La Lagrima Carmesí: Renacimiento - Capítulo 13
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13: Capítulo 13: Contrarreloj 13: Capítulo 13: Contrarreloj El sol apenas comenzaba a asomarse por el horizonte, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y violetas, cuando la casa rodante iba ya casi por llegar al siguiente punto.
A pesar de la noche de arduo trabajo, la premura por llegar al siguiente pueblo, Delvalle, estaba a la vuelta de la esquina.
El pueblo era aún más grande que Ríoverde.
No había tiempo para el descanso; cada minuto contaba.
Dentro del vehículo, el ambiente se había calmado durante la noche.
Les había ayudado mucho el sueño reparador y que las camas estuvieran cómodas.
Los estudiantes, aunque visiblemente cansados, habían madurado en cuestión de horas.
La inocencia que traían de la academia se había desvanecido, reemplazada por una seriedad forjada en la tragedia.
Lyra, en particular, sentía el peso de la responsabilidad.
En Ríoverde, su magia de curación había sido un faro de esperanza, pero también había sido testigo de heridas que no pudo sanar, de vidas que se extinguieron a pesar de sus esfuerzos.
Esa impotencia la impulsaba ahora, una llama ardiente en su interior que la empujaba a ser mejor, más rápida, más eficaz.
Y Darren era su respaldo para lograr aquello.
Podía sentir el poder que tenía y el enorme potencial que tendría.
Pero había algo extraño.
Sentía una necesidad de sus abrazos, su cariño y aprecio de su parte.
Darren, al volante, observaba el camino con una concentración férrea.
A su lado, Emery, con la cabeza apoyada en su hombro, dormía un sueño inquieto.
La mano de Darren se deslizó suavemente para acariciar su cabello, un gesto de ternura que, en medio de la desolación, era un bálsamo para su propia alma.
Emery había comenzado el viaje en el asiento del copiloto, pero al avanzar la madrugada y sentirse acunada por el sueño, terminó acomodándose junto a Darren en el mismo asiento.
Como este era bastante espacioso y cómodo, no hubo inconveniente en compartirlo.
Darren manejaba con una mano, mientras con la otra mantenía a Emery cerca de él.
Él sentía el cansancio de Emery, la forma en que su cuerpo se tensaba incluso en el sueño, y una punzada de culpa lo atravesó.
Ya que la estaba forjando en la mujer fuerte que necesitaba ser.
Darren beso su frente, y ella, al sentir el roce, se removió, abriendo los ojos lentamente.
Sus miradas se encontraron, y en ese instante, el mundo exterior pareció desvanecerse.
No había desastre, ni urgencia, solo la conexión silenciosa entre ellos.
—¿Estás bien?
—preguntó Emery, su voz tan dulce como y gentil, llena de preocupación por él.
—Lo estoy, siempre que tu estés bien —respondió Darren, su pulgar acariciando suavemente su mejilla.
El contacto era breve, pero cargado de una intimidad que trascendía las palabras.
Era una promesa, un refugio en la tormenta.
Emery sonrió, un gesto pequeño pero significativo, y volvió a recostar su cabeza, esta vez con una paz más profunda.
Amelia, observando desde la mente de Darren, sintió una punzada de celos, pero también una extraña satisfacción.
La conexión entre ellos era innegable, y sabía que era necesaria para el camino que les esperaba.
—Necesitas amor, Darren.
Y ella necesita tu fuerza —pensó Amelia.
Al llegar a Delvalle, el panorama era aún más desolador que en Ríoverde.
El pueblo, situado en una hondonada, había sido arrasado por una riada por el desbordamiento de un río en las proximidades.
El agua había arrastrado casas enteras, dejando un rastro de destrucción y desesperación.
El hedor a muerte era más intenso, y los gritos de auxilio, más desgarradores.
Al mismo tiempo, esos gritos revelaban que aún quedaban sobrevivientes por rescatar.
Darren les dio instrucciones para que todos estuviesen listos al llegar al pueblo.
—¡Todos en formación!
¡Magos sanadores, prepárense para lo peor!
¡El resto, brinden apoyo a los sanadores y a los sobrevivientes!—ordenó Darren, su voz firme y clara.
Los estudiantes, ahora más habituados a la situación y con la experiencia del día anterior, se movieron de forma más eficiente que la vez pasada.
La experiencia de Ríoverde, por cruel que fuera, los había preparado.
Lyra se lanzó al corazón del desastre.
Sus ojos, los cuales estuvieron llenos de miedo, ahora escaneaban el caos con una agudeza sorprendente.
Su habilidad recién descubierta para detectar vida, se había convertido en una herramienta vital.
Guiada por su instinto y las indicaciones de Darren, Lyra se movía entre los escombros, localizando a los heridos y a los atrapados.
—¡Aquí!
¡Hay alguien aquí!
—gritó, señalando a un montón de escombros mezclados con barro, Lyra encontró a una sobreviviente.
Darren utilizó su magia de viento para levantar los restos con delicadeza, dejando al descubierto a una mujer cuyo abdomen había sido atravesado por un tablón lleno de astillas.
Lyra reaccionó de inmediato, arrodillándose para pronunciar un hechizo de sanación, aunque por su poder actual, no sería suficiente dado el nivel del daño.
Darren se acercó mientras ella continuaba entonando el conjuro y retiró cuidadosamente el tablón.
Al percatarse de la gravedad del estado de la mujer, le indicó la necesidad de utilizar un hechizo de sanación avanzada.
A pesar de no haber aprendido esa magia todavía, Lyra no tenía más opción que asimilarlo en ese instante crítico para intentar salvarle la vida.
Después de entonar el nuevo conjuro.
El vientre de la mujer, comenzó a sanar aunque no estaba completamente curada, dejó de sangrar y el dolor disminuyó visiblemente.
—Necesitamos un refugio seguro y seco para los heridos —dijo Lyra, levantándose, su rostro cubierto de sudor y barro, pero sus ojos brillando con una nueva confianza.
—Y agua limpia.
Mucha agua limpia.
Darren asintió, orgulloso.
Lyra no solo estaba curando cuerpos, sino también liderando y organizando.
Su crecimiento era exponencial.
Por lo que él se encargó de crear un refugio para los sobrevivientes.
Lyra se movía entre los heridos, su voz suave pero firme, sus manos un bálsamo.
Los otros sanadores, inspirados por su ejemplo, trabajaban con renovado vigor, sus hechizos de curación volviéndose más potentes bajo la guía de Darren.
En un momento de respiro, mientras Lyra se tomaba un momento para beber agua, Darren se acercó a ella.
—Lo estás haciendo increíble, Lyra —dijo, su voz llena de sinceridad.
—Me siento orgulloso de ti.
Lyra lo miró, sus ojos color ámbar, reflejando una gratitud profunda.
—Gracias, Magistrado Darren.
Sin ti, no sé si podría haber hecho esto.
Me has enseñado que la magia es más que hechizos; es la voluntad de ayudar.
Darren le sonrió, y en ese momento, Emery, que los observaba desde la distancia, sintió una punzada de celos, aunque también de una comprensión profunda.
Lyra era su estudiante y él quería lo mejor para su crecimiento.
Se acercó a ellos, y con una sonrisa, le entregó a Lyra una taza de té.
—Toma, Lyra.
Necesitas reponer fuerzas.
—dijo Emery, su voz suave pero firme.
Lyra aceptó la taza de té con una sonrisa agradecida, y en ese pequeño gesto, la relación entre las dos jóvenes se fortaleció, unidas por la causa común.
La noche cayó sobre Delvalle, pero el trabajo no cesó.
A la luz de las antorchas continuaron con las maniobras de rescate, los equipos continuaron buscando sobrevivientes.
Lyra, aunque agotada, seguía curando, asombrando a los demás.
Darren, por su parte, se aseguró de que todos tuvieran comida y agua, y de que los heridos estuvieran lo más cómodos posible en el refugio que había construido.
En medio del caos, la casa rodante se había convertido en un centro de operaciones, un faro de esperanza en la oscuridad.
Había colocado varias lámparas de larga distancia y amplio rango para iluminar la zona.
Darren comenzaba a sentir fatiga, pues no había dormido en casi dos días.
Cuando finalmente hubo un momento de calma, Darren encontró a Emery sentada sola, observando las estrellas que comenzaban a asomarse entre las nubes.
Se sentó a su lado, el silencio entre ellos, cómodo y lleno de significado.
—¿En qué piensas?
—preguntó Darren, su voz apenas un susurro.
—En todo —respondió Emery, su mirada fija en el cielo.
—En lo frágil y corta que es la vida.
Y en ti.
Me has enseñado tanto, Darren.
Me has mostrado un mundo que nunca imaginé, y me has dado la fuerza para enfrentarlo.
Darren tomó su mano, entrelazando sus dedos.
El contacto era cálido, reconfortante.
—Tú también me has enseñado mucho, Emery.
Me has recordado lo que es tener un propósito, me has dado porque luchar.
Y lo más importante, me has dado tu amor —Darren se acerca lentamente, toma su rostro con delicadeza entre sus manos y la inclina suavemente para depositar un beso en su frente.
Ante ello, Darren se armó de valor, sus ojos brillando con lágrimas no derramadas.
Se acercó, y esta vez, no hubo dudas ni interrupciones.
Darren la tomó por la cintura y la aproximó a él.
Sus labios se encontraron en un beso suave, lleno de gratitud, de esperanza y de la promesa de un futuro incierto, pero que enfrentarían juntos.
Era un beso que sellaba no solo un amor naciente, sino también una alianza forjada en la adversidad, un compromiso de protegerse mutuamente y de luchar el uno por el otro.
En ese momento, bajo aquel cielo estrellado, Darren y Emery prometieron estar juntos de ahora en adelante, como dos almas que se integran el uno al otro.
Darren creó con su magia una linda y llamativa sortija de oro con una esmeralda, con el esmero que se merece.
Sosteniendo la mano de Emery, se arrodilló con elegancia, mirándola fijamente a los ojos antes de hablar.
—Celery Emery Galerian Von Waltzovia, desde tu llegada a mi vida, cada día se ha llenado de luz, amor y aprendizajes que nunca imaginé experimentar.
Eres mi compañera, mi refugio y la razón que me impulsa a ser una mejor versión de mí mismo.
Sueño con construir un futuro a tu lado, compartiendo sueños, risas y todos esos momentos que hacen que la vida sea inolvidable.
Con tantos riesgos y desafíos en cada instante, no quiero vivir con el remordimiento de no haber tomado esta decisión.
—Darren hizo una pausa, respiró profundamente y continuó con firmeza: —¿Me darías el honor de ser mi esposa?
¿Caminarías conmigo en esta increíble aventura que llamamos vida?
—Su voz cargaba una sutil mezcla de esperanza y resolución mientras aguardaba su respuesta.
Tal vez el momento no era el ideal.
Quizás las circunstancias no eran las más propicias.
Probablemente habría sido más romántico hacerlo en un jardín, rodeados de flores y aromas dulces.
Pero en un mundo donde la vida puede cambiar en un instante, a veces lo mejor es dejar de esperar y aprender a vivir plenamente.
Las lágrimas no se detuvieron, trazando delicados caminos sobre las mejillas rosadas y perfectas de Emery.
La sorpresa dibujaba su rostro mientras su mirada buscaba una respuesta que ya estaba clara en su interior.
Con movimientos pausados, alzó su mano temblorosa.
—Acepto —murmuró Emery con un hilo de voz, apenas audible.
Darren tomó su mano con cuidado y, con gesto decidido pero lleno de emociones contenidas, deslizó el anillo en su dedo.
Un gesto que cerraba un ciclo marcado por el dolor y la añoranza de una vida que ya quedaba en el pasado.
En su mente se mezclaban las memorias como si fueran ecos persistentes.
Darren, acostado en una cama de hospital, se veía a sí mismo sostenido entre la dualidad de la vida y la muerte.
Recordaba a aquella mujer que en sus sueños seguía siendo tan real como siempre.
Monica, su esposa, lo acompañaba en silencio.
Su cuerpo agotado caía en un sueño inquieto a su lado, resultado de semanas sin descanso cuidándolo día y noche.
Desde la cama, su yo debilitado la observaba con la intensidad de quien sabe que el tiempo se esfuma entre los dedos.
La ternura en su mirada combatía con el peso del dolor que lo iba consumiendo poco a poco, enfrentando la certeza ineludible de su final.
—Monica eres mi gran amor.
Quiero que sepas que cada instante a tu lado ha sido el regalo más grande de mi vida.
Gracias por tu amor, tu paciencia y por ser mi compañera en esta vida.
Aunque mi tiempo aquí ha llegado a su fin, mi amor por ti es eterno y siempre estará contigo, protegiéndote y acompañándote en cada paso.
Te deseo fuerza y alegría, llevando en tu corazón todo lo que hemos vivido juntos.
Siempre serás mi luz y mi razón para haber luchado tanto.
Te amo con todo mi ser ayer, hoy y siempre.
Reuniendo sus últimas fuerzas, tendió una mano hasta apoyar suavemente los dedos sobre la cabeza dormida de Monica, justo en el instante en que dejaba ese mundo.
Darren regresa al instante en el que está colocando la sortija en el dedo de Emery.
Una lágrima se desliza por su mejilla, aunque un atisbo de sonrisa ilumina su rostro.
Emery lo advierte y entiende que esa emoción no está ligada únicamente al presente.
evitando que Darren se incorpore, se aproxima a él y lo envuelve en un cálido abrazo.
—Te amará por el resto de su vida —le susurra al oído con suavidad.
Tras ese emotivo instante, la dura realidad volvió a imponerse.
Sin perder tiempo, todos se apresuraron a retomar las labores de rescate.
La lluvia seguía cayendo sin tregua, aumentando el temor de que el río volviera a desbordarse y arrasara con las pocas esperanzas que aún quedaban para encontrar a los sobrevivientes.
Darren distribuyó instrucciones a Dante, Emery y Alec Schmidt, este último uno de los estudiantes más destacados.
Tiene dieciséis años al igual que Dante.
Les encargó coordinar las maniobras mientras él se dirigía al río e intentar prevenir un nuevo desbordamiento.
Emery mostró su disposición para acompañarlo, pero Darren fue firme al señalar que su apoyo era imprescindible en el lugar.
Al final, Emery accedió, aunque con evidente preocupación.
Darren no perdió más tiempo y emprendió su camino hacia el río.
Desde su posición, Lyra lo siguió con la mirada mientras corría apresurado por la zona donde ella se encontraba.
Al llegar al río, el caudal ya había desbordado los límites de su cauce.
Amelia, inquieta por lo que estaba a punto de suceder, cuestionaba si realmente era correcto recurrir a aquel poder que tanto temía.
Mientras tanto, Darren enfocaba toda su atención en el núcleo de la lanza, ahora integrado con su propio corazón.
El esfuerzo por concentrarse no era menor, pues la voz de Amelia resonaba en su cabeza, recordándole constantemente su desaprobación ante aquella decisión.
Sin embargo, para el propósito que tenía en mente, no había alternativa: necesitaba el poder de la lanza.
Con la energía acumulada, Darren alzó su brazo izquierdo, que destellaba con la extraña y vibrante luz que emanada del núcleo.
El suelo comenzó a estremecerse y, poco a poco, grandes bloques de tierra se elevaron con fuerza descomunal.
Su objetivo era formar una enorme barrera curva que contuviera el curso del río y evitará que las aguas inundarán el pueblo cercano.
Confiaba en que estas alteraciones no generarán otros problemas en el futuro.
A pesar de haber moderado el uso del poder en comparación con aquella fatídica batalla contra Alem, la agotadora jornada de rescates, el uso constante de magia y el haber conducido sin descanso durante la noche, comenzaban a pasarle factura.
Mientras el muro tomaba forma, sus fuerzas se debilitaban, y cada segundo que permanecía de pie se volvía un desafío abrumador.
Llegó al límite de sus fuerzas, incapaz de resistir más.
Amelia se lo había advertido, pero él ignoró sus palabras.
Cayó al suelo, sin darse cuenta de que con los movimientos de la tierra se había formado una depresión profunda en la zona.
La lluvia torrencial no cedía, y el agua comenzaba a acumularse rápidamente.
Darren quedó inconsciente.
Una pequeña figura se acercó sigilosamente hasta él.
Entonces, lanzó un hechizo, liberando energía de color verde.
Que por suerte, era un conjuro de sanación.
Después de varios minutos agotadores, Darren abrió lentamente los ojos.
Al incorporarse, su mirada se encontró con la de su salvadora.
Allí estaba Lyra.
Probablemente lo había visto cuando se dirigía al río y decidió seguirlo, aunque en el proceso terminó tan agotada que también desfalleció.
Aunque el hechizo había repuesto las energías del cuerpo de Darren, no estaba en condiciones de utilizar magia.
Sin pensarlo dos veces, cargó a Lyra entre sus brazos y emprendió el regreso al pueblo bajo la lluvia incesante.
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