La Lagrima Carmesí: Renacimiento - Capítulo 10
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- Capítulo 10 - 10 Capítulo 10 Cimientos para un héroe
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10: Capítulo 10: Cimientos para un héroe 10: Capítulo 10: Cimientos para un héroe Después de tres días de descanso en Valerius, Darren podía contemplar el panorama desde la ventana de su habitación.
Se habían alojado en la mejor posada de la ciudad.
Permanecía aún recostado en la cama mientras, a su lado, Emery dormía plácidamente.
Se incorporó con cuidado, procurando no despertarla, y bajó a la recepción de la posada.
Allí se dirigió al área donde se encontraban unas grandes tinas de madera destinadas para el baño.
Observó el agua acumulada en una de ellas y, empleando su magia, la purificó y luego la calentó, preparándola para su uso.
Mientras disfrutaba de aquel momento de relajación, sus pensamientos comenzaron a divagar sobre las muchas cosas que podría realizar para mejorar la vida de las personas.
Darren reflexionaba sobre las dificultades que enfrentaban las personas.
Tal vez debía comenzar compartiendo su conocimiento y aplicándolo en aquella ciudad.
Podría aprovechar las reparaciones que se estaban llevando a cabo en el castillo del duque para remodelar algunas áreas.
Estaba tan entusiasmado con la idea que no prestaba atención a nada más.
Por eso no notó que Emery lo observaba en silencio desde hacía varios minutos.
—¿Por qué no me despertaste?
—reclamó, sacándolo de su ensimismamiento.
La voz de Emery lo hizo volver a la realidad.
Intentando parecer tranquilo, se giró hacia ella.
La recorrió con la mirada de arriba abajo, preguntándose por qué esa joven de figura delicada, mejillas sonrojadas y piel pálida sentía tanto cariño por él.
No es que le desagradara, pero no dejaba de pensar que le sacaba demasiada diferencia.
Puede que su cuerpo pareciera el de un muchacho de dieciocho años, pero su mente era la de un hombre próximo a los cuarenta.
—Dame un momento para prepararte el baño —le indico.
Tras un breve intercambio de palabras, en el que Darren la regañó por haber entrado mientras él, un hombre desnudo, se encontraba en el agua, Emery le respondió que no era la primera vez que lo veía en esa situación.
Darren, claramente molesto, replicó que las circunstancias eran distintas y le solicitó que le diera tiempo y espacio para adecuar todo.
Una vez que tuvo listo el baño, le avisó para que entrara.
Sin embargo, Emery empezó a desvestirse antes incluso de que él lograra salir por completo.
Tras superar aquel momento incómodo, se dirigieron a una lujosa mansión, lugar donde se hospedaban el duque y su familia.
Durante el almuerzo pudieron compartir momentos agradables, para después trasladarse a una sala decorada con un conjunto de sillones cómodos y elegantes.
Allí, pasaron un largo rato conversando sobre los recientes acontecimientos.
Hablaron de cómo el príncipe Alem había llegado al ducado con la aparente intención de entablar relaciones comerciales, siendo recibido con cortesía al ser el prometido de Emery.
Sin embargo, pocos días después, reveló sus verdaderas intenciones, traicionando al duque y a su familia al capturarlos con el fin de hacerse con la lanza de Wiraqucha.
Más tarde, relataron cómo Darren había exterminado al letal dragón que asolaba el pueblo Vedado.
La narración dejó a todos impactados, especialmente al descubrir que Darren no solo había derrotado a Alem incluso en su forma divina, sino que también había enfrentado y vencido a la temible criatura.
Ambas proezas eran dignas de un verdadero héroe.
Las primas de Emery, Valeria y Anabel, de catorce y doce años respectivamente, no podían evitar mirar a Darren con admiración.
Entre risas y bromas, llegaron a insinuar que querían comprometerse con él, lo que provocó cierta molestia tanto en Emery como en Amelia.
Mientras tanto, Darren esbozó una sonrisa tímida y algo incómoda.
En pocos días, Darren completó las reformas tanto en el castillo del duque como en la ciudad.
De este modo, los habitantes se benefician al contar con agua en sus hogares y establecimientos.
Cuando estaban a punto de emprender el regreso a la academia, llegaron a la puerta principal para salir del ducado y se toparon con aquel joven nervioso.
Sin tener claras sus intenciones, el chico se acercó tímidamente a Darren y Emery.
—Saludos, gran señor —dijo el joven, esforzándose por disimular su evidente nerviosismo.
—Hola, muchacho —respondió Darren—.
¿Qué te trae por aquí?
—Verá, gran señor…
¿Podrían llevarme con ustedes?
Quiero aprender a ser un guerrero hábil y volverme más fuerte… ¡Quiero ser como usted!
Darren se quedó perplejo ante la inesperada solicitud de aquel joven.
Aunque sabía que asumirlo implicaría una enorme responsabilidad, aceptó.
Consideró que, si no lo entrenaba, correría un grave riesgo al aventurarse solo por el mundo.
Darren no entendía del todo el motivo de su decisión en un inicio, pero al observarlo detenidamente, comprendió que aquel joven le recordaba a su hijo.
Eran casi de la misma edad.
A Emery, por el contrario, no le entusiasmaba demasiado la idea, ya que no podría disfrutar de momentos a solas con Darren.
En cambio, a Amelia le parecía agradable aquella situación.
—Está bien.
Pero tendrás que obedecer todo lo que te diga —le advirtió al muchacho, quien asintió con entusiasmo—.
Por cierto, ¿cuál es tu nombre?
—Me llamo Dante.
—Perfecto.
Dante, Emery…
volvamos a la academia.
El grupo se puso en marcha y dejó atrás la ciudad.
A cierta distancia, entre los árboles del bosque, Darren había escondido el todoterreno.
Al llegar al lugar, Dante quedó boquiabierto, incapaz de ocultar su asombro ante lo que veía delante de él.
—¡Qué carruaje más impresionante!
—exclamó con fascinación.
—Este no es un carruaje común —corrigió Darren con una ligera sonrisa—.
Es un todoterreno, un vehículo diseñado para atravesar terrenos escarpados y difíciles, imposibles para cualquier otro medio de transporte…
bueno, para carruajes o carretas tradicionales.
Durante el trayecto, Dante no pudo evitar sentirse sorprendido por la comodidad del carruaje.
Contaba con música suave, un aire fresco que lo envolvía y un aroma tranquilizador que parecía apaciguar cualquier intranquilidad.
Incluso el balanceo del vehículo era tan relajante que lo invitaba a entregarse al sueño.
Emery, aunque también le invadía el cansancio, decidió no dormir.
Quería disfrutar del viaje junto a Darren, aprovechando cada momento compartido.
Mientras tanto, Amelia ya había sucumbido al abrazo reparador de Morfeo.
Pasada la medianoche, llegaron al pueblo donde se encontraba la academia.
Darren había conducido durante todo el trayecto mientras sus acompañantes —Emery, Dante y Amelia— dormían profundamente.
Él, sin embargo, no mostraba señales de agotamiento; estaba acostumbrado a resistir el sueño por largas horas.
Al llegar a la entrada, los guardias dudaron en abrir las puertas debido al horario y a lo peculiar del carruaje en el que viajaban.
Sin embargo, al confirmarse que entre los pasajeros estaba la princesa Emery, no tuvieron más opción que concederles el acceso.
Hasta ese instante, Darren nunca se había detenido a pensar en el nombre de ese pueblo.
Para él, simplemente era “el pueblo”, y aquello parecía ser suficiente.
Sin embargo, los guardias lo habían mencionado: ese lugar se llamaba Wupper.
Las calles, apagadas y desiertas, se abrían ante él como un sombrío laberinto.
El suave y persistente ronroneo del todoterreno, aunque discreto, cortaba el espeso silencio y resonaba en el eco de la noche.
Algunas almas de sueño ligero se despertaron al paso del vehículo; aquel murmullo mecánico interrumpía el apacible vaivén del descanso, tan merecido tras las interminables faenas del día.
Darren decidió dirigirse a la posada para ofrecer al grupo un merecido descanso.
Al día siguiente podrían evaluar cómo establecerse y continuar con sus planes.
Incluso barajaba la posibilidad de comprar una casa, una idea cada vez más cercana gracias a las ganancias obtenidas de la caza del dragón, la liberación del duque y la recuperación de la ciudad.
Con todo ese dinero, no solo era plausible adquirir una buena propiedad, sino que, en caso de no encontrar una adecuada, estaba dispuesto a construirla él mismo.
El vehículo fue estacionado junto al establo destinado a los cahuayos de los viajeros.
Aunque era espacioso, apenas pudo acomodar el todoterreno.
El grupo descendió con evidente cansancio y, tras registrarse rápidamente, se dirigió a descansar.
Darren esperaba compartir habitación con Dante, pero Emery decidió intervenir y no permitió que eso ocurriera.
El sol de la mañana se filtraba tímidamente por las rendijas de madera de la posada en Wupper, bañando la habitación en un tono ámbar.
Darren se incorporó lentamente, sintiendo el peso familiar de los restos de la lanza de Wiraqucha en su pecho.
Ya no era una presencia extraña; se había convertido en una parte de su ritmo cardíaco, una fuente de energía que parecía alimentarse de su propia voluntad.
A su lado, Emery dormía con una expresión de paz que solo había visto en ella antes de que su viaje comenzará.
Sus dedos rozaban suavemente el brazo de Darren, como si incluso en sueños temiera que él pudiera desvanecerse.
—Buenos días, Darren —la voz de Amelia resonó en su mente, clara y vibrante.
—Buenos días, Amelia.
Pareces de buen humor —pensó Darren mientras se ponía de pie con cuidado.
—Lo estoy.
Wupper tiene una energía diferente hoy.
Tal vez sea porque finalmente tenemos los medios para construir algo propio.
Y porque…
—Amelia hizo una pausa, y Darren pudo sentir un rastro de timidez en su conciencia—…
porque anoche, mientras dormías, pude sentir tu calma.
Me hace feliz saber que el dolor de tus recuerdos está dando paso a algo nuevo.
Darren sonrió para sí mismo.
La conexión con Amelia se había vuelto tan profunda que las palabras a veces sobraban.
Ella ya no era solo su maestra; era su confidente, su compañera silenciosa en un viaje que ninguno de los dos había planeado.
El suave movimiento de Darren al levantarse fue suficiente para que Emery despertara.
En un gesto de cercanía, ella se acomodó aún más junto a él.
Sin embargo, Darren le recordó con suavidad que debían levantarse para prepararse y bajar hacia los baños.
Sin embargo, las instalaciones ahí no alcanzaban ni de cerca el nivel de comodidad que ofrecía Valerius.
Bajaron al comedor de la posada, donde Dante ya los esperaba.
El joven estaba sentado en una mesa de madera rústica, devorando un trozo de pan con una energía que solo la juventud y la emoción podían proporcionar.
Al ver a Darren, se puso de pie de un salto, casi tirando su silla.
—¡Buenos días, gran señor!
—exclamó Dante, haciendo una reverencia exagerada.
—Solo Darren, Dante.
Ya te lo dije —respondió él, sentándose frente al muchacho—.
¿Descansaste bien?
—¡Como nunca!
Ese…
“todoterreno” es mágico, de verdad.
Nunca había sentido algo tan cómodo.
¿Cuándo empezamos el entrenamiento?
Darren observó al chico.
Dante tenía la misma mirada de determinación que su propio hijo solía tener cuando quería aprender algo nuevo.
Una punzada de nostalgia lo golpeó, pero esta vez no fue dolorosa; fue un recordatorio de por qué había aceptado a Dante bajo su protección.
—Primero, necesitamos un lugar donde vivir —dijo Darren—.
No podemos entrenar adecuadamente en una posada.
Emery, ¿qué opinas de buscar una propiedad en las afueras de Wupper?
Emery, que acababa de unirse a ellos, asintió con entusiasmo mientras tomaba asiento al lado de Darren.
—Me parece una idea excelente.
El Duque nos dio suficiente oro como para comprar media ciudad si quisiéramos.
Pero prefiero algo tranquilo, cerca del bosque.
Después de desayunar, Darren y Emery se dirigieron a los baños de la posada.
Estos estaban en la parte trasera, donde se extendía una pequeña área boscosa donde se ubicaba una estructura rudimentaria: una pila de agua algo turbia y unos banquillos improvisados que daban casi la impresión de estar en un pesebre.
Darren pidió hablar con el dueño del lugar y le solicitó permiso para realizar mejoras.
No podía permitir que Emery —y menos tratándose de una princesa— tuviera que usar baños en condiciones tan precarias.
Con rapidez y creatividad, Darren construyó nuevos baños más sofisticados utilizando materiales fabricados por él mismo.
Levantó un cuarto con armazones de aluminio y tablaroca como base.
Diseñó tinas equipadas con sistemas de desagüe que canalizaban el agua hacia la zona boscosa.
Además, dividió el espacio de las tinas con separaciones individuales y les añadió acceso mediante cortinas al frente para garantizar privacidad.
Sin embargo, esta disposición no fue del agrado de Emery, quien deseaba un ambiente más íntimo y romántico con él.
El resultado fue un baño cómodo y funcional que ambos disfrutaron plenamente.
Emery seguía encantada con los productos que Darren le proporcionaba para cuidarse: dejaban su cabello limpio, sedoso y envuelto en un aroma frutal que comenzaba a ejercer una atracción peculiar sobre Darren.
En más de una ocasión se había sorprendido percibiendo esa fragancia como algo altamente embelesador.
Algo que Amelia no toleraba, ya que ella no podía hacer.
O quizás pudiese llegar a recrear ese aroma dentro de sus pensamientos.
Darren aconsejó a Dante que se diera un baño, además de instruirlo en el cuidado dental y otros aspectos de la higiene personal.
Todo aquello, aunque algunas cosas eran nuevas para él, por su estatus ya tenía los principios.Aunque algunas de esas indicaciones eran novedad para él, su formación previa ya le había proporcionado las bases esenciales.
Sin embargo, Dante ya era todo un caballero, descendiente del noble linaje de la familia Rothschild, que servía directamente al duque Eldrich.
Al percibir el talento y la valía de Darren, permitieron que Dante entrenará bajo su tutela, confiando en que esto otorgaría aún mayor prestigio a la familia cuando él adquiriera nuevas habilidades y fuera destacado como su pupilo entre las demás casas nobles.
Antes de partir hacia la academia junto con Emery, Darren le dio una última instrucción: debía buscar una vivienda lo suficientemente amplia para que pudieran convivir al menos cuatro personas.
Esta idea fue rechazada rápidamente por Emery, quien, con firmeza, aseguró que seguiría compartiendo cama con él.
Amelia no tardó en darse cuenta de que algo estaba cambiando en Darren.
Él ya no discutía los caprichos de Emery y parecía haberse resignado a sus demandas.
Incluso aceptaba con calma que ella quisiera pasar más tiempo a solas con él, lo que provocaba en Amelia una creciente sensación de presión.
Temía perderlo.
Aunque mantenía un vínculo especial con Darren, estar constantemente a su lado no lograba cerrar el abismo emocional que sentía.
Ella ocupaba un espacio importante en sus pensamientos, lo sabía con certeza, porque podía acceder a ellos sin restricciones.
No había rincón en su mente al que estuviera vedada, y en alguna parte de aquellos pensamientos estaba la evidencia de que Darren sentía algo por ella también.
Sin embargo, eso no parecía ser suficiente.
Ella quería poder estar en presencia junto a él.
Al llegar a la academia, el propio director los hizo llamar de inmediato.
Los recibió en el mismo lugar donde, poco más de un mes atrás, habían sido juzgados.
Ahí les informó que había recibido una carta del mismísimo duque, quien le narraba detalladamente todo lo sucedido y destacaba el papel crucial que ambos habían desempeñado.
También mencionaba los eventos que involucraron al dragón en el pueblo Vedado.
Frente a semejante situación, muchos de los maestros ya no podían oponerse.
Darren ahora era reconocido oficialmente como un héroe.
Pero eso no era todo.
El director le habló de otra carta, esta vez enviada por el rey Damian.
En dicha misiva se le otorgaba a Darren el título de caballero, sirviendo directamente a la princesa.
Este título se usaba estratégicamente para ocultar su verdadera naturaleza como familiar, evitando así cualquier tipo de sospecha sobre él.
Ante la asamblea de maestros y demás presentes, Darren debía ser reconocido como noble, aunque perteneciera a la clase baja.
Adicionalmente, el director aprovechó la ocasión para hacerle una propuesta inesperada: quería que Darren se incorporara al cuerpo docente como maestro de magia.
Aquellas palabras causaron gran sorpresa entre los profesores allí reunidos.
Sin embargo, antes de que Darren pudiera decir algo, Emery lo tomó del brazo, visiblemente emocionada por esta nueva oportunidad para él.
Para ella, significaba que podrían pasar más tiempo juntos.
Antes de aceptar el ofrecimiento, Darren planteó algunas condiciones al director.
Quería aclarar ciertos aspectos importantes, como los temas que estaría a cargo de enseñar, los horarios, su libertad para embarcarse en misiones fuera de la academia y cómo se manejaría su situación actual respecto a la princesa.
Posteriormente de aquella reunión, Emery partió a tomar sus clases.
Mientras que Darren fue invitado a otra reunión únicamente con el director.
Dante pasó la mañana recorriendo los alrededores de Wupper.
Finalmente, encontró un terreno elevado que ofrecía una vista impresionante del valle y estaba lo suficientemente cerca de la academia para que Emery no faltara a sus responsabilidades.
Era un área descuidada, con las ruinas de una antigua mansión que el tiempo y la naturaleza habían reclamado.
Cuando la reunión con el director llegó a su fin, Darren se apresuró a buscar a Dante.
No tardó mucho en encontrarlo en el claustro, donde estaba tratando con uno de los escribanos acerca de la adquisición de una propiedad que había descubierto.
Su intención era impresionar a su maestro demostrando sus habilidades de negociación y persuasión.
Darren se acercó a él.
Dante al verle, quiso mostrarle la propiedad que había encontrado.
También le dijo que estaba iniciando los trámites con el notario.
A lo que Darren prefirió ver la propiedad primero.
Dante lo llevó hasta el lugar.
Llevándose una gran sorpresa.
—Es perfecto —murmuró Darren, cerrando los ojos y extendiendo su mano hacia los escombros.
—¿Vas a reconstruirlo?
—preguntó Dante, con los ojos como platos.
—Voy a mejorarlo —corrigió Darren.
Retornaron al claustro con el propósito de reunirse con el notario, quien se encargaría de elaborar el título de propiedad.
Una vez completadas todas las cuotas correspondientes a la adquisición, el notario procedió a entregar la documentación debidamente formalizada: un pergamino que detallaba las características del terreno y la edificación.
De vuelta en el lugar, Darren comenzó a inspeccionar la estructura, analizando cuidadosamente qué reparaciones eran necesarias.
Una vez que concluyó su evaluación, se puso manos a la obra y preparó todos los materiales indispensables, además de las herramientas necesarias para el trabajo.
Con una expresión satisfecha, murmuró para sí mismo que estaba listo.
Dante, curioso, se acercó para observar todas las herramientas dispuestas.
Aquella escena lo fascinaba por completo.
Darren, con paciencia, le explicó cómo usar cada una y le dio instrucciones precisas.
Juntos lograron un progreso significativo en poco tiempo.
No obstante, justo cuando alcanzaron un buen ritmo, se aproximó la hora del almuerzo.
Darren entonces le comentó a Dante que todos los días a esa misma hora tenía la costumbre de reunirse con Emery para comer.
Dante, percibiendo esto como una cita romántica, sugirió no interferir, pero Darren le aseguró que no había inconveniente en que los acompañara.
Más tarde, ambos acudieron a las puertas de la academia para recoger a Emery.
Tan pronto como lo vio, ella corrió emocionada hacia Darren y lo abrazó con entusiasmo.
—Sentí que pasaron siglos para volver a verte —confesó Emery con una sonrisa radiante.
Darren puso al tanto a ambos sobre los eventos ocurridos desde su separación, haciendo hincapié en la conversación privada que sostuvo con el director.
En ese encuentro, discutieron el porvenir de Darren y los pasos a seguir en su futuro, así como la inquietante revelación de su reciente y creciente poder, adquirido tras absorber el núcleo de la lanza de Wiraqucha.
Este hecho no había pasado desapercibido para el rey Damian, quien ya estaba al tanto gracias al duque Eldrich, su hermano.
El duque no tuvo más remedio que informar al monarca sobre el incidente, ya que debía dar explicaciones de lo ocurrido con el príncipe Alem y su fallida tentativa de controlar el reino, un suceso que llevó a Darren a destruir la lanza.
A pesar de ostentar ahora el título de caballero y héroe, Darren todavía tiene un largo camino por delante.
Carece del nivel de reconocimiento necesario para formalizar un compromiso con la princesa.
Sin embargo, lo acontecido le brindó la inesperada ventaja de evitar un matrimonio forzado con el despreciado bastardo de Alem.
Por ello, tanto el rey como el duque y el director están decididos a buscar maneras de apoyar a Darren para que logre elevar su estatus mediante misiones que solo él puede cumplir.
Esa revelación implicó una carga para todos ellos, conscientes de que Darren enfrentará momentos difíciles junto con nuevas responsabilidades que recaerán sobre sus hombros.
Tras ese encuentro, Dante regresó a la mansión con la intención de adelantar parte de su trabajo, aunque Darren comprendió que también estaba dejando espacio para que ellos tuvieran un momento a solas.
Emery, aprovechando la oportunidad, decidió acercarse a Darren para abordar un tema más personal.
—Darren, quisiera saber… ¿Qué sientes por mí?
—preguntó Emery con decisión.
Las palabras resonaron inesperadamente en el jardín, donde Amelia se encontraba sentada en una mesa disfrutando de una taza de té.
Pero al escucharlas, quedó completamente sorprendida, hasta el punto de ahogarse y derramar el contenido de su taza en un torpe movimiento que rompió la calma del lugar.
Darren se sentía inquieto, como si una corriente de nervios recorriera su interior.
No sabía exactamente cómo proceder, aunque el deseo compartido entre él, Emery y Amelia ya era evidente.
Incluso había llegado a admitir que todo lo hacía por Emery.
Con eso, cualquier posibilidad de retroceder se esfumaba.
Ahora debía demostrar valentía y afrontar esa situación como el hombre que aspiraba a ser.
—Emery, lo que quieres escuchar es… que estoy enamorado de ti.
—La declaración salió finalmente de sus labios, cargada de una sinceridad que tomó a Emery completamente por sorpresa.
No esperaba que Darren rompiera el silencio para exponer abiertamente sus sentimientos.
El rostro de Emery se iluminó con una explosión de emociones.
Su tez se tornó rosada, como un reflejo de lo que sentía en ese instante, y una sonrisa imposible de reprimir se dibujó en sus labios.
Para Darren, incluso el atuendo de Emery parecía parte del momento: el vestido rojo que él mismo había diseñado pensando en ella realzaba la tonalidad cálida de su cabello y acentuaba la intensidad de sus ojos, haciéndola lucir sencillamente espectacular.
—Todavía debes esperar para que pueda pedir tu mano.
Mi estatus aún debe elevarse.
Emery asintió, mientras Darren le ofrecía su mano.
Ella la aceptó, sintiendo cómo el rubor volvía a su rostro y desviando la mirada hacia otro lado.
Al llegar a la academia, en lugar de dejarla en la entrada como solía hacer, la llevó de la mano hasta el aula.
Durante el trayecto, las miradas de todos se posaban sobre ellos.
Luego se despidió, dándole un beso en su mejilla y se dirigió de nuevo a continuar con la reconstrucción de la mansión.
Una vez que Emery se quedó sola, varias compañeras se acercaron curiosas para preguntarle sobre Darren.
Evidentemente querían saber si su relación era más que una simple amistad, aunque eso parecía claro al verla tomada de su mano.
Era una acción reservada para aquellos con un acuerdo matrimonial ya establecido.
La mansión tenía el aspecto de una majestuosa villa mediterránea, con amplios ventanales, espacios abiertos que invitaban a la luz a entrar, y un sofisticado sistema de tuberías diseñado por Darren, inspirado en las técnicas más modernas de fontanería.
Dante observaba a Darren mientras trabajaba.
Le resultaba difícil creer cuánto sabía; parecía tener los conocimientos necesarios para transformar por completo aquella estructura.
Para él, era como presenciar la construcción de un mundo nuevo.
—Increíble…
—susurró Dante—.
Ni siquiera los grandes magistrados masones de la capital pueden hacer algo así con tanta rapidez.
—No es solo magia, Dante —explicó Darren, secándose el sudor de la frente—.
Es entender cómo están hechas las cosas.
El conocimiento es el verdadero poder.
—Desde que era niño, mi padre me enseñó a realizar un sinfín de tareas.
Según él, un hombre debía ser capaz de enfrentarse a cualquier cosa: mecánica, carpintería, electricidad, plomería…
—Sin embargo, Darren se detuvo abruptamente.
De pronto, empezó a hablar de asuntos que Dante no comprendía, temas totalmente ajenos a su realidad y a la de cualquiera en ese entorno.
Dante quedó perplejo al escuchar los términos que utilizaba Darren, palabras completamente ajenas a su realidad.
—Magistrado, ¿a qué se refiere?
Solo conozco lo relacionado con la carpintería —expresó Dante, con genuina curiosidad.
—Bueno, es que son conceptos que no conoces.
En realidad, nadie más los entiende —respondió Darren, con cierto misterio en su voz.
La confusión de Dante se intensificó, dejando su rostro cargado de desconcierto.
Quizás, si Darren le explicara quién era realmente, podría arrojar algo de luz sobre la conversación.
—¡Ni pensarlo!
—interrumpió Amelia de repente, sorprendiendo a Dante con su abrupta reacción.
—Debes cumplir tu papel y no olvidar que en este mundo ya eres alguien fuera de lugar, simplemente por ser un familiar.
Tu conocimiento es poderoso, pero también es una amenaza que podría desencadenar desastres si no actuamos con precaución.
—Olvídalo, no tiene importancia.
Ahora es solo un detalle irrelevante que desconoces —dijo Darren con una sonrisa amistosa.
Cuando Emery llegó, se quedó asombrada al ver cuánto habían avanzado con las reparaciones.
Ya habían acondicionado varias zonas, haciendo habitables al menos dos recámaras, el baño y la cocina.
Algo que le llamó aún más la atención fue la cocina.
Los muebles eran como nada que hubiera visto antes en aquel mundo.
Sabía que se debía a que estaban inspirados en lo que existía en el lugar de donde provenía Darren.
—Me gustaría saber más del lugar de donde vienes —murmuró Emery mientras recorría con la mirada los detalles de la casa.
Darren se dedicó a preparar la cena con los ingredientes que habían adquirido en el mercado.
Entre las compras estaba carne de un animal similar a un venado, junto a frutas y verduras que parecían familiares pero tenían peculiaridades propias de aquel mundo.
Las frutas evocaban moras, fresas, limones y naranjas, aunque con modificaciones inusuales; por ejemplo, la naranja, de menor tamaño, era de un llamativo color rojo, pero su sabor resultaba idéntico al que conocía.
En cuanto a las verduras, había lo que aparentaban ser papas, nabos, coles y zanahorias, aunque estas últimas presentaban un tono amarillo pálido en lugar del clásico naranja, siendo su sabor la única confirmación de ser, efectivamente, zanahorias.
Se dispuso a preparar los alimentos cortando en trozos la carne y las verduras antes de ponerlas a cocer para obtener lo que en su mundo reconocía como un caldo de res; aunque esta vez era elaborado con carne de anhílope.
Para acompañar la comida, filtró el agua hasta dejarla completamente limpia y transparente.
Dante y Emery se mostraron impresionados al ver el agua en ese estado, ya que desconocían que pudiera purificarse.
Por otro lado, Amelia ya estaba familiarizada con el proceso gracias a los recuerdos de Darren, así que no se sorprendió.
Para completar la bebida, trituró las fragaamas ―frutos que allí eran similares a las fresas― y mezcló su jugo con el agua purificada.
Finalmente, sirvió la mezcla en una jarra de cristal y añadió hielo para que estuviera fresca y perfecta para la ocasión.
Al finalizar la preparación, vertió el caldo en humeantes platos hondos de cerámica negra adornados con delicados detalles dorados.
Para acompañarlo, dispuso unas cucharas relucientes de oro que resaltan con elegancia.
El aroma del caldo era tan apetitoso que despertaba el hambre y la curiosidad de todos.
Al probarlo, quedaron gratamente sorprendidos, pues su sabor resultaba inigualable.
Las especias cuidadosamente seleccionadas y las proporciones exactas utilizadas lograban un gusto exquisito y pleno.
—¿Cómo es posible que cocine tan bien, magistrado?
—le preguntó Dante, intrigado.
—Todo lo que sé en la cocina me lo enseñó mi madre —respondió Darren con un aire de orgullo evidente.
—Incluso el agua sabe espectacular —comentó Emery, asombrada.
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