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Kuchiyuku ōkoku - Capítulo 76

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Capítulo 76: Capítulo 76 — La Mirada Detrás del Espejo

Capítulo 76 — La Mirada Detrás del Espejo

El amanecer caía sobre la ciudad del Territorio Central, bañando los edificios altos con un dorado casi doloroso.

Brisa se movía entre las calles de su barrio, elegante, segura de sí misma, con la cabeza en alto como siempre lo había hecho.

No conocía otra vida que no fuera esa: riqueza, poder, privilegios.

Sus criados la seguían de cerca, cargando sus pertenencias, abriendo puertas, inclinándose al caminar.

Su familia tenía recursos que la mayoría ni podía imaginar, y ella… se sentía intocable.

Cada mirada que recibía era un reflejo de miedo o respeto.

Y a ella le encantaba.

Le encantaba humillar, menospreciar, exigir, hacer que otros sintieran la misma presión que ella había aprendido a manipular.

Los maestros que la instruían en protocolo y combate nunca se atrevían a corregirla del todo.

—Brisa, debes… —decía uno, y ella lo interrumpía con un gesto.

—No, tú haz tu trabajo, yo haré el mío. —Su voz fría, segura, cortaba cualquier intento de desafío.

Desde pequeña había aprendido que su mundo funcionaba así: ella ordena, los demás obedecen.

Que su familia tenía influencia… la daba superioridad.

Que los soldados y capitanes que pasaban por su casa la trataban con reverencia… reforzaba su orgullo.

Su infancia no fue como la de cualquier otro niño.

No hubo juegos en la calle, ni amigos verdaderos, ni risas compartidas.

Hubo entrenamientos, lecciones de estrategia, educación física rigurosa, y enseñanzas de cómo manipular a otros.

Era brillante, despiadada, y… peligrosa sin saberlo.

A los diez años, podía romper la moral de cualquier grupo de reclutas con un gesto o una palabra.

A los doce, ya había dirigido pequeñas escuadras en simulaciones de combate.

A los catorce, sus capitanes la escuchaban como si fuera la comandante suprema, aunque solo era la hija de alguien con poder.

Todo estaba diseñado para que ella fuera fuerte.

Indomable.

Temida.

Pero la arrogancia tiene un precio.

Esa mañana, Brisa caminaba por el jardín central de su residencia, rodeada de fuentes y esculturas, cuando vio a un par de soldados practicando en la distancia.

Rió con desdén.

—Patéticos —murmuró—. ¿Así piensan que pueden algún día… ser alguien?

Uno de los soldados levantó la cabeza, molesto, pero ella ni lo miró.

—Bajen la cabeza, aprendan su lugar, y quizás… algún día no me decepcionen —dijo con voz cortante.

Era su mundo.

Su forma de controlar todo lo que la rodeaba.

Nunca dudaba. Nunca fallaba.

Pero ese día, un soplo frío cruzó la residencia.

Un aviso que nadie esperaba.

Un mensaje oculto en la rutina de la mañana: los movimientos de los Tops comenzaban a hacerse visibles de otra manera.

Esa misma tarde, mientras revisaba documentos y recibía reportes de los trabajadores de la familia, algo llamó su atención.

Una carta anónima.

No había firma.

Solo palabras que golpearon directo su orgullo:

“No todo lo que tu familia hace es honorable. No todo lo que tus manos sostienen es inocente.”

Brisa frunció el ceño, confusa.

—¿Qué tontería es esta? —musitó—. ¿Quién osa…?

Pero no había nadie. Solo el viento que movía las cortinas.

Esa noche, la ciudad parecía más silenciosa de lo habitual.

Brisa decidió salir a caminar, incómoda con la sensación de que algo estaba mal.

Calles que antes la habían hecho sentir superior ahora la hacían sentir pequeña.

Los murmullos de la gente, los trabajadores a los que siempre había ignorado, parecían mirarla diferente.

Y esa mirada… no era respeto.

Era miedo.

No hacia ella.

Sino hacia lo que su familia representaba.

—¿Qué… qué está pasando? —susurró, caminando más rápido.

Fue entonces cuando lo vio: soldados de uniforme negro, sin insignias visibles, moviéndose por la ciudad.

No atacaban… al menos no todavía.

Pero había algo en ellos que helaba la sangre.

Uno de ellos levantó un arma y disparó a un hombre que intentaba huir.

No fue necesidad militar.

No fue defensa.

Fue placer.

Crueldad pura.

Brisa retrocedió, horrorizada.

—¿Qué… qué es esto? —preguntó, en voz baja, casi para sí misma.

Otro disparo. Otro cuerpo cayendo.

Y luego otro.

El sonido de la muerte resonaba como un tambor de juicio, golpeando en su conciencia.

Y entonces lo entendió.

Todo encajó.

Su familia. Los soldados que siempre obedecían sus órdenes familiares.

Los secretos que nunca le habían contado.

Su corazón se detuvo por un instante.

—Todo… —dijo, la voz quebrándose—. Todo lo que hice… todo lo que permití…

Los recuerdos de su arrogancia, de sus humillaciones, de su desprecio hacia quienes no tenían poder… se mezclaban con la visión de los soldados matando por placer.

La verdad era demasiado grande, demasiado real.

Y ella no podía sostenerla.

Corrió.

Corrió por las calles, por los pasillos de su vida, por los recuerdos que ahora la asfixiaban.

Cada paso la alejaba de su mundo de privilegio… y la acercaba a la dura realidad que siempre había ignorado.

Llegó a un mirador de la ciudad y se detuvo, jadeando.

Abajo, los soldados seguían actuando, sin piedad.

Y entre ellos, los nombres que ella respetaba, que ella había admirado, que le habían dado todo lo que tenía…

Ahora eran figuras de terror.

El mundo que creía conocer se desmoronaba delante de sus ojos.

Brisa se dejó caer sobre el borde del mirador, el rostro oculto en sus manos.

Por primera vez en su vida, el miedo y la culpa la vencían.

Por primera vez, comprendió que no era invencible.

Que no todo podía controlarse.

Que el precio de su arrogancia y de la ceguera de su familia tenía un rostro… y estaba lleno de muerte.

El viento soplaba con fuerza, arrancando mechones de su cabello y trayendo consigo un mensaje silencioso:

La vida no es solo lo que te han dado.

La vida es lo que haces con ello…

y cómo enfrentas la verdad.

Brisa cerró los ojos, sintiendo que el mundo entero se derrumbaba.

Y por primera vez, algo en ella cambió: miedo, sí, pero también comprensión.

Porque la verdad, por dura que sea, siempre encuentra su camino.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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