La Flor Carmesí Bajo El Trono De Jade - Capítulo 14
- Inicio
- La Flor Carmesí Bajo El Trono De Jade
- Capítulo 14 - 14 Capítulo 14 El nuevo nombre
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
14: Capítulo 14: El nuevo nombre 14: Capítulo 14: El nuevo nombre El bosque no ofrecía refugio.
Solo ofrecía tiempo.
— Lin Xue caminó durante horas.
Tal vez días.
El tiempo se volvió borroso, diluido entre pasos, ramas y silencio.
El sonido de la ciudad desapareció detrás de ella, reemplazado por el crujido de la tierra húmeda y el susurro del viento entre los árboles.
No había voces.
No había órdenes.
No había padre.
— Se detuvo cuando el cuerpo ya no respondió.
Sus piernas cedieron y cayó de rodillas junto a un arroyo estrecho, donde el agua corría clara, indiferente.
Se inclinó.
Bebió.
El frío la atravesó.
Pero no la hizo retroceder.
— Alzó la mirada.
Y por primera vez… Se vio.
— Su reflejo temblaba sobre el agua.
El rostro sucio.
El cabello desordenado.
Los ojos… Diferentes.
— No eran los de la niña que había corrido por el jardín del palacio.
— Eran más duros.
Más silenciosos.
Más… solos.
— Lin Xue extendió la mano.
El agua se rompió.
El reflejo desapareció.
— —No confíes en nadie.
— Cerró los ojos.
— —Entonces… tampoco en mí.
— La idea llegó sin aviso.
Y no se fue.
— Se llevó la mano al pecho.
— Lin Xue.
— El nombre dolía.
— Lo escuchaba en la voz de su padre.
Lo sentía en la promesa bajo el ciruelo.
Lo veía… En todo lo que había perdido.
— —Lin Xue murió… — La frase salió en un susurro.
— El viento no respondió.
— Pero algo dentro de ella… Sí.
— — Se puso de pie.
— El bosque ya no era un lugar de paso.
Era una frontera.
— Y ella… Ya la había cruzado.
— — Caminó hasta un claro pequeño.
Allí, entre rocas cubiertas de musgo, encontró una cabaña abandonada.
— La puerta estaba entreabierta.
La madera vieja.
El interior oscuro.
— Lin Xue no dudó.
Entró.
— — El lugar olía a polvo y tiempo.
Había una mesa.
Un jarrón roto.
Un viejo espejo apoyado contra la pared.
— Se acercó.
— Su reflejo la esperaba.
— Esta vez… No temblaba.
— Lo observó.
Largo.
— —¿Quién eres?
— La pregunta fue real.
— No como un juego.
— Como necesidad.
— — Recordó las palabras.
El entrenamiento.
Las lecciones.
— “Un comandante decide qué vale la pena perder.” — Lin Xue cerró los ojos.
— —Todo.
— Cuando los abrió… Había tomado una decisión.
— — Buscó entre los restos de la cabaña.
Tela.
Cuerda.
Un cuchillo viejo.
— Se sentó frente al espejo.
— Tomó el cuchillo.
— Y sin dudar… Cortó.
— El sonido fue seco.
— Su cabello cayó.
— Mechones negros sobre el suelo.
— Cada corte… Era un recuerdo.
— Cada mechón… Una parte de su pasado.
— El jardín.
El ciruelo.
La risa.
— Zhao Lian.
— La promesa.
— El último corte fue más lento.
— Sus manos temblaron.
— Solo un instante.
— Luego… Se detuvieron.
— El reflejo la miró.
— No era la misma.
— El rostro más limpio.
La mirada más fría.
— Menos niña.
— Más… algo nuevo.
— — Se levantó.
— Tomó la tela.
La envolvió alrededor de su cuerpo, ajustándola para ocultar su figura.
— La espada de madera… La sostuvo un momento.
— Luego la dejó.
— El sonido al caer fue suave.
— Pero definitivo.
— —No eres suficiente… — Las palabras dolieron.
— Pero eran ciertas.
— — Salió de la cabaña.
— El aire golpeó su rostro.
— El sol comenzaba a elevarse.
— Y con él… Una nueva realidad.
— — Caminó hacia el camino.
— Un sendero apenas visible entre los árboles.
— Pasos.
— Una voz.
— —¿Te has perdido?
— Lin Xue se detuvo.
— Un hombre.
Anciano.
De pie junto a una carreta.
— Sus ojos eran tranquilos.
Pero atentos.
— —No.
La respuesta fue rápida.
— El hombre ladeó la cabeza.
— —Entonces buscas algo.
— Silencio.
— Lin Xue lo miró.
— —Busco desaparecer.
— El anciano sonrió apenas.
— —Eso no es tan fácil.
— —Lo será.
— El hombre la observó unos segundos.
— —¿Nombre?
— La pregunta cayó.
Simple.
— Pero pesada.
— Lin Xue sintió el viejo nombre en su garganta.
— Lin Xue.
— El eco.
— El dolor.
— El pasado.
— Cerró los ojos.
— Respiró.
— Cuando los abrió… No lo dijo.
— —Mei Yan.
— El nombre salió suave.
— Pero firme.
— El anciano asintió.
— —Mei Yan… — Una pausa.
— —Entonces sube, Mei Yan.
— Lin Xue no dudó.
— Se acercó.
Subió a la carreta.
— Se sentó.
— No miró atrás.
— — El camino se extendía frente a ella.
— Desconocido.
— Peligroso.
— Libre.
— — El viento sopló.
— Y por primera vez… No llevó recuerdos.
— Solo… Silencio.
— — En el palacio… Nadie habló de Lin Xue.
— No oficialmente.
— No en voz alta.
— Pero su ausencia… Se sintió.
— Como un hueco.
— Como una pregunta sin respuesta.
— — Zhao Lian caminaba por el jardín.
— El ciruelo había perdido sus flores.
— Solo quedaban ramas.
— Y sin embargo… Se detuvo.
— Miró el suelo.
— Un pétalo seco.
— Lo recogió.
— —¿Por qué…?
— La pregunta no encontró respuesta.
— Porque la respuesta… Ya no estaba.
— — En algún lugar del camino… Mei Yan cerró los ojos.
— No soñó.
— No recordó.
— No dudó.
— — Había muerto una niña.
— Y en su lugar… Había nacido algo más.
—
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com