La Novia Sustituta del Alfa Furioso - Capítulo 61
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Capítulo 61: Alguien sabía
(LOCKE)
La mujer que traje del Reino Oriental y a la que le di el título de reina era una mujer gentil y sumisa. Tenía mi corazón en un puño, aunque ninguno de los dos lo sabía en ese momento. Mi instinto era resguardarla y protegerla. Era frágil y delicada. Necesitaba que la cuidaran.
La mujer que ahora cría a mi hijo y que no baja la mirada al encontrarse con la mía no necesita protección. Se yergue a mi lado como una igual. Su ira es afilada, rápida y letal. Ha superado todos los obstáculos para convertirse en la mujer que es hoy. Es una reina excelente y una madre maravillosa.
Lo único que no ha cambiado es su corazón. Sigue siendo bondadoso.
No esperaba que Corrine me perdonara tan rápido. Esperaba que guardara rencor. Para cuando comprendí la magnitud del daño que le había hecho, ya me había dado cuenta de que tardaría bastante en que me mirara y viera a su pareja, no al hombre que la hirió.
Sigrid me dijo que llevaría mucho tiempo, y yo estaba totalmente preparado para esperar años. No días.
La lengua de Corrine es más afilada ahora, pero me gusta. Sigrid me dijo que volviera a conocerla, que es lo que pretendo hacer, pero verla hablar y sonreír con otro hombre inquieta a mi lobo. Si llevara mi marca, quizá no me sentiría tan preocupado.
Me ha dado las gracias por amarla. Ha aceptado volver al Norte conmigo. Pero no me ha dicho lo que siente por mí. Si conociera la profundidad de sus sentimientos hacia mí, sería más fácil manejar la situación. Y si pudiera dejar de sentirme culpable por el hecho de que está dejando atrás toda esta vida que ha construido, nos ayudaría a ambos a seguir adelante.
Estoy dispuesto a darle cualquier cosa que quiera. Pero una parte de mí sigue sintiendo que la única razón por la que hace el sacrificio de volver al Norte es nuestro hijo.
Cuando oímos los gritos y Corrine me agarra, diciéndome que cuide de Finn, mi primer instinto es protegerla. Está claro que algo va mal, y ella se dirige directa al peligro en lugar de alejarse de él.
Pero entonces me aparta de un empujón, como si no necesitara mi ayuda. Como si no me necesitara a mí.
La veo correr y mi pecho se oprime con una extraña emoción.
Afortunadamente, la Noria se detiene en ese preciso instante. En cuanto Derrick y Finn bajan, cojo a mi hijo, se lo encajo en los brazos a Derrick y le ordeno: —Sígueme y no lo bajes.
Intuyendo la urgencia de la situación, mi mano derecha corre tras de mí.
Hay una multitud reunida en el otro extremo de la feria. Me abro paso a empujones entre la gente, oliendo a sangre. Llego justo a tiempo para sujetar a Corrine antes de que caiga al suelo, mientras un gemido lastimero se escapa de sus labios.
Hay un humano muerto delante de ella, el mismo con el que estaba hablando antes. La gente mira en nuestra dirección y, como no creo que quiera que las autoridades humanas la involucren en su investigación, la arrastro lejos de allí. Está inerte, sin oponer resistencia.
—Tenemos que irnos —le digo a Derrick.
Él asiente, mirando de reojo a Corrine. Vinimos en el coche de ella, pero ahora nos dirigimos al bosque. Será más rápido así. No le digo a Corrine que cambie porque está en estado de shock. Mientras emerge mi propia forma de lobo, la echo sobre mi espalda y empiezo a correr. Derrick le susurra algo a Finn antes de bajarlo al suelo, y ambos cambian. No sé cuánto tardaremos en llegar a la casa, pero mi pelaje ya está mojado con las lágrimas de mi pareja, y puedo sentir su pena.
¿Quién era ese hombre tan importante para Corrine? Parecía mayor que ella, pero no tanto como para que no pudieran tener una relación sentimental. ¿Acaso Corrine compartía sus afectos con alguien? Nunca dijo que tuviera ningún amante. Pero si lo tenía, ¿por qué iba a traerme al lugar donde se encontraba con él? Ella no es tan desconsiderada.
Me muevo más rápido, impulsado por mi ira y mi dolor. Quiero preguntarle, pero aún puedo sentir su cuerpo vibrar con los sollozos, su pena densa en el aire. Mi lobo está desdichado, dividido entre dos cosas: la ira ante la idea de que haya podido tener un amante en estos últimos ocho años y la impotencia ante su dolor.
Llegamos al bosque cercano a su casa y vuelvo a mi forma humana. —Derrick, lleva a Finn adentro.
Sostengo a Corrine en brazos. Ella intenta bajarse, pero aprieto mi agarre.
Finn también es consciente del extraño comportamiento de su madre y, en cuanto cambia de forma, niega con la cabeza. —No voy a ninguna parte. ¿Mamá?
Su voz parece hacerla reaccionar, porque me empuja el pecho y su voz suena grave y pastosa. —Bájame, Locke. —De mala gana, la suelto. Ella busca en su bolso y saca una llave—. Ve con Derrick, Finn. Ahora mismo vamos.
La reticencia de mi hijo a dejar a su madre en un momento en el que sabe que es vulnerable me llena de orgullo, pero también es evidente para mí que Corrine no lo quiere presente para esta conversación.
—¿Por qué no le enseñas a Derrick a preparar chocolate caliente? —le sonríe a Finn con evidente dificultad—. Me apetece mucho una taza.
El hecho de que le hayan asignado una tarea motiva a Finn. Su voz es más alegre ahora; la preocupación y el miedo desaparecen. —¡Puedo hacerlo! ¡Vamos, Derrick!
Agarra a Derrick y tira de él hacia la casa. Espero a que estén lo bastante lejos para no oírnos antes de mirar a Corrine. Ella se abraza a sí misma mientras camina hacia un tronco roto y se deja caer pesadamente sobre él.
Espero a que hable y, finalmente, dice: —Siento lo de antes.
Su voz es áspera, y si me quedaba algo de ira por mis sospechas sobre su relación con ese humano, se desvanecería ante su agonía.
—¿Quién era, Corrine? Era evidente que era importante para ti. ¿Ustedes dos…? —inquiero, apoyándome en el árbol más cercano para observarla.
Parece darse cuenta de adónde quiero llegar y niega con la cabeza. —No. George no era…, nosotros no éramos… —Suelta un suspiro y la desolación de su rostro me retuerce algo en el pecho—. Era mi contacto en el departamento de policía. Era humano, pero sabía lo de Finn y lo mío. Nunca le hablé de él a Erik ni a nadie más.
Frunzo el ceño. —¿Por qué no?
Huelo la sal antes de que las lágrimas se deslicen por sus mejillas. —Erik lo habría matado. George era un alto cargo del gobierno, el comisionado adjunto de la policía. Estaba en una posición en la que podría haber expuesto a nuestra especie, pero en todo este tiempo, nunca dijo una palabra. De hecho, me ayudó con algunos de mis casos. —Se seca las lágrimas y mira al suelo. Su voz es queda—. Pero Erik no lo habría entendido. George y yo éramos amigos. Tenía dos hijos. Una esposa que lo amaba profundamente. Y no habría muerto así si yo no lo hubiera llamado esta noche.
Sus palabras terminan en un sollozo ahogado mientras se cubre la cara con las manos, con los hombros sacudidos por el llanto.
Culpa, me doy cuenta. Siente tanto pena por la pérdida de su amigo como culpa por su muerte. Me acerco y me pongo en cuclillas a su lado. —No tenías forma de saberlo, Corrine. Su muerte no ha tenido nada que ver contigo.
Baja las manos y me mira, con sus bonitos ojos anegados en lágrimas. —¿No lo viste, verdad?
—¿Ver el qué? —pregunto, confundido.
—Su cuello rajado —gime—. No era un único corte, como el de un cuchillo, sino cinco, como de unas garras.
Me quedo inmóvil. —¿Estás…?
—Cinco marcas de garras muy precisas. —Me mira, y la desolación en sus ojos hace que se me tense la mandíbula.
—¿Un cambiador? Pero no olí a ninguno…
—Yo tampoco —murmura, secándose las lágrimas con voz pastosa—. Y deberíamos haber olido algo, ¿verdad? Ni siquiera percibí su olor en él. No sé cómo ocultaron su rastro, pero sin duda fue un cambiador. Nadie tenía motivos para hacerle daño, Locke. Nadie de nuestro mundo, al menos.
—Alguien sí los tenía —murmuro con pesadumbre—. Deben de habernos seguido.
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