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La Lagrima Carmesí: Renacimiento - Capítulo 3

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3: Capítulo 3: Contratos, arreglos y problemas 3: Capítulo 3: Contratos, arreglos y problemas Al abrir los ojos, Darren se da cuenta de que Emery está dormida entre sus brazos.

Su expresión serena y delicada lo atrapa, dibujando una sonrisa en su rostro.

Con suavidad, acaricia su cabello mientras siente el peso de un vacío latente: la ausencia de sus hijos.

De repente, un nuevo recuerdo lo invade, una escena en la que los pequeños juegan felices y lo llaman “papá”.

Poco a poco, Emery despierta.

El aroma de Darren le transmite una paz inesperada, reconfortándola y llevándola a estrechar el abrazo.

En ese gesto encuentra el calor y la ternura que su vida había carecido.

Darren percibe esa necesidad latente en ella, y dentro de sí promete convertirse en el apoyo emocional que tanto busca.

Ese día, decide empezar a construirla a través de hábitos que contribuyan a su propio bienestar.

Gracias a su magia ha creado los elementos necesarios: cepillo de dientes, pasta dental, champú, jabón, esponja de baño, toallas suaves, crema para el cabello, loción corporal, perfume, y algunos productos que usará ocasionalmente y como se usan, como corresponde a una señorita.

Aunque al principio se siente abrumada por todas las tareas por realizar, termina aceptándolo, consciente de que es algo que Darren le ha pedido.

Mientras se duchaba, Darren diseñó varios atuendos para ella.

Eran trajes de estilo inglés, encantadores y pensados para resaltar su feminidad.

Además, les incorporó mejoras especiales que aumentarían sus habilidades y garantizarían su protección.

Al terminar su baño, ella salió envuelta en una toalla, dirigiéndose hacia la cama con la esperanza de encontrar a Darren cerca.

Sin embargo, él no estaba en la habitación.

Había ido a la cocina para preparar un delicioso desayuno, demostrando una vez más que la cocina era una de sus más valiosas destrezas.

En la cama había dejado varios atuendos para que Emery escogiera el que prefiriera.

Al volver con el desayuno, la encontró luciendo un elegante conjunto de color azul marino.

Darren pensó para sí mismo que tenía un gusto similar al de Eve.

—Te ves encantadora — le dijo Darren suavemente.

Esas palabras lograron arrancarle un leve sonrojo a Emery, aunque al mismo tiempo hicieron que se sintiera profundamente feliz.

Ella dirigió la mirada hacia la bandeja de comida que Darren traía consigo.

Aunque no reconocía todos los platillos, se veía intrigada.

Darren, notando su curiosidad, comenzó a explicarle con detalle: en la bandeja había un omelet americano con finas hierbas, acompañado de tostadas de pan con mantequilla y ajo.

También incluía pollo a la plancha cubierto con una suave crema de champiñones, servido con papas en gajo, arroz frito sencillo y una porción de vegetales.

En cuanto a la bebida, había preparado un delicioso jugo de naranja.

Después de que terminaron, emprendieron su recorrido para que Emery asistiera a sus clases.

Durante el camino, Darren se separó de ella, ya que tenía planeado dirigirse a las afueras del pueblo para entrenar.

Aunque la separación no le resultaba agradable, ella comprendía la necesidad de que Darren entrenara.

Él le aseguró que no debía preocuparse más, pues después de lo sucedido el otro día, nadie volvería a molestarla.

Mientras estaban solos, Amelia aprovechó para preguntarle sobre sus planes.

Darren le explicó que, por el momento, su intención se limitaba a cuidar de la niña mientras buscaba alguna forma de regresar a su propio mundo.

Con un aire melancólico, Amelia le confesó que, aunque lograra encontrar el modo de volver, preferiría que no se marchara.

No estaba segura de si podría acompañarlo y, si él se iba, tanto ella como Emery volverían a quedarse solas.

De hecho, Amelia había notado el lazo emocional que Emery empezaba a desarrollar hacia Darren.

Sus palabras lo hicieron reflexionar profundamente, ya que entendía bien lo que era enfrentarse a la soledad.

Cuando llegaron al lugar destinado para el entrenamiento, un sitio apartado y tranquilo lejos del bullicio del pueblo, Darren se sintió en un ambiente ideal para concentrarse.

Amelia comenzó guiándolo con técnicas básicas para que se adaptará gradualmente y desarrollara resistencia mágica.

Así también pudo evaluar su capacidad natural y ayudarle a mejorar la velocidad al momento de conjurar hechizos.

Durante el entrenamiento, Darren le hacía preguntas sobre su vida, intentando conocerla mejor.

Sin embargo, Amelia solía adoptar una actitud melancólica al recordar su pasado.

A pesar de ello, como tenía la capacidad de acceder a los recuerdos de él, decidió compartir detalles con el mismo nivel de apertura.

Comenzó hablando sobre su etapa como una maga reconocida, destacando especialmente sus logros en el campo de la investigación mágica.

Su habilidad para desarrollar hechizos complejos y explorar un tipo de magia singular la había convertido en alguien excepcional.

Esa magia especial, precisamente, era la misma que Darren dominaba: la magia de creación.

Aunque su talento la había llevado a ser una prodigio, esa extraordinaria capacidad también la condenó a una vida marcada por la soledad.

Nunca tuvo amigos, y menos aún alguien con quien compartir amor.

En aquel entonces, sin embargo, estaba convencida de que era feliz.

Amelia había sido huérfana; sus padres murieron cuando ella aún era una niña.

No obstante, una familia adinerada y sin hijos, fascinada por su potencial, decidió adoptarla y darle un hogar.

Darren percibía el peso de la tristeza en sus palabras, una melancolía que nadie más podía entender.

Ella solo contaba con él, y Darren sabía cuánta soledad y sufrimiento había cargado durante tanto tiempo.

Amelia compartió con él: durante el tiempo que estuvo viva, desde el momento en que fue adoptada, dedicó su vida a estudiar exclusivamente la magia.

Mientras escuchaba a Amelia, Darren no pudo evitar reflexionar sobre su propia vida.

Aunque también estuvo marcada por años de estudio, no fue una existencia solitaria.

Había disfrutado de momentos llenos de significado junto a sus amigos, su esposa y sus hijos, quienes le brindaron dicha y alegría.

Más tarde ese día, al finalizar su entrenamiento, notó que ya era más del mediodía.

Para precisar mejor la hora, creó un reloj de pulsera con su magia.

Al ver que era un buen momento, dedujo que Emery estaría disponible para almorzar.

Antes de partir, Amelia le rogó que no mencionara nada de ella a nadie.

Ya de por sí, es suficientemente problemático que fuera un familiar de linaje humano con habilidades mágicas únicas que superaban las capacidades normales, además de contar con un extraordinario nivel de energía mágica.

Pero la situación se tornaría aún más compleja si se llegara a descubrir que también mantiene un vínculo directo con el espíritu de una antigua y poderosa maga.

Al regresar, Darren se cruzó con Emery en el camino, poco después de llegar al poblado.

Ella, visiblemente emocionada, esbozó una amplia sonrisa y corrió a abrazarlo con entusiasmo.

Darren respondió con un gesto afectuoso, colocando su mano sobre su cabeza y acariciándola suavemente.

Luego, le propuso ir a comer juntos, así que se dirigieron al mesón donde habían estado la vez anterior.

Al llegar al lugar, apenas apareció la mesera para atenderlos, Darren hizo un pedido inusual: solicitó permiso para cocinar él mismo.

Aunque aún pagaron por el servicio, explicó que prefería preparar la comida a su manera.

Después de alguna insistencia, finalmente aceptaron su propuesta.

En la cocina, Darren elaboró un banquete que consistía en filetes cocinados con mantequilla y hierbas finas, bañados en una salsa especial; puré de papas con gravy; pechuga de pollo a la plancha acompañada de gachas fritas; y, como bebida, un fresco jugo de fresa en lugar de vino.

Su habilidad en la cocina no tardó en captar la atención de los presentes.

El cocinero del mesón, quien también resultaba ser el dueño del lugar, probó los platillos de Darren y quedó completamente maravillado con su sabor.

Sin embargo, no fue el único impresionado: el aroma de la comida se propagó rápidamente y atrajo la curiosidad de otros clientes allí presentes.

Muchos comenzaron a preguntar si podían pedir las exquisiteces que Darren había preparado.

Observando esta oportunidad, el dueño del mesón le ofreció cinco florines a cambio de las recetas que tanto éxito estaban generando.

No obstante, Darren —experto en negocios y consciente del valor de sus habilidades culinarias— rechazó la oferta inicial.

Señaló que, aun vendiendo las recetas, el mesón continuaría generando enormes ganancias durante años, por lo que el precio debía reflejar ese beneficio potencial.

Aseguró además que, si no llegaban a un acuerdo justo, él mismo abriría su propio mesón.

Finalmente, propuso un trato: cedería las recetas a cambio de diez mil florines en cinco cuotas.

Siendo así, aceptó encantado.

Aunque al principio el dueño consideró excesiva la cifra, pronto comprendió la magnitud de la oportunidad.

Los clientes seguían llegando atraídos por el irresistible aroma de los platos.

Abortando cualquier reticencia inicial, evaluó el impacto futuro: si no aceptaba el trato, Darren podría abrir un negocio propio y arruinarlo financieramente.

Decidido a no correr riesgos, accedió a los términos impuestos por el astuto cocinero.

Después de firmar el contrato respectivo, Darren procedió a dictar detalladamente las recetas y las cantidades necesarias para replicar cada uno de los platillos.

Así sellaron el trato que garantiza prosperidad al mesón y una valiosa ganancia para Darren.

Emery se encontraba impresionada por la destreza de Darren en las negociaciones.

Nunca se había imaginado cómo funcionaban los tratos comerciales, y ahora sentía una mezcla de curiosidad y admiración por él.

Con cierta intriga, se animó a preguntarle: ¿Qué harás con ese dinero, Darren?

¿Qué es lo que realmente buscas?

Darren reflexionó antes de responder.

En su mente estaba claro lo que quería: recursos para mantenerse a flote en un mundo que podía ser implacable.

Sin embargo, también tenía en claro algo más: no deseaba depender ni de Emery ni de nadie más.

Así que le explicó con serenidad que un hombre debía hallar la manera de proveer para sí mismo y para su familia.

Aunque reconocía que ella era una princesa y contaba con una vasta fortuna a su disposición, su deseo era ser quien provea lo necesario para ambos.

Mientras lo escuchaba, Emery no pudo evitar pensar: Es un hombre peculiar.

Luego de terminar de comer, Darren acompañó a Emery de regreso a la academia para que reanudara sus clases.

Como de costumbre, tuvo dificultad para separarse de él, pero la consoló diciéndole que esta vez sería por menos tiempo.

Otra vez percibió esa incómoda sensación de estar siendo observado.

Reflexionó sobre ello, pensando que quizá se trataba de guardias encargados de protegerla, aunque también cabía la posibilidad de que fueran agentes con intenciones de secuestrarla.

Sin embargo, descartó esa idea, pues si ese fuera el caso, ya habrían intentado algo.

Sin mucho más en mente, volvió al área de entrenamiento.

Mientras tanto, Amelia hablaba con entusiasmo acerca de lo deliciosa que era la comida que había preparado.

Además, aunque reconocía el esfuerzo de Darren por querer trabajar y generar ingresos, le señaló que su vínculo como familiar de Emery lo mantenía ligado a ella.

Siendo Emery una princesa, él tendría que permanecer siempre a su lado, lo que hacía que cualquier dinero ganado careciera de utilidad para él.

Finalmente, Darren dejó escapar una pregunta que llevaba tiempo rondando por su cabeza.

—Amelia, ¿existe alguna forma de dejar de ser un familiar?

Al no obtener respuesta, Amelia instó a buscar esa alternativa.

De ese modo, Darren podría moverse con libertad en ese mundo.

Sin embargo, hay algo que ella no revela, un pensamiento oculto y profundamente arraigado en su conciencia.

Durante miles de años había esperado a alguien con habilidades similares a las suyas para poder regresar.

Pero desde que habitaba en su mente, había tenido acceso a todos sus recuerdos, lo que le hacía sentir como si hubiese estado a su lado desde siempre, viviendo cada experiencia junto a él.

Ahora, un vínculo irrompible les unía.

A partir de entonces, establecieron una rutina.

Emery asistía a sus clases mientras Darren entrenaba con Amelia.

Se reunían para comer y, al finalizar el entrenamiento, compartían las noches juntos, envueltos en sueños cálidos que les ofrecían consuelo mutuo.

Así, día tras día, fortalecían el lazo que los unía como familiar y maestra.

Así transcurrieron dieciséis días.

Tanto Emery como Amelia estaban asombradas por el progreso que Darren había alcanzado.

Incluso en el manejo de hechizos elementales avanzados, como los de creación, su destreza resultaba impresionante.

Esto era fruto no solo de las enseñanzas de Amelia, sino también de las capacidades innatas que Darren ya poseía.

Su mayor fortaleza residía en su rapidez para aprender y dominar cualquier habilidad que se propusiera.

Para evaluar su progreso, Darren decidió probarse en las instalaciones de la academia.

Al verificar que una de las salas de entrenamiento estaba disponible, ingresó en ella y comenzó a practicar.

Usó el equipo del lugar para poner en práctica la variedad de hechizos que había aprendido durante ese tiempo.

Sin embargo, no centró sus experimentos en el poder destructivo de los hechizos, sino en aspectos más complejos: combinaciones, cantidad de hechizos simultáneos, refuerzos, y distintos tipos de creaciones mágicas que podía realizar.

Al finalizar, Amelia lo felicitó por los resultados obtenidos.

Luego de ese momento, Darren se dirigió a ella con seriedad.

—Dime, Amelia.

¿Por qué estás ayudándome?

¿Qué es lo que realmente deseas?

¿Qué esperas ganar con todo esto?

Darren esperó en silencio mientras Amelia permanecía muda, sumida en sus pensamientos durante varios minutos.

—No quiero que me malinterpretes, Amelia.

Solo intento entender tus motivos.

Quiero saber cómo puedo devolverte el favor —añadió él con sinceridad al notar su gesto reflexivo.

A Darren no le importaba que lo utilizaran para alcanzar algún propósito, siempre y cuando no fuese algo malintencionado.

Finalmente, Amelia se armó de valor para explicarle sus motivos por los cuales decidió ayudarlo.

Le reveló que, a lo largo de su vida, había dedicado sus estudios a la magia.

Sin embargo, existían tipos de magia más allá de lo extraordinario, cuya esencia era la creación, espacial, temporal y destrucción.

Su naturaleza era tan destructiva que el conjurador que la empleara inevitablemente perecería.

En un momento determinado, apareció un enemigo que nadie podía derrotar.

Fue una batalla sin igual.

Causó miles de muertes.

Tras meditarlo detenidamente, se dio una oportunidad durante la batalla.

No había otra opción.

Tanto ese ser como yo, terminamos desintegrados.

Ignoro si a ese ser le ocurrió lo mismo que a mí, pero cuando percibí tu esencia mágica al entrar en este mundo, sentí un impulso por conocerte.

Al darme cuenta de que podías escucharme, me sentí feliz.

Por eso decidí permanecer contigo.

Al menos así ya no estaría sola y tendría con quien hablar.

Cuando habite tu mente y experimenté la esencia mágica en tu cuerpo, reconocí que albergabas la misma naturaleza mágica que yo.

No sólo eso: entendí que tú también podrías lograr manejar la magia de creación.

Por lo que te enseñaría lo que sé.

Sin embargo, al explorar tu mundo a través de tus recuerdos, descubrí algo crucial: existiría una oportunidad para que pudieras reconstruir mi cuerpo si utilizaras esa magia.

En tu mundo, la clonación es posible gracias a los avances científicos.

Tal vez aquí no contamos con una tecnología tan desarrollada como la que tienen ustedes, pero la magia de creación puede desempeñar un papel similar.

Los mismos principios que permiten formar un objeto también pueden aplicarse para dar forma a un cuerpo.

A la mañana siguiente, durante el desayuno, en los pasillos había mucho movimiento constante.

Los estudiantes corrían hacia los pisos inferiores, pero ellos decidieron no prestarle demasiada atención.

Al parecer, alguien había informado a los demás estudiantes para reunirse en el gran salón, aunque ellos no fueron avisados.

En aquel lugar, los maestros ya estaban congregados junto al director.

Los alumnos comenzaron a tomar sus lugares y se posicionaron firmes, como si esperaran algún anuncio importante o la llegada de una figura destacada.

Un grupo de hombres ingresó al salón, colocándose estratégicamente entre los estudiantes para formar un pasillo que conectaba la entrada con el lugar donde estaba el director.

Poco después, apareció un segundo grupo más reducido que avanzó hacia el área destinada a los maestros.

Finalmente, una escolta de guardias de alto rango hizo su entrada, protegiendo a un individuo de porte majestuoso, vestido con una capa y portando una corona de oro decorada con relucientes joyas.

Su mirada recorrió a los estudiantes, como si buscara identificar a alguien en particular entre ellos.

Al llegar al lugar donde estaba el director, este lo recibió con una calidez como si fueran viejos conocidos.

Luego se giró hacia los estudiantes, quienes le hicieron una reverencia cargada de respeto.

Aquellos que anteriormente habían intimidado a Emery no podían disimular el temor que les producía la presencia del rey, ya que este resultaba ser su padre.

Más temprano, ese mismo grupo había sido regañado por el profesor Daniel, ya que habían ido a quejarse de que el familiar de Emery los había atacado, lo que terminó provocando que Darren le propinara una paliza al maestro.

El rey preguntó entonces por la princesa, lo que puso en una situación incómoda a los maestros, pues no habían notado su ausencia.

Solo pudieron ofrecer disculpas mientras se disponían a ordenar que llamaran a Emery.

Sin embargo, el rey los interrumpió, anunciando que prefería ir personalmente a buscarla.

Además, deseaba aprovechar la oportunidad para conversar con ella en privado, mientras ellos permanecían esperando allí.

Emery y Darren terminaban de desayunar en silencio.

Ella seguía maravillada por lo que había probado; jamás en su vida había degustado algo tan extraordinario.

La habilidad de Darren en la cocina estaba en un nivel completamente distinto, y eso la hacía sonreír de forma involuntaria.

Sin embargo, aquel momento de calma le recordó que tenía asuntos que atender después de la comida.

Darren, por su parte, comenzó a recoger los platos y los vasos con serenidad.

Justo cuando se disponía a llevarlos al escritorio, el sonido firme y repentino de golpes en la puerta interrumpió la tranquilidad.

Con la charola aún en las manos, Darren anunció calmadamente que abriría en seguida, esperando tener el tiempo necesario para colocarla antes de atender la puerta.

Lo que ninguno de ellos esperaba era que, al otro lado, estuviera el guardia personal del rey.

Este, al escuchar una voz masculina dentro de los aposentos de la princesa, no dudó en irrumpir sin previo aviso, seguido por otros hombres armados.

La brusquedad de la situación dejó perplejo a Darren.

En su mente, lo primero que pensó fue que se trataba de un intento de ataque o un secuestro dirigido hacia Emery.

Instintivamente, llevó su mano izquierda hacia su espalda, de donde apareció una daga creada discretamente a través de magia, procurando no revelar aquella habilidad oculta.

El choque no tardó en llegar.

Uno de los hombres, joven y armado con una espada, se arrojó directamente contra él.

Darren detuvo el ataque con precisión usando la daga y, con un golpe certero de su mano libre, logró hacerlo retroceder hasta caer sobre su espalda.

Sin darle respiro, otros dos hombres avanzaron para someterlo.

Pero con una rapidez que parecía sobrehumana, Darren los hizo caer también con el hábil movimiento de sus piernas.

El ambiente se tornó tenso y expectante tras aquella demostración de destreza.

Fue entonces cuando otro hombre cruzó el umbral de la puerta: el mismísimo rey, espada en mano.

Darren frenó cualquier movimiento al identificar la corona que adornaba la cabeza del recién llegado.

Durante un segundo eterno, lo observó confundido, intentando descifrar quién era exactamente y qué significaba todo aquello.

Emery, al escuchar cómo la puerta se abría violentamente, se refugia de rodillas junto a un lateral de la cama.

Incapaz de identificar a los atacantes de Darren, observa impresionada cómo este despliega sus habilidades de combate con una precisión devastadora.

En cuestión de segundos, logra abatir a tres hombres sin esfuerzo aparente.

Sin embargo, el aliento de Emery se detiene en seco cuando fija su mirada en el cuarto atacante.

Sus ojos se abren de par en par y, dominada por la incredulidad, su voz apenas alcanza para pronunciar aquel grito desgarrador: ¡Papá!

Darren, al escuchar el grito de Emery revelando la identidad del recién llegado, intenta detener el enfrentamiento en el acto.

Sin embargo, el rey no entrega tregua alguna y sigue agitando su espada con ferocidad.

Consciente de que cada segundo cuenta, Darren actúa con rapidez y precisión—una patada perfectamente calculada alcanza la mano del monarca, haciendo que su arma choque contra el suelo.

Sin darle tiempo para reaccionar, Darren continúa en movimiento; ejecuta un giro fluido e inverso que envía al rey al suelo en un desplome inevitable.

Desde ahí, el rey contempla a su oponente con una mezcla de sorpresa y molestia, admirando sin querer las habilidades del hombre que tiene frente a él.

Pero su postura rígida y determinados ojos dejan claro que no tiene intención de rendirse todavía.

Al intuir el inminente peligro de otra ofensiva, Emery, decidida, se incorpora de un salto y corre para interponerse entre ambos.

Con palabras atropelladas pero sinceras, suplica a su padre que detenga todo intento de ataque.

“¡Cómo te atreves a pedirme eso!

Eres una princesa y estás comprometida”.

Fue lo primero que rugió el padre de Emery al entrar con furia contenida.

Su voz resonó con una autoridad que hacía temblar las paredes, mientras sus ojos la atravesaban con indignación.

“Los guardias, encargados de vigilarte, me han informado que te vieron paseando con un hombre”.

Y allí estaba el problema.

Todo se había malinterpretado, exactamente el escenario que Darren temía.

Aunque aquel hombre fuera un simple familiar, su presencia desencadenó un juicio equivocado.

Darren intentó calmar los ánimos, explicando que no había razón para malentender la situación.

Pero el rey, altivo y tajante, no quiso escuchar.

Le recordó que no tenía ningún derecho a inmiscuirse en asuntos de la familia real.

Sin embargo, Emery interrumpió, llamando a Darren su familia de forma decidida, como si esas palabras fueran más profundas de lo que simples oídos podían captar.

Fue ahí cuando el rey interpretó lo inevitable: su hija hablaba como si ya lo considerara un esposo.

La ira se encendió con más fuerza en su interior y decidió reaccionar.

Con gesto iracundo, levantó su mano dispuesto a abofetearla.

Pero antes de que siquiera pudiera cumplir el movimiento, Darren intervino.

Se movió con tal rapidez que detuvo la mano a escasos centímetros del rostro de Emery.

Todo sucedió en un parpadeo.

En ese instante, el ambiente pareció ponerse más denso.

El rey pudo percibir algo extraño en Darren, una energía latente y poderosa que lo desarmó por completo, llenándolo de un temor inusual.

Darren fue consciente de ello y con gran esfuerzo reprimió esa aura imponente.

Con un tono calmado pero decidido, tomó la iniciativa y solicitó hablar a solas con él.

Necesitaba que el rey le escuchara con atención, que entendiera antes de emitir un juicio sobre aquello que, en su totalidad, escapaba aún de su comprensión.

Emery y los soldados abandonaron la habitación, dejando solamente a Darren y al Rey Damian frente a frente.

Darren entendía el desasosiego del monarca; él también era padre de una adolescente y sabía que, en circunstancias similares, habría reaccionado de igual manera.

Antes de decir cualquier cosa, Darren decidió presentarse debidamente.

Explicó quién era, porque estaba en ese lugar y cuál era su propósito.

La revelación tomó al rey por sorpresa, aunque, poco a poco, comenzó a comprender que aquel hombre era el familiar de su hija.

Sin embargo, la situación seguía siendo inusual y desconcertante; no terminaba de asimilar cómo alguien como Darren podía encajar en aquella situación.

A pesar de esas interrogantes, se alivió al saber que su hija estaba segura.

Conforme avanzaba la conversación, el Rey Damian empezó a mostrarse más abierto y confiado con Darren.

Dado que ya había comprobado personalmente su habilidad y fuerza, por lo que le agradaba saber que su hija tenía alguien como él para protegerla.

Por lo mismo, llegó a pedirle apoyo para resolver algunos asuntos críticos que afectan al reino, claro está, bajo la condición de obtener el consentimiento de Emery y asegurarse de que dichas tareas no contravinieran sus principios ni valores.

El Rey Damian indicó que le enviaría información detallada sobre las locaciones relacionadas con esas problemáticas.

Parecía dispuesto a dejar la sala cuando Darren lo detuvo con un inesperado ruego.

El monarca prestó atención a sus palabras, intrigado por lo que un familiar o persona vinculada a la familia real podría solicitar.

Fue entonces cuando Darren expresó su petición: la anulación del compromiso matrimonial de Emery.

Explicando que aquel hombre, no era digno de su hija, ni de él.

El Rey Damian había anticipado algo similar, y su reacción no fue del todo inesperada.

Sin embargo, respondió con firmeza que si Darren deseaba liberar a Emery de dicha unión, tendría que ganarse primero un reconocimiento como héroe dentro del reino para tener la mano de su hija.

Resuelto, Darren aclaró que no estaba solicitando la mano de Emery.

Lo único que le importaba era que ella tuviese la libertad de elegir con quién casarse en lugar de verse obligada y que no los utilice para sus fines ni a ella o él.

Todo esto resultaba profundamente molesto para Amelia, así que no dudó en manifestar su desacuerdo a Darren.

Sin embargo, ¿qué más podía decirle ella?

Emery se encontraba en la edad típica de una chica para contraer matrimonio, y él era, sin lugar a dudas, alguien que aportaría beneficios al reino.

Ante las palabras del Rey Darren intentó ofrecer argumentos para defender su postura, señalando que él no es más que un simple familiar proveniente de un mundo completamente distinto al suyo.

Explicó que su vínculo con Emery nace de un afecto diferente, llenando el vacío dejado por la pérdida de su familia en su anterior vida.

Sin embargo, el rey respondió con firmeza, recordando que la realeza no funciona bajo esos principios.

Su enfoque está en el futuro del reino y la continuidad de su linaje, y Emery forma parte de ese deber.

Si Darren deseaba liberarla de esa responsabilidad, debía hacerlo siguiendo las reglas establecidas.

Por lo que él puede brindarle la seguridad que desea para ella.

Antes de retirarse, el rey añadió con un tono solemne: “Un rey no puede desafiar las leyes que ya han sido dictadas, pero un padre tiene la obligación de buscar lo mejor para su hija.

Por eso, te encomiendo esta misión.” Además, sostuvo que no se le puede considerar un simple familiar, ya que no existe precedente alguno en su caso.

Por ello, lo percibe como alguien de extraordinario valor, comparable a una joya sin pulir.

Es necesario dedicar tiempo a pulirlo y dejarlo brillar, porque solo entonces podrán apreciar su verdadero mérito.

Darren comprende y valora profundamente lo que le han dicho.

Sin embargo, ¿realmente está listo para asumir el papel que le exigen?

Incluso Amelia se siente irritada por el peso de la responsabilidad que recae sobre él.

A pesar de todo, ambos son conscientes de que solo esta alternativa podrá liberarle de las cadenas que le aguardan.

Al salir, Darren evitaba cruzar la mirada con Emery.

Deseaba aprovechar que su padre se encontraba presente para hablar con él, pero el rey, anticipándose, mencionó que ya había conversado con Darren, haciendo innecesarias más palabras.

Sin embargo, le dejó un mensaje adicional: debía apresurarse y lograr convertirse en un héroe.

Con ese comentario flotando en el ambiente, Emery no lograba comprender lo ocurrido.

Darren, por su parte, optó por mantener el asunto en secreto, evitando que ella se enterara.

Su intención era ahorrarse posibles situaciones incómodas entre ambos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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