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La Lagrima Carmesí: Renacimiento - Capítulo 7

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  3. Capítulo 7 - 7 Capítulo 7 El peso de la victoria
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7: Capítulo 7: El peso de la victoria 7: Capítulo 7: El peso de la victoria Pasaron la noche en el todoterreno, recuperando fuerzas.

Darren había bajado el respaldo del asiento trasero y lo hizo más cómodo con una colchoneta.

Emery se asombraba de todo lo que procedía de su mundo.

—¿Estás cómoda?

—pregunto Darren.

Emery solo asintió.

Aun se sentía un poco abochornada por el abrazo de hacía rato.

Aunque lo miraba con una adoración que ya no intentaba ocultar.

—Darren…

cuando me dijiste que te diera tiempo…

—comenzó ella, su voz suave en la penumbra del vehículo—.

No importa cuánto tiempo necesites.

Esperaré.

Porque sé que no hay nadie más en este mundo, ni en ningún otro, que pueda hacerme sentir lo que como me siento por ti.

Darren guardó silencio, sintiendo el peso de sus palabras y el de ella cuando posó su cabeza en su brazo.

Sabía que su camino como héroe lo alejaría cada vez más de la posibilidad de volver a su hogar, pero al mirar a Emery, se dio cuenta de que tal vez, solo tal vez, estaba encontrando un nuevo hogar en este mundo de fantasía y peligro.

Mientras el cuerpo físico de Darren descansaba, su mente compartía un espacio con la conciencia de Amelia.

Ella, una vez más, había transformado su hogar, dándole la apariencia de una casona campestre del siglo XVI.

Era una imagen que Darren había visto en una revista tiempo atrás.

Amelia parecía estar explorando y reinterpretando los rincones más insignificantes de sus recuerdos.

Aquella noche, Amelia deseaba llevar su relación con Darren a un nuevo nivel, algo que rompiera con la rutina que habían seguido hasta entonces.

Quería vivir la experiencia que Emery había tenido y saborear plenamente ese vínculo especial.

Con valentía, le pidió a Darren que pasaran la noche juntos.

Compartir el lecho y sentir la compañía del ser amado.

Al amanecer, el todoterreno se puso en marcha de nuevo, dejando atrás las cenizas del dragón y dirigiéndose hacia el corazón de la intriga en el Ducado de Valerius.

El camino del héroe continuaba, y Darren estaba listo para escribir el siguiente capítulo con sangre, acero y la promesa de un mejor futuro.

Amelia, quien había podido cumplir con un simple capricho.

Estaba tan contenta que Darren la escuchaba tararear una canción de su mundo.

Esa melodía se las tarareaba a sus hijos para dormir, cuando eran bebés.

Un recuerdo de Darren acunando a sus hijos inundó su mente, y una lágrima rodó por su mejilla.

Los sentimientos, los remordimientos y las memorias parecían desgarrar el espíritu que había logrado forjar para enfrentarse a ese mundo.

Amelia no pudo evitar entristecerse al percibir todo el dolor que Darren llevaba dentro.

Una leve punzada de culpa comenzó a carcomerla.

Al repasar los recuerdos de él, notó cómo esa melodía surgía precisamente en las escenas de aquellos momentos de él con sus hijos.

Emery también percibió la tristeza en Darren, aunque no tenía idea de qué podría haberlo sumido en ese estado de ánimo tan repentino.

—Sabes que puedes contar conmigo, ¿verdad?

—dijo Emery, mientras posaba su mano suavemente sobre la de él.

Su mano, pequeña y cálida, apretó la de él con una firmeza que buscaba anclarlo al presente.

Darren forzó una sonrisa, aunque el peso en su pecho no disminuía.

—Lo sé, Emery.

Gracias —respondió él, su voz un poco más dura de lo habitual—.

Es solo que…

a veces la vida tiene una forma extraña de recordarte lo que has dejado atrás.

Amelia guardaba un silencio sepulcral.

Al intentar acercarse a Darren a través de sus recuerdos, había tocado una fibra demasiado sensible, una que conectaba directamente con su identidad como padre.

—Darren…

lo siento —susurró Amelia en la conciencia de él—.

No pretendía lastimarte.

Solo quería…

sentirme parte de ti.

—No te culpes, Amelia —pensó Darren, tratando de calmarla—.

No es tu culpa que aunque esa melodía me gusta mucho, también sea la que más me lastima.

Mientras se aproximaban a la imponente colina donde se erguía la capital del Ducado, Darren decidió que era el momento perfecto para activar el Ojo de Gato, un pequeño dron que había conectado a la pantalla del vehículo todoterreno.

—¿Es magia?

—preguntó Emery, impresionada al descubrir aquel peculiar dispositivo.

—No, no es magia.

Esto se llama conexión inalámbrica, una tecnología que permite compartir y transmitir información —respondió Darren, notando la expresión confusa de Emery.

Tras un breve silencio, añadió con un suspiro—.

Mejor olvídalo, es complicado de entender, si no estás familiarizada con la tecnología.

Al final siempre termino hablando como si fuera Google.

Aquella frase, le trajo un recuerdo significativo.

Amelia pudo ver aquella imagen.

Cada que explicaba algo lo hacía de forma mecánica.

Con aquel recuerdo mostró una leve sonrisa.

—Primero triste y ahora feliz.

Vaya cambio de humor que tiene este hombre —.

Pensó Emery.

Volviendo al momento, Darren miro la pantalla.

Visualizando el estado de la ciudad.

Emery noto que no eran los estandartes de su reino, sino los del principado de Alem.

Confirmando el motivo de la interferencia en las comunicaciones.

—No podemos entrar por el camino principal —explicó Darren mientras pilotaba el dron.

—El Ducado está bajo un bloqueo silencioso.

Si entramos como diplomáticos, nos detendrán antes de que podamos hablar con el Duque.

—¿Entonces qué haremos?

—preguntó Emery.

La ciudad de Valerius se alzaba imponente como una sólida fortaleza de piedra gris, tallada directamente en la roca de la colina.

—Nos infiltraremos.

Pero será peligroso.

¿Esperarías aquí?

—Aunque Darren era mayor, reconocía y acataba la autoridad de Emery como su mentora.

—Quiero ir contigo.

Haré todo lo posible por ser útil.

Se aproximaron al muro lateral, una construcción que se alzaba más de cuatro metros.

Un obstáculo considerable para cualquiera, salvo para Darren, quien poseía la habilidad única de crear objetos.

Gracias a una escalera creada por él, lograron superar esta primera barrera sin problemas.

Ya dentro de la ciudad, avanzaron guiándose por el conocimiento previo que habían adquirido al mapear las calles y callejones con un dron.

Con cuidado y atención, evitaron cualquier encuentro con los guardias.

Amelia, aprovechando las imágenes y recuerdos compartidos por Darren, sugería rutas alternativas cada vez que el avance se tornaba complicado.

Sin embargo, la seguridad incrementaba conforme se acercaban a la residencia del duque.

Ahora debían tomar una decisión: continuar con sigilo y eludir a los guardias o enfrentarlos directamente, eliminando cualquier amenaza en su camino.

Pensando en la protección de Emery, Darren eligió el camino más seguro, priorizando evitar enfrentamientos innecesarios.

La atmósfera en Valerius era inusual.

Un silencio opresivo dominaba la ciudad; las ventanas permanecían cerradas y no había rastro alguno de los ciudadanos en las calles.

El aire mismo parecía impregnado de un miedo tangible y asfixiante Al recorrer una estrecha callejuela sin salida en ambos extremos, el peligro parecía inminente.

Estaban a punto de ser descubiertos cuando una puerta chirrió al abrirse.

Una figura encapuchada les indicó con un gesto rápido que entraran.

Ya dentro, envueltos en la calidez y la seguridad que ofrecía aquel refugio, surgieron dudas sobre las intenciones de quien les había ayudado.

—¿Es usted la princesa Celery Emery Galerian Von Waltzovia?

—preguntó la figura, cuya voz dejó claro que se trataba de una mujer.

Con un movimiento tranquilo, la desconocida se retiró la capucha, dejando al descubierto un rostro endurecido por el cansancio y una cicatriz que atravesaba su mejilla izquierda.

Sus ojos se iluminaron al encontrarse con la mirada de Emery.

Esa era la primera vez que Darren escuchaba el nombre completo de Emery.

—Soy la Capitana Orla, de la guardia personal del Duque.

Pensamos que el Rey nos había abandonado —.

dijo la mujer mientras parecía un poco más relajada.

—Capitana, ¿qué ha pasado aquí?

¿Dónde está mi tío, el Duque?

Orla miró a Darren con sospecha antes de responder.

El Príncipe Alem Jude Von Dietrich…

su prometido —Orla se detuvo, pensando que sus palabras podrían provocar una reacción negativa en Emery.

Ante aquel titubeo, Darren decidió intervenir.

—Tranquila, Orla.

Puedes hablar con total sinceridad —sin embargo, su comentario pareció irritar a la capitana.

—¿Quién acompaña a la princesa?

—preguntó finalmente.

—Es mi fam…

Quiero decir, es mi prometido —corrigió con rapidez.

Darren no pudo disimular la sorpresa ante la respuesta de Emery.

Ella tenía un prometido, pero, a juzgar por la situación, no parecía que fuese a durar mucho tiempo.

Apenas estaban explorando lo que sentían el uno por el otro, y ella había decidido adelantarse sin dudar.

Además, Orla también parecía impactada por aquella revelación.

Aunque también entendía que causaría gran conmoción quienes sepan que es su familiar.

—¿No era el príncipe Alem su prometido?

—preguntó, aún incrédula.

—Ya no.

Como puedes notar, viajo con él, como mi protector —respondió señalando a Darren—.

Juntos hemos venido a descubrir qué está ocurriendo aquí.

Ante aquel hecho, Orla se disculpó por la falta de respeto hacia Darren.

Quizás creyendo que es alguien de la realeza.

A lo que Darren trata de arreglar las cosas, pero Emery no se lo permite.

—Por favor, continúe con su reporte —ordenó Emery, un poco molesta por como le hablo a Darren.

—Llegó acompañado de los Inquisidores de Mictlan, hechiceros tenebrosos que rinden culto al dios de la muerte.

Han lanzado un hechizo de sueño sobre el Duque y lo mantienen cautivo en algún rincón del palacio.

Para evitar levantamientos, toda la ciudad se encuentra sometida a la ley marcial.

Circulan rumores de que el príncipe Alem está en busca de la lanza llamada “el dedo de Wiraqucha”, un arma que pertenecía al Duque por derecho de herencia.

Orla imploró a Emery que le brindara su ayuda en el ataque para recuperar el ducado, sabiendo que el respaldo de una maga como ella sería invaluable.

Sin embargo, Emery se disculpó explicando que, al ser todavía una aprendiz, no se consideraba capaz de liderarlos adecuadamente.

Aun así, y frente a Orla, le pidió a Darren que el tomara el liderato.

Lo que Emery realmente buscaba era que todos comenzaran a ver a Darren como una figura con el poder necesario para marcar la diferencia.

Todos estaban llenos de incertidumbre, pues no conocían a la persona que tenían ante ellos.

Debido a esto, Emery decidió contarles cómo, antes de llegar a ese lugar, habían enfrentado a un dragón, el cual fue derrotado por Darren.

Esto despertó su curiosidad y comenzaron a acercarse, ansiosos por escuchar cada detalle del relato y formular preguntas para confirmar la veracidad de aquella increíble hazaña.

Orla, se dirigió entonces a él, suplicando por apoyo.

Darren lo medito por un momento.

En su mundo, había liderado a grupos numerosos de empleados.

Cumpliendo siempre con su deber.

Pero una batalla era diferente.

Significaba que morirán personas.

Aunque de no hacer algo, morirían igual.

—De acuerdo.

Se dirigieron al sótano de la taberna, donde un pequeño grupo de soldados leales al Duque se ocultaba.

—Escuchen —dijo Darren, su voz ganando la autoridad de un comandante—.

No tenemos tiempo para un asedio.

Vamos a atacar el corazón del enemigo.

Alem está en el palacio, ¿verdad?

—Sí, se ha instalado en el ala este —respondió Orla.

—Bien.

La princesa Emery y yo entraremos por la puerta principal.

Orla, tú y tus hombres crearán una distracción en el pueblo.

Solo necesito que liberen a la mayoría de las personas del pueblo.

—Es suicida.

Son más de diez veces nuestro número —murmuró uno de los soldados.

—De acuerdo.

Entonces, les demostraré que es posible.

—Darren…

—comenzó ella, pero él la interrumpió con una mirada decidida.

—Emery, esta es la batalla por tu futuro.

No dejaré que ese bastardo te ponga una mano encima.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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