La Lagrima Carmesí: Renacimiento - Capítulo 6
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- Capítulo 6 - 6 Capítulo 6 El rugido del destino
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6: Capítulo 6: El rugido del destino 6: Capítulo 6: El rugido del destino El todoterreno avanzaba con un zumbido eléctrico casi imperceptible a través de los senderos boscosos que conducían al Pueblo Vedado.
Emery, sentada en el asiento del copiloto, no dejaba de tocar las superficies de cuero sintético y los paneles digitales que Darren había materializado.
Para ella, cada detalle de este vehículo era una maravilla arcana, una prueba de que el mundo de Darren poseía una magia propia, nacida del ingenio y la lógica.
—Es tan suave…
y no hay cahuayos tirando de nosotros —murmuró Emery, pegando su rostro a la ventanilla mientras los árboles pasaban a una velocidad que nunca antes había experimentado—.
Darren, ¿todos en tu mundo viajan así?
Darren mantenía las manos firmes en el volante, sus ojos escaneando el camino a través de las gafas de visión nocturna que ya llevaba puestas, pues el sol comenzaba a ocultarse tras las montañas.
—No todos, Emery.
Pero este diseño es especial.
Está hecho para resistir lo que sea que encontremos en el Pueblo Vedado.
En su mente, Amelia analizaba con atención la región representada en el mapa holográfico, actualizado con la información más reciente.
Vestida con un impecable traje de sastre y unas elegantes gafas de montura fina, su imagen resultaba un deleite incluso como un mero pensamiento.
Y aunque no se lo dijera, sabía perfectamente que Darren no podía dejar de pensar en ella.
Las llamas se divisaban tenuemente en la distancia.
El dragón se había despertado, y no había tiempo que perder antes de que su furia devastara el pueblo.
Darren apretó el volante.
El Pueblo Vedado no era más que un conjunto de ruinas humeantes cuando aparecieron en el horizonte.
El aire estaba saturado de ceniza y el olor a azufre era tan denso que Emery tuvo que cubrirse la nariz con un pañuelo.
El paisaje era un valle envuelto en la penumbra de la noche.
Detuvieron el vehículo a aproximadamente un kilómetro de la entrada al pueblo.
Darren descendió y se dispuso a inspeccionar el equipo.
A Emery le ajustó un cinturón diseñado específicamente para combinar con el traje mágico que él mismo había creado.
Este conjunto no solo aumentaba la resistencia mágica y brindaba protección contra el daño por fuego.
El cinturón contaba con compartimentos para almacenar viales de maná.
Además, Darren le instaló una radio en el cinturón y le colocó el audífono en el oído.
Para Emery, aquel momento fue especial, ya que sintió el breve pero significativo contacto de Darren.
—¿Me escuchas bien, Emery?
—pregunto Darren para probar los radios.
Al ver el miedo en su mirada, se arrodilló frente a ella para quedar a su altura —Este no es un Garra-Parda.
Un dragón es una bestia formidable.
No intentes atacar directamente a menos que yo te lo pida.
Tu misión es mantener usar hechizos a distancia, sin que te detecte mientras lo atacó.
Yo te protegeré y estaré atento ante cualquier peligro.
Emery asintió, sus ojos verdes reflejando una mezcla de miedo y una resolución inquebrantable.
Darren le acarició la mejilla brevemente antes de ponerse su propio equipo: Aunque su traje de combate eran simples ropas como un traje de sastre de sastre con el saco más largo de lo normal, incrementados con resistencia mágica, perforantes y contra el fuego.
—¿Qué necesitas para tener el valor que requieres?
El rostro de Emery irradiaba una alegría inconfundible.
Era evidente que sabía lo que deseaba.
Incluso Darren y Amelia lo entendían.
Sin embargo, era un paso imprescindible para enfrentar lo que el futuro les deparaba.
—Quiero que seas mas atento conmigo —aquello no era lo que esperaban.
Mientras Emery tomaba su posición, Darren avanzaba, oculto por las ruinas del poblado.
Gracias a sus gafas de visión nocturna, podían ver lo que se ocultaba en la zona.
De repente, el suelo tembló.
Un rugido gutural, capaz de hacer vibrar los huesos, desgarró el silencio de la noche.
Detrás de una enorme mansión, una silueta colosal se desplegó.
Sus escamas eran de un negro obsidiano.
La zona estaba imbuida por el sofocante calor que hacía que el aire a su alrededor ondulara.
Era un Dragón de Ignición, una criatura que se alimentaba del calor de la tierra.
—¡Ahí está!
—susurró Emery, retrocediendo instintivamente.
El dragón abrió sus fauces y una llamarada de fuego iluminó el valle.
—Emery, comienza el ataque —le indico Darren.
—Entendido —respondió ella.
Emery lanzó un poderoso hechizo directo al dragón.
Provocando que extendiera sus alas .
—¡Ahora, Emery!
¡Viento cortante en las alas!
—indicó Darren al mismo tiempo que él hacía lo mismo.
Emery extendió sus manos, desatando un torbellino de aire tan afilado como cuchillas que cortó la membrana de las alas del dragón, inutilizándolas y frustrando su intento de alzar vuelo.
Darren no dejó pasar la oportunidad; canalizó una explosión de magia para potenciar sus habilidades físicas y se lanzó con determinación hacia la bestia.
Encantó su espada con hechizos de refuerzo, haciéndola aún más letal, y dirigió cortes precisos a sus patas, logrando que el imponente ser se derrumbara.
Sin pausa, comenzó a trepar por el monstruo desde la base de su cola, avanzando con rapidez hasta llegar a su cabeza.
Allí, reunió toda su energía antes de hundir la hoja de su arma con una fuerza devastadora.
El rugido del dragón resonó con una mezcla de dolor y cólera.
Sus ojos amarillos, llameantes, se fijaron en Darren; el ataque no había sido lo suficientemente profundo como para alcanzar el cerebro de la criatura.
Desesperado e instintivo, el dragón comenzó a sacudirse violentamente, intentando liberar su cuerpo.
Darren se aferró con todas sus fuerzas a la espada mientras evaluaba la situación.
Sintiendo que necesitaba un último esfuerzo, levantó una mano y conjuró un hechizo eléctrico, descargando una intensa corriente a través del colosal cuerpo del dragón en un intento desesperado por matarlo.
La batalla alcanzó un nuevo nivel de ferocidad.
Aquella criatura no era simplemente una bestia; poseía una inteligencia sorprendente.
Con astutas maniobras, el dragón intentó deshacerse de Darren, pero gracias a la intervención de Emery, lograron crear una pequeña oportunidad.
Darren aprovechó el momento y hundió la espada con tal fuerza que el rugido del dragón resonó ensordecedoramente, castigando sus oídos.
Emery se aproximó al lugar donde Darren yacía junto al cadáver del dragón, irradiando satisfacción por la hazaña lograda.
Su mirada reflejaba expectativa, aguardando la recompensa merecida.
Darren descendió suavemente junto a Emery, observando el evidente cansancio en su semblante.
Con paso firme, se acercó para felicitarla sinceramente por su valiente actuación.
—Emery, bien hecho —dijo mientras acariciaba su cabeza.
— Esto no es lo que tenía en mente —comentó un tanto deprimida.
Emery no titubeó.
Cerró los ojos y permaneció inmóvil.
En la mente de Darren, resonaba la voz de Amelia, asegurándole que esto era lo que Emery deseaba, lo que ella necesitaba en ese momento, ante lo que estaba por suceder.
Él se acercó lentamente, inclinándose hacia ella.
Con delicadeza, depositó un beso suave y cariñoso en su frente.
—No es justo —protestó Emery, dejando traslucir un toque de decepción en su voz.
El conflicto aún estaba lejos de concluir.
El dragón, con un rugido que resonó en la inmensidad, empezó a moverse de nuevo, reavivando el temor en los presentes.
Emery, sorprendida ante este inesperado renacer de la criatura, sintió cómo la tensión volvía a apoderarse del ambiente.
Darren, sin perder tiempo, reaccionó lanzando un poderoso hechizo.
Al instante, el cielo se llenó de resplandecientes espadas luminosas que descendieron con precisión implacable.
Las hojas de energía se clavaron en el imponente cuerpo del dragón, consiguiendo inmovilizarlo momentáneamente.
Aprovechando esa oportunidad, Darren avanzó hacia la bestia con determinación.
Sus manos trazaron símbolos en el aire, materializando dos nuevos hechizos.
De repente, un tenue resplandor blanco comenzó a envolver a Emery, similar al brillo de las espadas celestiales.
Darren, concentrado, estiró su brazo hacia adelante mientras el entorno se oscurecía por completo, como si un abismo se abriera a su alrededor y aislara aquel momento del resto del mundo.
Una esfera de energía púrpura surgió frente a Darren, vibrando con una fuerza que parecía contener un infinito poder.
La esfera, apenas mayor a un metro de diámetro, crepitaba salvaje, lanzando rayos de energía en todas direcciones.
Su luz se intensificó hasta alcanzar su punto crítico.
Finalmente, en un estallido fulgurante que rasgó la oscuridad, la esfera explotó desatando una ola de energía imparable.
El impacto fue tan contundente que, al abrir los ojos, Emery se dio cuenta de que el dragón había desaparecido por completo.
Amelia, incrédula ante aquella clase de magia, no salía de su asombro.
A pesar de haber dedicado siglos a estudiar todos los tipos de hechicería conocidos mientras vivía atrapada en la eternidad, no lograba identificar los hechizos que acababan de conjurarse.
—Darren, ¿qué acabas de hacer?
—preguntó, sin poder disimular su consternación.
—Es magia de mi mundo —respondió él con serenidad antes de lanzar una breve risa.
Emery, igual de perpleja, permaneció inmóvil, fascinada por el poder de un conjuro capaz de hacer desaparecer un dragón como si jamás hubiera existido.
—¿Qué hiciste exactamente?
—inquirió ella, casi sin aliento.
Darren, con una sonrisa que reflejaba confianza, respondió con sencillez.
—Usé dos hechizos: “Espadas de luz” y “Cero absoluto”.
El primero inmoviliza al enemigo, mientras que el segundo lanza un ataque con una fuerza destructiva similar a la de una bomba nuclear.
Emery parpadeó varias veces al escuchar aquella explicación y luego preguntó con curiosidad: —¿Qué es una bomba nuclear?
Darren detalló que una bomba nuclear es un arma devastadora con la capacidad de aniquilar naciones, erradicar toda forma de vida y convertir la región afectada en un lugar inhabitable, inútil tanto para residir como para cultivar.
También mencionó que ya había sido utilizada en su mundo.
Amelia le explicó que aquellos hechizos provenían de su mundo, específicamente inspirados en un juego de cartas y en su videojuego RPG favorito.
Esto significaba que Amelia tendría que reevaluar todo lo que hasta ese momento había considerado como conocimiento inútil.
Darren, al escuchar cómo se refería a sus pasatiempos, se sintió molesto y no tardó en responder, sugiriendo que también debería prestar atención a los animes y mangas, ya que estos representaban una excelente fuente de conocimiento sobre magia.
El silencio regresó al Pueblo Vedado.
Los tres observaban los restos de lo que alguna vez fue ese lugar.
Esos vestigios serían el fundamento para las futuras generaciones que deseen reconstruir aquel poblado.
Emery se acercó nuevamente a Darren, quien la rodeó con sus brazos, sintiendo el latido de su corazón contra el suyo.
Esta vez, sintió el miedo de poder perderla.
Haciendo que su corazón latiera aceleradamente.
Amelia, aunque sin cuerpo.
Podía sentir celos de aquella chica, quien podía estar físicamente con el hombre del que se había enamorado.
—Te dije que te protegería, Emery.
Darren miró hacia el horizonte, donde las luces del Ducado brillaban con una promesa de peligro sobre una gran colina.
Había matado a un dragón, pero ahora tenía que enfrentarse a algo mucho más peligroso: la ambición de los hombres.
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