
Incluso los sonidos del caos se apagan, como si el mundo contuviera la respiración.
Lentamente, levanta la mirada hacia el origen de esa voz.
Allí está.
Asuka.
De pie ah unos metros, entre la penumbra y la luz tenue que se filtra entre los edificios destruidos.
Intacta.
Real.
Sus ojos fijos en él.
Seiji no se mueve.
Su expresión cambia apenas, pero el impacto es evidente.
Sus labios se entreabren, como si no estuviera seguro de que lo que ve es verdad.
Seiji: [¿Eh?]
Seiji: «Asuka.»
Su voz sale más baja de lo esperado.
Da medio paso al frente, todavía sin apartar la vista de ella, como si temiera que desapareciera si parpadea.
Seiji: «¿Qué estás haciendo aquí?»
La pregunta queda suspendida en el aire, cargada de confusión y algo más difícil de nombrar.
Alrededor, el caos sigue existiendo, pero por ese instante, todo parece girar únicamente en torno ah ellos dos.
Seiji se queda inmóvil, con la mirada fija en ella, como si intentara encontrar en su expresión alguna señal de que todo es un error.
Seiji: «Este lugar no es seguro.»
Ella no responde de inmediato.
El viento levanta ligeramente su cabello mientras lo observa, seria, distante distinta.
Cuando finalmente habla, su tono es frío.
Asuka: «Tengo una orden que cumplir.»
Seiji frunce el ceño, confundido.
Seiji: «¿Una orden?»
Seiji: «¿De quién?»
Asuka no aparta la mirada.
Asuka: «De Raizen.»
Seiji: «¿Raizen?»
El silencio cae de golpe.
Asukaa: «Sí.»
Asukaa: «Y mi orden es simple.»
Seiji: «¿Cuál es?»
Asukaa: «Matarte.»
Por un segundo, Seiji simplemente la observa como si no hubiera entendido.
Como si las palabras no encajaran con la persona que tiene enfrente.
Niega con la cabeza, dando un paso atrás.
Seiji: «No, eso no es cierto.»
Seiji: «Tú no harías algo así.»
Su respiración se vuelve más pesada.
Sus ojos buscan los de ella, desesperados por encontrar algo familiar.
Algo que contradiga lo que acaba de escuchar.
Pero Asuka no cambia.
No duda.
Y eso es lo que más le duele.
Asuka da un paso al frente.
Luego otro.
Asuka: «Lo siento… de verdad lo siento mucho.»
Sus pisadas son suaves.
Casi inaudibles entre los restos de la calle destruida.
Seiji no se mueve esta vez, pero su cuerpo se tensa al verla acercarse. Sus ojos no se apartan de ella, atentos a cada mínimo gesto.
Cuando finalmente se detiene frente a él, el silencio pesa.
Asuka: «No quería que fuera así… no quería encontrarte de esta manera. Pero… no tengo otra opción.»
Por un instante, todo se detiene.
Esa voz suena como la de antes.
Seiji duda.
Sus hombros bajan apenas, confundido, atrapado entre lo que siente y lo que acaba de escuchar.
Sus labios se entreabren, como si estuviera ah punto de decir algo.
Entonces ocurre.
La energía ánima de su alrededor cambia.
Una presión invisible cae sobre el ambiente, densa, sofocante.
El aire parece hundirse, como si algo lo estuviera absorbiendo todo.
Asuka levanta ligeramente la cabeza.
Seiji: «Asuka… espera—»
Asukaa: «Técnica de liberación…Vacío.»
La luz desaparece.
No se apaga es devorada.
La calle, los edificios, el cielo todo se sumerge en una oscuridad absoluta, profunda, imposible.
No hay sombras, no hay reflejos, no hay horizonte.
Solo un negro total que parece no tener fin.
Seiji reacciona al instante.
Seiji: «…!»
Seiji: [¿Qué es esta sensación…?]
Da un salto hacia atrás, deslizando un pie mientras su cuerpo adopta una postura firme.
Sus manos se elevan, listo para atacar oh defender, sus sentidos forzándose al máximo en medio de la nada.
Su mirada se endurece, aunque no pueda ver nada.
Asuka: «Esto terminará rápido.»
La oscuridad lo envuelve por completo y la batalla apenas comienza.
En medio de la oscuridad absoluta, dos presencias se lanzan una contra la otra sin dudar.
Asuka aparece de frente.
Seiji la siente.
Ambos atacan al mismo tiempo.
Sus puños chocan.
El impacto resuena como un trueno contenido, una onda de fuerza que sacude el vacío ah su alrededor.
El suelo bajo ellos se resquebraja aún más, aunque nada pueda verse.
Por un instante, la presión entre ambos es tan intensa que parece detener el tiempo.
Ninguno cede.
Sus fuerzas están equilibradas.
En medio de la oscuridad absoluta, dos presencias se lanzan una contra la otra sin dudar.
Asuka aparece de frente.
Seiji la siente.
Ambos atacan al mismo tiempo.
Sus puños chocan.
El impacto resuena como un trueno contenido, una onda de fuerza que sacude el vacío ah su alrededor.
El suelo bajo ellos se resquebraja aún más.
Aunque nada pueda verse.
Por un instante, la presión entre ambos es tan intensa que parece detener el tiempo.
Ninguno cede.
Sus fuerzas están equilibradas pero tensas al límite.
Seiji aprieta los dientes, empujando contra el golpe de Asuka, sintiendo la resistencia en su brazo.
Seiji: «Has mejorado.»
Asuka: «…»
Sus palabras no son burla.
Son reconocimiento.
Pero también desafío.
Seiji: «Desde la última vez que nos vimos en Kioto… tu control es mucho más estable.»
Asuka no responde de inmediato, pero su fuerza aumenta ligeramente, como si aceptara esas palabras sin necesidad de decirlas.
Seiji: «Este “Vacío” ya no tiene fugas como antes.»
El choque se rompe de golpe.
Ambos salen despedidos en direcciones opuestas dentro de la oscuridad.
Asuka: «…Lo notaste.»
Seiji: «Claro que lo noté.»
Seiji: «No soy el mismo de entonces.»
Asuka: «…»
La ruptura del choque los separa apenas un instante.
Seiji aterriza en la oscuridad sin luz ni referencia, flexionando las piernas para absorber el impacto.
Su respiración es pesada, pero estable.
Sus sentidos siguen afilados, buscando cualquier variación en la presión del aire, cualquier indicio de movimiento.
No hay silencio total.
La técnica de Asuka distorsiona el entorno, pero el combate lo llena todo.
Un cambio mínimo.
Seiji lo detecta.
Se agacha de inmediato.
Un golpe atraviesa el espacio donde estaba su cabeza, seguido de una respuesta instantánea.
Seiji gira y lanza un contraataque directo al punto donde percibe la presencia de Asuka.
El impacto conecta.
Asuka retrocede.
Sin pausa, ella responde desde otro ángulo, moviéndose con una precisión casi quirúrgica.
Seiji bloquea, pero la fuerza lo obliga a deslizarse hacia atrás sobre el suelo fracturado del vacío.
Intercambian golpes otra vez.
Y otra.
Cada choque es limpio, calculado, explosivo.
Ninguno domina el ritmo.
Cada avance de uno es respondido de inmediato por el otro.
Como si ambos estuvieran leyendo la intención antes de que el movimiento ocurra.
Seiji lanza una serie corta, compacta, diseñada para cerrar distancia.
Asuka no retrocede.
Gira dentro del intercambio y encuentra un hueco, golpeándolo en el costado.
Seiji responde con un codo ascendente que obliga ah Asuka ah romper la guardia.
Ambos se separan.
Se reencuentran al instante.
La presión crece, pero el equilibrio se mantiene intacto.
Ninguno logra una ventaja clara.
Cada vez que uno parece tomar la iniciativa, el otro la neutraliza con una precisión igual de refinada.
Seiji ajusta su postura, jadeando ligeramente.
Seiji: «Esto no es como antes…»
Asuka no responde, pero su siguiente movimiento es la confirmación.
Un avance directo, sin hesitación.
Se encuentran otra vez en el centro del vacío.
Puño contra puño.
Fuerza contra fuerza.
Igualados.
En ese mundo sin luz, solo el choque constante de ambos define qué tan frágil es realmente el equilibrio entre ellos.
El vacío seguía absoluto, pero el combate había empezado a romper algo más que el espacio.
Cada choque entre Seiji y Asuka era más que fuerza.
Seiji avanzó primero otra vez, sin dudar.
Su puño atravesó la oscuridad con una trayectoria limpia.
Seiji: «¿Qué te pasa?»
Seiji: «No estás peleando como al inicio.»
Asuka lo bloqueó de inmediato.
El impacto resonó seco, cercano, íntimo incluso en la nada.
Asuka: «¡CÁLLATE!»
Contraatacó con un giro rápido.
Seiji lo esquivó por centímetros y respondió con un golpe al costado que la obligó ah retroceder.
Ambos respiraban más pesado.
Asuka dio un paso adelante.
Sin dejarle espacio.
Asuka: «No entiendes nada… no puedes entenderlo.»
El no respondió.
Pero su siguiente ataque dudó una fracción de segundo.
Y ese segundo lo sintió él.
Seiji apretó los dientes, como si ese pequeño fallo doliera más que un golpe.
Seiji: «Entonces explícamelo.»
Asuka retrocedió un paso.
Asukaa: «No, no entenderias.»
En su mente, el ruido del combate se mezcló con otra cosa.
Kioto.
Cuando Asuka estaba en aquella pared sola con las manos en la cabeza.
Seiji: «¿Estás bien? No te ves… bien que digamos.»
Otro choque la sacó de golpe.
Al presente.
Seiji: «Asuka… no tienes que hacer esto.»
Seiji: «Aún podemos detenernos.»
Ella bloqueó, pero su brazo tembló ligeramente.
Asuka: «No tengo opción.»
Seiji se detuvo medio instante al escucharlo.
Seiji: «Siempre hay otra salida.»
Asuka dio un paso atrás dentro del vacío.
Su voz se quebró apenas.
Asuka: «No para mí.»
Asuka: «No esta vez.»
Seiji respiró hondo, sin bajar la guardia, pero sin atacar de inmediato.
Seiji: «Asuka… escúchame.»
Seiji: «Pase lo que pase…»
El vacío seguía rodeándolos.
Seiji: «Yo siempre voy ah estar ahí para ti.»
Pero por primera vez desde que empezó la pelea, ninguno de los dos avanzó de inmediato.
Solo estaban ahí.
Dos personas.
El silencio dentro del vacío ya no es el mismo.
No hay ataque inmediato.
No hay avance.
Solo respiraciones entrecortadas, cercanas.
Asuka tiembla levemente.
Su postura de combate sigue ahí pero se está desmoronando desde dentro.
Asuka: «No puedo desobedecer…»
Da un paso atrás.
Luego otro.
Como si quisiera huir pero no hubiera ah dónde ir dentro de su propia oscuridad.
Seiji la siente.
Y esta vez, no ataca.
Camina hacia ella.
Seiji: «Sí puedes. Siempre hay una elección.»
Asuka niega con la cabeza, apretando los puños.
Asuka: «No lo entiendes.»
Asuka: «Nunca lo has entendido.»
Asukaa: «No importa cuánto lo intente… nada cambia.»
Seiji no se detiene.
Seiji: «Entonces… yo haré que sea diferente.»
Asuka intenta levantar la guardia otra vez, como si fuera lo único que le queda pero sus brazos no responden igual.
Está cansada.
No del combate.
De todo.
Seiji llega hasta ella.
Y en lugar de atacar.
La abraza.
El movimiento es directo, sin duda, sin violencia.
Solo la rodea con los brazos, firme.
Real.
Asuka se queda congelada.
Sus ojos se abren, aunque no haya nada que ver en la oscuridad.
Asuka: «…¿Qué estás haciendo?»
Asuka: «Suéltame…»
Su voz se pierde.
Seiji la sostiene con más fuerza.
Seiji: «No voy ah pelear contra ti.»
Seiji: «No así.»
El silencio cae otra vez pero ya no pesa igual.
Asuka empieza ah temblar más.
Sus manos, que antes estaban listas para atacar ahora dudan en el aire.
Asukaa: «Siempre estuve sola.»
Recuerdos la golpean.
Espaldas alejándose.
Asuka: «Desde pequeña… mis padres me abandonaron.»
Promesas vacías.
Órdenes frías.
Soledad.
Asuka: «Siempre termino igual.»
Asuka: «Sola.»
Su voz se quiebra completamente.
Y entonces
Llora.
Las lágrimas caen sin que pueda detenerlas, su cuerpo finalmente cediendo después de contener todo por tanto tiempo.
Seiji: «…»
Asukaa: «Entonces… ¿por qué?»
Asukaa: «¿Por qué me estás ayudando… después de que intenté matarte?»
Seiji no la suelta.
Ni un segundo.
Seiji: «Porque no voy ah dejarte.»
Seiji: «Te dejé ir esa vez en Kioto… y fue un error.»
Su agarre es firme.
Inquebrantable.
Seiji: «Pero eso no va ah volver ah pasar.»
Asuka aprieta su ropa con fuerza, como si necesitara comprobar que es real, que no va ah desaparecer.
Seiji: «Esta vez… no te voy ah dejar sola… no esta vez.»
El vacío sigue existiendo alrededor
Pero ya no importa.
Porque en medio de esa oscuridad absoluta, por primera vez, Asuka no está sola.
El abrazo permanece.
Firme.
Silencioso.
Pero algo empieza ah cambiar.
La oscuridad absoluta que los rodeaba comienza ah ceder no de golpe, sino lentamente, como si se estuviera deshaciendo desde dentro.
El vacío se agrieta en fragmentos invisibles, y pequeñas luces comienzan ah filtrarse.
Primero débiles.
Luego más claras.
Hasta que finalmente.
La técnica se rompe.
La calle destruida vuelve a aparecer ah su alrededor
Edificios agrietados.
Restos esparcidos, el cielo oscuro cubriendo la ciudad herida.
El caos sigue ahí pero ahora es real, tangible.
Y en medio de todo eso, solo están ellos dos.
Seiji no la suelta de inmediato.
Asuka sigue aferrada ah él, respirando entrecortado, con el rostro oculto contra su pecho.
Poco ah poco, su llanto se calma, aunque las lágrimas aún no desaparecen del todo.
Finalmente, Seiji baja un poco la mirada hacia ella.
Seiji: «Ven conmigo.»
Seiji: «Ah mi organización.»
Asuka: «¿Qué?»
No hay presión en sus palabras.
Seiji: «No tienes que seguir sola.»
Seiji: «Allí hay gente que puede ayudarte. Personas que no te verán como una herramienta.»
Solo una dirección.
Seiji: «Podemos protegerte.»
Seiji: «Y también encontrar una familia.»
Seiji sigue hablando.
Seiji: «No tienes que seguir cargando con todo esto. No más.»
Una salida.
Asuka se queda pensando en las palabras de Seiji.
Asuka: [¿De verdad… hay un lugar para mí?]
Seiji: «Confía en mí.»
Asuka no responde al instante.
Se separa lentamente, aún sujetando la ropa de Seiji por un segundo más, como si le costara soltar ese único punto de apoyo.
Luego baja la mirada.
Con el dorso de la mano, se seca las lágrimas.
Y cuando vuelve ah levantar la cabeza ya no hay la misma duda de antes.
Asuka: «Está bien… iré contigo.»
Es simple.
Pero es una decisión real.
Ambos dan un paso al frente.
Listos para irse.
El ambiente sigue tenso, pero diferente.
Ya no hay intención de combate.
Seiji avanza primero.
Asuka lo sigue.
Y entonces algo sucede casi imperceptible.
El cuerpo de Asuka se detiene en seco.
Seiji da medio paso más antes de notar que ella ya no está ah su lado.
Seiji: «¿Asuka?»
Se gira.
Y la ve.
Un filo plateado la atravesándola de lado ah lado.
El tiempo parece romperse.
Seiji se queda inmóvil, incapaz de procesar lo que está viendo.
Seiji: «¿Q-que?»
Asuka abre apenas los ojos, su cuerpo temblando.
La sangre comienza ah brotar, deslizándose por el filo que la atraviesa cayendo al suelo en gotas constantes.
El arma se mueve.
Sale de su cuerpo con un tirón seco.
Asuka pierde fuerza al instante.
Cae.
Seiji: «¡ASUKAAA!»
Seiji reacciona al fin.
Se lanza hacia ella antes de que toque completamente el suelo, atrapándola, arrodillándose con ella entre sus brazos.
Sus manos tiemblan al verla, al ver la herida profunda, imposible de ignorar.
Seiji: «¡No… no, no, no!»
Presiona la herida con fuerza, intentando detener la sangre que no deja de salir.
Seiji: «Quédate conmigo… ¡Mírame!»
Seiji: «¡Asukaa, mírame!»
Asukaa: «Sei… ji…»
Su respiración se vuelve caótica.
Mira la herida lo profunda que esta y lo imposible de cubrir.
Seiji: «Todo va ah estar bien.»
Seiji: «¿Me escuchas?»
Seiji: «No te vas ah morir…»
Las manos de Seiji ya están completamente llenas de sangre.
Su respiración se vuelve cada vez más agitada.
Seiji: «¡No aquí!»
Seiji: «¡No ahora!»
Seiji: «¡NO VAS AH MORIR ME OYES ASUKA SOLO RESISTE!»
???: «Vaya… qué escena tan dramática.»
La voz corta el aire.
Seiji se queda congelado por un segundo.
La reconoce.
Lentamente, levanta la mirada.
Y la ve.
Sharon.
De pie entre los restos de la calle, completamente intacta.
Su brazo, aún manchado de sangre, termina de volver ah la normalidad.
La forma afilada desapareciendo como si nunca hubiera estado ahí.
Lleva sus dedos ah la boca.
Se lame la sangre con calma.
Sharon: «Dime… ¿cuánto tiempo ha pasado?»
Inclina ligeramente la cabeza, observándolo con una sonrisa que no encaja con la situación.
Sharon: «¿Cinco semanas…? ¿Ocho…?»
Sharon: «Bueno quién sabe…»
Sus ojos brillan con una mezcla de burla y algo más oscuro.
Sharon: «Ha pasado bastante desde la última vez que ambos pelearon.»
El silencio se rompe.
Seiji aprieta los dientes con fuerza.
Su cuerpo tiembla.
Pero no de miedo.
De rabia.
Seiji: «…»
Seiji: «Tú…»
Su voz sale baja al inicio.
Luego estalla.
Seiji: «Maldita que…»
Seiji: «¡¿QUE HICISTE?!»
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com