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La Flor Carmesí Bajo El Trono De Jade - Capítulo 15

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  3. Capítulo 15 - 15 Capítulo 15 El maestro del silencio
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15: Capítulo 15: El maestro del silencio 15: Capítulo 15: El maestro del silencio El camino no llevaba a ningún lugar conocido.

Y eso era precisamente lo que Mei Yan necesitaba.

— La carreta avanzaba con lentitud, arrastrando su carga entre caminos de tierra y pueblos olvidados.

El anciano que la conducía no hablaba mucho.

Tampoco preguntaba.

Solo observaba.

— —No eres de aquí —dijo una vez, sin mirarla.

Mei Yan no respondió.

— —Pero tampoco sabes a dónde vas.

— Silencio.

— —Eso es peligroso.

— Mei Yan abrió los ojos.

—No más que quedarse.

— El anciano sonrió apenas.

—Entonces no huyes.

—No.

—Entonces… te estás buscando.

— La frase quedó suspendida.

Mei Yan no la rechazó.

Pero tampoco la aceptó.

— El viaje continuó.

Días.

Tal vez más.

El tiempo dejó de ser importante.

— Hasta que llegaron.

— Un valle oculto entre montañas.

Cubierto de niebla.

Silencioso.

— Demasiado silencioso.

— —Baja —dijo el anciano.

Mei Yan obedeció.

— El lugar no parecía especial.

No había templos dorados.

No había soldados.

No había señales de poder.

— Solo… Una casa.

— De madera oscura.

Simple.

Antigua.

— —Aquí es donde termina mi camino —dijo el anciano.

— Mei Yan lo miró.

—¿Y el mío?

— El hombre alzó la vista hacia la casa.

— —Eso depende de si él te acepta.

— —¿Quién?

— El anciano no respondió.

— Solo sonrió.

— —Buena suerte, Mei Yan.

— Y se fue.

— Sin despedidas.

Sin mirar atrás.

— Mei Yan quedó sola.

— El viento movía la niebla.

La casa… No hacía ruido.

— Pero no estaba vacía.

— Lo sabía.

— Caminó hacia la puerta.

— Se detuvo.

— Escuchó.

— Nada.

— Demasiado nada.

— —Adelante.

La voz apareció.

Sin aviso.

Sin dirección.

— Mei Yan no se sobresaltó.

— Abrió la puerta.

— — El interior era oscuro.

Pero no desordenado.

— Una mesa.

Un brasero.

Un hombre.

— Sentado.

De espaldas a ella.

— Inmóvil.

— Como si llevara allí… Años.

— —Llegas tarde.

— Mei Yan cerró la puerta.

— —No sabía que alguien me esperaba.

— —No te esperaba.

— Silencio.

— —Pero sabía que vendrías.

— Mei Yan avanzó.

— —¿Quién eres?

— El hombre no se giró.

— —La pregunta correcta es… — Una pausa.

— —¿Quién eres tú?

— Mei Yan lo observó.

— —Mei Yan.

— —Ese no es tu nombre.

— El aire se tensó.

— —Es el que uso.

— —No es lo mismo.

— Silencio.

— Mei Yan dio un paso más.

— —Entonces no lo uses.

— El hombre soltó una risa baja.

— —Interesante.

— Finalmente… Se levantó.

— Y se giró.

— Maestro Shen.

— Su rostro era sereno.

Sus ojos… Imposibles de leer.

— Ni viejo.

Ni joven.

— Como si el tiempo… No lo afectara.

— —¿Por qué estás aquí?

— Mei Yan no dudó.

— —Para aprender.

— —¿Qué?

— —A no morir.

— Shen la observó.

— Largo.

Silencioso.

— —Todos quieren eso.

— —Yo no.

— Una pausa.

— —Yo quiero saber por qué alguien más murió.

— El silencio cambió.

— Se volvió… Más profundo.

— Shen inclinó levemente la cabeza.

— —¿Venganza?

— —Verdad.

— —¿Y si la verdad no te gusta?

— —Entonces la romperé.

— El viento golpeó la casa.

— Shen sonrió.

— —Eres honesta.

— —Soy práctica.

— —No.

— Una pausa.

— —Eres peligrosa.

— Mei Yan no respondió.

— No era un insulto.

— Era un reconocimiento.

— — Shen caminó hacia la mesa.

Tomó una taza.

Sirvió té.

— —Siéntate.

— Mei Yan lo hizo.

— No por obediencia.

— Por elección.

— — —¿Quién te entrenó?

— —Mi padre.

— —¿Quién era?

— Silencio.

— —Nadie.

— Shen no insistió.

— —Bien.

— Le entregó la taza.

— —Bebe.

— Mei Yan la tomó.

— El aroma era fuerte.

Amargo.

— Bebió.

— El sabor la golpeó.

— Pero no reaccionó.

— Shen observó.

— —No haces preguntas.

— —No confío en respuestas.

— —Bien.

— Una pausa.

— —Entonces aprende a encontrar las tuyas.

— — Se levantó.

— —Ven.

— — Salieron.

— El aire del valle era frío.

— Pero limpio.

— Shen caminó hasta un espacio abierto.

— —Ataca.

— Mei Yan no dudó.

— Se lanzó.

— Rápida.

— Precisa.

— Directa.

— Shen no se movió.

— No al principio.

— En el último instante… Se desvió.

— Un gesto mínimo.

— Mei Yan pasó de largo.

— Perdió el equilibrio.

— Cayó.

— Se levantó.

— Volvió a atacar.

— Más rápido.

— Más agresivo.

— El resultado… El mismo.

— —Demasiado ruido.

— —No hago ruido.

— —Sí.

— Shen dio un paso.

— —Piensas en cada movimiento.

— —Eso es entrenar.

— —No.

— Se detuvo frente a ella.

— —Eso es sobrevivir.

— Una pausa.

— —Yo te enseñaré a ganar.

— El silencio se volvió denso.

— —¿Cuál es la diferencia?

— Shen la miró.

— —Cuando sobrevives… — Una pausa.

— —Aún puedes perder.

— — Mei Yan apretó los puños.

— —Entonces enséñame.

— Shen negó.

— —No.

— El golpe fue inesperado.

— —¿Por qué?

— —Porque aún eres alguien.

— El viento sopló.

— —Y ese alguien… dudará.

— Silencio.

— —Entonces lo dejaré.

— —No puedes.

— —Ya lo hice.

— Shen la observó.

— —No.

— Una pausa.

— —Solo lo enterraste.

— El silencio cayó.

— Pesado.

— Real.

— — Shen caminó hacia el borde del claro.

— —Quédate.

— —¿Eso es todo?

— —Por ahora.

— —¿Y si me voy?

— Shen no se giró.

— —Entonces morirás.

— La respuesta fue simple.

— Fría.

— Verdadera.

— — Mei Yan no se movió.

— No porque creyera.

— Sino porque sabía.

— — Esa noche… No hubo cama.

— No hubo comida.

— No hubo palabras.

— — Solo silencio.

— Y en ese silencio… Mei Yan comenzó a entender.

— Que el dolor no era su mayor enemigo.

— Era su ancla.

— — Y si quería avanzar… — Tendría que soltarlo.

— —

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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