La Novia Sustituta del Alfa Furioso - Capítulo 44
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Capítulo 44: Verdad y consecuencias
(CORRINE)
Sigrid me sonríe. —Ha pasado mucho tiempo, Corrine.
Se me llenan los ojos de lágrimas. —Oh, sí. Demasiado.
Da un paso adelante y yo acorto la distancia entre nosotras, echándole los brazos al cuello con un sollozo ahogado. Nunca me di cuenta de lo desesperadamente que la extrañaba. Aunque el tiempo que pasamos juntas fue breve, dejó su marca en mí, un trozo de sí misma en mi interior. Fue mi refugio más seguro, la que luchó por mí desde el mismísimo principio.
Sus brazos me envuelven en un cálido abrazo. —Me alegro mucho de que estés bien, Corrine.
Aspiro su aroma. Es reconfortante. Cuando me aparto, la estudio, sorbiendo por la nariz. —Entra. Al cerrar la puerta tras ella, pregunto: —¿Por qué pareces tan vieja, Sigrid?
Suelta una risita. —Probablemente el estrés. He estado en la frontera con Locke desde que desapareciste.
—¿La frontera? —pregunto, horrorizada—. ¿Por qué estabas allí? ¿Ya no eres la doncella principal?
—Alguien tenía que cuidar de Locke una vez que te fuiste. No comía. Se lanzaba a las batallas como un loco. Estaba… —Una capa de lágrimas cubre sus ojos—. Fue duro para él. No era él mismo. Y con Ravenna en el castillo y los ancianos intentando controlar la situación, Locke no soportaba estar allí. Hubo demasiadas traiciones. Se estaba desmoronando. Necesitaba a alguien que lo mantuviera entero, así que me fui con él a la frontera.
La tensión en su voz hace que me resulte difícil saber qué decir.
—Ahora está luchando allí sin parar. Ya casi nunca vuelve al castillo. Y cuando lo hace, es solo por un par de meses, para ocuparse del trabajo administrativo.
La guío hasta el salón, con Finn merodeando a una distancia prudencial. Intento procesar las palabras de Sigrid, y siento que el pecho se me oprime. —No lo entiendo. Se quedó con Ravenna. Consiguió lo que quería.
Sigrid se sienta en el sillón y yo ocupo el asiento del sofá que está más cerca de ella.
Ella suspira. —No soporta a esa mujer. Nunca ha podido. Ni una sola vez ha dejado de torturarse por lo que todos supusimos que era tu muerte. Culpó a Bella y culpó a Ravenna. Intentó que las ejecutaran a las dos. Estaba decidido a ir en contra de los ancianos. Pero el reino se habría desmoronado.
Sus palabras hacen que el duro nudo de mi pecho se ablande. ¿Intentó que las ejecutaran?
¿Me había equivocado con él?
La mirada de derrota en los ojos de Sigrid me hace preguntarme qué más pasó.
—Así que aceptó su destino y dejó el castillo. Me invitó a ir con él como su asistenta, y acepté.
Si cualquier otra persona me dijera todas estas cosas, no las creería. Pero esto viene de Sigrid. Incluso cuando aún no me conocía muy bien, nunca me mintió. Sigrid no es una persona que mienta. Hubo veces en las que me dijo la verdad aunque yo no quisiera oírla. Pero esta verdad es diferente. Es más difícil de asimilar.
—Pero se apareó con Ravenna, ¿o no? —exijo, incapaz de mantener la voz firme. Veo a mi hijo mirándonos con curiosidad, así que añado: —Finn, vete a tu cuarto.
Pone una mueca. —¡Pero quiero oír!
Sigrid centra su atención en él, y sus labios se abren en una sonrisa. —Se parece igualito a él.
—¿A quién? —pregunta Finn.
Sigrid me mira de reojo y yo niego con la cabeza discretamente. Cuando se da cuenta de que no le he hablado a Finn de Locke, veo decepción en sus ojos. Me duele, pero ella no entiende mis razones.
—Se refiere a tu padre —digo de mala gana.
—¿Mi padre? —Los ojos de Finn se iluminan con interés—. ¿Conoces a mi papá?
Sigrid asiente.
—¿Dónde está?
Por un momento, espero que le diga que está sentado fuera, pero no lo hace. —No está aquí ahora mismo. ¿Pero sabías que yo crie a tu padre?
—Entonces, ¿eres mi abuela? —pregunta Finn lentamente antes de mirarme—. Mamá, ¿es ella mi abuela?
—Sí, supongo que sí. —No es del todo cierto, pero me gusta la idea de que Sigrid tenga una relación con mi hijo. Locke ya sabe de su existencia, así que no es como si dejar entrar a Sigrid vaya a causar más problemas.
Los ojos de Sigrid se llenan de lágrimas mientras me mira fijamente. —Oh, este es un regalo maravilloso, Corrine.
No puedo evitar sonreírle.
—¿Cuántos años tienes, Finn? —pregunta ella.
—Siete. Pronto cumpliré ocho. ¿Cómo es mi papá?
—Bueno… —Sigrid me mira pidiendo permiso antes de volverse hacia él—. Es un guerrero. Es fuerte, valiente y muy listo.
—¡Oh! —El entusiasmo llena los ojos de mi hijo—. ¿Cómo es de grande?
—Muy grande.
—¿Como ese hombre de fuera?
—¡Finn!
Me ignora, observando a Sigrid atentamente. —¿Mi papá es tan grande como él? —Sigrid asiente lentamente.
La mirada de satisfacción en los ojos de Finn no me ayuda a relajarme. —¿Por qué no vas a asearte y luego cenamos? —sugiero con firmeza.
—Pero quiero saber…
—Finn.
—Vale —se queja—. ¿Puede mi abuela quedarse a cenar?
—Si ella quiere, claro.
—Me encantaría —responde Sigrid con dulzura—. Ahora, date prisa y haz lo que dice tu madre para que podamos comer.
Finn se va corriendo sin decir una palabra más, y yo le lanzo a Sigrid una mirada de asombro. —Normalmente tardo media hora en convencerlo de que haga sus tareas. Te juro que desde el momento en que aprendió a hablar, lo primero que hizo fue discutir conmigo. Con él todo es una negociación. Y sé que eso no lo sacó de mí.
—No —se ríe Sigrid—. Definitivamente lo sacó de su padre. Locke era igual. Terco hasta la médula. Así que Finn no solo se parece a su padre, sino que también actúa como él. Va a ser todo un caso.
Esbozo una sonrisa. —Bueno, es mi caso particular, y estoy agradecida por tenerlo.
La sonrisa de Sigrid se apaga. —¿De verdad no piensas decirle quién es su padre?
—Todavía no. —La estudio—. No estás de acuerdo.
Ella suspira. —Si estuviera en tu lugar, lo entendería. Pero yo he visto las dos caras de la moneda, Corrine. Yo sé lo que tú no. Sé que Bella nos engañó y sé que tuve razón todo el tiempo. —Sus ojos se entrecierran—. Sabía que Locke nunca habría ordenado tu ejecución, y nunca lo hizo. Su único error fue darle a Bella otra oportunidad. Ella tenía su sello real. Sabía que él sentía algo por ti y que te elegiría a ti por encima de Ravenna. Así que falsificó la carta para quitarte de en medio. Lo admitió.
Aprieto la mandíbula. —No puedes esperar que crea que se arriesgaría a la ira de Locke, que iría en su contra. Le era leal…
—No conoces a Bella. Es orgullosa y arrogante, y tu presencia, junto con el hecho de que Locke te defendiera y la castigara, atacó su orgullo. Incluso de niña, cuando se enfadaba, Bella era despiadada. Dejaba de pensar con la cabeza. Siempre tenía que salirse con la suya, malditas fueran las consecuencias. —Un atisbo de tristeza asoma a los ojos de Sigrid—. Locke le dio la espalda. Cuando los ancianos se pusieron de su parte, Locke le quitó el control del castillo. Se convirtió en la consejera real de Ravenna, a petición de la princesa, pero Bella perdió a todos sus amigos de la infancia. E incluso ahora, sigue pensando que hizo bien en hacer lo que hizo. Por supuesto, los que más sufrieron fueron tú y Locke.
Aparto la mirada, no quiero oír más. He invertido mucho esfuerzo mental en dejar atrás esos acontecimientos. No quiero volver atrás y remover el pasado. Sin embargo, está claro que Sigrid ha venido aquí con un propósito.
—Corrine. —Su voz es suave—. No estoy aquí para abogar por él. Pero tampoco quiero que los dos sigáis sufriendo, ahogados en malentendidos. Locke nunca se perdonó tu muerte. Han pasado ocho años, y su pena y su culpa han impregnado cada parte de su existencia. Tú lo habías devuelto a la vida, Corrine, y cuando te fuiste, te llevaste toda su esperanza y su alegría contigo.
El tono quebrado de su voz hace que me ardan los ojos por las lágrimas. Aun así, no digo nada.
—Cuando apareciste, conseguiste tocar su corazón, algo que nadie más había sido capaz de hacer, ni siquiera yo. Él no quería encariñarse contigo, pero eras tan fácil de amar, tan frágil que, a pesar de su reticencia, quiso protegerte. Y esos sentimientos evolucionaron con el tiempo que pasó contigo. Le mostraste la posibilidad de un mundo que nunca imaginó, una vida que nunca pensó que podría ser suya. No quería a Ravenna. Lo único que quería eras a ti.
Algo caliente y húmedo cae sobre mi mano. Tengo la cara mojada. No. No voy a creerlo. No puedo.
—Siempre has sido solo tú, Corrine —dice Sigrid en voz baja—. Locke se estaba apagando rápidamente después de que te fueras. Cuando volvía después de cada día en el campo de batalla, estaba un poco más roto, un poco más decepcionado por no haber muerto.
Me duele el corazón y me muerdo el labio inferior, deseando que este sentimiento desaparezca. —No. —Me pongo de pie—. Basta. Si solo has venido aquí para contarme todo esto… se apareó con Ravenna, ¿no? Es su reina. Ellos están…
—Nunca se apareó con ella.
Las palabras de Sigrid son crudas y me dejan paralizada.
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