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La Lagrima Carmesí: Renacimiento - Capítulo 4

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  3. Capítulo 4 - 4 Capítulo 4 Un corazón dividido
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4: Capítulo 4: Un corazón dividido 4: Capítulo 4: Un corazón dividido Después de la conversación con el padre de Emery, Darren había estado meditando sobre lo que haría.

Tenía que decidir el camino a seguir.

Podía convertirse en un héroe, como el rey le había exigido, y así liberar a Emery de un matrimonio no deseado, o podría ser el esclavo de aquel bastardo con el que se casaría y tener un destino que le repugnaba.

La elección, aunque aparentemente clara, pesaba sobre él con la fuerza de dos mundos.

Amelia, por su parte, también se encontraba en un conflicto.

La idea de que Darren se casará con Emery no le agradaba, pero si Darren era doblegado por ser el familiar de Emery, ella también lo sería.

Comprendía el desconcierto y el conflicto que embargaba a Darren, y sabía que la decisión que tomará afectaría el futuro de los tres.

—No tienes que decidir ahora, Darren —le dijo Amelia con una voz suave que resonaba en su mente—.

Tómate tu tiempo.

Piensa en lo que realmente quieres.

Darren apreció el consejo de Amelia.

Sabía que tenía que pensar con claridad, pero las emociones que lo embargaban le nublaban el juicio.

Por un lado, sentía un profundo afecto por Emery.

La veía como un reemplazo de sus hijas, a la que quería proteger a toda costa.

La idea de que se casara con un hombre al que despreciaba le revolvía el estómago.

Por otro lado, su corazón anhelaba regresar a su mundo, a su familia.

Cada día que pasaba en ese mundo era un día más lejos de sus hijos, de su esposa, de la vida que había construido.

Decidió que, por el momento, se centraría en entrenar y en fortalecer sus habilidades.

Si iba a convertirse en un héroe, necesitaría ser más fuerte.

Además, el entrenamiento le ayudaría a despejar la mente y a poner en orden sus pensamientos.

Los días siguientes, Darren se dedicó en cuerpo y alma a su entrenamiento.

Con la ayuda de Amelia, exploró los límites de su magia, aprendiendo a combinar hechizos, a crear objetos más complejos y a controlar su inmenso poder.

Emery, al verlo tan decidido, se sintió inspirada y también se esforzó más en sus estudios de magia.

Juntos, se convirtieron en un equipo formidable, apoyándose y animándose mutuamente.

Había algo en Darren que siempre desconcertaba a Emery.

Había notado que, en más de una ocasión, parecía hablar consigo mismo.

Además, le resultaba intrigante cómo había aprendido a dominar la magia sin ayuda de nadie, como si esos conocimientos se hubieran manifestado por arte de magia.

Toda esta singularidad no había pasado desapercibida para los demás.

Incluso durante las clases, Darren solía llamar la atención, despertando tanta curiosidad como admiración.

Por su parte, Emery, ávida de mejorar sus habilidades, decidió inscribirse en un curso adicional enfocado en el entrenamiento mágico con familiares.

En dicha clase se trabajaba la coordinación entre mago y familiar según sus capacidades mágicas, ya fueran ofensivas o defensivas, para complementar sus roles en combate.

En ese contexto, Darren asumió la posición estratégica de apoyo y defensa, mientras Emery se enfocaba en lanzar feroces ataques con sus hechizos.

Juntos lograron encadenar victoria tras victoria, estableciendo una conexión armoniosa.

Una tarde, mientras practicaban en una de las austeras salas de entrenamiento de la academia, Emery, con el ceño fruncido y una actitud inusualmente seria, se acercó a Darren.

—Darren, he estado pensando…

—empezó a decir con una voz más sosegada y madura que de costumbre—.

Me gustaría que me hablaras más.

¿Qué quiso decir mi padre cuando mencionó que debes convertirte en un héroe?

Amelia insistía en que tenía derecho a saber lo que estaba ocurriendo.

Admitía que tampoco le entusiasmaba la idea de que él se casara con Emery, pero, según ella, la única alternativa era peor: ambos acabarían siendo prisioneros de la pareja que Emery formará con otra persona.

Darren, en cambio, le comentó que podía abandonarlo para evitar que ella sufriera el mismo destino.

Amelia, sin embargo, afirmaba con determinación que jamás lo abandonaría.

Mientras el tenso intercambio de palabras continuaba, Emery observaba a Darren con atención.

Había notado ciertos gestos y comportamientos que él solo mostraba cuando estaba con Amelia.

Aunque algo en esa interacción le resultaba extraño, no lograba descifrar qué era exactamente.

—Darren, ¿es que no confías en mí?

—Emery sentía una mezcla de frustración y desasosiego ante la distancia inexplicable que percibía entre ambos.

—Claro que confío en ti —respondió él con firmeza —.

Eres una de las personas en las que más confío.

—Entonces, sé sincero conmigo.

Dime qué está sucediendo.

Hay momentos en los que te callas, pero puedo sentir que algo ocurre… Solo que no consigo descifrarlo.

Quiero ser la mujer que esté siempre a tu lado, apoyándote… Darren la miró, sorprendido por sus palabras.

Vio en sus ojos una determinación que no había visto antes.

Emery estaba creciendo, se estaba convirtiendo en una mujer fuerte y decidida.

—Darren, dile la verdad…

—.

Amelia había intentado transmitir su pensamiento, pero no logró expresarse con claridad.

Así que Darren optó por compartir lo que había interpretado de sus palabras.

Darren le contó a Emery que, poco después de llegar a ese mundo, un espíritu le había ofrecido su apoyo y conocimientos en magia.

Ese encuentro fue crucial, pues fue ese espíritu quien le enseñó a utilizar la magia.

Amelia trató de aclarar que aquello no era lo que quería que él explicara, pero la conversación ya había tomado otro rumbo y era demasiado tarde para corregirlo.

Emery, trató de entender lo dicho.

Y Darren añadió rápidamente —.

Hable con tu padre sobre tu compromiso.

Y me dijo que, para cancelarlo, necesito realizar actos para ser reconocido como un héroe.

—No lo hago solo por ti, Emery —le respondió con sinceridad—.

Lo hago porque es lo correcto.

Y porque no pienso dejar que te cases con alguien a quien no amas.

Las palabras de Darren conmovieron a Emery.

Sintió una oleada de gratitud y afecto hacia él.

Se acercó y lo abrazó con fuerza, un gesto que decía más que mil palabras.

Darren le devolvió el abrazo, sintiendo una calidez que le reconfortaba el alma.

En ese momento, supo que, sin importar lo que el futuro le deparará, no estaba solo.

Tenía a Emery, y tenía a Amelia.

Y juntos, enfrentarían cualquier desafío que se les presentara.

El camino para convertirse en un héroe no sería fácil, pero Darren estaba decidido a recorrerlo.

Por Emery, por sí mismo, y por la promesa de un futuro en el que ambos pudieran ser libres y felices.

Emery retomó el tema de Amelia, mostrando un claro interés por conocer más detalles.

Aunque Darren intentó esquivar la conversación, ya no había manera de evitarlo.

Terminó por relatar cómo había comenzado todo, lo que habían compartido juntos e incluso las lecciones de magia que Amelia le había impartido.

La situación no le resultaba del todo cómoda, en especial al tener que exponer ese vínculo tan particular que mantenía con ella, pero no le quedó más remedio que enfrentarlo.

Ese día, logró sobrellevar la situación.

Sin embargo, Emery parecía decidida a seguir profundizando en el tema de Amelia.

No le entusiasmaba demasiado la idea de conocer mejor a aquella presencia que habitaba constantemente el cuerpo y la mente de Darren, pero escuchó atentamente todo lo que le contaron, desde los inicios de esa conexión hasta el punto en que se encontraban ahora.

Al día siguiente, Emery se esforzaba por mantener la calma frente a los eventos recientes.

Aunque accedió a que continuarán compartiendo tiempo juntos, no podía evitar el desagrado que le causaba tener que dividir a su familiar.

Durante el entrenamiento de Darren, un extraño ruido llegó a sus oídos: el entrechocar de metales se mezclaba con gritos desgarradores.

Desde la distancia, Amelia sugirió que quizás se tratara de un conflicto con bandidos.

Ambos decidieron intervenir sin dudarlo, con la intención de prestar ayuda.

Al llegar al lugar, sus sospechas se confirmaron.

Una feroz batalla se libraba entre un grupo de mercenarios y una cantidad desbordante de bandidos.

La inferioridad numérica no dejaba dudas: los mercenarios luchaban desesperadamente por salvar sus vidas, superados en cantidad aunque hábiles con las armas.

Darren, decidido a actuar, materializó una claymore inspirada en la legendaria espada de “El León de Escocia”.

Con determinación fluida y movimientos tácticos impecables, se lanzó a flanquear a sus enemigos.

Aunque los bandidos eran numerosos, fueron incapaces de igualar la velocidad y precisión que Darren desplegaba en cada golpe.

Pero este combate no era como los que había experimentado antes; hasta ese momento, nunca había tomado una vida.

Ahora, enfrentado a la brutal realidad ante los cuerpos sin vida que cubrían el suelo, no podía permitirse titubear.

Los bandidos no mostraban piedad, y Darren entendió que debía responder con la misma resolución.

Amelia observaba todo, conectada a las emociones más profundas de Darren.

Sentía el dolor que él trataba de ocultar, vislumbraba el remolino de pensamientos que invadía su mente.

Pero, atormentada por su impotencia, sabía que no había nada que pudiera hacer para aliviar su carga.

La destreza con la que manejaba la espada era el resultado de practicar el kendo, el arte tradicional japonés del manejo del sable.

Una disciplina que alguna vez fue una práctica pasajera que ahora se convertía en su mayor recurso, el que marcaba la diferencia entre la vida y la muerte.

La batalla había llegado a su fin, dejando tras de sí un páramo sombrío y desolado, marcado por un rastro de muerte.

Ahora, aquel lugar parecía haberse sumido en una calma inquietante, donde el único sonido que se escuchaba era el relinchar distante de los cahuayos —que era como llamaban a los caballos—.

Los mercenarios, agotados pero agradecidos, se reunieron para expresar su gratitud a Darren por su valiosa ayuda.

Acto seguido, se dedicaron a revisar a sus compañeros caídos.

Con solemnidad, fueron recogiendo los cuerpos, envolviéndolos con cuidado en mantas blancas y colocándolos en la carreta que los acompañaba.

Durante una breve conversación, descubrieron que Darren reside en el poblado al que ellos inicialmente se dirigían antes de ser atacados por los bandidos.

Incluso le ofrecieron llevarlo de regreso hasta su hogar.

Sin embargo, antes de que Darren pudiera explicarles que residía en la academia, uno de ellos notó que una de las ruedas de la carreta estaba rota.

Tras examinarla, todos coincidieron en que los radios no soportarían el trayecto hasta un lugar donde pudieran repararlos.

Algunos propusieron cargar esa parte de la carreta entre todos, pero Darren se ofreció a arreglarla él mismo.

No sólo era hábil con la espada; la carpintería también era uno de sus muchos hobbies adquiridos en su mundo.

Sin perder tiempo, se adentró en el bosque cercano para inspeccionar los árboles de la zona.

Allí improvisó una hacha y otras herramientas necesarias para cortar y tallar la madera.

Después de un esfuerzo sostenido, finalmente logró fabricar una nueva rueda.

Al regresar con su creación, los mercenarios no pudieron ocultar su asombro; la rueda no sólo era funcional, sino que su tamaño y diseño eran increíblemente similares a los de las otras.

Darren explicó que la carpintería era una actividad que siempre había disfrutado y que había prestado especial atención a los detalles del diseño original mientras trabajaba en la reparación.

Amelia quedó impresionada por la habilidad de Darren con la espada.

Aunque había visto en sus recuerdos cómo entrenaba, nunca imaginó que sería tan hábil en la práctica, especialmente considerando que en su mundo jamás había puesto ese entrenamiento a prueba.

Ahora sabía que su destreza no se limitaba solo a la magia.

Sin darse cuenta del paso del tiempo, Darren decidió acompañar a los mercenarios para informar a los guardias del incidente.

Mientras tanto, Emery, como era habitual, había salido a buscarlo para compartir una comida juntos.

Sin embargo, al notar que Darren no llegaba, la preocupación comenzó a invadirla.

Decidida, salió rumbo al bosque donde él solía entrenar, aunque su sorpresa fue mayor al encontrarlo en el pueblo junto a los guardias.

Intrigada y algo alarmada, se apresuró a acercarse para entender lo que estaba ocurriendo, temiendo que pudiera estar en algún tipo de problema.

Al verla llegar, Darren se acercó de inmediato y le pidió disculpas por no haberse reunido con ella como de costumbre.

Con calma, le explicó todo lo que había sucedido.

Tras resolver el asunto con los guardias, los mercenarios agradecieron profundamente su ayuda.

Como muestra de gratitud, le ofrecieron una parte del pago por haber intervenido en el conflicto y reparado la rueda.

La situación dio un giro inesperado cuando una chica atractiva, miembro del grupo de mercenarios, se acercó a Darren para agradecerle su ayuda con un beso en la mejilla.

Además, insinuó pasar un “buen rato” con él durante su estadía, lo que desató inmediatamente reacciones intensas en Emery y Amelia.

Emery, visiblemente molesta, confrontó a la chica por su atrevido gesto, mientras Darren intentaba calmarla.

Sin embargo, Amelia, desde los pensamientos de Darren, tampoco pudo ocultar su descontento, incluso si su enojo no era perceptible para los demás.

En un arranque de determinación, Emery lo tomó bruscamente del brazo y lo arrastró lejos del lugar, sin darle tiempo a reaccionar.

Amelia, aunque presente en la mente de Darren, parecía disfrutar animando a Emery silenciosamente en su arrebato.

Para Darren, toda aquella escena solo servía para recordarle lo celosas que solían ponerse sus hijas cada vez que una mujer atractiva se le acercaba.

Con el paso del tiempo, dejaron de salir a comer debido a que Emery debía asistir a sus clases.

En su lugar, optaron por compartir algo más sencillo: fruta.

Sin embargo, Emery se encontraba triste y molesta, con un nudo en el pecho que no la dejaba en paz.

Quería hacer una pregunta, algo que la atormentaba, pero el valor para formularla no llegaba.

Amelia, perceptiva como siempre, notó las emociones contenidas de Emery y le sugirió a Darren que hablara con ella abiertamente y le aclarara qué era lo que la tenía tan decaída.

No te quedes callada.

Puedes contarme o preguntarme lo que tengas en mente, dijo Amelia con un tono comprensivo.

Tras pensarlo durante algunos instantes, Emery finalmente reunió el coraje suficiente y, con voz baja, se atrevió a preguntar:  La mujer de antes, ¿es así como te gustan?

Con esas palabras, Emery dejó al descubierto su inseguridad.

Amelia, al observar la situación con claridad, intervino para explicarle a Darren a qué se refería ella, ya que el significado detrás de sus palabras era tan evidente como el pesar reflejado en su rostro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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