La Lagrima Carmesí: Renacimiento - Capítulo 18
- Inicio
- La Lagrima Carmesí: Renacimiento
- Capítulo 18 - 18 Capítulo 18 La calma después de la tormenta
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
18: Capítulo 18: La calma después de la tormenta 18: Capítulo 18: La calma después de la tormenta El aire seguía cargado con la energía residual de la batalla.
Un tenue olor a ozono impregnaba cada rincón del bosque, como un recordatorio palpable de la descarga eléctrica que había barrido el lugar.
El entorno mismo parecía aferrarse al rastro de destrucción dejada tras el enfrentamiento.
Darren, exhausto y con las piernas debilitadas, permanecía arrodillado, sus ojos firmemente cerrados mientras trataba de recuperar el aliento.
Lyra y Emery avanzaron hacia él, y sin dudarlo, ambas lo abrazaron con fuerza, un gesto que no pasó desapercibido para nadie.
Los caballeros presentes reconocieron a Emery como la princesa, lo cual les llenó de asombro.
Los estudiantes del gremio, por otro lado, intercambiaron miradas sorprendidas al notar el evidente afecto de Lyra hacia Darren.
Un momento de preocupación se dibujaba en los semblantes de todos frente a una escena tan inesperada.
Pues quienes sabían sobre la relación de Darren y Emery, no esperaban que lo permitiera.
Aunque sabían que no era momento para discutirlo.
Un hombre de mediana edad, con una armadura pulida que brillaba bajo la luz del sol, se abrió paso entre ellos.
Su rostro curtido mostraba una serenidad propia de los veteranos de innumerables batallas.
No tardó en presentarse con un marcado respeto en su voz: Sir Kael Denke Drach, líder de un pequeño destacamento de la Orden del Halcón Negro, una famosa compañía de caballeros exterminadores de dragones.
—Lamento el retraso —dijo Sir Kael con gravedad y un deje de calidez—.
Estábamos en camino hacia una misión cuando avistamos al dragón desde lejos.
Nos apresuramos todo lo que pudimos.
Parece ser que llegamos solo para contemplar el acto final.
Darren, aún extenuado por el agotamiento, intentó ponerse de pie pero le fue imposible debido a los brazos aferrados de Lyra y Emery que se rehusaban a soltarlo.
Con un esfuerzo visible elevó la mirada hacia Sir Kael.
—Agradecemos su ayuda, su intervención fue en verdad precisa —logró articular con voz ronca.
Alrededor de ellos, los demás caballeros inspeccionaban los restos del gigantesco dragón caído y observaban con gravedad la desolación que se había apoderado del área.
Sir Kael evaluó la situación antes de dirigirse nuevamente al grupo.
—Nuestro destino es el poblado de Valle del Roble.
Hemos recibido noticias sobre desbordes del río debido a las lluvias recientes y partimos para prestar asistencia.
Las palabras del caballero resonaron en el grupo, llevando a Emery y Lyra a cruzar miradas antes de que Emery respondiera, con paso decidido hacia adelante: —También nos dirigimos allí.
Aceptamos la misión en el gremio hace unos días.
Sir Kael frunció brevemente el ceño, contemplando las palabras de la joven princesa.
Reconociéndola como tal, hizo una reverencia ceremoniosa, gesto imitado enseguida por sus subordinados.
—Princesa, permítanos escoltarla para garantizar su seguridad —ofreció con solemnidad.
Emery levantó ligeramente el mentón, su tono cargado de firmeza.
—No es necesario —dijo pausadamente—.
Pero como ya habrán podido observar, Darren es el único capaz de garantizar mi seguridad como es debido.
Una sombra de reflexión cruzó el rostro endurecido de Sir Kael, quien eligió sus próximas palabras con precisión para prevenir molestar del todo a quien mató al dragón.
—Quizás sea cierto, alteza, pero incluso él tiene sus límites.
Apenas hace un momento siquiera podía sostenerse en pie —respondió con suavidad contenida, aunque firme en su postura.
La frustración asomó en los ojos de Emery al escuchar esas palabras.
—Lo admito —dijo sin vacilar—.
Pero ustedes no habrían derrotado al dragón por su cuenta.
Como todos pudieron presenciar, Darren fue quien lo venció por sí solo —replicó tajante, dejando claro su desacuerdo mientras una chispa de orgullo brillaba en su mirada decidida.
—Tal como lo mencionaste, Sir Kael.
No puedo garantizar su seguridad en todo momento, pero… —Darren hizo una breve pausa antes de continuar, observando el área a su alrededor.
Su gesto llevó a Sir Kael a imitarlo.
La zona estaba completamente arrasada por los estragos del combate—.
Nunca corrió peligro real.
Fue un error de mi parte que así pareciera, uno que no pienso repetir.
Las palabras de Darren dejaron a Sir Kael desconcertado.
A lo largo de toda su conversación, nunca había mostrado indicios de presunción, y tampoco parecía estar siendo arrogante en ese instante.
Por ende, Kael comprendió que debía ser verdad.
—Hace un rato, cuando atacabas… ¿Qué clase de magia utilizaste?
Cubriste una distancia enorme, algo que ni siquiera un caballo podría lograr con esa velocidad.
Además, tu magia atravesó las duras escamas del dragón y lo partió por la mitad.
¿Qué cambió esta vez en comparación con antes de nuestra llegada?
—preguntó Sir Kael, su mirada fija y llena de intriga.
—Por ahora, Sir Kael, todo eso es información que no puedo compartir.
Forma parte de un secreto real que no puedo revelar sin la aprobación de la princesa o del propio rey —respondió Darren con calma.
Kael miró a la princesa, quien asintió lo ya dicho.
—Entonces debo preguntarte algo más.
¿Qué tipo de relación tienes con la princesa?
¿Acaso el rey sabe que compartes semejante cercanía con ella?
—añadió Sir Kael, midiendo sus palabras.
—Sí, lo sabe.
Frente al rey, me reconocen como el prometido de la princesa.
Aunque aún no se ha hecho oficial —contestó Darren con claridad.
A pesar del tono inquisitivo del caballero, Darren se mantuvo firme y sereno.
Respondía con cortesía a todas las preguntas, sin demostrar perturbación alguna.
Después de todo, comprendía que su misión principal era salvaguardar a la princesa.
—En ese caso, deberíamos apurarnos en dirigirnos al pueblo.
Hemos perdido ya demasiado tiempo y los sobrevivientes necesitan asistencia —indicó Darren, dirigiendo su atención al grupo.
—Pero ustedes no tienen cahuayos, y el peso de su carruaje parece excesivo para los pocos que traemos con nosotros.
Sería más práctico llevar a la princesa y permitir que alguna doncella que lo desee nos acompañe —sugirió uno de los caballeros.
—No se preocupen por eso.
No necesitamos cahuayos.
Nos veremos en el pueblo —replicó Darren con seguridad.
Lo que los caballeros desconocían era que aquella casa rodante no dependía de animales para moverse.
Mientras se preparaban para partir, todos abordaron la casa rodante.
Los caballeros los observaban cautelosos mientras organizaban sus monturas, intrigados sobre cómo ese peculiar carruaje podría movilizarse.
Cuando encendió el motor, el potente sonido sobresaltó tanto a los cahuayos como a los mismísimos caballeros.
Emery y Lyra, al subir a bordo, fueron conducidas por las otras chicas al nivel superior de la casa rodante.
Allí, buscaban un poco de privacidad para hablar con ellas.
Darren sospechaba que estaban interesadas en indagar sobre lo que había ocurrido con Lyra y también en entender la relación de ésta con él.
Aunque no podía escuchar la conversación, noto cómo las chicas se sorprendieron por la reacción cuando Lyra llegó junto con Emery y lo abrazaron.
La casa rodante avanzaba sin contratiempos, deslizándose por el camino con fluidez.
Los caballeros, aún asombrados, miraban sin dar crédito a sus ojos mientras el vehículo se alejaba.
Era evidente que no podían alcanzarlo, lo que alimentaba su desconcierto; para ellos, aquello parecía una clase insólita de magia.
Darren encendió música para amenizar el viaje, aunque en realidad buscaba distraer a los demás y evitar preguntas incómodas.
Sin embargo, esa estrategia no desconcertó a Dante, quien no tardó en romper el silencio.
—Gran señor, por favor, cuénteme qué ocurrió con el dragón —preguntó Dante con una emoción casi palpable—.
¡Fue impresionante!
Aunque debo admitir que me asusté cuando detuvo aquel ataque con sus propias manos.
—¡Yo también me asusté!
Estaba seguro de que sería nuestro fin —agregó Marcus, un estudiante siempre correcto y aplicado, aunque sin mucho protagonismo.
—Yo quisiera saber qué era ese extraño brillo cuando luchó contra el dragón —añadió Kaelen, visiblemente emocionado.
Todos los chicos que estaban presentes empezaron a bombardearlo con preguntas sobre la batalla y el misterioso poder que habían presenciado.
El asombro parecía haberse apoderado de ellos.
Aunque responder no era tarea fácil, Darren trató de satisfacer su curiosidad mientras continuaban el camino.
Por otro lado, en la planta superior, Emery y Lyra también enfrentaban un interrogatorio, aunque mucho más personal.
Las chicas querían saber todos los detalles sobre lo que había pasado, pero en el fondo les interesaba algo más: descubrir qué tipo de relación existía entre Lyra y Darren.
Así transcurrió el trayecto, entre conversaciones y preguntas llenas de inquietud y curiosidad profunda, mientras la casa rodante se aproximaba al pueblo de Valle del Roble.
Una vez allí, descendieron de la casa rodante.
El lugar era aún más desolador que cualquier otro pueblo por el que habían pasado.
Todo estaba cubierto de lodo y árboles que habían sido arrancados desde la raíz.
Por más que inspeccionaron los alrededores, no había nada más que pudieran hacer.
Ni siquiera la llegada de la Orden del Halcón Negro rompió esa atmósfera sombría; llegaron solo para contemplar la lúgubre escena que se desplegaba ante ellos.
Cansados tras el enfrentamiento con el dios dragón, decidieron acampar en el sitio y recuperar fuerzas.
Mientras los caballeros exploraban la zona en busca de cualquier amenaza latente, Darren se puso manos a la obra para hacer la estadía más llevadera, ideando pequeños arreglos para la comodidad del grupo.
Los chicos no se quedaron atrás; recogieron leña para encender una fogata que pronto iluminó el entorno con su cálida luz y ayudaron a organizar todo para la cena.
Darren, ideando una forma de levantarles los ánimos, se dispuso a preparar algo sencillo pero reconfortante, optó por preparar unas hamburguesas.
La preparación sirvió como un momento de pausa, en el que todos pudieron relajarse alrededor del fuego y entablar charla.
Los caballeros compartieron historias de sus aventuras, mientras el grupo de jóvenes estudiantes escuchaba con atención, fascinados por los relatos llenos de peligros y gloria.
Al cabo de un rato, Emery se acercó a Darren con evidente inquietud.
Tenía algo importante que decirle, algo relacionado con lo ocurrido recientemente, especialmente en lo referente a Amelia.
—Darren, ¿puedo hablar contigo un momento?
—preguntó Emery, su tono apenas audible, cargado de inseguridad—.
Sobre cómo pude curarte… Fue Amelia quien me…
—No tienes que explicármelo, Emery —respondió Darren interrumpiéndola con una sonrisa serena mientras clavaba sus ojos en los de ella—.
Amelia ya me lo contó.
Sin embargo, ni ella ni yo entendemos aún cómo fuiste capaz de escucharla.
Ambos permanecieron un instante en silencio, las sombras del fuego bailando en sus rostros mientras miles de preguntas sin respuesta parecían quedar flotando entre ellos.
Lyra se sumó a la conversación con interés.
Tratando de hacer sentir mejor a Emery —Lo que hiciste, princesa, fue realmente impresionante.
Dominar una magia avanzada y salvar al hombre que amas es algo admirable.
Emery se encogió de hombros con humildad, mientras sus mejillas se teñían de un leve rubor.
—Sí, pero todo fue gracias a Amelia.
Ella me guió para aprender magia curativa, dándome consejos y explicándome cada paso con detalle.
Darren la miró, su expresión reflejando una nueva admiración.
—A pesar de todo, tú fuiste quien lo consiguió, Emery.
Eso habla del potencial enorme que tienes.
Y Amelia también está orgullosa de ti.
Y agradece tu ayuda.
La joven sonrió, sintiéndose un poco más tranquila.
—Prometo seguir practicando hasta perfeccionar cada hechizo que pueda ayudarte.
Unas lágrimas comenzaron a asomar en sus ojos, pero Darren, con cuidado, las secó antes de que resbalaran por sus mejillas.
Inspirada por todo lo ocurrido, Lyra decidió también esforzarse para aprender y dominar nuevos hechizos.
Habían entendido que, aunque Darren fuera fuerte y poseía un gran poder, también necesitaba el apoyo de ellas.
En un momento de la noche, Emery y Lyra cayeron rendidas en las sillas que Darren había construido para descansar junto a la fogata.
Primero cargó a Emery y la llevó a su cama.
Luego fue el turno de Lyra.
A ambas las acomodó con cuidado.
Percatandose de que era observado por los demás miembros del grupo.
Para ese momento, ya todos sabían que Lyra tenía la intención de convertirse en una de las esposas de Darren.
Cuando Darren regresó al fuego para retomar su lugar, Sir Kael vio la oportunidad de acercarse y entablar una conversación.
—¿Qué harán después de dejar este lugar?
—inquirió Kael.
—Nos dirigiremos de vuelta a la academia Nostromus.
¿Y ustedes?
—repuso Darren.
—Volveremos al condado de Falkeshire —respondió Kael, que hizo una pausa antes de continuar—.
Disculpe mi atrevimiento, pero ¿qué relación tiene con la doncella sanadora?
Me refiero a Lyra, si no me equivoco.
—Bueno, ella es mi alumna —respondió Darren con cierta incomodidad, sintiendo cómo la vergüenza lo invadía.
No podía ignorar que se consideraba demasiado mayor para ella—.
Parece haberse enamorado un poco, ya que…
bueno, tuve que salvarla en una situación delicada, aunque ella también me salvó a mí.
Como recompensa por su valentía, me pidió una cita para ver si podríamos congeniar.
—Entiendo…
entonces, no es algo definitivo aún —comentó Kael tras reflexionar un momento.
Acto seguido, dejó escapar un suspiro antes de continuar hablando—.
Si en verdad no tiene interés en ella, ¿me permitiría cortejarla?
Aprecio mucho sus talentos, y sería un honor contar con alguien así a mi lado.
La propuesta dejó a Darren sumido en sus pensamientos.
Era consciente de su apariencia física: lucía como un joven de diecisiete años, muy diferente a la venerable imagen de Kael, quien se veía firmemente mayor.
Sin embargo, una pregunta lo asaltaba: si Kael, un hombre con ese aspecto, se sentía con derecho a pretender a alguien tan joven como Lyra, ¿por qué él cargaba con tanta culpa al considerar algo similar?
Después de una breve pero intensa reflexión, llegó a la conclusión de que sería mejor mantener a Lyra cerca.
Cuando ella creciera un poco más, la aceptaría como su esposa.
—Lamento decepcionarlo, Sir Kael, pero tengo la intención de tomarla como mi prometida —respondió con un tono calmado, ocultando sus emociones internas.
Kael asintió una vez antes de atreverse a abrir otro tema sensible.
—Si ese es el caso, respetaré su decisión.
Sin embargo, me gustaría pedirle una última cosa: ¿podría usted alejarse de la princesa Emery?
—empezó Kael con cierta formalidad, pero antes de poder exponer completamente su solicitud, Darren lo interrumpió de manera decidida.
—Le ruego que no continúe por ese camino, Sir Kael —dijo Darren con frialdad contenida.
Sus palabras eran firmes pero marcadas por un visible esfuerzo por moderar su tono—.
Lo que ocurre entre Emery y yo no es algo que se pueda explicar fácilmente.
Es un asunto complejo y personal que escapa de cualquier discusión.
Aunque mantenía la fachada serena, internamente Darren se encontraba visiblemente molesto.
En medio de aquel incómodo momento, Sir Kael permanecía con una expresión cargada de tristeza.
Al llegar la noche, todos se prepararon para descansar.
Darren, de antemano, había dispuesto tiendas equipadas con camas para ellos.
Él también optó por retirarse a descansar.
Dentro de la casa rodante, eligió recostarse en la cama que pertenecía a Lyra.
Entretanto, en el mundo de Amelia, Darren apareció para compartir un descanso con ella.
Así concluía esa jornada.
A la mañana siguiente, Kael se despidió.
Sin mayor ceremonia, dio las instrucciones necesarias y partió junto a sus subordinados, diciendo: —No hay más asuntos que atender aquí.
Regresamos a Falkeshire para reportar lo sucedido.
Les deseo un buen viaje.
Con el peso de la desolación en sus hombros, el grupo emprendió el camino de regreso.
El viaje de vuelta fue silencioso, cada uno sumido en sus propios pensamientos.
La imagen de Valle del Roble arrasado se grabó en sus mentes, un recordatorio sombrío de la fragilidad de la vida y la impotencia ante ciertas fuerzas.
La academia, con sus muros protectores y su promesa de conocimiento, parecía ahora un refugio necesario, un lugar donde procesar la pérdida y quizás, encontrar la fuerza para enfrentar los desafíos que aún estaban por venir.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com