La Lagrima Carmesí: Renacimiento - Capítulo 14
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- Capítulo 14 - 14 Capítulo 14 Detrás de la tormenta
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14: Capítulo 14: Detrás de la tormenta 14: Capítulo 14: Detrás de la tormenta Darren se dirige al pueblo, con Lyra inconsciente en sus brazos, fue un espectáculo que detuvo el aliento de todos.
La lluvia seguía cayendo con furia, pero la imagen de su maestro, exhausto y sin magia, llevando a su compañera, grabó un nuevo tipo de respeto en los corazones de los estudiantes.
Darren ya gozaba de un reconocimiento entre ellos por ser un mago poderoso, experto tanto en el manejo de la espada como en el combate físico.
Su destreza era bien conocida, especialmente porque muchos lo habían observado entrenando junto a Dante.
Aunque en aquellos momentos, todos estaban dedicando su mayor esfuerzo para salvar a aquella gente.
La cruda realidad de su misión se había manifestado una vez más, y con ella, una comprensión tácita de que solo juntos podrían superar lo que se avecinaba.
Emery fue la primera en actuar.
Su corazón se estremeció al descubrir a Darren en ese estado, mientras una oleada de temor recorría su cuerpo.
Sin dudar, corrió hacia él con la mirada fija en la silueta de Lyra.
—¿Qué ha pasado?
¿Está bien?
—preguntó, su voz teñida de preocupación.
Darren, con un esfuerzo, asintió.
—Ella me salvó.
Se desmayó por el esfuerzo.
—La mirada de Emery se suavizó al ver la gratitud en los ojos de Darren, y una nueva capa de respeto por Lyra se formó en su interior.
La adversidad los estaba uniendo de maneras que la academia nunca podría haber enseñado.
—Pareces exhausto.
¿Estás seguro de que te encuentras bien?
—preguntó al verlo cubierto de barro.
Amelia seguía molesta, aún recordaba cómo él la había ignorado cuando advirtió sobre los riesgos que implicaba usar el poder de la lanza en su estado actual.
Sin embargo, el alivio que sintió al saber que Lyra lo había salvado superaba por completo cualquier enojo.
—Darren, me preocupaste muchísimo.
Si algo te llegara a pasar… volvería a quedarme sola.
Te lo ruego, no lo hagas de nuevo —dijo Amelia con un nudo en la garganta.
Los estudiantes actuaron con rapidez y determinación, organizándose para continuar los rescates.
Dante y Alec, gracias a la habilidad adquirida por la experiencia reciente, tomaron la iniciativa y guiaron al grupo con evidente destreza.
Darren llevó a Lyra hasta la casa rodante, colocándola cuidadosamente en el sofá cercano al fregadero.
De inmediato comenzó a limpiar el barro que cubría su cuerpo.
Poco después, Emery y Samanta, otra estudiante que se sumó al esfuerzo, llegaron para ayudar en su cuidado.
Confiando en ellas, Darren se apartó para darles espacio.
Entretanto, otros se encargaron de preparar la cama de Lyra, ofreciendo un lugar cómodo donde pudiera recuperarse.
Ella aún no había tenido oportunidad de descansar desde su llegada al pueblo, acumulando el desgaste de las duras jornadas vividas.
Lyra había inspirado a sus compañeros.
Es por ello que al ver lo agotada que estaba, quería ayudarla.
Le trajeron mantas y bebidas calientes.
La camaradería que florecía entre ellos no era la de compañeros de clase, sino la de soldados enfrentando juntos el peligro, unidos por la alarmante situación y la necesidad mutua de ayudar.
Las barreras sociales y las jerarquías de la academia se habían disuelto en el barro y la desesperación de aquel momento.
Mientras le daban un baño a Lyra, Darren se sentó a descansar un momento.
Llegó Emery a hablar con él, pero el cansancio pesando en cada uno de sus músculos.
La propuesta de matrimonio aún resonaba en el aire entre ellos, un momento para continuar forjando su vínculo.
Emery, con una mezcla de ternura y preocupación, le tomó la mano.
—Estás completamente exhausto, Darren.
Necesitas tomarte un descanso.
Hoy vas a dormir, ¿sí?
—comentó Emery.
Amelia, desde su rincón en la mente de Darren, observaba la escena con una complejidad de emociones.
La propuesta de matrimonio de Darren a Emery había sido un shock, un recordatorio doloroso de su propia existencia etérea.
Ella, la bruja inmortal, que había existido por milenios en soledad y ahora que habitaba en la mente de Darren, también deseaba poder tocarle, abrazarlo cuando lo necesitase.
O simplemente por que así lo quiere.
Nunca se había enamorado.
Incluso en el tiempo que su existencia era invisible para cualquier otro.
Ahora que existía alguien como él.
Que puede verla y escucharla, ella quería estar con él, ser su esposa, su compañera en cuerpo y alma.
La idea de que otra mujer ocupara ese lugar, aunque fuera la dulce y valiente Emery, le provocaba una punzada de celos que no había sentido antes.
Sin embargo, también veía la necesidad de esa conexión, la fuerza que Emery le brindaba a Darren.
—Ella es buena para ti, Darren —susurró Amelia en su existencia, una resignación agridulce en su voz.
—Pero yo también te amo.
Y siempre estaré aquí.
Cuando terminaron de bañar a Lyra.
Se acercó para cargar y llevar a Lyra a su cama.
Después de dejarla, pasó a recostarse a su cama.
En donde Emery se acurruco junto a él.
Se quedó dormido casi al instante.
Lyra, recuperándose lentamente, abrió los ojos.
Percatandose que estaba en su cama.
Se levanta, pero trastabilla pues está agotada.
Con gran dificultad se levantó.
Eran pocos los pasos que tenía que dar para llegar al pasillo.
Al girar la vista hacia el cuarto de Darren, lo primero que vio fue a Darren.
La imagen de él llevándola en sus brazos, la sensación de su fuerza y su calor, se había grabado en su memoria.
En ese momento, no era solo su maestro, vio cómo había usado algo más que magia.
Con lo que enfrentó la tormenta y evitar otro desborde del río.
Además, él la había protegido, que la había llevado a salvo.
Un afecto profundo y tierno comenzó a crecer en su corazón, una admiración que iba más allá del respeto de una estudiante por su maestro.
La forma en que la había mirado, la preocupación en sus ojos, todo ello la hizo sentir especial, protegida.
Se dio cuenta de que quería más de esa sensación, más de su cercanía.
La lluvia, que había sido una constante amenaza, comenzó a amainar, pero el cielo seguía cargado de una oscuridad inusual.
El grupo de estudiantes que se encontraba fuera de la casa rodante, ocupados en preparar la cena.
Sin embargo, cuando vieron a Lyra salir al exterior, no dudaron en acercarse a ella, aliviados y contentos de que estuviera bien.
A pesar de las protestas de Alec, insistieron en que tomara asiento, mientras el resto continuaba con la tarea de cocinar.
Los sobrevivientes, todavía afectados por la devastación de lo que una vez fue su hogar, se reunieron cerca de los jóvenes en busca de algo que comer.
Aunque les notificaron que la cena tardaría un poco más en estar lista, el hambre apremiaba provocando desconcierto.
Fue entonces cuando Dante intervino y repartió trozos de pan y fruta para que pudieran calmar su apetito temporalmente.
Por su parte, los encargados de la cocina tardaron algo en recordar las instrucciones que Darren les había dado sobre cómo usar la estufa y otros equipos.
No les resultó fácil al principio, pero con algo de esfuerzo finalmente lograron completar el trabajo y la cena quedó lista.
Dado que ahora sólo contaban con una mesa, la que venía en la casa rodante, tuvieron que organizarse por turnos para comer.
La vez anterior, Darren había sido quien proporcionó todo el equipo necesario para que todos pudieran acomodarse sin problemas.
Sin embargo, se encontraba descansando después de todo lo sucedido, y nadie quiso molestarlo, ya que apenas habían pasado unos minutos desde que cerró los ojos.
Los sobrevivientes, se reunieron en una fogata que habían hecho para calentarse.
Los más ancianos, aquellos que incluso ante esa catástrofe y en ocasiones anteriores.
Que han logrado seguir viviendo.
Sin nada más que hacer, comenzaron a contar leyendas olvidadas.
—…Las tormentas que asolan año con año la región, no es más que la manifestación del poder del poderoso dios del trueno —Los ancianos del pueblo, con sus rostros surcados por el tiempo y el miedo, susurraban leyendas olvidadas.
Hablaban de un ser ancestral, una criatura de poder inmenso que duerme bajo las montañas de la zona.
—…Su furia es desatada en tormentas ya que se han olvidado de presentar sus respetos y ofrendas —dice otro de ellos.
—Las tormentas, son provocadas por un enorme dragón, de escamas tan oscuras como la noche y ojos que brillaban con la intensidad de un rayo —menciona una mujer anciana.
En las antiguas leyendas de ese mundo, no se trataba simplemente de una bestia, era un dios.
El dios de la tormenta, cuya furia era capaz de aniquilar civilizaciones enteras.
Su despertar, desencadenado por una alteración en el equilibrio mágico del mundo, representaba la verdadera causa de las tormentas colosales que ahora amenazaban con arrasar todo a su paso.
Por más descabellado que pudiera parecer hablar de un dios, ese mundo ya habitaba en un plano donde la realidad misma era un desafío constante.
Los estudiantes, acostumbrados a convivir con la magia y artefactos divinos, escuchaban las historias con atención reverente.
Dentro de la mente de Darren, Amelia yace a su lado.
Ambos comparten la cama, del mismo modo en que Emery lo hace en el mundo real; Amelia lo refleja en ese rincón mental que se ha convertido en su hogar.
—Amelia, ¿te ocurre algo?
Siento que algo te inquieta —pregunta Darren después de un momento de silencio.
Aunque siempre se expresa abierta y claramente con él, confiada porque puede leer cada uno de sus pensamientos, esta vez hay algo diferente.
Amelia rememora los momentos tiernos y apasionados que Darren ha vivido junto a Emery, esos instantes que ella ansía experimentar por sí misma.
La frustración la embarga e impulsada por el deseo de vivir aquello de forma real, se acerca más a él en la cama y lo besa.
Pese a que ocurre en su mente, Darren percibe cada sensación como si fuera palpable, como si el límite entre lo tangible y lo imaginario se desdibujaran.
—Sabes bien que estoy enamorada de ti —declara Amelia con firmeza después de separarse suavemente.
Sus ojos lo examinan detenidamente antes de continuar—.
Quiero algo más, Darren.
Quiero estar contigo como ella lo está.
Compartir cada momento contigo.
Construir una vida juntos, una familia…
Quiero ser tu esposa.
Darren se puso de pie, caminó inquieto por la habitación y luego regresó junto a Amelia, quien permanecía sentada en la cama.
—Amelia, has estado guiándome y preparándome durante todo este tiempo para crear un cuerpo para ti.
Ahora que mi cuerpo ha absorbido el núcleo de la lanza de Wiraqucha, ¿aún no soy capaz de hacerlo?
—No puedo asegurarlo, eso depende únicamente de ti —le respondió ella.
—En ese caso, cuando terminemos con esto, empezaré a entrenar para regresar al mundo real.
Y también, hablaré con Emery sobre ti.
Las palabras de Darren despertaron una intensa emoción y una chispa de alegría en Amelia.
Ella anhelaba con todas sus fuerzas regresar a la vida.
Sabía que Darren tenía el potencial para lograrlo.
Siendo que ya contaba con esa posibilidad.
Pero ahora, con el poder de la lanza en sus manos, la certeza de que lo conseguiría era absoluta.
Darren despertó y, al abrir los ojos, notó a su lado a una joven de belleza cautivadora.
Pensamientos cruzan por su cabeza.
Se acerca a su rostro y la besa en su mejilla.
Permaneció unos instantes observándola en silencio antes de encaminarse hacia las escaleras.
Al descender, cruzó el comedor y detuvo su andar frente a la ventana, dedicando unos segundos a asegurarse de que todo estuviera en calma afuera.
Satisfecho, continuó hacia el baño y dejó que el agua de la regadera lo envolviera.
Tras secarse cuidadosamente, conjuró nuevas prendas, tomándose su tiempo para vestirse pieza por pieza.
Una vez listo y preparado, salió al exterior desde su casa rodante.
Salió justamente cuando mencionan un relato sobre el enigma que envuelve a las tormentas.
Para Darren, aunque parezca improbable, ya no pertenece a su mundo original.
Por eso, la idea de la existencia de un dios o incluso un dios dragón ya no resulta difícil de aceptar.
Menos aún después de haber enfrentado a un dragón y a un semidiós, siendo que Alem obtuvo su poder cuando él destruyó un arma divina.
Ahora, él mismo se ha convertido en alguien que porta ese mismo poder.
Ahora se enfrentaba a la posible realidad de tener que enfrentarse al poder de la naturaleza desatada.
A una deidad antigua que de acuerdo a lo que escucho de un anciano, ha despertado una amenaza que será igual o peor, al enfrentamiento con Alem en su versión divina.
Darren se percata que aún falta mucho por terminar en aquel pueblo.
Pero si él se había agotado, aquellos jóvenes deben estarlo pasando mal.
Darren mandó a descansar a todos.
Al checar su reloj, vio que apenas eran las ocho de la noche.
Él había dormido alrededor de media hora.
Pero como aún quedan muchas personas por rescatar, él continuará por un rato más.
Emery se había despertado y se aproximó a Darren.
El le dijo que tome un baño para que se sienta mejor.
También le creó otro lindo conjunto de ropa para que se lo ponga.
Sin más que decir, regreso a la casa rodante, no sin antes darle un beso.
Lyra había estado observando a Darren con atención.
Cuando vio que Emery se alejaba hacia la casa rodante, decidió acercarse a él.
—Esa magia que usaste hace un momento, ¿qué tipo de hechizo era?
—preguntó con una mezcla de curiosidad e inocencia.
Había algo verdaderamente encantador en ella, aunque también era evidente que, a pesar de su corta edad, era una chica muy perspicaz.
—Preferiría que no hables de esto con nadie, Lyra —respondió Darren con seriedad.
—Por supuesto que no, magistrado Darren —replicó con una sonrisa traviesa—.
Aunque, si lo pienso bien, me encantaría tener algo como lo que lleva la princesa Emery.
Darren comprendió lo que insinuaba.
Sus palabras eran una solicitud implícita: quería que le diera un atuendo similar a cambio de su discreción.
Aunque bien pensado, no veía motivo para negárselo.
Después de todo, su ayuda había sido valiosa, y recompensarla no sería una mala idea.
—Por supuesto, gracias a ti he podido superar grandes dificultades y hasta me salvaste en el momento preciso —expresó mientras creaba para ella un atuendo especial: un encantador vestido amarillo que realzaba el brillo de sus ojos.
Además de incrementar sus atributos de defensa y potenciar su magia.
—Magistrado Darren, sería para mí un verdadero honor si pudiese recompensarme con una cita —propuso Lyra con firmeza, dejando al hombre completamente desconcertado.
—Lady Lyra, usted es parte de mis alumnos.
Además, tengo un compromiso formal con la princesa Em… —intentó explicar Darren, aunque Lyra lo interrumpió sin titubear.
—Curioso que lo mencione, porque un hombre de su posición puede permitirse tener varias esposas —replicó ella con una sonrisa sutil y desafiante.
Darren se llevó una mano al rostro, dejando escapar un suspiro mientras decía: —¿Ahora estamos hablando de matrimonio?
Amelia cruzó los brazos con una expresión de evidente disgusto; toda la escena le daba la sensación de estar perdiendo terreno frente a aquella joven de actitud pícara.
Con cierto aire de incomodidad, Darren extendió la ropa hacia Lyra, quien la tomó con entusiasmo antes de encaminarse hacia la casa rodante.
Con una sonrisa luminosa, Lyra se despidió animadamente.
—¡Con permiso!
Voy a cambiarme —dijo alegre mientras se alejaba.
Al verla marcharse, Amelia no pudo contener su malhumor y, sin rodeos, reprendió a Darren.
En su opinión, su falta de firmeza con las chicas estaba desencadenando este tipo de situaciones, al punto de que ahora otra joven se proponía para ser su esposa.
—Más te vale concentrarte en construir mi cuerpo rápido.
Al menos quiero ser la segunda esposa —declaró Amelia con firmeza.
—Entendido.
Así lo haré —respondió Darren sin titubear.
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